Ser feliz delante de un envidioso puede ser peligroso

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La felicidad es uno de los estados más deseados por el hombre, incluso cuando no entienda bien en dónde buscarlo. Hay múltiples definiciones para la felicidad, casi como la cantidad de seres que hemos habitado este planeta. También desde lo que se encuentra documentado ha existido la envidia, manifestándose como el pobre manejo emocional, ante mejores condiciones en la vida de otra persona y de forma especial ante la felicidad.

Existe una especie de solidaridad y empatía cuando se comparten penas similares, cuadros dramáticos, escasez, limitaciones de cualquier índole, pero cuando alguien deja de ser afín con alguna de esas realidades y se destaca, es visto con recelo por quienes se mantiene en peores condiciones.

A pocas personas, a realmente pocas personas les alegra genuinamente el éxito de alguien más. Inclusive en relaciones familiares, entre hermanos, entre amigos cercanos, entre parejas, existe la presencia de envidia. Un gran porcentaje de los que dicen querernos y querer lo mejor para nosotros quiere vernos bien, pero no mejor que ellos.

La envidia puede ser vista como una declaración de que somos incapaces de conseguir algo que queremos, que otro ya ha alcanzado. Cuando envidiamos estamos alimentando la idea de que no hay para todos, de que lo que queremos está contado y no llegaremos a la repartición, a ganárnoslo o incluso a merecerlo.

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Hay para todos, para todos los gustos, para todas las aspiraciones, para satisfacer cualquier sueño, hay posibilidades ilimitadas, recursos ilimitados, solo nos colocamos trabas cuando pensamos que no habrá para nosotros, cuando en lugar de celebrar los logros ajenos, nos lamentamos de no ser nosotros, cuando en lugar de mirar a una bonita pareja, no los admiramos, sino nos lamentamos por nuestras experiencias fallidas.

La envidia siempre proyecta una carga negativa, que la padece quien la siente y puede perjudicar a quien la inspira, los pensamientos son energía y las personas envidiosas conscientes o no de ello pueden hacer lo que esté a su alcance para sabotear la felicidad de quien la disfruta estando cerca.

No es sencillo identificar a un envidioso, muchos pasan desapercibidos, sin embargo, algunos otros no pueden disimular su molestia, sus caras se transforman y por lo general el desmérito, la crítica o hasta la burla se hace presente ante cualquier posición de ventaja que pueda tener alguna otra persona.

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En caso de que logremos identificar a alguien que presuntamente nos envidie por algún motivo lo mejor será no elevarle tanto el volumen a nuestra felicidad, si se quiere pasar desapercibidos, con el fin de no despertar ese lado indeseable de quien sentirá satisfacción encontrando la manera de interferir con nuestra felicidad. Si queremos sumar puntos en nuestro balance, podemos intentar reforzar la confianza de esa persona en sí misma, que en el fondo no se siente apta de conseguir lo que desea…

De cualquier manera recordemos que para todos este trayecto es de evolución y cada quien anda haciendo lo mejor que puede con los recursos que tiene. Así que ante la envidia: empatía y compasión… Y si proviene de nosotros: compasión, una gran dosis de amor propio y confianza en nosotros mismos y en el proceso de la vida.

Por: Sara Espejo

La lluvia también es hermosa

 

La lluvia a menudo tiene el inusitado poder de relajar nuestros sentidos y nuestras mentes. Nos embriaga con su petrichor, renueva la atmósfera, arranca destellos de colores a nuestras aburridas ciudades y nos invita a menudo a esa introspección serena, casi mágica donde tomar contacto con nosotros mismos a través de las gotas de lluvia…

Si bien es cierto que a menudo se dice aquello de que en la vida no se trata de esperar a que pase la tormenta sino de aprender a bailar bajo la lluvia, queda claro que no a todo el mundo le agrada. El estado del ánimo se relaciona siempre de forma íntima con la climatología, y más concretamente con el efecto de la luz en interacción con nuestro cerebro.

Sin embargo, la lluvia enciende en una buena parte de la población una serie de singulares procesos que se relacionan con el mundo emocional. Tiene mucho que ver con los sentidos, y en especial, con nuestra corteza olfativa y con ese vínculo casi mágico que tiene dicha estructura con el sistema límbico y el hipotálamo, áreas relacionadas con la memoria emocional.

Estamos seguros de que este tema te descubrirá aspecto muy interesantes.

El petrichor y el despertar de nuestros recuerdos

Hay olores que despiertan en nosotros un extraño placer. Nos cautivan, y a la vez se hienden en nuestra memoria como un enclave que despierta en nosotros agradables sensaciones. El olor de la hierba recién cortada, el las sábanas limpias, el cloro de la piscina en verano, el chocolate que nos preparaban nuestros abuelas o el olor de nuestros lápices nuevos cuando empezábamos el colegio, son sin duda rincones privilegiados donde esas fragancias se entremezclan a menudo con gratos recuerdos.

Ahora bien, entre todas esas fragancias hay una que las supera a todas: el petrichor. Que se diga de ella que es el olor más embriagador del mundo no es casualidad: aunque nos cueste creeerlo, el olor de la lluvia empapada en la tierra tiene una función muy concreta: guiarnos hasta donde hay agua. Algo esencial para nosotros en el pasado y en la actualidad para gran parte de los animales, quienes recorren grandes distancias guiados solo por esa sustancia química, la geosmina.

Lamentablemente, algo que todos sabemos es que el efecto de la contaminación a día de hoy deja huérfanas a muchas personas de este regalo vital de la Naturaleza. Un presente que, por extraño que nos parezca, tiene también el poder de “despertarnos”, de arrancarnos de nuestros letargos y de los cubículos de nuestras rutinas para invitarnos, simplemente, a relajarnos con un paseo después de la lluvia.

El petrichor es un término que se acuñó en 1964 por dos geólogos australianos. Hace referencia a un proceso fascinante y delicado que se da cuando las gotas de lluvia entran en contacto con superficies sedimentarias o porosas. Al instante, un tipo de actinobacterias generan una sustancia metabólica llamada geosmina, la cual, vuelve a la atmósfera como un aceite aromático de olor singular.

Curiosamente, cuanto más seco esté el suelo más perceptible será el petrichor, elevándose como un poderoso aerosol que guiará a los pájaros y otros animales hasta esa zona húmeda. Mientras que a nosotros, carentes ya de la necesidad de encontrar agua, nos animará a abrir las ventanas para aspirar con fuerza ese olor, mientras nos dejamos abrazar por los recuerdos, por el velo sutil de la nostalgia y la caricia de esas revoltosas emociones capaces de invitarnos a un placentero paseo.

La lluvia y su efecto relajante

A la mayoría nos encantan los días de sol, esos donde la piel agradece tal tibieza y nuestra mente tanta luminosidad. Algo que todos sabemos es que desde siempre, la luz se vincula con lo positivo, mientras que las nubes y esa penumbra plúmbea que suele acompañar a la lluvia, se ve con temor, incomodidad y negativismo. Todo tiene que ver con la relación entre la melatonina y al serotonina. La luz del sol mejora la neurotransmisión y el ánimo gracias a ese incremento natural de dicho neurotransmisor, la serotonina.

La lluvia no solo moja, también pinta el cielo de arco iris
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Sin embargo, la lluvia tiene en muchas personas un efecto diferente que se ajusta mucho a determinados patrones de personalidad. Los perfiles más introspectivos, por ejemplo,  suelen deleitarse en mayor grado de esos instantes de recogimiento, ahí donde recostar la cabeza en la ventana para ver cómo las ciudades se visten de singulares matices, semejantes a un lienzo impresionista.

A su vez, y como dato curioso, muchas personas con un alto nivel de ansiedad pueden hallar cierto descanso sensorial con el efecto de la lluvia. El sonido de las gotas al caer genera un “ruido blanco”, ese sonido constante y de ondas sonoras apaciguadoras que para muchos, es algo verdaderamente terapéutico.

De hecho, existe un estudio donde avala cómo el estímulo sonoro de la lluvia reduce hasta en un 23% la agitación de los ancianos en las residencias. No solo esa sonoridad regular apacigua la inquietud, sino que además abre la puerta a muchos de nuestros recuerdo. Permite que pasen a nuestras consciencias esos instantes vividos con olor a infancia, con la fragancia casi salvaje de esa tormenta de verano donde corríamos después de una tarde en la feria o de una noche en la playa.

La lluvia, por tanto, también es hermosa, y por curioso que parezca, también cura, también alivia y nos invita a conciliarnos con la tierra que pisamos.

Las personas manipuladoras tienen estos 5 rasgos en común

Las personas manipuladoras tienen estos 5 rasgos en común

Con seguridad, en alguna ocasión, te habrás encontrado con una persona que te ha convencido de lo que a ti te conviene, de manera oportuna resulta que aquello que según ellos te conviene a ellos les va como anillo al dedo y al final caes en la cuenta que lo que estás haciendo no es tu deseo.

Individuos manipuladores y sus vicios

Estos individuos no tienen reparos en el momento de solicitar que dejes a un lado tus necesidades por el bien de todos. Son personas que, al obtener lo que querían de ti, no te dan ni las gracias.

A estos individuos suelen ganarse la etiqueta de manipuladores, y desafortunadamente la sociedad está repleta de ellos. Son muy hábiles haciendo que dudes de tus capacidades sintiéndote vulnerable o por debajo de los demás. La capacidad que tienen para distorsionar las creencias ajenas les fortalece en el momento de atraerte hacia su campo de juego, convenciéndote de que no puedes hacer algo o que lo deberías hacer a su manera puesto que es él quien sabe cómo van las cosas.

Su fortaleza radica en la explotación emocional (y en el chantaje emocional); esto es, manejan tus emociones produciéndote un sentimiento de culpabilidad, una culpa del todo infundada, y que da pie a que termines cediendo a sus deseos.

Así que de esta forma los manipuladores consiguen hacerse con el control hallando recompensa de su presa y además de manera calculada. En el artículo de hoy trataremos de identificar las actitudes manipuladoras para ponerles freno.

¿Cómo son los manipuladores?

1. Están especializados en detectar las debilidades ajenas

Absolutamente todos tenemos debilidades, y son el instrumento que utilizan para herirte, puesto que si titubeas en lo que crees, hay algo que te produce vergüenza y deseas ocultar, la persona manipuladora tratará de averiguarlo y, si se da la ocasión, podrá usarlo en tu contra.

2. No se detendrán hasta conseguir lo que desean

Muestran pocos reparos a la hora de pisar a quien sea, para ellos el fin justifica los medios. Cuando van a actuar no les tiembla el pulso para hacer lo necesario con el propósito de alcanzar sus objetivos, con todo ello sus conductas suelen pasar desapercibidas ya que son buenos actores.

3. Son insaciables

La manipulación les hace sentir poderosos y, como suele ocurrir con el poder, siempre desean más. Sus principios morales están algo dañados, al ser conscientes que por sí mismos son incapaces de alcanzar un objetivo, pero que su capacidad manipuladora puede proporcionarles llegar a su meta haciendo uso de los méritos ajenos, a espaldas de los demás. Les colma la ambición, unas ansias que al igual que la droga les produce una especie de adicción.

4. Necesitan el control

El manipulador suele padecer el conocido como complejo de superioridad; suelen ser personas con rasgos cercanos al egocentrismo y al narcisismo. Les gusta superarse a sí mismas y superar el nivel alcanzado anteriormente, en busca de retos cada vez mayores.

No obstante, las personas que sienten la necesidad de considerarse superiores a los demás, incluso seres perfectos, medrando a través de los méritos ajenos, denotan una cierta inseguridad la cual revisten con la apariencia de poder, pero que en el fondo ocultan un miedo apabullante a mostrarse débiles.

¿Son iguales todos los manipuladores?

Dado que la manipulación es un arte, podemos decir que el don de manipular consta de diferentes capacidades y habilidades, se pueden reconocer distintos tipos dentro de esta categoría. Los conocemos a continuación.

1. El incitador

Un caso típico, en este caso opuesto a los dos anteriores citados. Hace alarde de fuerza, y no solo, sino además de cierta agresividad. En este caso si eres una persona pasiva cederás para ahorrar tener que enfrentarte a él. De tal manera que “ad baculum” el manipulador consigue mediante la coacción lo que quiere, es el caso de las personalidades de tipo antisocial.

2. El desprestigiador

El narcisismo de este sujeto es especialmente marcado. Simplemente se siente perfecto, es un mirlo blanco, jamás ha roto un plato. Él es la medida de las cosas, su regla es la única que vale. Este “don perfecto” hará hincapié en que estas equivocado cada vez que digas algo, cuando tenga la oportunidad pondrá de relieve tus defectos y te ridiculizará con su sarcasmo. Son personas que se dedican a juzgar a las demás pero que no suelen mirarse en el espejo si no es para alabarse a sí mismos.

3. El interpretador

Este tipo en concreto es de especial nocividad cuando de un grupo de personas se trata, ya pueda ser el trabajo o la familia, tiene una personalidad maquiavélica y retorcida, actúa extrayendo tus palabras y cambiarles su sentido, un sentido intencionadamente diferente al mensaje que tu querías comunicar.

Con este ardid conseguirá que desees haberte tragado tus palabras, que estas no eran apropiadas, que te has pasado de la raya o que no has pensado lo que decías hiriendo así a otra persona. Metamorfoseando de esta manera tus palabras, comunicándolas a la persona que más le conviene y modificando su intención, por lo que puedes acabar siendo el malo de la película.

4. La víctima

A este sujeto el mundo le ha hecho daño, no cesa de lamentarse que todo lo malo le pasa a él y de preguntarse a sí mismo “¿por qué a mi?”. Se centra mucho en su propio dolor, escudando sus actitudes y conductas reprobables bajo el victimismo, Siempre es el más desafortunado, muy por encima de los demás.Este tipo de cuadro conductual suele conocerse como el síndrome de Job.

Además, induce a pensar que son los otros los que abusan de él, reclama justicia y se tiene a sí mismo como a un inocente maltratado, de esta manera crea un discurso para que tú te sientas culpable de su infortunio y lo injusto que es el mundo con él. Entonces, suelen aprovechar ese discurso para que bajes la defensa y te obligarte a acceder a lo que te pida por lástima o por culpa. Más tarde te embargará la decepción, porque no es lo tú realmente querías, pero ya ha conseguido su objetivo mediante su lloriqueo.

5. La rémora

Esta clase de manipulador se vale de tu propio ego. Es capaz de hacerte sentir superior, a tu lado él es menos que nada, un ser débil y torpe, y está claro, incapaz de hacer nada mientras que tú sí, de este modo acabarás haciendo lo que él no puede.

La conmiseración que te produce y tu propio ego de fortaleza harán que te obligues, inconscientemente, a realizar aquello que el manipulador no desea hacer. De esta forma tuyas serán las consecuencias de tal ejercicio sin obtener más recompensa que la vacua sensación de capacidad lo que más tarde se convertirá en un derroche de esfuerzo por el cual no ha valido la pena además del consiguiente agotamiento.

¿Cómo protegernos de un manipulador?

1. Ser conscientes

Lo primero que debemos hacer es tomar consciencia de la manipulación. Hay derechos que son inviolables y que no se pueden traspasar, esos derechos son los siguientes:

  • A ser tratado con respeto.
  • A establecer tus propias prioridades.
  • A expresar tu opinión y como te sientes.
  • A defenderte física o emocionalmente.
  • A decir “no” sin sentir culpa.

Si te relacionas con alguien y sientes que tus derechos están siendo menoscabados, considera que puede que estés siendo víctima de un manipulador.

2. Guarda la distancia de seguridad

Mantén la distancia emocionalmente, al igual que cuando se conduce mantenemos la distancia de seguridad para no topar con el otro vehículo y ahorrarnos un accidente. No permitas que nadie invada tu espacio ni te aproximes a su tela de araña para evitar ser cazado. Nadie podrá herirte sin tu consentimiento.

3. Tú no tienes culpa

Si contestas no a alguna pregunta de las que hemos citado con anterioridad, considera que puede que tú seas la víctima y no al revés. Hay ciertos aspectos de la realidad que te circunda sobre los cuales puedes ejercer un control, sin embargo, la mayoría de las cosas no están en nuestra manos, así pues, no tienes la culpa de lo que sucede a tu alrededor, de manera que si empiezas a sentirte de dicha manera, procura averiguar lo que pasa.

Cuestiona:

  • ¿Te parece que lo que pides es razonable?
  • ¿En tu opinión qué debería decirte?
  • ¿Estás pidiéndomelo o me lo dices?

Cuestiones como estas harán considerar al sujeto manipulador que ha sido delatado y probablemente busque a otra persona a la que embaucar.

4. Tómate tu tiempo

No respondas a sus demandas inmediatamente, antes debes reflexionar. Los manipuladores, frecuentemente, ejercen presión sobre sus víctimas de manera que estas no se demoren en el momento de acceder a sus demandas.

5. No dudes

No vaciles en tus convicciones y mantente firme en tus afirmaciones. Los manipuladores son muy hábiles a la hora de interpretar tu comunicación no verbal, si dudas se percatarán de ello y ejercerán más presión hasta hacer que finalmente cedas.

En conclusión, si te topas con una persona que actúe así es necesario que logres desenmascararla. Si es posible, debes intentar ayudar a ese individuo para que vaya siendo consciente de que su conducta afecta negativamente a los demás y, sobre todo, a sí misma. En cualquier caso, no vaciles y utiliza todas estas herramientas que ahora ya conoces para evitar ser víctima de su manipulación.

¿Eres solitario? Tu cerebro es especial

Mujer solitaria sentada en el suelo mirando al lago

Un estudio indica que las personas que prefieren estar solas ven las cosas de otra manera y tienen el poder de decisión o de análisis diferente a los demás. Por otra parte los solitarios presentan una menor actividad en la zona del cerebro relacionada al sistema de recompensas. Aún no se sabe qué ocurre primero: si el aislamiento o el cambio en la activación.

Un solitario puede serlo por decisión propia o por culpa de los demás. Es decir, alguien puede decir que se encuentra mejor si la mayoría del tiempo lo pasa lejos de la compañía de los demás o puede que, a pesar de no querer esto, no encuentra con quien pasar sus horas. Sea de una forma o de otra, el cerebro de las personas solitarias tiene mucho que ver en ello.

Las recompensas y el cerebro solitario

Según el informe del Journal of Cognitive Neuroscience, la región del cerebro llamada “ cuerpo estriado” tiene menos actividad en las personas que son solitarias. Esta zona se asocia a ciertas recompensas cotidianas, como por ejemplo el dinero y la comida.

Mujer solitaria observando el amanecer

Para llegar a esta conclusión se agrupó a 23 universitarias y se les hizo una serie de preguntas para discriminar en qué grado se sentían aisladas socialmente, en qué grado eran personas solitarias y en qué grado disfrutaban y pretendían el contacto social.

Después se escanearon sus cerebros mientras miraban fotografías de personas felices. Así, encontraron que en aquellas alumnas que no tenían una vida social intensa se iluminó menos el área de “recompensa”, signo de una menor activación.

Como la muestra tomada para el estudio fue pequeña y muy restringida en cuanto a la variabilidad de ciertos parámetros, como la edad, dedicación o sexo los autores pidieron en las conclusiones del propio estudio que estas se interpretaran con la prudencia que el error del estudio determinaba.

Los científicos encargados del experimento manejaron la siguiente hipótesis: en una persona solitaria, al depender menos de la sociedad, las recompensas relacionadas con este contexto no despiertan un gran entusiasmo.

Soledad, introversión y percepción

No se han realizado aún demasiados estudios como para tener bien definidas las características cerebrales de aquellos que prefieren la soledad. Sin embargo, pese a que la literatura en este campo no es extensa sí se han encontrado resultados curiosos.

Por ejemplo, se ha demostrado que existe una estrecha relación entre la introversión, la creatividad y la originalidad. Sorprende a su vez el hecho de que los solitarios disfrutan de un mayor goce o satisfacción al obtener resultados de sus “esfuerzos mentales”.

Manos de mujer escribiendo en una libreta en el campo

Según la psicóloga del National Institute of Health de Maryland, Amanda Guyer, las personas socialmente retraídas tienen mayor sensibilidad a las interacciones sensoriales y emocionales. Esto significaría que lo que ocurre en este contexto de interacción les afecta más.

Para llegar a esta teoría la investigadora diseñó un estudio con dos grupos de niños: unos reservados y otros no. Todos debían participar de un juego donde al presionar un botón ganaban dinero. Los retraídos tuvieron hasta tres veces más actividad cerebral -región estriada- que los miembros del otro grupo.

Su cerebro se activa más en situaciones de contacto social

Una de las situaciones por las que deben pasar los solitarios es verse en medio de una reunión, fiesta o evento que conlleve estar cerca de otras personas. En esos momentos ciertas áreas del cerebro aumentan notoriamente el flujo de sangre experimentando una especie de sobre-excitación. Esta podría ser una de las razones por las cuales a los tímidos no les agrada socializar.

Sin embargo no todas son malas noticias. Los estudios sugieren que el cerebro de una persona introvertida tiene la capacidad para adaptarse a diversas experiencias gracias a su sensibilidad adicional. Debido a ello, por ejemplo, pueden responder más rápido en momentos en los que puede haber una demanda social alta, como en ciertos estados de emergencia.

Mujer pintando un cuadro al óleo en el campo

Por último, vale decir que los tímidos son buenos al percibir sutilezas o detalles que los demás ignoramos. Por ello suelen ser buenos escritores, pintores o testigos ya que su cerebro les dispone para ello. De hecho, la genialidad, a parte de con cierto grado de locura, está asociada con la soledad.

 

Vía:La Mente es Maravillosa

El miedo a envejecer

Persona mayor con las manos en la cara preocupada

Woddy Allen, con su habitual humor e inteligencia dijo: “La vida es una enfermedad mortal de transmisión sexual.” Esa frase nos da una dimensión muy real de lo que significa envejecer y de lo poco natural que es luchar contra el paso del tiempo y el miedo al envejecimiento.

En los últimos años, se han extendido mucho las cirugías estéticas, mediante las cuales se intentan borrar las arrugas y las consecuencias de los años por simple miedo, pero ¿y si nos aceptáramos tal y como somos y disfrutáramos de cada momento en lugar de pensar tanto en nuestro aspecto?

Es evidente que hay que cuidarse, comer sano y hacer deporte, pero hemos visto a actores y actrices cambiar tanto su cara para evitar envejecer que parecen otra persona, han perdido totalmente su identidad. ¿Por qué tenemos tanto miedo a envejecer?

“Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.”
-Georg Christoph Lichtenberg-

Hay un momento en el que caminamos por la calle y un adolescente nos pide algo dirigiéndose a nosotros como “señor” o “señora”. En un segundo todo cambia, porque somos conscientes del paso del tiempo y de que ya no somos los jóvenes que pensábamos, a pesar de que mantengamos nuestro espíritu juvenil intacto.

Gerascofobia: el miedo a envejecer

Una fobia es un temor irracional que puede llegar a afectar a nuestra calidad de vida y provocar un cuadro significativo de ansiedad. Las personas que sufren gerascofobia, tienen miedo a envejecer y viven atemorizadas por el deterioro que sufren debido al paso de los años.

Esto sucede porque en muchos casos, la vejez se asocia a aspectos negativos como las enfermedades, la pérdida de movilidad, el cambio de apariencia y las arrugas en la cara, y, en general el empeoramiento del estado de salud.

Mujer mirándose al espejo sus arrugas con miedo

La gerascofobia suele empezar a desarrollarse a los treinta años, cuando empiezan a aparecer algunas señales del paso del tiempo, y puede llegar, en determinados casos, a producir cierta ansiedad. Como causas de este miedo irracional a envejecer, podemos considerar varias, como relacionar la vejez sólo con aspectos negativos, olvidando el aprendizaje y la sabiduría que nos dan el paso de los años.

Otra causa de este miedo, puede ser la imagen que transmiten los medios de información o el valor que existe en nuestra cultura en relación a la juventud. Y una de las causas más importantes, quizás sea el miedo a estar solos e indefensos durante los últimos años de nuestra vida.

Razones para no tener miedo al paso de los años

No cabe duda de que el paso de los años nos aporta una experiencia y una sabiduría que no se pueden adquirir de otra forma. Hablamos de elementos positivos que merecen un reconocimiento por el gran valor que tienen y que son precisamente los que debemos valorar al cumplir años.

A continuación, os proponemos algunas razones para no temer el paso de los años y para que sepamos ver el lado bueno de esa época dorada:

El valor de la sabiduría

A medida que cumplimos años, adquirimos experiencias y habilidades que nos permiten afrontar de otra forma los altibajos de lavida. La sabiduría que nos aporta el paso del tiempo, nos permite tomar decisiones, asumir miedos y mantenernos serenos ante situaciones complicadas.

“Nos envejece más la cobardía que el tiempo, los años sólo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma.”
-Facundo Cabral-

Aprender a saber quién eres

Con la experiencia que adquirimos a lo largo de nuestra vida aprendemos a saber quiénes somos, a conocernos y a gestionar nuestros defectos y nuestras virtudes. Aprendemos a ser más auténticos porque dejamos atrás el miedo a lo que dirán o pensarán otras personas. Conocerse en profundidad es uno de los trabajos más complicados que realizaremos a lo largo de nuestra existencia, pero también uno de los más gratificantes.

Mujer mayor pensando

Sentirte cómodo

Cuando somos jóvenes nos importa mucho nuestra apariencia, lo que decimos y lo que hacemos. Pero, con el paso de los años aprendemos a querernos y valorarnos, a vivir en paz con nosotros mismos. Nuestra autoestima se hace sólida y nos respetamos profundamente a nosotros mismos para llegar a sentirnos más cómodos.

“La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo.”

Acuerdo de Almas

Con cada persona que forma parte de nuestra vida establecemos un acuerdo de almas. Esto significa que mucho tiempo atrás, en el reino de las almas, prometimos tener un encuentro especial, compartir la vida, modelar la experiencia, completar otra alma, al unirnos con ella en esta vida terrenal.

Los acuerdos entre las almas son compromisos para el crecimiento del alma en conjunción con otra.  De esta manera, emprendemos el viaje hacia un estado de conciencia y apertura total que los místicos denominan “iluminación”.

Estos compromisos son el motivo por el cual, en ocasiones, sentimos una extraña conexión con otra persona; otras veces no entendemos que alguien con carácter difícil forme parte de nuestra vida, o nos preguntamos simplemente por qué recorremos la vida junto a alguien, como si existiera un acuerdo tácito que a su vez puede terminarse abruptamente.

Como miembros de esta comunidad de almas reunidas en la vida sobre la Tierra, hemos acordado no sólo recordar a los demás sobre el estado puro original, sino también realizar todo lo posible dentro de la existencia humana, infinitamente cambiante, con el fin de asegurar el crecimiento de nuestra propia alma y las de los demás.

Algunas personas vienen al mundo para ser bellas y fuertes, otras para ser complicadas o raras; algunas para morir jóvenes y enseñarnos a través de la desolación de tan terrible pérdida; otras, para vivir muchos años e instruirnos mediante su sabiduría. Sin embargo, no importa cuál sea nuestro rol: todos formamos parte de este gran destino espiritual que principalmente consiste en recordar nuestra esencia eterna y dirigir nuestros actos hacia la unión final.

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Es así que a cada persona que conocemos, en situaciones buenas o terribles, breves o duraderas y cada relación de la que formamos parte representan una pequeña escena en el eterno conjunto humano, cuyo fin es el desarrollo del alma.

Al advertir esto, uno podrá asombrarse y comprender que cada persona presente en nuestra vida tiene un importante propósito : el de entrar en contacto con nuestra alma y hacerla crecer; que cada relación existe para agudizar la conciencia de nuestra alma.

Así, ya nadie nos resulta extraño, ninguna relación puede verse como un error o un fracaso.  A la luz del espíritu, comprendemos que estamos cumpliendo nuestro rol, en miras a la realización de un plan perfecto y eterno.

El tiempo no te hará olvidar, te hará madurar y entender

 

Con el tiempo aprendí la sutil diferencia que hay entre tomar la mano de alguien y encadenar un alma.

Con el tiempo aprendí que el amor no significa apoyarse en alguien y que la compañía no significa seguridad.

Con el tiempo… empecé a entender que los besos no son contratos, ni los regalos promesas.

Con el tiempo aprendí que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo… te das cuenta de que casarse solo porque “ya urge” es una clara advertencia de que tu matrimonio será un fracaso.

Con el tiempo comprendí que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.

Con el tiempo entendí que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de la mano, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendí que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendí que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes…

Con el tiempo comprendí que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendía construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprendí que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprendí que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo…. ante una tumba…, ya no tiene ningún sentido…

Pero desafortunadamente… esto solo lo entendemos con el tiempo.

Jorge Luis Borges

Aquí y Ahora 2

Es frecuente encontrarnos pensando en cosas que ya no deberían importarnos o sintiendo algo que no deberíamos sentir. A veces los recuerdos son como sombras que nos persiguen, que se suben a nuestra espalda y que nos impiden seguir.

Estas sombras a veces son tan tormentosas que bloquean nuestra alma. O sea, se convierten en esa piedra con la que tropezamos una y otra vez, con la que nos “encariñamos pero detestamos”. Deseamos no tenerla en nuestra vida pero, sin embargo, no nos imaginamos la existencia sin ella.

Resulta bastante insensato pensar que puedes amar de verdad algo con lo que te tropiezas y te haces daño. Y es que en realidad el tiempo te hace entender que superar el pasado no consiste en olvidarlo, sino en comprenderlo.

El bochornoso infierno de vivir en el pasado

Se dice que la vida tiene tres accidentes geométricos que debemos evitar: los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas. Probablemente si nos examinaran del conocimiento de alguno de ellos sacaríamos matrícula de honor.

Es difícil hablar de esto, pues significa que vivimos atrapados en parte de nuestro pasado y que nuestras emociones presentes se encuentran estancadas en algo que, de cara al mundo, deberíamos haber superado ya.

Precisamente vivir con la esperanza de que el tiempo lo cura todo es lo que nos está matando, porque en vez de limpiar el polvo de debajo de nuestra alfombra dejamos que se acumule más y más como si no fuese a afectarnos.

Imaginaos que un alérgico al polvo deja que se acumule la basura pensando que mientras no la tenga a la vista no le va a afectar. Qué tontería, ¿verdad?

Pues nosotros hacemos lo mismo con nuestras emociones. No aceptamos que tenemos que limpiarlas y, como consecuencia, no hacemos nada poner el remedio antes de que llegue la enfermedad.

Es entonces cuando los dolores nos cogen “por sorpresa” y con las defensas bajas, tiñendo nuestro presente con la negrura de un gran pesar. De esta manera tan cruenta aprendemos que cubrir la herida no nos ayuda a que cicatrice, sino a que se mantenga abierta.

Todo momento es bueno para pisar nuestro pasado, para arrancarnos el collar y para buscar la llave de nuestro candado. Si el tiempo no quiere recoger nuestras lágrimas es porque tiene que enseñarnos que podemos ser fuertes si vivimos con nuestra debilidad.

En el pasado no se vive, del pasado se aprende y es un gran error vivir recordando un tiempo que ya no tiene futuro.

Personas viricas

Seguro que usted se ha visto alguna vez en esa situación en la que después de mantener una conversación con un amigo se ha sentido desolado, ha contemplado el mundo con más tristeza y menos entusiasmo que antes de empezar la conversación, o ha pensado: “Madre mía, a este amigo no le pasa nada bueno, siempre tiene una queja”. Y en situaciones extremas, ha escuchado el teléfono, ha visto el nombre de la llamada entrante y ha dejado de atenderlo porque sabe que esa persona, de alguna manera, le va a complicar la vida: le va a contar un nuevo problema o seguirá hablando de su monotema, por lo general con temática “desgracia”. La pregunta que uno se plantea siempre después de pasar un rato con las personas víricas es: “¿Y yo qué necesidad tengo de estar oyendo esto?”.

¿Quiénes son las personas víricas? Aquellas que llegan y le contagian de mal humor, de tristeza, de miedo, de envidia o cualquier otro tipo de emoción negativa que hasta ese momento no se había manifestado en su cuerpo. Es igual que un virus: llega, se expande, le hace sentir mal y cuando se aleja, poco a poco, usted recobra su estado natural y, con suerte, lo olvida.

El origen de la persona vírica puede ser variado: el mal genio, la envidia, la falta de consideración, el egoísmo, la estupidez o la falta de tacto. Lo importante es verse con recursos suficientes para protegerse del contagio. El mundo está lleno de personas víricas de diferentes tipologías, unas menos dañinas y otras malévolas que dejan memoria y cicatriz.

Víricos pasivos. En esta categoría incluyo a los victimistas, los que echan la culpa de todo su mal a los que tienen alrededor, nunca son responsables de lo malo que les ocurre porque son los demás o las circunstancias los que provocan su malestar. Si les escucha y a usted le va bien, llegará a sentirse mala persona por disfrutar de lo que los victimistas no tienen. Y no porque no tengan posibilidad de hacerlo, sino porque han aprendido a obtener la atención a través de la queja y eso es cómodo. Se sienten maltratados por la vida y abandonados de la suerte. Por supuesto, le hacen sentir mal a quien no les presta la atención de la que se creen merecedores. Con estas personas sufrirá el contagio del virus tristeza, frustración y apatía.

Víricos caraduras. Son los que siempre le pedirán favores, pero a la vez no son capaces de estar atentos a sus necesidades. No mantienen relaciones bidireccionales en las que entreguen tanto como reciben. Tiran de otros sin preguntarles si están bien, si necesitan ayuda, si les viene bien prestársela en ese momento. Son egoístas y egocéntricos, y en el momento en el que se deja de satisfacer sus necesidades comienza la crítica y el chantaje emocional. Con estas personas sufrirá el contagio del virus “siento que abusan de mí”, aprovechamiento y resignación.

Víricos criticones. Viven de vivir la vida de otros porque no les vale con la suya. Su vida es demasiado gris, aburrida o frustrante como para hablar de ella, así que destrozan todo lo que les rodea. No espere palabras de reconocimiento hacia los demás ni que hablen de forma positiva de nadie, porque el que a los demás les vaya bien, les potencia su frustración como personas. No saben competir si no es destruyendo al otro. Arrasan como Atila. Con estas personas sufrirá el contagio del virus desesperanza, vergüenza, incluso culpa si participa en la crítica. Y la culpa luego arrastra al virus del remordimiento.

Víricos con mala idea. Manténgalos bien lejos. Están resentidos con la vida, ya sea porque no han sido capaces de gestionar la suya o porque la suerte no les ha acompañado. Anticipan que las personas son interesadas y no esperan nada bueno de ellas. Todo lo interpretan de forma negativa, a todo el mundo le ven una mala intención. Viven en un constante ataque de ira, como si el mundo les debiera algo. No soportan que otros tengan éxito, esfuerzo y fuerza de voluntad, porque estas actitudes de superación les ningunean todavía más. Con estas personas sufrirá el contagio del virus indefensión, inseguridad, impotencia y ansiedad.

Víricos psicópatas. Para los que no lo sepan, no hace falta ser asesino en serie para ser un psicópata. El psicópata es aquel que inflige dolor a los demás sin sentir la menor culpabilidad, remordimiento y sin pasarlo mal. De estos hay muchos de guante blanco. Son los que humillan, faltan al respeto a propósito, pegan, amenazan y provocan que se sienta ridículo, menospreciado, y se cargan la autoestima. Ante ellos, salga corriendo, porque el que lo hace una vez, repite. Si le permite que le maltrate, usted terminará pensando que ese es el trato que merece. Con estas personas sufrirá el contagio del virus miedo y odio. Muy difícil de erradicar, perdura durante mucho tiempo en su memoria.

Mecanismos de defensa. Para evitar el contagio de los víricos victimistas, lo primero que hay que hacer es pararles. Decirles que estará para ayudarles a tomar decisiones y solucionar problemas, pero no para ser el pañuelo en el que ahogan sus penas sin implicarse. Estas personas se acostumbran a llamar la atención con sus desgracias, pero son incapaces de responsabilizarse y actuar porque optan por el camino fácil: llorar. Dígale que estará encantado de ayudarle siempre y cuando se movilice. Y si no lo hace, decida alejarse de alguien que ha tomado la decisión de ser un parásito toda la vida. No lo está abandonando, le está dando aliento para que actúe. Si decide no tomar las riendas de su vida, ser su paño de lágrimas, tampoco será una ayuda. Se gasta la misma energía quejándose que buscando soluciones. La primera opción consume y resta, y la segunda suma.

Ante el virus de pedir, el antivirus de decir no. Si usted no hace prevalecer sus necesidades y prioridades, ellos tampoco lo harán. Una cosa es ser solidario y otra muy distinta estar a disposición de todos y no estar nunca para uno mismo.

No permita que la persona vírica criticona haga juicios de otras personas que no estén presentes.Si lo hace con otros, también lo hará cuando usted no esté presente. No entre en su juego ni se identifique con esa conducta. Dígale que no le gusta hablar de personas que no están presentes. Y si se trata de rumores, dígale que no tiene la certeza de que el rumor sea cierto. Los rumores, la mayoría de las veces, son infundados, falsos o exagerados. Se propagan como el viento, y a pesar de que luego se compruebe que son falsos, el daño ya está hecho. Actúe como le gustaría que lo hicieran, con respeto, discreción y veracidad. Es más importante ser ético que evitar un conflicto con un criticón.

Y por último, no permita que nadie le falte al respeto y mucho menos le maltrate ni psicológica ni físicamente. Como personas, todos merecemos un trato digno. Hágase valer. Pida ayuda, póngase en su sitio, no consienta una segunda oportunidad a quien le ha hecho daño. El que le daña no le quiere; olvídese de justificarle por su pasado, su carácter, su educación, el alcohol o sus problemas. Nada, absolutamente nada, autoriza la falta de respeto y el maltrato físico y psicológico. Y esto es válido en el ámbito familiar, laboral y entre los amigos.

Rodéese de personas de bien, que le quieran y que se lo demuestren, que le hagan feliz, con las que salga con las pilas recargadas. Tenemos la obligación de ser felices y disfrutar. Hay mucha gente dispuesta a ello. No las deje escapar. Las personas estamos para ayudarnos, somos un equipo.

Qué es el Chantaje Emocional, y 6 síntomas.

marioneta

Exploraremos la psiquis de un chantajista. No todos tienen el mismo estilo o los mismos rasgos caracterológicos: algunos son pasivos; otros, bastante agresivos; algunos son directos y otros sumamente sutiles; algunos nos dicen con mucha claridad cuáles serán las consecuencias si los contrariamos, y otros, por fin, enfatizan cuánto los estamos haciendo sufrir.

Pero más allá de cuán diferentes puedan aparecer a primera vista, todos ellos tienen grandes rasgos en común, características que alimentan su conducta manipuladora. Veremos cómo estos chantajistas utilizan el miedo, la obligación y la culpa, además de otras armas, y comprenderemos qué los impulsa a actuar de la manera en que lo hacen.

El miedo – el miedo a las pérdidas, el temor al cambio y al rechazo, el miedo a la pérdida del poder- es el terreno común en que se mueven todas las personas que se convierten en chantajistas. En algunos casos, esos miedos radican en una larga historia de sentimientos de angustia e ineptitud. En otros, podrán ser la respuesta a incertidumbres y estrés más recientes, que han socavado su autoestima y sus sentimientos de competencia y seguridad. El potencial para convertirse en chantajista aumenta en forma súbita a medida que los miedos se acumulan en la vida de esa persona. Verán con cuanta facilidad ciertos hechos desencadenantes, como el rechazo sentimental por parte de otra persona, la pérdida de un trabajo, un divorcio, el retiro de la vida laboral o una enfermedad pueden convertir en chantajista a alguien de nuestro entorno inmediato.

El precio que pagamos cuando cedemos reiteradamente al chantaje emocional es enorme. Los comentarios y actitudes del chantajista nos hacen sentir desequilibrados, avergonzados y culpables. Sabemos que tenemos que modificar la situación y, reiteradamente, nos prometemos que lo haremos, sólo para encontrarnos, una y otra vez, burlados y manipulados, como que hemos caído de nuevo en una emboscada.

Comenzamos a dudar de nuestra capacidad de mantener las promesas que nos hacemos y perdemos la confianza en nuestra eficiencia. Nuestra autoestima se va erosionando. Y lo peor de todo es , quizás, que cada vez que nos rendimos al chantaje emocional, perdemos contacto con nuestra propia integridad, esa brújula interior que nos ayuda a determinar cuáles deberían ser nuestros valores y nuestra conducta. A pesar de que el chantaje emocional no es un abuso psicofísico violento, no hay que caer en la tentación de suponer que el precio que se paga no es muy elevado. Cuando convivimos con él, el chantaje emocional nos carcome y se expande hasta dañar en lo más hondo nuestras relaciones más importantes y nuestra propia autoestima.

Sin nuestro consentimiento, el chantajista se vuelve totalmente impotente.

Para que el comportamiento de alguien pueda ser calificado de “chantaje emocional” , deberá tener ciertos componentes. Podemos hacer ese diagnóstico de la misma manera que un médico determinaría que una persona tiene algún malestar físico: analizando los límites.

LOS SEIS SÍNTOMAS DEL CHANTAJE EMOCIONAL

1. Exigencia: Jim quiere algo de Elena. Sugiere que, dado que la relación entre ambos es tan estrecha y que comparten gran parte del día, lo más lógico sería irse a vivir juntos. “Prácticamente ya estoy viviendo en tu casa- le dice Jim a Elena-. Lo único que nos falta es oficializar esta situación”. Agrega que, dado que el departamento de Elena es muy amplio y que, de todos modos, la mitad de sus pertenencias ya están allí, la transición sería muy simple.
Hay ocasiones en que los chantajistas no expresan con tanta claridad o que quieren, sino que tratan de que el otro lo adivine. Jim, por ejemplo, habría podido plantear su deseo en forma indirecta: mostrarse resentido en ocasión del casamiento de un amigo y decir, después de haberle preguntado a Elena, con insistencia, qué le pasaba: “Quisiera poder compartir más tiempo contigo; a veces me siento tan sólo…”, para agregar, finalmente, que le gustaría irse a vivir con ella.
A primera vista, la sugerencia de Jim parece nacida de un profundo amor y no tiene las connotaciones de una demanda. Pero pronto resulta evidente que está decidido a obtener lo que quiere y que no piensa discutir el tema o cambiar de idea.

2. Resistencia: A Elena, la idea de que Jim se mude a su casa la molesta, y expresa ese sentimiento diciéndole que no está preparada para ese cambio fundamental en la relación. Lo quiere mucho, pero, por ahora, quisiera que él tuviese su propia vivienda.
Si Elena fuera una persona menos franca y directa, su oposición podría llegar a expresarse de otra manera. Quizás se distanciara de Jim, mostrándose menos afectuosa, o diciéndole que ha decidido pintar su departamento y que él tendrá que llevarse sus cosas hasta que haya terminado con los trabajos. Por el contrario, expresa su resistencia sin ambigüedades y el mensaje queda clara. La respuesta es “no”.

3. Presión: Cuando Jim se da cuenta de que Elena no reacciona como él quiere, no hace el menor esfuerzo por entender los sentimientos de ella sino que, por el contrario, la presiona para que cambie de idea. Aal principio actúa como si estuviera dispuesto a discutir el tema, pero esa discusión se convierte en un monólogo que tiene el tono de un sermón. Transforma la afirmación de Elena en una exposición de fallas de ella y plantea sus propios deseos y exigencias como algo sumamente positivo. “Solo quiero lo mejor para los dos. Quiero darte más cosas. Cuando dos personas se aman, deberían desear compartir su vida cotidiana. ¿O es que no quieres compartir tu vida conmigo? Si no fueras tan egocéntrica, podrías abrirte más a las cosas buenas de la vida”.
De inmediato pasa a una actitud más seductora y pregunta: “¡Es que ya no me amas lo suficiente como para tenerme siempre a tu lado?. Otro chantajista podría incrementar la presión insistiendo con vehemencia en que, al vivir juntos, el vínculo entre ambos se estrechará y la relación mejorará aún. Sea cual fuere el estilo utilizado, la presión termina por aparecer, por más que se la disfrace con expresiones benévolas tales como, por ejemplo, las de Jim al manifestar cuánto le duele la renuencia de Elena.

4. Amenazas: Al ver que sus deseos chocan contra una pared, Jim hace saber a Elena que, si ella no cede a su pedido, sufrirá las consecuencias de su negativa. El chantajista puede amenazar con causar dolor o desdicha. Podrá decirnos cuánto lo estamos haciendo sufrir. Podrá tratar de conquistarnos con promesas relativas a todo lo que nos dará o cuánto nos amará si hacemos lo que nos pide. Jim presiona a Elena con amenazas veladas: “Si no eres capaz de asumir este tipo de compromiso, después de todo lo que compartimos y significamos el uno para el otro, quizás sea mejor que empecemos a tratar de conocer a ora gente”. No amenaza directamente con romper la relación, pero a Elena le resulta imposible ignorar lo que sus palabras implican.

5.Obediencia: Elena no quiere perder a Jim y se dice a sí misma que tal vez sea un error de su parte decirle que no quiere que vaya a vivir con ella, a pesar de que la idea de una convivencia le sigue resultando incómoda. Ha analizado sus reparos de disuadirla. Algunos meses más tarde, Elena depone su resistencia y Jim se muda a su casa.

6. Reiteración: Al triunfo de Jim sigue un período de paz y serenidad. Ahora que ha conseguido lo que quería, aflija la presión y la relación parece estabilizarse. Elena sigue incómoda con la situación generada, pero también siente una gran alivio al haberse librado de la presión y recuperado el amor y la aprobación de Jim. Éste, por su parte, ha comprobado que presionar a Elena y hacer que ella se sienta culpable es una receta infalible para obtener lo que se le ocurra. Y Elena se ha dado cuenta de que la forma más rápida de cortar con la tácticas de presión de Jim es ceder a sus deseos. De esta manera, ha quedado establecida la base para un esquema reiterativo de exigencias, presiones y capitulaciones.

Estas seis características constituyen el núcleo del síndrome del chantaje emocional.

UNA MALA PALABRA QUE EMPIEZA CON “M”: MIEDO

El chantajista emocional construye su estrategia consciente e inconscientemente en base a la información que nosotros le suministramos acerca de lo que nos causa miedo. Observan de qué cosas huimos y qué cosas nos ponen nerviosos, se fijan en cómo reaccionamos físicamente en respuesta a las cosas que sentimos. No es que tomen nota activamente y registren la información para utilizarla luego en contra de nosotros; todos absorbemos ese tipo de conocimientos sobre las personas que nos rodean. En el chantaje emocional. El miedo transforma también al chantajista . De una manera simple, podemos decir que el miedo que siente el chantajista emocional de no obtener lo que desea se vuelve tan intenso, que lo único que atina a hacer es centrar su atención en el resultado deseado, lo cual le imposibilita apartar su mirada del objetivo y percibir de qué manera su forma de actuar nos afecta a nosotros.
En esta instancia, toda la información que han recogido sobre nosotros en el transcurso de la relación se convierte en su herramienta para cerrar un trato alimentado por el miedo de las dos partes involucradas, La condiciones que nos ponen están hechas a medida para nosotros: si haces lo que te pido, yo no:

· Te abandonaré.
· Te censuraré.
· Dejaré de amarte.
· Te gritaré.
· Te haré sufrir.
· Me opondré a tu voluntad.
· Te despediré.

Lo único que importa son ellos mismos:

Todos los chantajistas que hemos visto focalizan su atención casi por completo en sus propias necesidades y la forma en que sus presiones nos afectan a nosotros no les importan en lo más mínimo.

Las características que nos hacen vulnerables al chantaje emocional:

· Una excesiva necesidad de aprobación.
· Un profundo miedo al enojo y la ira de quines nos rodean.
· Una gran necesidad de paz, sea cual fuere su precio.
· Una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por la vida de los demás.
· Un alto nivel de inseguridad con respecto a nuestro valor y capacidad

¿Quién entrena al chantajista emocional?

Cuando usted es presionado por un chantajista:

· Se disculpa
· “razona”
· discute
· llora
· suplica
· cambia o cancela planes y citas importantes
· cede, en la esperanza de que sea la última vez
· se rinde

A usted le resulta difícil o imposible:

· defender su posición o sus propias necesidades
· enfrentar lo que le está sucediendo
· poner límites
· hacerle saber al chantajista que su conducta es inaceptable

Si contestó afirmativamente a cualquiera de estas preguntas, usted está actuando como entrenador y es protagonista en el drama del chantaje emocional.

Fuente:  inteligencia-emocional.org

La marihuana lleva a las células cancerígenas al suicidio

Tal como anteriormente indicó el profesor Guillermo Velasco del Grupo de Señalización por Cannabinoides perteneciente al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular I, de las Facultades de Ciencias Químicas y Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid, ahora lo explica en un video subido a youtube la docente y compañera de proyecto de Velasco, Cristina Sánchez.

“Las células pueden morir de diferentes maneras, y tras tratarlas con cannabinoides, las células mueren de forma limpia; cometiendo suicidio, que es lo que realmente queremos”, añade.

“Hemos observado que los cannabinoides son muy eficaces para reducir el crecimiento del tumor”, explica la bióloga molecular de la Universidad Complutense de Madrid, Cristina Sánchez en el video.

“Las células pueden morir de diferentes maneras, y tras tratarlas con cannabinoides, las células mueren de forma limpia; cometiendo suicidio, que es lo que realmente queremos”, añade.

Los cannabinoides son un grupo de sustancias naturales que pueden también ser creadas de manera artificial, que incluyen los ingredientes activos del cannabis que actúan sobre algunos receptores en el cuerpo.

Según los expertos, “los cannabinoides actúan de forma compleja, influyendo sobre muchos procesos importantes que las células cancerígenas necesitan para vivir”.

Fuente: www.politicaysociedad.com con información de RT