Cuando llegas a la estación correcta, entiendes por qué perdiste tantos trenes

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Y es que algunas cosas no pueden suceder en simultáneo…

Cada una de nuestras vivencias, determina de alguna manera algo en nuestro futuro. Por lo que no será tan complicado entender por ejemplo, que si al día de hoy me va excelentemente bien en mi trabajo actual, no pudiese tener el mismo escenario, de haber permanecido cómodamente en el anterior.

Ciertamente no tendremos manera de comprobar nuestro bienestar en los infinitos escenarios posibles, sin embargo, cuando llegamos a donde sentimos pertenecer, algo sentimos, un algo vinculado a la tranquilidad de estar en el sitio que nos corresponde y de alguna manera, logramos entender por qué los tropiezos en experiencias del pasado.

Esto nos invita a sentir mayor ligereza en cuanto al tránsito por las diferentes experiencias de vida y un tanto de confianza en que llegaremos a donde debemos estar, pero para ello iremos experimentando, viviendo, sintiendo, para prepararnos si se quiere, de alguna manera, para esa estación correcta, luego de haber visto tantos trenes cerrar sus puertas, sin tener posibilidades de abordarlos.

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De cualquier manera, nuestra actitud siempre resulta determinante en nuestras creaciones, no importa si lo sabemos o no, si lo entendemos o no, si lo queremos o no, siempre, entiéndase SIEMPRE, estamos creando nuestras experiencias vitales.

Así que sin importar si tenemos un plan determinado, si hay puntos por donde debemos pasar, si estamos creando nuestro camino de manera aleatoria, debemos tener en consideración, que mi creación tendrá mucho que ver con cómo me sienta, si me siento mal, la vida se encargará de darme más experiencias que entren en sintonía con ello, si por el contrario, me siento bien, también la vida, como un grandioso SÍ, recogerá las experiencias que me mantengan en ese estado.

Crea desde el estado más conveniente para ti, enfócate en lo que quieres, proyéctate viviendo lo que te gustaría, réstale atención a aquello que de cualquier manera te perturba y poco a poco irá desapareciendo de tu vida… Todo esto, reconociendo tu vida en el momento actual, que a fin de cuentas es lo único que todos tenemos, este pequeño instante.

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No te des mala vida con lo que sientas que no es para ti, pasarán muchos trenes y eso no está bien o mal, solo es parte de un proceso, saca el mayor provecho de cada estación de cada tren, de cada oportunidad, ya llegará la que sientas tuya y cuando estés allí sonreirás al ver los trenes pasar, incluso aquellos que al dejarte, te hicieron llorar.

Por: Sara Espejo

Los niños que crecen con los abuelos son más seguros y felices

 

Los niños que crecen con sus abuelos son afortunados. Gracias a este vínculo se enriquecen de más dinámicas afectivas, de más refuerzos emocionales y de esos recuerdos que conformarán en ellos un legado de recuerdos excepcional que los acompañarán siempre.

Ahora bien, ello no quiere decir en absoluto que en el caso de que nuestros hijos crezcan sin la cercanía de sus abuelos, vayan a ser menos felices. Se trata solo de entender que la infancia, es esa oportunidad irrepetible en la que a mayor número de estímulos, de atenciones y vínculos basados en el amor incondicional, se traduce siempre en una mayor madurez emocional.

A su vez, otro aspecto interesante y de gran valor que a muchos de nuestros lectores le puede interesar, es que según un estudio los niños que quedan al cuidado de los abuelos en lugar de en una guardería, adquieren una mayor fluencia en el lenguaje y son emocionalmente más seguros.

Queda claro que a veces, no todas las parejas tienen cerca a sus padres para favorecer ese lazo «abuelo-nieto», sin embargo, si es tu caso, no lo dudes. Permite que día a día disfruten de esa relación, la niñez es una etapa que termina rápido, de ahí, y con el fin de consolidar una personalidad más fuerte y feliz en nuestros hijos de forma temprana, sea muy positivo aprovechar este tipo de vínculo del que también nosotros nos aprovechamos en su día.

Y como ya sabemos, los abuelos tienen cariño por toneladas, magia en los bolsillos y esa sonrisa siempre lista e incombustible que saca lo mejor de nuestros niños.

A partir de los 3 años los niños se benefician más de la cercanía de los abuelos

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Desde los 0 a los 3 años lo que un niño necesita es la cercanía de su madre y de su padre. Es ese primer círculo social y afectivo de todo pequeño con el cual, consolidar su desarrollo cerebral y la relación de apego.

Una vez que nuestro hijo ya empieza a interaccionar con el entorno, manipulando objetos, caminando, tocando e iniciando ya ese proceso comunicativo, la presencia de los abuelos es todo un tesoro de beneficios.

El desarrollo comunicativo-emocional es superior en los niños que crecen con los abuelos

Admitámoslo, los abuelos tienen una energía increíble y ven en la llegada de los nietos, un modo de rejuvenecer al adquirir un nuevo papel que les encanta: el de proveedor de afectos, de historias, de dulces, de regalos que no se esperan y de largos paseos por el parque a velocidad de caracol.

  • Atrás quedó su etapa de crianza, de imponer normas y reglas. El papel del abuelo no es ese y no desea tenerlo tampoco.
  • No desea tener la autoridad de los padres. La suya es una crianza permisiva y envolvente con olor a vainilla, con el calor de las tardes de primavera y con el sabor de las comidas favoritas de los niños.
  • Todas estas dinámicas con refuerzos maravillosos, actúan estimulando el lenguaje de nuestros hijos, algo que como ya hemos señalado, no consiguen de igual modo acudiendo a una guardería.
  • Los abuelos interactúan con los pequeños de forma constante. Casi sin saberlo, se convierten en poderosos arquitectos de sus capacidades comunicativas.

Dejan una huella emocional permanente en los niños

En este mundo de prisas, caótico a instantes, y lleno de obligaciones para las mamás y los papás, los abuelos tienen una virtud excepcional: viven sin presiones y saben disfrutar del «aquí y ahora».

  • Algo que no podemos olvidar es que los abuelos de hoy en día son personas de espíritu joven, en buen estado físico y con ganas de experimentar, de vivir, de seguir acumulando experiencia.
  • Su aprendizaje de vida les ha enseñado qué es lo importante. Saben que el legado que les ofrezcan a sus nietos está por encima de los bienes materiales: lo más importante es dejar en ellos una maravillosa huella emocional positiva.
  • Los niños y los abuelos van al mismo ritmo: aprecian como nadie el momento, ese «aquí y ahora» donde ver cómo un insecto escala por una flor, cómo las gotas de la lluvia caen por la ventana o cómo ese trocito de chocolate se derrite sobre la taza de leche caliente.

Todo es magia, todo son momentos compartidos en maravillosa complicidad que confiere a los niños un aprendizaje único: el de la felicidad sencilla, sin artificios, sin falsedades.

Niños amados, niños más felices y seguros

Esa es la clave y el secreto de la ecuación: los niños que son amados, valorados y respetados se convierten en personas más felices porque desarrollan un buen autoconcepto y una mejor autoestima.

Los abuelos contribuirán de forma primordial en esta fórmula siempre y cuando, sean personas sólidas, optimistas y con esa sabiduría y aplomo capaz de encender los corazones de todos aquellos que les rodean.

Así que no lo dudes, si tus padres están hechos de este material: el del afecto inoxidable y el amor incombustible, permítelo, favorece ese vínculo, esa cotidianidad donde abuelo y nieto compartan momentos, detalles, anécdotas e historias que nunca olvidaréis.

Con pequeñas mentiras, se pierden grandes amores

 

Particularmente soy partidaria de la verdad, de la honestidad, de la sinceridad, con todas las consecuencias que esto pueda generar. La relaciones se soportan en la confianza y esta a su vez está directamente proporcionada a la sensación de seguridad que tenemos sobre alguna persona, cuánto valor tiene su palabra, qué podemos esperar de ella.

También es cierto que no toda verdad debe ser gritada a los cuatros vientos, hay verdades que no son necesario decirlas y que esto no tiene por qué afectar a nadie. Hay información que solos nos pertenece a nosotros y sin pretensiones de mentir o engañas, podemos reservarla para nosotros, bien sea porque se trata de nuestros secretos, porque aun siendo verdad, no contribuye, no suma, sino que por el contrario resta y solo hace sentir mal a quien la escuche o sencillamente porque no resulte de interés para la otra persona.

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Cuando se miente y esta mentira, como casi siempre pasa, sale a la luz, hay algo que se quiebra, que se estalla, la persona que ha sido víctima del engaño, así se trate de algo minúsculo, sencillamente pierde la confianza, se pone en duda desde lo más pequeño, hasta lo más grande, incluyendo las palabras más hermosas, los amores más intensos. De alguna manera todo lo que hasta el momento en que la mentira es descubierta, que era tan real, puede verse tan borroso, tan efímero… tan falso.

La confianza se desmorona

Y puede ser que solo se trate de esa puntual y pequeña mentira, que todo lo demás esté cargado de solidez, de verdad, de honestidad, pero ese “puede ser” carcome el alma. Es la duda la que pasa a ocupar predominantemente los espacios ocupados previamente por amor, por confianza.

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Comienzan las interrogantes, las preguntas retóricas: Por qué? Qué necesidad habría? Qué habrá detrás de esta pequeña mentira? Nadie miente por mentir… Cuál es la intención? Cómo no lo importó lo que yo pudiese pensar y sentir? Si ha dicho esto siendo mentira, aquello también ha de ser mentira? En fin, la duda, la desconfianza, la pérdida del valor de la palabra de quien se ama, una vez que despiertan es muy difícil ponerlos a dormir nuevamente.

Lo más saludable para todas las personas involucradas es la verdad, la honestidad, darle toda la información a alguien para que pueda decidir con propiedad. Sí la verdad a veces puede doler, pero descubrir una mentira duele el doble y magnifica el hecho que en principio se quiso ocultar.

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Trabajemos en no perder nuestros afectos, partiendo desde el punto de no hacer algo que nos exponga a utilizar como recurso la mentira, pero en caso de presentarse dicha situación, optar siempre por ser honestos, asumir las consecuencias y no sumar agravantes que nos alejen de nuestros grandes amores.

Familiares tóxicos también deben salir de tu vida y no debes sentirte culpable

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Día a día aumentan las consultas de personas que se sienten “atrapadas” en una familia tóxica. Siempre se habla de las relaciones toxicas sentimentales o con amigos, olvidando que existe algo peor, los familiares tóxicos de quienes también es mejor alejarse.

La sociedad nos enseña que los lazos familiares deben mantenerse para siempre, sobre todo cuando se trata de mamá, papá o hermanos, en estos casos es casi una obligación amarlos, respetarlos y dejarlos para siempre en tu vida. Sin embargo, esto no tiene porque ser así, ya que estos sentimientos se ganan.

Sin embargo, no todas las familias son lo que deberían ni la imagen que nos venden. Hay personas tóxicas que aunque estén emparentados te hacen mucho daño. No venimos al mundo a sufrir, y menos por construcciones sociales.

Más familia es quien está siempre para ti y te protege, que aquel que se hace llamar tu madre, padre, etc. Así que si planeas romper con algún lazo no te sientas mal. Tú tienes tus razones, y eso es totalmente valido.

Solamente, que como toda pérdida, debes trabajarla. Trabaja el dolor, no lo escondas, y sobretodo aprende a perdonar. Que esa persona no se haya comportado como debía no es tu culpa y no debería pesarte.

La familia siempre debe estar ahí para protegerte, más cuando se trata del padre, madre o los hermanos, cuando esto se sale de control, lo mejor es romper lazos y no sentirte culpable, cada quien tiene sus razones y es algo completamente valido.

Eso sí, ten presente que como toda perdida es necesario trabajarla, tratar con el dolor, no esconderlo y sobretodo aprender a perdonar.

No es tu culpa que esa persona se comportará de manera negativa, así que no te sientas culpable por sacarla de tu vida.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. Albert Einstein

 

Alguna vez escuché a alguien decir: eso es lo que sé, he aprendido a no ofrecer resistencia a lo que es, he aprendido a dejar ser al momento presente y a aceptar la naturaleza impermanente de todas las cosas y condiciones, así he encontrado la paz…

Resulta curioso la capacidad que tenemos los seres humanos para generar continuamente problemas en nuestro entorno, y es que la mayoría de los problemas parten de nuestro mundo interior, no de nuestro ser pleno, de luz, pasivo, en calma, en amor y sabiduría, sino más bien de nuestra mente, de esa lluvia de pensamientos que mantenemos diariamente segundo a segundo, no dando cabida a la sensatez que acompaña al silencio.

La mayoría de los problemas que origina nuestra mente no tienen una razón lógica, no tienen ni siquiera razón de ser y menos aún de estar, son sencillamente la constante resistencia nuestra de aceptar el presente, la resistencia que tenemos ante las cosas que nos suceden y las que no, ante aquello que creemos justo y lo que creemos injusto.

La pregunta sería, por qué vivimos negando nuestra situación presente? por qué tenemos una resistencia natural ante todo lo que nos sucede?… nos mostramos infelices, inconformes, insatisfechos y entonces comenzamos a buscar en nuestro entorno, en las cosas externas a nuestro propio ser, aquellos sucesos, cosas materiales, sorpresas, viajes, objetos que nos proveen esa alegría, esa falsa felicidad que resulta efímera y que sencillamente dura un corto tiempo, que además para nuestro espacio psicológico  de tiempo, producto también de nuestra mente, nunca es suficiente.

Cabría reflexionar por qué queremos constantemente cambiar nuestro presente? por qué siempre estamos buscando algo que nos haga feliz? por qué pensamos que la alegría la va a brindar algún momento, persona o cosa externa a nosotros?

Si logramos profundizar en el hecho de que la paz está dentro de nuestro propio cuerpo, que nuestro ser nos provee de todo aquello que necesitamos, porque así venimos al mundo, completos, potentes, llenos de luz, de sabiduría y de amor, pues no nacemos necesitando absolutamente nada, más que aquello que escogimos para vivir esta existencia, el cuidado esencial para subsistir nuestros primeros años de vida. Sin embargo, en la medida en que vamos creciendo y nos vamos convirtiendo en adultos, nos vamos sumando una serie de necesidades, nuestro pequeño ego crece a la par, ya nada lo hace sentir conforme, es entonces cuando comenzamos a enfocar la búsqueda de nuestro propio progreso en las cosas materiales, por lo que resulta completamente natural que no nos encontremos nunca en plena satisfacción, más aún si consideramos que todo lo material tiende a disolverse.

Quizás llegó el momento perfecto para dejar de ofrecer resistencia a nuestra vida, quizás ha llegado el tiempo de comenzar a ceder, a aceptar, a entender y a vivir conforme a nuestra realidad, empezar a enfrentar esos problemas reales y no esos problemas ideados por nuestra mente y transformados en emoción y sufrimiento.

Un problema deja de serlo si no tiene solución. Eduardo Mendoza.

 Cuando se nos presenta algún problema, alguna situación, alguna circunstancia que por lo general tiende a ser pasajera en nuestra vida, vale la pena preguntarse en principio cuál es la solución? o cuáles son las soluciones posibles,  y al hallar esa solución debemos enfocarnos en ella, no en el problema, y si este problema no tiene solución alguna, no tiene entonces sentido  enfrascarnos permanentemente en alimentar esa idea de problema que ha surgido en nuestra mente, debemos entonces simplemente aceptar.

Poco a poco nos daremos cuenta de que en la medida en que aceptemos las situaciones trascendentales en nuestra vida, todo aquello que nos sucede, con la mayor tranquilidad posible, siempre atentos y enfocados en el ahora, y abandonando esa búsqueda incansable de aquello que fuera de nosotros no vamos a hallar, nuestra vida comienza a fluir, aquellas cosas externas que creían satisfacernos dejan de cumplir un papel, sencillamente se desvanecen… entonces es el momento de centrar la atención en nuestro propio ser, es allí donde encontraremos la verdadera paz, no la alegría efímera que nos brindan las cosas materiales, pero si la paz que necesitamos para vivir y que a diferencia de lo externo no se desvanecerá, siempre permanecerá latente e intocable.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

 

Alguna vez escuché a alguien decir: eso es lo que sé, he aprendido a no ofrecer resistencia a lo que es, he aprendido a dejar ser al momento presente y a aceptar la naturaleza impermanente de todas las cosas y condiciones, así he encontrado la paz…

Resulta curioso la capacidad que tenemos los seres humanos para generar continuamente problemas en nuestro entorno, y es que la mayoría de los problemas parten de nuestro mundo interior, no de nuestro ser pleno, de luz, pasivo, en calma, en amor y sabiduría, sino más bien de nuestra mente, de esa lluvia de pensamientos que mantenemos diariamente segundo a segundo, no dando cabida a la sensatez que acompaña al silencio.

La mayoría de los problemas que origina nuestra mente no tienen una razón lógica, no tienen ni siquiera razón de ser y menos aún de estar, son sencillamente la constante resistencia nuestra de aceptar el presente, la resistencia que tenemos ante las cosas que nos suceden y las que no, ante aquello que creemos justo y lo que creemos injusto.

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La pregunta sería, por qué vivimos negando nuestra situación presente? por qué tenemos una resistencia natural ante todo lo que nos sucede?… nos mostramos infelices, inconformes, insatisfechos y entonces comenzamos a buscar en nuestro entorno, en las cosas externas a nuestro propio ser, aquellos sucesos, cosas materiales, sorpresas, viajes, objetos que nos proveen esa alegría, esa falsa felicidad que resulta efímera y que sencillamente dura un corto tiempo, que además para nuestro espacio psicológico  de tiempo, producto también de nuestra mente, nunca es suficiente.

Cabría reflexionar por qué queremos constantemente cambiar nuestro presente? por qué siempre estamos buscando algo que nos haga feliz? por qué pensamos que la alegría la va a brindar algún momento, persona o cosa externa a nosotros?

Si logramos profundizar en el hecho de que la paz está dentro de nuestro propio cuerpo, que nuestro ser nos provee de todo aquello que necesitamos, porque así venimos al mundo, completos, potentes, llenos de luz, de sabiduría y de amor, pues no nacemos necesitando absolutamente nada, más que aquello que escogimos para vivir esta existencia, el cuidado esencial para subsistir nuestros primeros años de vida. Sin embargo, en la medida en que vamos creciendo y nos vamos convirtiendo en adultos, nos vamos sumando una serie de necesidades, nuestro pequeño ego crece a la par, ya nada lo hace sentir conforme, es entonces cuando comenzamos a enfocar la búsqueda de nuestro propio progreso en las cosas materiales, por lo que resulta completamente natural que no nos encontremos nunca en plena satisfacción, más aún si consideramos que todo lo material tiende a disolverse.

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Quizás llegó el momento perfecto para dejar de ofrecer resistencia a nuestra vida, quizás ha llegado el tiempo de comenzar a ceder, a aceptar, a entender y a vivir conforme a nuestra realidad, empezar a enfrentar esos problemas reales y no esos problemas ideados por nuestra mente y transformados en emoción y sufrimiento.

 Cuando se nos presenta algún problema, alguna situación, alguna circunstancia que por lo general tiende a ser pasajera en nuestra vida, vale la pena preguntarse en principio cuál es la solución? o cuáles son las soluciones posibles,  y al hallar esa solución debemos enfocarnos en ella, no en el problema, y si este problema no tiene solución alguna, no tiene entonces sentido  enfrascarnos permanentemente en alimentar esa idea de problema que ha surgido en nuestra mente, debemos entonces simplemente aceptar.

Poco a poco nos daremos cuenta de que en la medida en que aceptemos las situaciones trascendentales en nuestra vida, todo aquello que nos sucede, con la mayor tranquilidad posible, siempre atentos y enfocados en el ahora, y abandonando esa búsqueda incansable de aquello que fuera de nosotros no vamos a hallar, nuestra vida comienza a fluir, aquellas cosas externas que creían satisfacernos dejan de cumplir un papel, sencillamente se desvanecen… entonces es el momento de centrar la atención en nuestro propio ser, es allí donde encontraremos la verdadera paz, no la alegría efímera que nos brindan las cosas materiales, pero si la paz que necesitamos para vivir y que a diferencia de lo externo no se desvanecerá, siempre permanecerá latente e intocable.

Psicología del rencor: ¿qué hay detrás de las personas rencorosas?

Mujer en llamas

Las personas rencorosas sujetan de modo permanente un pedazo de carbón ardiendo. Lo hacen con la idea de poder lanzarlo en el momento menos pensado a todos aquellos que les han ofendido. Sin embargo, quienes se acaban quemando no son precisamente los demás, sino ellos mismos al estar sujetando durante tanto tiempo todo ese fuego, toda esa fuente de rabia, odio y malestar.

A pesar de que ahora mismo nos venga a la mente alguna que otra persona rencorosa que hemos conocido, hay un aspecto que no debemos descuidar. Esta dimensión, este sentimiento profundo (y sin duda autodestructivo) no lo experimentan de forma exclusiva quienes no saben practicar el saludable ejercicio del perdón. En realidad este tema tiene su profundidad, sus matices y dimensiones contrapuestas en las que todos nosotros podemos derivar en un momento dado.

Así, cabe decir que más allá de lo que pueda parecer estamos ante un tipo de sentimiento muy recurrente. Lo experimenta por ejemplo quien ha sido herido, abandonado o traicionado por su entorno familiar. Lo sufre quien ha sido engañado en su relación afectiva. El rencor es también esa sensación permanente que habita en quienes han sobrevivido a una guerra o un conflicto armado. Son situaciones como vemos comprensibles, aunque no saludables desde un punto de vista psicológico.

No lo es en primer lugar porque el rencor se caracteriza por un hecho altamente nocivo: la cronicidad. Son estados angustiantes que se alargan en el tiempo, que se arrastran hasta el punto de interferir en otros ámbitos de la vida. Cambia el humor, se pierde la confianza en los demás, varían las actitudes y se altera incluso el tipo de trato que prestamos a quienes nos envuelven. El rencor es como el óxido, se extiende y termina debilitando toda estructura, toda identidad.

“El resentimiento se deleita de antemano con un dolor que querría que sintiese el objeto de su rencor”.

-Albert Camus-

flor entre grietas representando simbolizando a las personas rencorosas

Personas rencorosas: características y perfil psicológico

Las personas rencorosas tienen una caja fuerte en su interior. En ella esconden el peso de un agravio, el dolor de un engaño, de una traición o incluso de un abandono u ofensa. Esa caja está blindada por una razón evidente: no desean olvidar ni un matiz de lo sucedido. Así, a todo ese daño moral comprimido y a buen recaudo, se le añade esa tristeza que en un momento dado mutó en rabia y más tarde en odio. 

Asimismo, en todo ese tejido psicológico se le suele añadir un último componente: el del deseo de venganza. No en sentido directo o con componentes violentos. Porque lo que se desea en la mayoría de los casos es que de algún modo, le sea devuelta a esa persona que nos hizo daño la misma moneda, el mismo sufrimiento y en las mismas condiciones. Por tanto, y sabiendo esto, es común que las personas rencorosas presenten las siguientes características.

Incapacidad para perdonar

A veces perdonar resulta muy complicado, lo sabemos. Sin embargo, debemos tener claro que el perdón es ante todo ese paso que nos permite cerrar una etapa y recuperar el equilibrio emocional. Así, y en lo que se refiere a este tipo de perfil caracterizado por un rencor profundo, cabe señalar que además de no querer perdonar, alimentan su propio sufrimiento recordando a diario el peso de la ofensa o daño sufrido.

Hay por tanto una retroalimentación constante y con ella, una intensificación del sufrimiento. De hecho, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Pisa y publicado en la revista Frontiers in Human Neurosciencie, nos revelan que el hecho de alimentar el resentimiento abre aún más la herida emocional. Sin embargo, el acto de perdonar regula un gran número de estructuras neuronales, favorece la calma, reduce el estrés y activa áreas como la corteza prefrontal (relacionada con la resolución de problemas).

Chica enfadada tras un cristal simbolizando a las personas rencorosas

Pensamiento dicotómico

O estás conmigo o estás contra mí. Las cosas o son blancas o son negras, o me ayudas o me traicionas. Este tipo de enfoque conforma una clara distorsión cognitiva. Es un esquema muy rígido de pensamiento del cual, las personas rencorosas ni tan siquiera son conscientes porque están habituadas a bordear siempre los extremos, a situarse en posiciones muy polarizadas donde lo único que consiguen es establecer enormes y amargas distancias con quienes les rodean.

El orgullo que no deja tregua

El orgullo es un caballo de batalla que todo lo invade, lo arrasa y lo transforma. Esta características hace que este tipo de personas estén siempre a la defensiva, y que a la mínima se sientan heridos y altamente dolidos. No es fácil hacer vida, dialogar o llegar a acuerdos con quien se deja llevar siempre por el orgullo, por esa actitud que todo lo toma de forma personal.

Incapacidad para atender necesidades emocionales y psicológicas

A todos nos pueden hacer daño. A su vez, y como es de esperar, tenemos pleno derecho a experimentar sensaciones negativas hacia quien nos lastimó. Sin embargo hay un aspecto que ya no entra dentro de la normalidad psicológica: mantener de forma permanente esa rabia, ese recuerdo doloroso y la impronta que le acompaña, el mismo que acaba transformándose en amargura crónica.

Tenemos la plena obligación de asumir lo aceptado y avanzar. Avanzar no es olvidar ni mucho menos, sino aprender a valernos de ciertas estrategias psicológicas para lidiar con las heridas y permitirnos nuevas oportunidades. Así, quien no lo hace, quien no es capaz de dar un escape, una salida válida a tanta rabia y amargura termina haciendo del rencor su forma de vida.

Hombre con una nube en la cabeza simbolizando a las personas rencorosas

¿Cómo acabar con el rencor que nos atenaza y domina?

En un artículo publicado en una revista de psicología conductual, se hablaba de un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Ontario, Canadá sobre este mismo tema. En él se argumentaba la necesidad de facilitar herramientas a las personas rencorosas para que dieran forma al perdón emocional.

Esta dimensión, este ejercicio de salud, es determinante por una razón muy simple: nos permite liberarnos de las emociones negativas para generar una nueva realidad psicológica desde la cual, empezar a trabajar.

  • Por otro lado es recomendable que este tipo de perfil trabaje la flexibilidad en su enfoque de pensamiento. Con esta dimensión facilitaremos el que puedan ver las cosas desde nuevas perspectivas.
  • Asimismo, también es conveniente ofrecer herramientas para la gestión de la rabia, una dimensión habitada siempre por pensamientos distorsionados y por una activación fisiológica poco saludable.
  • Las personas rencorosas, además, necesitan poner atención en otros aspectos con los cuales poder trasladar la mirada desde el pasado hacia el presente. Alimentarse en exclusiva de los recuerdos negativos del ayer entorpece la oportunidad de vivir con libertad. Por tanto es recomendable que inicien proyectos nuevos, que se abran a nuevas experiencias, aficiones, relaciones, etc.

Para concluir, tal y como se suele decir el rencor es un abismo sin fondo o un páramo sin fronteras. Nadie merece vivir eternamente en semejante escenario. Aprendamos por tanto a construir vías de escape, caminos para liberarnos y respirar con mayor tranquilidad y dignidad.