La actitud es contagiosa: rodéate de quien saque lo mejor de ti

Niña con tigre

Si la actitud es lo más importante que llevamos puesto, entonces cuida bien de que nadie desnude tus propósitos y que nadie desgaste de “imposibles” tus puntos fuertes y tus ribetes de esperanzas. No permitas que desabrochen tus anhelos al hacerte creer que “tú no vales, tú no puedes o tú no mereces”. Nuestra actitud representa un porcentaje muy importante de la capacidad de influencia que tenemos sobre lo que nos sucede, así que no lo hagas, no permitas que te roben tu mejor vestido.

Algo que llama sin duda la atención de muchos de los libros de autoayuda que encontramos en la actualidad, es que intentan orientarnos hacia el éxito, hacia ese triunfo exterior donde tarde o temprano seamos reconocidos por los demás por nuestra valía, por nuestras aptitudes y capacidades. Ahora bien, cabría matizar: más que “éxito externo” lo que ansiamos alcanzar es calma interna.

La aptitudes suman, no hay duda, demostrar que podemos hacer bien una tarea concreta es muy gratificante, es cierto. Sin embargo, lo que “multiplica” son las actitudes, porque son ellas las que marcan la diferencia entre un buen día y un mal día, son ellas las que nos confieren optimismo cuando todo está en nuestra contra, ellas las que nos permiten creer en nosotros mismos cuando otros osan empequeñecernos como personajes de Lilliput.

“Yo Sí valgo, yo SÍ sé hacerlo y yo Sí merezco” son sin duda esas tres raíces que deben nutrir nuestra actitud cotidiana, esa con la que deberíamos desayunarnos cada mañana con nuestro café y nuestras tostadas. Sin embargo, hay veces en que la mentalidad negativa, derrotista o incluso tóxica de algunas personas que nos rodean pueden sin duda debilitar ese enfoque dorado hasta volverlo tormentoso…

nube sonriente que se escapa por su buena actitud

Tu actitud: una decisión personal

La oferta editorial sobre libros de felicidad y crecimiento personal se duplica cada año. Sin embargo, la OMS ya nos advierte de que en poco tiempo, la depresión será el primer problema de salud y discapacidad en todo el mundo. Asimismo, educamos a nuestros niños para que sean competentes en ciencias, en matemáticas, en el uso de la tecnología e incluso en el lenguaje de la programación, pero se nos olvida enseñarles a tolerar la frustración, a gestionar sus universos emocionales, sus rabias, sus tristezas…

Nadie nos explica qué es eso de las actitudes, o cómo se hace aquello otro de “creer en nosotros mismos”. No lo sabemos porque lo único que nos han enseñado en el colegio es a saber identificar el sujeto y el predicado de una frase, a sacar el mínimo común múltiplo o a creer que basta con ser bueno, respetuoso y sacar buenas notas para que la felicidad aparezca por sí misma, como la promesa a un contrato que firmamos desde bien pequeños.

Sin embargo, tarde o temprano descubrimos que nuestras buenas intenciones no bastan para que llegue el éxito. Nos damos cuenta de que si alguien no cree en nosotros nos apagamos como una vela vencida por un viento frío.

Percibimos también que la sociedad nos ofrece una buena educación, pero posterga nuestras oportunidades sumiéndonos en una sala de espera donde nada llega. Y allí, nos juntamos con otros que también aguardan, otros que nos contagian sus esperanzas desnutridas, su derrotismo, su vacía autoestima de corta y pega.

chica triste con actitud derrotista

Tarde o temprano, nos damos cuenta de que estamos “enfermos”, infectados por el desánimo y la pasividad, nublados por una mente que se ha dejado llevar por el piloto automático de la negatividad ajena.

Al final, percibimos que la actitud no es más que una decisión personal, esa que nos arranca de unos jardines yermos y desolados donde nada crece, para recordar que no merecemos estar ahí, que toca aunar valor, energía y ánimo para hallar aquello que necesitamos de verdad.

Los tres componentes de la actitud fuerte y valiente

A menudo suele decirse aquello de que una actitud positiva no resolverá todos nuestros problemas, pero lo que sí hará es molestar a más de una persona, a esas que con su mentalidad cuadrada y sus enfoques llenos de aristas, no hacen más que poner alambradas a nuestros sueños, tormentas a nuestros días soleados.

Sea como sea, lo que sí debemos tener claro es que la actitud es un valor personal en el que trabajar a diario. Porque cuando menos lo esperemos, puede flaquear o lo que es peor, puede debilitarse por la influencia nociva de esas terceras personas.

Así, nunca está de más recordar qué tres componentes sustentan, conforman y alimentan las actitudes fuertes:

  • Compromiso: una buena actitud requiere un firme compromiso en nosotros mismos y en nuestros propósitos, en esas metas, valores u objetivos que nos son valiosos.
  • Auto-control: para alcanzar un sueño, para lograr ese propósito preciado debemos asumir el control sobre nuestra propia realidad, sobre cada cosa que acontece. Si nos equivocamos la obligación por rectificar es nuestra. No pondremos sobre otras personas responsabilidad alguna, asumiremos siempre una actitud activa, positiva y valiente.

niño tumbado con un tigre blanco representando la fuerza de la actitud

El último eslabón que conforma nuestras actitudes es el desafío. Es un aspecto que no podemos descuidar, porque la vida siempre pondrá ante nosotros diez, cien, doscientos retos cotidianos… Hay que ver estas pruebas como desafíos de los que aprender para invertir en nuestro crecimiento personal, en nuestro equipaje de vida, ahí donde sentirnos auténticos protagonistas del propio bienestar logrado.

Mandalas tibetanos

Mandalas tibetanos

Seguro que has oído hablar alguna vez de los mandalas, conocidos también como mandalas tibetanos porque son estos los más habituales. Estos dibujos, que pueden ser más o menos complejos dependiendo de la temática, el tiempo y el trabajo que se le dediquen, son mucho más que simples adornos. Diseñarlos, pintarlos y hacerlos de otras maneras ayudan a relajarnos y hasta enseñar una parte de nuestro interior. ¿Quieres saber más acerca de la historia, los distintos tipos y el efecto que tiene en nosotros utilizar mandalas budistas tibetanos para colorear? Pues quédate por aquí y sigue leyendo, porque vamos a hablar de todo lo que gira alrededor de estos impresionantes dibujos.

Historia de los mandalas tibetanos

La palabra mandala proviene de un término en sánscrito, una antigua lengua que se hablaba en la India y que hoy se conserva gracias a algunos textos sagrados. Su significado es círculo sagrado, y simboliza el centro de todo, alrededor del cual giran el resto de las cosas.

No hay una fecha fija en la que se pueda decir que comenzaron a utilizarse. Ya en el antiguo Egipto se utilizaban para ayudar a la meditación, encontrar la armonía y cambiar las energías. Hasta los indios americanos los pintaban en sus ceremonias, de los que parecen haber salido los populares atrapasueños. Y por supuesto, los mandalas de Buda procedentes del Tibet y otras regiones de Asia, que aún hoy están muy extendidos, tienen una gran antigüedad.

Historia de los mandalas tibetanos

Así que los mandalas tienen una larga presencia en la historia y las civilizaciones del mundo, desde las más antiguas. Aunque es en la cultura oriental donde es seguro que surgieron, ya que como hemos dicho es del sánscrito de donde procede su nombre. El círculo, considerado desde siempre como la forma perfecta y más completa, tiene gran simbolismo y muchos significados. Y es que si nos fijamos bien, todo a nuestro alrededor se basa en círculos: el sol y las demás estrellas, los planetas, las células e incluso los átomos. No es extraño por tanto que se utilice esta forma como representación de lo completo.

Diferentes tipos de mandalas tibetanos

Además del mandala budista tibetano, hay bastantes tipos de mandalas diferentes, tanto en sus formas y colores como en los materiales que se utilizan para su elaboración. Puedes encontrar mandalas tibetanos tejidos, pintados en vidrio, dibujados sobre un papel, hechos con arena, tiza y muchos otros. Algunos de ellos se conservan desde hace siglos, mientras que otros tienen una función muy concreta y cuando la han cumplido, se deja que se desvanezcan o simplemente se deshacen.

Mandalas de arena tibetanos

Los mandalas de arena o mandalas tibetanos clásicos son los más tradicionales, un símbolo de cómo las cosas van cambiando. Su elaboración puede llegar a durar un mes, y para ello se utilizan diferentes colores, bien obtenidos de piedras naturales o fabricados con colorantes. Con un cono de cobre se van dejando caer los granos de arena fina justo en el punto en el que se quiere que esté ese color concreto. Antes de empezar, se celebra una ceremonia para concentrarse en el trabajo. En la elaboración de estos mandalas tibetanos en arena se emplean muchas horas y una gran concentración. Se encargan de ello varias personas, que trabajan de forma conjunta pero solo en su espacio para no estorbar a los demás. Es un gran ejemplo de la armonía que se persigue con la creación de mandalas.

Cuando se ha terminado, el círculo sagrado se usa para atraer la paz y el equilibrio al lugar en el que se ha hecho. Una vez terminada la ceremonia, se procede a recoger toda la arena con cuidado, siempre desde fuera hacia el centro, una representación de cómo con el fin de la vida volvemos al origen de la energía que nos mueve. ¿Por qué se recoge todo y no se deja ahí? Por dos razones. La primera es grabar en la mente que todo tiene un final y que tarde o temprano todo se acaba. La segunda es dar una parte de la arena a cada persona que ha estado observando la ceremonia. Y es que el objetivo principal de estos mandalas budistas tibetanos es el de que todos se beneficien de la potencia del círculo. Si después del reparto ha sobrado arena, se deja en un río cercano para que todo el entorno consiga una purificación.

Mandalas de arena tibetanos

Mandalas tibetanos tejidos

Los mandalas tibetanos de lana, hilo e incluso tela se fabrican con la intención de durar más tiempo. Se utilizan como objeto decorativo y en algunas ocasiones con un significado. El tipo de material utilizado condiciona la forma de elaborarlos.

El mandala de hilo o fibras se entreteje con las manos, anudando alrededor de un aro cada uno de los elementos y haciendo que pasen por uno u otro lado hasta conseguir el dibujo deseado. Algunos son muy sencillos, mientras que otros más complejos pueden llevar varias semanas de trabajo, con diseños espectaculares.

Mandalas tibetanos tejidos

Aunque también se pueden hacer de esta misma forma, los mandalas tibetanos tejidos, normalmente de lana, se hacen cubriendo por completo el círculo, para lo que se utilizan agujas de tejer. Este suele tener el aspecto de un tapete de colores, aunque su elaboración es bastante más meticulosa y se van cambiando los colores para ajustarlo exactamente al dibujo que se quiere hacer.

Otros mandalas pueden estar pintados o cosidos sobre una tela, como es el caso de muchos mandalas tibetanos de amor. Algunas manualidades de punto de cruz se guían por el diseño circular y simétrico de los mandalas, mientras que otros se pintan sobre una tela como si se tratase de un lienzo. El resultado es una pieza de decoración que se puede colocar en la pared, llenando la estancia en la que está de paz y armonía, sobre todo si le acompañan otros elementos de inspiración oriental que incluyan los colores de este.

Mandalas tibetanos para pintar

 

Además de pintar mandalas sobre telas, cada vez es más habitual encontrar mandalas para pintar, que tienen un dibujo grabado con líneas negras, para que quien quiera pueda rellenar cada uno de los huecos con los colores que prefieran. Una actividad que pueden hacer todos, niños y mayores por igual, y que ofrece bastantes beneficios, de los que hablaremos un poco más adelante de forma más extensa.

Desde modelos de mandala budista tibetano hasta otros más infantiles, como los que tienen en l centro personajes de cuento o de dibujos animados, estos diseños cuentan con innumerables aficionados. Son muy fáciles de encontrar e incluso se pueden imprimir en casa para dibujar, descargando plantillas en blanco y negro, o rellenar con colores por ordenador y después sacar para enmarcar y colgar en la pared. Además, con un poco de imaginación, se pueden crear mandalas tibetanos para pintar muy fácilmente, bien a mano o con algún programa de diseño. Después, no hay más que rellenar los huecos que hay entre las líneas para darle un toque aún más auténtico.

Los mandalas tibetanos y su significado

Los mandalas budistas tienen un significado y un uso muy concreto. Se emplean para ayudar con la meditación, ya que mientras se va creando el dibujo, quien participa en ello entra en un estado de concentración que lo transporta a través de su existencia y recrea el estado de origen y equilibrio que le ayuda a purificarse y cambiar su entorno.

Tanto las formas como los colores que se utilizan condiciona los significados de mandalas. Desde los más básicos hasta los mandalas tibetanos de 7 elementos, todo lo que hay en el interior del círculo tiene su porqué. Este es el significado de los colores más utilizados:

Mandalas tibetanos color negro

El negro está relacionado con el misterio, pero también con la muerte y la tristeza. Por eso, su uso es bastante menor en comparación con otros colores.

Mandalas tibetanos color blanco

Al contrario que con el negro, el blanco es luz, pureza y perfección. También es una representación de la nada y lo completo a la vez.

Mandalas tibetanos color azul

La paz y la tranquilidad. Una sensación de alegría y satisfacción.

Mandalas tibetanos color verde

La felicidad y la naturaleza se concentran en este color.

Mandalas tibetanos color rojo

Pasión y energía vital. Uno de los colores más llamativos por su intensidad.

Mandalas tibetanos color naranja

Puede usarse para imprimir un sentimiento de ternura y energía. Aunque también se considera el color de la ambición.

Mandalas tibetanos color violeta

El color de la espiritualidad y la transformación. Es diferente al morado, aunque a veces sea muy similar.

Mandalas tibetanos color morado

Símbolo de la sabiduría, los ideales y el amor desinteresado hacia los demás.

Mandalas tibetanos color plateado

Representa las emociones y capacidades mentales.

Mandalas tibetanos color dorado

Se utiliza para reflejar la lucidez y el conocimiento.

¿Qué efecto tiene colorear mandalas tibetanos?

Aunque los mandalas budistas tibetanos para colorear están muy de moda, su uso va mucho más allá de esto. Tienen un efecto sobre quienes los utilizan que merece la pena destacar. Incluso algunos expertos en salud mental recomiendan el uso de mandalas para pintar en algunas de sus terapias. Y es que no hay más que coger unos lápices de colores y empezar a rellenar las figuras que hay en ellos para sentir una paz interior inmensa.

El uso de mandalas ayuda a reducir los niveles de estrés, la angustia, la ansiedad y el algunos estados de depresión. También es bueno para ayudar a conciliar el sueño, descansar mejor y ser más paciente. Mejora la memoria y la autoestima, potencia la concentración e incluso nos hace pensar de forma diferente, encontrando de forma más rápida y sencilla la solución a los problemas.

¿Cómo es posible que pintar mandalas tibetanos consiga unos efectos así de completos? Porque cuando pintamos, todo nuestro cerebro está en funcionamiento. Los dos hemisferios se activan y estamos en mejores condiciones de explotar nuestro potencial. El uso del color y las formas hace que el inconsciente funcione mucho más deprisa, ayudando a la mente a reaccionar a una velocidad y con una precisión sensacionales. Por ello, cada vez se anima más a los padres a que sus hijos pinten mandalas durante sus primeros años, y después continúen haciéndolo, aunque en la etapa adulta, como ejercicio mental.

Haz la prueba. Si tienes algún problema de concentración o te cuesta dormir, coge unos cuantos mandalas tibetanos para pintar, los colores que prefieras según la lista que hemos hecho o algún otro que te guste. Dedica unos minutos al día a pintar y verás cómo tu mente se concentra mejor poco a poco, no solo en los mandalas, sino en el resto de actividades cotidianas. Tu sueño será más profundo y el descanso más reparador. Además, cuando termines de pintarlo, puedes usarlo para hacer un regalo original, decorar una habitación o guardarlo en un álbum de recuerdos.

¡Ponte manos a la obra y disfruta con los mandalas tibetanos!

Muchas veces no reconocerás el peso de la carga, hasta que la hayas soltado

 
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Nuestras cargas pueden tener la particularidad de que su presencia puede inclusive pasar desapercibida en nuestras vidas, sin significar esto que sean ligeras o fáciles de llevar, solo que nos hemos acostumbrado tanto a ellas, a su presencia, que no sabemos distinguir o recordar cómo era nuestra vida sin ellas.

A veces hemos adoptado cargas por períodos tan largos, que comenzaron en un principio siendo ligeras, pero fueron incrementándose paulatinamente. Junto a su crecimiento, vino también nuestro fortalecimiento, el desarrollo de habilidades que nos permitieran llevarlas a cuestas. el sacrificio muchas veces de dejar cosas que deseábamos de lado por no poder deshacernos de nuestras cargas, que una vez que anidan, parecen querer echar raíces y perpetuarse en nuestras vidas. Las cargas son como los invasores, no son bienvenidos, abusan y no se quieren ir.

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Resulta contraproducente no notar esas cargas, porque no buscamos la forma de soltarlas, no sentimos necesidad de aligerarnos, solo sabemos, en el mejor de los casos, que las llevamos a cuestas, que podemos hacerlo, pero no tenemos intenciones de dejarlas.

Algunos dirán que si pueden llevarlas, ¿cuál es el problema? El problema es básico, nunca llegarás tan alto como puedes, nunca podrás enterarte de lo bien que puedes llegar a estar, perderás oportunidades por estar invirtiendo tus energías en otras cosas y te acostumbrarás a que una vida cargada de cosas innecesarias es lo que “te tocó” vivir, sin entender que estás cediendo el control de tu vida.

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Solo nosotros decidimos qué hacemos con nuestra vida, solo nosotros decidimos qué cargas llevar. Y cuando hablamos de cargas, nos referimos a todo aquello que no nos corresponde, no nos pertenece o hemos adoptado de manera inconveniente. Entendamos que las responsabilidades no son cargas, pero sí lo son las maneras cómo asumimos las responsabilidades.

Es decir, una madre enferma no es una carga, pero el cargarnos de ira, de resentimiento, de victimización, por tener que hacernos responsables de esa condición sí es una carga. En estos casos no nos alejamos de la madre enferma, sino del enfoque tóxico que le hemos dado a nuestro rol.

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Cualquier cosa que reste, que no aporte, que nos lleve a menos, especialmente en nuestra mente, debemos soltarla, porque representarán un peso que no es conveniente soportar. Y muchas veces solo será al momento de soltarla en el cual notaremos el peso que veníamos llevando y podremos apreciar la diferencia entre un antes y un después.

Aprendamos a soltar, a decir adiós, a liberarnos de malos pensamientos y malos sentimientos, dejemos atrás lo que no nos conviene en el presente y aprendamos a darle un sentido adecuado a cada uno de nuestros procesos y nuestras acciones.

A veces, las mejores personas llegan sin que las busques…

A veces, las mejores personas, las más bonitas, aparecen de improviso y sin que uno las busque. Llegan para plantar flores en el jardín de nuestros días tristes, están ahí para ser el eco de nuestras risas, el imán de nuestras complicidades, de nuestras aficiones y pasiones. Son ese faro que nunca se apaga, sin contradicciones, sin presiones ni dobles fondos…

Los neuropsicólogos nos recuerdan a menudo que nuestro cerebro está programado para llevar a cabo conductas pro-sociales. Acciones como el altruismo, la ayuda al prójimo o el acto de conferir apoyo son realidades que genéticamente consideramos como significativas e importantes porque garantizan, al fin y al cabo, la supervivencia de nuestra especie.

Sin embargo, y aquí llega sin duda la mayor disonancia o ironía de la humanidad, en ocasiones actuamos como auténticos depredadores de nuestros propios semejantes. No nos referimos únicamente a esas conductas más extremas que encabezan los titulares de las noticias del día a día, hablamos ante todo de esas acciones tan comunes que todos hemos vivido en alguna ocasión y de las que se desprende aquello tan clásico de “deseo que seas feliz, pero no más que yo”.

A veces el altruismo tiene intereses soterrados, lo sabemos bien. Otras veces las personas nos fallan, también lo sabemos. Quizá por que el tiempo nos cambia o porque poco a poco las máscaras caen y descubrimos que detrás de esa armadura que tanto nos fascinó al principio no hay más que un ser lleno de vacíos, de múltiples limitaciones y egoísmos insondables.

A pesar de todo, entre nuestra rica y compleja fauna social hay personas que no solo valen la pena: valen la alegría. Encontrarlas es un arte basado siempre en lo casual, pero encierra también algunas dimensiones que vale la pena abordar…

Las buenas personas están ahí, solo hay que saber verlas

¿Qué rasgos tienen esos hombres y esas mujeres capaces de mejorar nuestras vidas? ¿Cómo son, en esencia, las buenas personas? Bien, sabemos que es muy común usar en nuestro día a día la recurrida frase de “mi compañero de trabajo es mala persona” o “mi hermana es muy buena persona”. Este tipo de definiciones tan reduccionistas no siempre son adecuadas, porque la naturaleza humana es mucho más compleja que estos términos tan absolutos.

La mayoría de nosotros estamos en un continuo, ahí donde en ocasiones podemos actuar de forma más o menos acertada; donde se nos puede juzgar a la ligera como “malas personas” solo porque no actuamos como los demás quieren o esperan. No obstante, eso sí, existen una serie de factores o dimensiones clave que pueden definir a esos perfiles más nobles y que en última instancia sí representan ese ideal de bondad que todos tenemos en mente.

Ser bueno significa, por encima de todo, falta de egocentrismo. Significa una identificación con los semejanter, sentir compasión, actuar con desinterés y disponer de esa empatía que acoge, que confiere un apoyo sabio y una cercanía auténtica. A su vez, la buena persona es también aquella capaz de ver más allá de la superficie, más allá de la simple apariencia.

Personas subidas a escaleras mirando hacia arriba

Por otro lado, y no menos importante, existe un factor que no podemos descuidar: esas personas mágicas llegarán a nuestras vidas solo si nosotros somos receptivos. Lo harán si somos capaces de verlas, de apreciar su influjo, su arte, su poder natural de conexión. Los expertos en conducta social nos revelan que las personas hemos llegado a un punto donde nos fijamos más en las malas cualidades que en las buenas.

Ese sesgo de negatividad viene propiciado en ocasiones por el propio malestar, por la propia frustración o incluso por el recuerdo de nuestras relaciones fallidas o desengaños. Nos volvemos desconfiados, y cuando la desconfianza flota en nuestra mirada y anida en el corazón, será muy difícil vislumbrar la luz cálida de esas presencias que de verdad, merecen la pena ser incluidas en nuestra vida.

Técnicas para identificar a las personas que valen la pena (y la alegría)

Todos, en nuestro día a día, hacemos rápidas lecturas sobre las personas que nos envuelven. El doctor Rick Hanson, conocido neuropsicólogo e investigador empedernido sobre la “ciencia de la felicidad”, nos explica que para lograr conectar con mayor profundidad con nuestros semejantes y percibir así esa nobleza innata que muchos esconden en su interior, es necesario que nos detengamos, que bajemos el ritmo y que seamos capaces de leer las intenciones positivas y esa empatía auténtica que tienen las personas más especiales.

manos con flores

A continuación, te damos unas claves sencillas que pueden ayudarte a hacer esa lectura:

  • El lenguaje no verbal: la empatía se reconoce muchas veces por ese rostro y esos ojos que no solo miran, sino que observan, atienden y saben conectar haciéndonos sentir cómodos, seguros y valorados.
  • El segundo aspecto es sin duda la propia intuición. Nuestra voz interior es quien debe guiarnos siempre en ese camino de descubrimientos. Es ella quien contiene la esencia de nuestra personalidad, la sabiduría de nuestras experiencias pasadas y ese sexto sentido que nos invita a conectar con ciertas personas evitando a otras. No dudes en escuchar esa voz interna.
  • La energía emocional. Esta dimensión es tan curiosa como intensa, pero aún así, es necesario identificarla en nosotros y analizarla. Hay personas que nos generan un tipo determinado de carga emocional a través de su tono de voz, de su mirada, de sus sonrisas, del modo en que nos comunica…

Esa sensación o energía emocional que generan en nosotros algunas personas es algo que debemos atender y descifrar (¿me hace sentir cómodo? ¿me ofrece calma y armonía? ¿puedo confiar de verdad en él/ella?…). En ocasiones, esa conexión es inmediata, otras veces esa atracción tiene otro ritmo: es más pausada, más lenta pero igualmente intensa  Es como un interesante tesoro que vamos descubriendo cada día y que por lo general, suele darse sobre todo en las personalidades introvertidas.

Sea como sea, esas personas especiales que hacen nuestra vida más hermosa, interesante y especial, son regalos que todos merecemos y que, por encima de todo, estamos obligados a cuidar. Hagámoslo entonces, demos siempre la mejor versión de nosotros mismos a esos seres especiales que dan luz a nuestro día a día.

 

No podrás vincularte con la persona correcta, si no dejas ir a la equivocada

 
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Cuántos de nosotros no hemos estado junto a alguien con quien no terminamos de encajar, que por diversos motivos sentimos que no es la persona con la que deberíamos estar y aunque ciertamente nadie se cruza en nuestra vida por azar, estamos conscientes de que sea lo que sea que debamos sacar de esa relación, debemos hacerlo apresuradamente porque definitivamente no es la persona que creemos correcta para nosotros.

Lo cierto es que no estamos en la vida para malgastar el tiempo y las energías y debemos prestar especial cuidado a lo que nuestra intuición nos dice en relación a con quién debemos vincularnos o permanecer unidos.

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No dejemos que los miedos a quedarnos solos, a salir de nuestra zona de seguridad, a no encontrar algo que se adapte mejor a nuestras expectativas, nos haga quedarnos donde por un motivo u otro es evidente que no debemos estar.

Por la importancia que la mayoría de nosotros le damos a las relaciones amorosas, lo mínimo que podemos hacer, por respeto propio y por quien se vincule a nosotros, es sentir que vale la pena estar junto a esa persona, que lo hacemos por placer, por preferencia, sin presiones, sin que los motivos sean los equivocados.

Es justo para nosotros querer darlo todo por alguien y sentirnos correspondidos, sentir confianza, plenitud, sentir que hay un presente que vivir y disfrutar y que a su vez podemos proyectarnos a futuro juntos.

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Si algo nos incomoda, si sentimos que esa no es la persona con la que queremos estar, no debemos darle largas al asunto, qué nos hace pensar que lo que hoy son fronteras entre nosotros, mañana serán puentes de unión. No digo que no ocurra, pero por qué forzar una situación si podemos abrir nuestras energías a lo que queremos a nuestro lado.

Es válido cansarse, inclusive dejar de amar o transformar el amor en otro sentimiento, es válido querer recorrer otros caminos con alguien más, lo que no puede ser válido es sentir que estamos junto a alguien con quien no nos corresponde estar, en estos casos es necesario sincerarnos y dejar ir aquello que nos permitirá darle la oportunidad a lo que realmente creemos merecer.

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Solo nosotros somos los creadores de nuestra vida, aprovechemos esta bendición para hacer con ella lo que realmente queremos. Nada nos limita, solo lo que anidamos en nuestra mente puede hacerlo, así que dejemos atrás los miedos, las dudas y vayamos por lo que nos llama en la vida, para bien nuestro y de las personas involucradas.

 

Imágenes cortesía de: Nidhi Chanani

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

La juventud no es un tiempo de vida, es un estado de espíritu

Mujer con mariposas en el pelo

Nunca te canses de repetirlo, acumular juventud es un arte, un regalo. Lo es el poder arrancar las hojas del calendario con fuerza y amarrar cada día una colección de motivos por los que mantener un espíritu joven.

La juventud acumulada es eso que te hace ver la vida de una manera ardiente pero pausada, oscilando en nuestras preferencias y echando en falta habilidades pasadas cuando al mismo tiempo se tienen las cosas muy claras.

Con la edad no solo se gana un rostro arrugado sino la capacidad de ser fuerte y resistente, así como la nobleza de quien contempla el día a día y sus acontecimientos con la madurez reflejada en las marcas de las sonrisas que hemos acumulado.

Mujer con una flor en sus manos

No te lamentes de envejecer, es un privilegio negado a muchos

Envejecer acumulando juventud es una gran hazaña, pues implica aprender a salvaguardar nuestra identidad y a besar nuestras derrotas con entereza. A su vez, acumular juventud significa construir todos los caminos y enmarcar las huellas de los terrenos que habíamos abonado para construir el jardín de nuestro castillo.

Dado que lo que se aprende en la juventud, dura toda la vida, acumularla significará que saber elegir mejor las alternativas para resolver nuestros problemas, ponernos en la piel de los demás o ser más flexibles para adaptarnos a los cambios.

No podemos lamentarnos de cumplir años, eso es una locura. ¿Cómo va a apagarnos el hecho de tener la oportunidad de vivir?

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¿QUE CUÁNTOS AÑOS TENGO?

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas…
Valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. 
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuántos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

-José Saramago-

Madre e hija abrazadas

Entre la niñez y la vejez hay un instante llamado vida

La juventud (acumulada o no) no tiene edad, pero es un instante que pasa demasiado pronto. Por eso debemos aprovecharla sin necesidad de vivir en un pulso desafiante constante.

Con el tiempo aprender que la tolerancia es la mejor religión y que no podemos escribir nuestra historia dos veces, por lo que debemos pensar las cosas antes de escribirlas si no queremos tener tachones.

Nos envejece más la cobardía de no crear nuestro propio mapa que cometer errores. Pensar en presente y no en pasado es acumular juventud y, con ella, la vida y la tranquilidad de quien se sabe aprendido.

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Gracias a la madurez que supone la juventud acumulada sabremos que lo que de verdad te hace familia es la lealtad y que la distancia solo impide los abrazos físicos, pero no los psicológicos.

Es decir, que aprendemos a saborear los pequeños detalles y a contemplar con paciencia nuestro ansioso caminar, pues sabemos que si acumulamos juventud, acumularemos vida. Entonces nos dará igual si sumamos canas y arrugas, pues lo verdaderamente importante será crecer cada día.

Quien repite amores, repite errores

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Las segundas oportunidades representan un tema negado para algunos, pero para otros una opción válida y considerable, especialmente cuando con el paso del tiempo no se logra ocupar el espacio la pareja logró ocupar y la balanza se inclina a favor de reintentarlo con esa persona que consideramos especial.

Sin embargo, cuando repetimos amores, nos vemos expuestos a repetir errores, a manejar de la misma manera aspectos de la vida, a chocar en las mismas cosas, a desagradarnos ante lo que anteriormente nos generaba el mismo rechazo… en fin… Ha pasado el tiempo, pero nuestra esencia permanece, podemos haber madurado en ciertas cosas, podemos haber aprendido a utilizar algunas nuevas herramientas, pero en el fondo seguimos siendo las mismas dos personas interactuando.

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Obviamente las experiencias enriquecen, nos hacen madurar y ver las cosas desde otras perspectivas, pero especialmente cuando interactuamos con las mismas personas del pasado solemos actuar de forma similar a la cual lo hacíamos antes. Inclusive cuando nos reencontramos con amigos del pasado y conversamos con ellos, si nos fijamos, nuestra manera de hablar, de comportarnos seguirá el patrón que nos regía en esa época.

Por lo que muchas veces podemos sentirnos muy cambiados, podemos sentir que abordamos las cosas de forma diferente, pero la realidad es que al vincularnos a la misma persona del pasado, volvemos a actuar como antes, tanto para lo positivo como para lo negativo.

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Si vemos la posibilidad de volver con alguien de nuestro pasado, no vayamos predispuestos, pero sí examinemos las causas que llevaron a la ruptura de la relación en su momento y determinemos qué tan factible es que las condiciones en el momento presente sean diferentes a las del pasado, las cosas que no separaron resultan negociables, o sin duda de presentarse nuevamente no podríamos superarlo, la disposición a retomar la relación viene de uno solo y del otro solo hay una respuesta pasiva, son factores que debemos considerar antes de involucrarnos nuevamente con un amor del pasado.

Mientras más dolorosa haya sido la separación, con mayor cuidado debemos tomar la decisión de volver, es como quien ha dejado de fumar y le ha costado mucho y ya cuando está perfectamente en libertad del hábito, se ve tentado a caer…

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Esto por poner un ejemplo donde es sabido que se presenta un estado de adicción y que resulta muy fuerte y doloroso cortar los hábitos generados… Ya sabemos lo que representa, las satisfacciones que nos da y todas las desventajas que lleva consigo, si estamos considerando retomar, en el caso del cigarrillo puede ser por débil o necio, pero en el caso de un amor del pasado, pues pudimos habernos dado cuenta de que es nuestra mejor opción a pesar de lo que en algún momento nos separó.

Los errores pueden repetirse y debemos estar conscientes de ello, tratemos que al menos las reacciones sean diferentes y así generar resultados distintos a los previamente obtenidos.