Soltar no es un adiós… es un “me quiero”

mariposas liberadas

Cuando decidimos soltar conscientemente algo, lo cual representa el primer paso para un proceso de desprendimiento y sanación, es porque nuestros ojos se han abierto a vernos a través de una mirada más compasiva y el dejar de hacernos daño a través de aquello a lo cual nos sentimos aferrados, es finalmente una alternativa.

A este punto de luz llegamos a través de varias vías, demasiado dolor, demasiado tiempo, demasiado cansancio, demasiada información o simplemente amor propio. El amor propio puede estar ligado a cualquiera de las vías anteriores y resultar en el impulso determinante para relajar cualquier parte de nosotros, que haya mantenido retenido algo que nos haya generado cualquier incomodidad.

Una vez que tomamos el camino a través del cual nos desprendemos de aquello que de alguna manera nos tortura, no importa cómo lo veamos, si como una despedida, como un nuevo comienzo, como un punto de inflexión, lo que realmente importa es que es una muestra de respeto a nosotros mismos y un entendimiento de la dinámica de la vida.

En la vida nos enfrentaremos a diversas situaciones, muchas de ellas nos marcarán de manera profunda, muchas de ellas robarán nuestra atención por largos periodos de tiempo. Muchas veces nuestra mente se sentirá cómoda buscando motivos que justifiquen que no estemos completamente bien y aun teniendo muchísimas opciones justo en frente, decantaremos por aquella que se convierta en una limitación para nuestra felicidad.

ojos tapados

Esto puede deberse a que nos sentimos un tanto más familiarizados con enfocarnos en nuestros problemas, que en centrar nuestra atención en lo que nos llena de paz, tranquilidad y satisfacción. Nuestra mente tiende a dirigir su atención a lo que nos mantiene de forma constante buscando una solución a algo que llamamos problema. Lo que no llegamos a entender es que es justo con soltarlo cuando deja de afectarnos e inclusive, deja de existir.

Entendamos que una de las maneras que tenemos más firmes y con mayores efectos positivos en nuestras vidas, de amarnos, es liberarnos de todo aquello que nos ate, de lo que nos haga daño, de lo que no nos permita avanzar y esto nos puede llevar algo de tiempo, pero mientras mejor manejemos la teoría, tendremos mayores herramientas para aplicar en nuestras vidas, lo que sabemos que nos conviene.

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Hagamos las paces con nuestro pasado, no perdamos nuestro presente arrastrando aquello que no nos hace bien, son energías malgastadas, que además nos colocan un telón que nos impide ver las múltiples opciones que constantemente manejamos.

Si algo te lastima, suéltalo y recuerda que solo tú tienes el poder de retener cualquier cosa en tu vida, si te vas a aferrar a algo que sean tus sueños, tus verdaderos afectos, tu pasión y tu propósito.

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No insistas en lo que la vida te ha dicho de muchas maneras que no es para ti

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Con frecuencia para quienes tenemos la creencia de que nosotros somos responsables de todo lo que nos ocurre y que somos los creadores de nuestro destino a través de cada una de nuestras acciones y decisiones, nos resulta un tanto complicado el aceptar los “no” que nos puede brindar la vida.

Pero resulta de mucha utilidad aprender a leer la vida y a entender sus señales, que muchas veces parecen resaltar como anuncios publicitarios gigantes y aun así, si no estamos preparados para apreciarlas podemos pasarles de largo sin percatarnos de su existencia.

Existe una delgada línea que separa la posibilidad de lograr lo que deseamos en nuestra vida y aceptar que los resultados que obtenemos distan de lo que nos gustaría. Para poder evaluar cuál debe ser nuestra actitud ante determinada situación, nos convendría silenciar nuestra mente y escuchar a esa parte de nosotros que nos guía hacia donde nos conviene estar.

Esa parte sensitiva, que parece captar nuestra esencia no se rige por caprichos, por miedos, por ego, no le interesa satisfacer las expectativas de los demás y busca el mayor beneficio para la mayoría de los involucrados. Además parece tener un nivel de sabiduría superior al que pudiésemos podido acumular en nuestra experiencia vital corriente.

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Si dejamos que sea esa parte de nosotros la que interprete las señales, de seguro podemos distinguir con facilidad cuándo levemos levantarnos y luchar un poco más o sencillamente aceptar y agradecer que si alguna puerta permanece cerrada por más intentos que hagamos por abrirla, es sencillamente porque no nos conviene atravesarla.

La vida tiene formas diferentes de comunicarnos sus intenciones, ella pareciese entender qué es lo que necesitamos vivir para potenciar nuestro proceso de aprendizaje, para sacar el mayor provecho a nuestras experiencias y para ponernos algunas trabas para persuadirnos de no tomar una ruta inconveniente.

Si bien solemos asumir las piedras en el camino como retos que superar, también podríamos traducir en valentía el aceptar que algo no es para nosotros, que no merece nuestro tiempo, ni la inversión de energía. Ese hecho de aceptación puede evitarnos el desgaste característico de resistirnos o luchar en contra de algo que no nos es posible cambiar.

Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. 

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Aprendamos a agradecer  los  “sí” y especialmente los “no” que nos da la vida. Dejemos de insistir en aquello que nos ha dado muchos indicios de que resultará inconveniente en nuestras vidas, dejemos de forzar las cosas y aprendamos a aceptar.

Cuando aceptamos comenzamos a fluir con la experiencia, comenzamos a confiar en el proceso de la vida y dejamos de lado la necesidad de “ganar”, sustituyéndola por el placer de vivir y éste quizás sea el primer paso a la liberación y a la felicidad.

Ten paciencia, algunos tiempos te harán preguntas y otros te darán respuestas

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El poder aclarar cada duda que se nos presenta, el tener a la mano toda la información que requerimos en un momento determinado, puede sin duda ser anhelado por muchos, especialmente cuando nos enfrentamos a una situación que de cierta manera nos roba la paz.

La paciencia es una facultad que debemos cultivar, la mayoría de nosotros somos impacientes por naturaleza, queremos resultados ya, queremos respuestas ya, esos tiempos desde que sembramos hasta que cosechamos se pueden hacer interminables. Pero el truco está en confiar, cuando confiamos en que los resultados que obtendremos serán positivos, dejamos de esperar desde el miedo y la incertidumbre y lo hacemos desde la esperanza, desde la emoción de que algo bueno está por ocurrir.

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En la vida pasamos por diferentes períodos, algunos de ellos nos invitan a actuar, otros nos invitan a esperar, otros nos hacen preguntas y otros nos dan respuestas, esto suena perfecto y lo sentiríamos así si tan solo supiésemos distinguir las diferencias entre esos tiempos. Pero no es tan complicado, solo debemos estar conscientes del proceso, debemos poder cerrar los ojos y sentir si lo que hemos hecho ha sido suficiente, si la pelota está del otro lado o si por el contrario podemos aun hacer o dar un poco más.

Solo nosotros podemos saber cuándo es suficiente, cuándo hemos dado demasiado, cuándo estamos arriesgando más de la cuenta. Pero el truco está en responder desde el corazón, no desde el ego cargado de prepotencia, de miedo, de necesidad de aprobación o ganas de demostrarle al mundo de lo que somos capaces. Por eso es crucial distinguir esas voces internas que nos hablan y saber cuál es su origen.

Paz interior

Cuando el mensaje nos da paz, cuando nos sentimos a gusto con lo que oímos y a partir de ello tomamos acciones, entonces estamos colocándonos en el mejor lugar. Si por el contrario sentimos angustia, zozobra, tristeza, desesperanza o alguna otra emoción que se convierta en un factor perjudicial para nuestro bienestar, debemos revisar el mensaje y calmar la fuente.

 

Debemos evitar el drama en nuestras vidas y con drama entendemos ese contenido que coloca una nube negra sobre todo, que no es capaz de confiar, que no es capaz de esperar con buena actitud, que no es capaz de amar sin recelos, que no es capaz de dar sin egoísmo, que no es capaz de apreciar algo positivo en el otro sin envidia y que no es capaz de sentirse a gusto con la vida porque a todo encontrará un punto de quiebre.

paz

La vida es un regalo y es muy simple si decidimos mirarla de esa forma, no te apresures, no tienes que quedarte estático, fluye con cada uno de tus procesos, pero está consciente de que muchas veces no tendrás la respuesta que quieres en el tiempo que lo deseas y eso no está mal. Aprovecha ese tiempo y espacio para hacer otras cosas, ese período te da la oportunidad de prepararte para asumir un reto determinado, que quizás de haber obtenido respuestas antes no hubieses podido responder de la mejor manera.

 

Viva a plenitud y no presiones nada, los mejores resultados los obtendrás en estado de relajación y de confianza hacia la vida, ya verás que todo encaja, que todo tenía una respuesta y que todo parece formar parte de un plan perfecto que de no forzarlo nos conduce siempre al crecimiento y a la felicidad y si te preocupa… también nos conduce a las personas con quienes debemos estar.

Por: Sara Espejo

¿Necesitamos situaciones extremas para valorar la vida?

Mujer triste pensando en valorar la vida mientras mira por la ventana

Un accidente, una enfermedad, alguien que se va o alguien que ya no vuelve. Es ahí, en esos momentos, cuando el reloj se para. En seco. Y entonces algo hace clic y entendemos que estamos de paso, que nada es eterno. Y es que yo diría que no solemos valorar la vida, aunque sea todo lo que tenemos.

La rutina nos envuelve y nos dejamos arrastrar. Queremos más, aunque en ocasiones no sepamos de qué. Descuidamos lazos que estaban hechos para ser preciosos y nos atamos bien fuerte cuerdas que no nos dejan respirar. Nos acostumbramos a que las cosas marchen (sin que fluyan) y nos habituamos a la comodidad de una casa (sin reparar en si es hogar).

La habituación: ¿anestesia emocional?

La habituación es ese aprendizaje que hace que respondamos con menor frecuencia e intensidad a estímulos que se nos presentan de manera repetida. Dejamos de prestar atención a las cosas que damos por hecho. Perdemos de vista la importancia de ser más sabios o la suerte de seguir acompañados por aquellos a los que queremos.

Pero a veces algo arrasa con todo, tirando paredes, esquemas y formas de vivir. Parece mentira, pero en ocasiones necesitamos situaciones extremas para valorar la vida. Y es entonces cuando apreciamos lo que teníamos, y comprendemos lo absurdo que fue no prestarle cariño y atención cuando lo tuvimos. 

Adolescente triste

Sabemos que la vida es finita, pero la mayoría de las personas a las que he visto exprimirla han sentido miedo a perderla o la fragilidad del “hoy estoy, mañana no lo sé”. Con esto no quiero decir que dejemos de hacer planes de futuro ni de pensar a largo plazo. Lo que quiero transmitir es que la vida es hoy. Está siendo. Y que, si por pensar en ayer o preocuparte por mañana, no percibes la fuerza que tiene hoy, tal vez por el camino te estés perdiendo la vida.

Valorar la vida no es huir de la rutina

Valorar la vida no significa huir de la rutina ni buscar emociones extremas para sentir que tu corazón late. Significa abrir los ojos, atender a los detalles y aprovechar el tiempo. Es tomar conciencia de lo que eres y tienes para agradecerlo y luchar por mantenerlo. Y es prestar atención a lo que no funciona para arreglarlo y hacer que mañana sea un día más digno de valorar. Valorar la vida es, en definitiva, dar sentido al tiempo y entender que se puede estrenar ilusión sin necesidad de estrenar zapatos.

Alguien me hablaba hace no mucho sobre cuánto se arrepentía de haber prestado tanta atención al compromiso. Me contaba que sentía haber hipotecado muchos momentos introduciendo a gente (por compromiso) en días personalmente importantes o trabajando (por compromiso) hasta tan tarde. Que lamentaba especialmente esos días en los que incluso no había podido ver a sus hijos.

Mujer feliz representando vivir según tus reglas

Si escribo esto, es porque hay cuestiones que no merecen tanto compromiso, ya que no son tan importantes. Y también escribo esto porque hay cosas tan importantes que, por muy frecuentes que sean o por mucho que nunca nos hayan faltado, es injusto darlas por hecho e ignorar del valor que tienen.

Recuerda que respiras, escúchate y escucha a lo que te rodea. Pon atención en las pequeñas cosas del día a día, y no restes importancia a una tarde bonita. Aprovecha e invierte el tiempo como si no se pudiera recuperar. Párate a pensarlo: el tiempo se escapa. Pero aún queda y te pertenece. Está pasando y necesitamos darnos cuenta. Que no hagan falta situaciones extremas para saber valorar la vida, pues ya es valiosa de por sí.

A las personas egoístas siempre les cuesta pedir perdón

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Las personas egoístas no suelen ser capaces de ver el daño que generan en los otros, para ellos siempre existe algo que justifique sus acciones cuando son las mismas son consideradas como negativas para quienes le rodean.

Una persona que solo está concentrada en el metro cuadrado en el cual se ubica, tendrá inconvenientes al momento de ofrecer algo de sí a los demás y nunca será relevante para ellos evaluar si aquello que da resulta perjudicial, si ha lastimado a alguien con sus acciones o palabras y si resulta necesario en algún caso pedir perdón.

Es complicado para alguien que no es capaz de percatarse de la existencia de nadie de su entorno, para otra cosa que no resulte un complemento a su vida, a sus intereses o a su exclusivo beneficio, darse cuenta de que sus acciones u omisiones pueden tener una consecuencia que dañe a otros y por lo tanto, no se le ve nunca preocupado por enmendar algo que ni siquiera están conscientes de que han roto.

“El egoísta tiene su corazón en la cabeza” ― Ovidio

 

Por lo general las personas egoístas no suelen tener relaciones profundas que puedan sostener en el tiempo, porque normalmente quienes le rodean y pretenden hacerle parte de sus vidas, terminan por decepcionarse y alejarse. En el mejor de los casos, reciben amores incondicionales, que no esperan absolutamente nada y que son capaces de justificar cada una de las acciones como si de un niño pequeño, que aprende a desenvolverse y a socializar se tratase.

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Las personas egoístas son especialistas evadiendo la responsabilidad de sus actos y no conforme con ello, siempre procuran entregar el bulto a la persona realmente afectada. Tienen un “don” para ajustar los escenarios a su conveniencia y una manera peculiar de culpar de la situación e inclusive de sus actos a quien mira con asombro su cinismo.

En algunos casos, menos favorables aun, se tropiezan con personas un tanto más maleables y pueden terminar convenciéndolas de que efectivamente ellas son las culpables y responsables de cualquier daño generado.

Las personas egoístas solo pedirán perdón en condiciones extremas, en las cuales tomen consciencia de que es mucho lo que pierden, donde efectivamente han podido tomar la responsabilidad que les corresponde, pero muy probablemente ese perdón ya está tasado y lo consideran una inversión, que le traerá algún beneficio o le evitará un mal mayor, porque sencillamente no tienen intenciones de pensar en nadie más que en ellos mismos.

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Todos tenemos la responsabilidad de amarnos y cuidarnos, pero el amor propio no debe confundirse con egoísmo. Recordemos que “nuestros derechos terminan, donde comienzan los de los demás”. Si estamos relacionados con una persona altamente egoísta, liberémonos de cualquier expectativa que esté asociada a algún esfuerzo o reconocimiento de su parte, que las cosas buenas nos tomen por sorpresa y no se genere en nosotros la clásica frustración al esperar lo que no llegará o llegará forzado.

La falsa imagen de felicidad mostrada en las redes sociales

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Hoy en día, cuando las redes sociales ocupan un lugar protagónico en nuestras vidas, es muy sencillo mostrar una imagen que proyecte exactamente lo que queremos, la cual no necesariamente coincide con nuestra realidad.

Si bien es cierto que puede resultar pesado compartir problemas personales a través de nuestras cuentas, a menos que el propósito sea obtener algún tipo de apoyo y se esté usando el poderoso medio de propagación, para generar algún efecto. También lo es el hecho de que muchas cosas, especialmente positivas, que publicamos no están asociadas a lo que fue el momento como tal.

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Luego, está resultando más importante para muchos obtener la aprobación de los demás a través de los likes, que hacer que el momento realmente valga la pena y esté sumergido en el ambiente en el cual lo proyectamos.

Las cosas más maravillosas no las podemos captar en una foto, lo que sentimos al abrazar, como late nuestro corazón al estar cerca de alguien, el sabor de una exquisita comida, el frío en el estómago al lanzarnos por una montaña rusa (real o metafórica), el amor que sentimos… Y esto no va en contra de que nos guste o no intentar capturar esos momentos en una foto e incluso compartirla con quienes hacemos vida social real y virtual.

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Lo que es prioritario rescatar es que la foto no sea lo importante, que publicarla no sea lo importante, que el momento como tal no quede de lado por darle protagonismo a lo que no debería tenerlo. No debemos convertirnos en una fachada que alimenta una vida virtual falsa con una vida real vacía. Lo que proyectamos debe ser congruente con lo que vivimos. No porque tengamos algún tipo de compromiso de honestidad con nuestros seguidores, sino por lo que implica a nivel psicológico y emocional estar haciendo lo contrario.

Si queremos enfocarlo desde otro punto de vista, más allá con lo que deseemos proyectar, sería prudente elegir qué tan pública o privada queremos que sea nuestra vida. A veces no sabemos qué tanto nos exponemos con una simple foto, con una ubicación, con una etiqueta. A veces pensamos que la mayoría solo ve nuestra vida a través de su móvil por curiosidad o en el mejor de los casos por aprecio. Pero esto no es necesariamente cierto, inclusive los que aparentan alegrarse por nuestra felicidad (sea real o no), pueden sentir envidia, frustración, celos, etc. Y a fin de cuentas esas energías cuentan y a veces influyen.

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Adicionalmente debemos protegernos de antisociales, de pedófilos, de estafadores, de secuestradores, de amantes celosos, de ladrones… Y estas cosas a veces muchas veces no las consideramos al momento de postear una foto o describir una maravillosa experiencia.

No perdamos el norte, ¿queremos compartir lo positivo de nuestras vidas, queremos dar mensajes inspiradores, queremos contagiar al mundo de cosas positivas?, ¡está muy bien! Pero si lo queremos es pretender proyectar una vida que no tenemos, generar envidia, generar conflictos, hacer sentir mal a las personas que nos siguen o preocuparlas sin motivos reales, entonces nos debemos una revisión profunda.

La vida es hermosa y podemos cargarnos de momentos maravillosos, independientemente de si son sometidos al gusto de nuestros seguidores. Que tu vida no se convierta en una divertida narración para quien la lee y en una triste historia para quien la interpreta. A fin de cuentas, ¡el único like que debe importante con relación a tu vida es el tuyo!

Test del Árbol de Karl Koch

Árbol con una puerta en su tronco

El test del Árbol de Karl Koch es una prueba proyectiva interesante para analizar nuestra personalidad, así como nuestro universo emocional subyacente. Por la facilidad de su aplicación es común que se use en niños; sin embargo, suele ser también una herramienta de auto-análisis bastante entretenida para intentar conocernos un poco mejor.

El test del Árbol es conocido también como la prueba de Baum y fue desarrollada sobre los años 50 por un psicólogo llamado Charles Koch. Tiene ya bastantes años, pero su uso sigue siendo frecuente. Ahora bien, si decimos que esta prueba consiste únicamente en pedirle a un niño o a un adulto que dibuje un árbol con sus raíces, su tronco y su copa, es posible que más de uno de nuestros lectores duden casi al instante de la fiabilidad y validez de este instrumento.

Las ventajas de la prueba del Test del Árbol es que puede administrarse rápidamente a una gran variedad de personas. Ofrece una información interesante sobre aspectos emocionales que más tarde, se comparará con el resultado de otras pruebas.

Antes de llegar a esta conclusión, vale la pena tener en cuenta algún detalle. Las pruebas proyectivas constituyen un tipo de instrumento clínico bastante útil. Gracias a ellas, logramos recavar diversos datos sobre cómo nuestros pacientes perciben, entienden y manejan su mundo. Así, instrumentos como el test de Rorschach, el test del hombre bajo la lluvia o el test del Árbol resultan muy eficaces como pruebas complementarias (no exclusivas) que podemos usar junto a muchas otras.

Por otro lado, y como simple curiosidad, cabe señalar que el doctor Koch eligió esta figura para diseñar su prueba diagnóstica por el simbolismo que tienen los árboles. Todas las culturas, todos los países tienen en los árboles una referencia entre mitológica y totémica que se enraíza mucho en el ser humano sin importar la edad. Intentar plasmarlos, intentar dibujarlos es casi como sacar al exterior las luces y las sombras que llevamos dentro…

imagen que representa el Test del Árbol

¿Qué evalúa el test del Árbol de Koch?

El test del Árbol de Kosch, al igual que todo ejercicio que nos obligue a hacer un dibujo, a elegir unos colores, a crear una figura de la nada plasmándola en una hoja en blanco, ofrece unas pistas sobre el estilo de nuestra personalidad. Asimismo, también denota un estado emocional determinado.

  • Mide también la estabilidad de la persona, la presencia o no de conflictos internos, su vulnerabilidad y su sensibilidad.
  • Por otro lado, ciertas corrientes psicológicas, como psicoanálisis, indican que esta prueba revela también la estructura de la psique o contenido de nuestro inconsciente.
  • Es interesante saber, tal y como nos revela un estudio reciente, que la prueba de Baum ha resultado ser muy eficaz para diagnosticar discapacidades cognitivas e incluso principios de demencias.

¿Cómo se aplica?

El test del Árbol puede aplicarse a cualquier persona a partir de los 5 o 6 años. Solo se requiere que la persona tenga ciertas habilidades motoras básicas para dibujar.

  • Se le da a la persona unas hojas en blanco, lápices de colores y goma de borrar.
  • Se les pide que dibujen un árbol, con sus raíces, su tronco, las ramas, etc.
  • En el caso de que los pacientes sean niños de 5 o 6 años, les pediremos que hagan dos dibujos. El primero será de estilo libre, “dibuja el árbol que tú quieras, uno a tu gusto”, les diremos. Más tarde, les indicaremos que hagan un nuevo dibujo, y que ahora el árbol sea diferente al primero. De ese modo contaremos con dos dibujos para poder hacer mejor la evaluación.
  • El tiempo estimado va entre los 10 minutos y la media hora. Lo que necesite cada persona.

imagen que representa el Test del Árbol

¿Cómo se analiza el test del Árbol?

Nos tenderemos que fijar en diferentes elementos:

Suelo

  • Un dibujo donde no hay línea de suelo o raíces puede indicar falta de estabilidad emocional y personal en el paciente.
  • Las raíces desproporcionadas y con forma de rayos también pueden ser un indicador de problemas, contención emocional, rabia y desarraigo.

Tronco

  • Un tronco muy delgado: se asocia a personas muy sensibles y delicadas o, por otro lado, puede denotar la presencia de tensiones o demandas externas que alteran la calma y el bienestar del paciente.
  • Un tronco muy ancho: personas impulsivas, con alta emotividad y poca capacidad de autocontrol.
  • Un tronco de proporciones normales denota equilibrio interno.
  • Tronco formado por líneas rectas: persona correcta, con buena capacidad de abstracción.
  •  Tronco de líneas onduladas: persona sociable, dulce y que no tiene problemas de sociabilidad.
  • Troncos con dilataciones, oquedades, tachones, puntas que sobresalen: presencia de miedos, traumas, emociones contenidas, inhibición…

La copa

La copa de los árboles refleja la interacción con el medio físico y exterior. Mientras las raíces y el tronco se relacionan más con el mundo interior y emocional, las ramas se supone que representan ya otro nivel psíquico.

  • Copa pequeña: los niños de hasta 9 años siempre dibujan copas pequeñas, es normal. Pueden denotar inmadurez, relación con el mundo infantil.
  • Copa grande: puede decirnos que la persona que ha hecho el dibujo cuenta con gran fantasía, entusiasmo o incluso que puede tener un punto más destacado de narcisismo.
  • Árbol sin copa: puede decirnos que la persona que ha hecho el dibujo cuenta con una falta de desarrollo, posible problema cognitivo.
  • Copa en espiral: puede tratarse de una persona comunicativa, con buen gusto, delicada.
  • Copa en forma de rayos o varas: persona terca, impulsiva, con cierta rabia o sentimientos desafiantes.
  • Copa con hojas: persona vivaz.
  • Copa con frutos: persona con objetivos y deseos que cumplir.

imagen que representa el Test del Árbol

A estos valores aquí descritos se le añaden muchos más, como la aparición de otros “accesorios” como casas, pájaros, colinas… Es decir, detalles no demandados por el psicólogo que también pueden aportar información relevante. Asimismo, también es bueno tener en cuenta los colores elegidos para pintar el árbol e incluso el tamaño de las propias figuras.

Además, elementos como ramas cortadas, agujeros o heridas en los troncos, falta de raíces o la presencia de colores oscuros pueden llamar nuestra atención. Todo ello revelaría la presencia de posibles traumas. Sin embargo, como hemos señalado al inicio, el test de Árbol no se utiliza como única prueba diagnóstica. Hablamos de una herramienta interesante, que junto con algunas otras, nos puede ayudar a recabar información para dar un diagnóstico final más preciso.