3 buenas razones para no dejar el móvil a un niño

 
Niños pequeños con móviles

¿Piensas en dejar el móvil a un niño? ¿Estaría bien, estaría mal? Entendemos esta duda porque las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida y cada vez los niños son más espabilados en su uso. La gran capacidad de aprendizaje que tienen a esas edades, su curiosidad y el mundo infinito de posibilidades que ofrecen los aparatos electrónicos los hace irresistibles para ellos.

La infancia es una de las áreas en donde las nuevas tecnologías están cada vez más presentes y los niños no tardan en pedir el móvil “a gritos”. Para que puedas tomar una decisión correcta y bien informada, te dejamos en este artículo 3 buenas razones para no dejar el móvil a un niño o al menos para dejárselo con supervisión y durante un tiempo limitado.

 

1. Afecta el desarrollo neuronal: enseñan al cerebro a funcionar bajo constante estimulación

Funcionar en un entorno en donde siempre estamos estimulados puede parecer una circunstancia positiva. De hecho, muchos expertos en desarrollo infantil subrayan la necesidad de estimular tempranamente a los niños y niñas para que alcancen el máximo desarrollo intelectual. Lo que ocurre con los teléfonos en este sentido es que la estimulación que producen no es sana.

Niño pequeño con móvil

¿Por qué no lo es? Los dispositivos móviles sobrestimulan constantemente al cerebro y proporcionan un entorno cambiante, vibrante y de constante cambio. Esta sobrestimulación para el niño es muy agradable pero no es sana porque no es similar a la estimulación que luego el niño se encuentra en la vida real.

De este modo, se dice que la sobrestimulación no es sana porque parte de ella no deja de ser muy artificial, algo que luego puede provocar grandes frustraciones cuando el niño se enfrente a la vida real (más aburrida y menos estimulante). Por estos motivos hay estudios que asocian al uso del móvil en niños menores de 10 años (momento en el que va culminando la fase de formación de la sustancia blanca cerebral) con la aparición del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

“La sobrestimulación no es sana porque no le prepara para la vida real y esto luego provoca importantes sentimientos de frustración cuando el niño se enfrenta a la vida real (más aburrida y poco estimulante)”.
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2. Le expone al peligro de Internet y redes sociales

Dejar el móvil a un niño significa darle acceso a un gran mundo que los padres no pueden controlar: el mundo de Internet. Para explicarlo metafóricamente: si no dejas a tu hijo o hija solo en un centro comercial sin vigilar con quién habla, con quién juega y con quién se relaciona, ¿por qué dejarle el móvil?

Aunque creas que tu hijo o hija puede realizar un uso controlado del móvil, esta idea es poco realista. Si te lo planteas, estarás pendiente de lo que hace el niño con el móvil durante los primeros días, pero después lo más probable es que te fíes y bajes la guardia. Así, con el paso del tiempo puedes exponer al niño a una serie de estímulos y situaciones que no controlas.

Por otro lado, al dejar el móvil a un niño facilitas que este prefiera las relaciones sociales “on-line” en lugar de aquellas que se dan cara a cara y en tiempo real. Lo que se traducirá en una mayor dificultad a la hora de adquirir habilidades sociales en vivo y en directo, algo que puede ser un obstáculo para su vida social y laboral cuando sea un adulto.

3. Dificulta el desarrollo de hábitos correctos y habilidades necesarias

Utilizar el móvil desde la infancia temprana impide el desarrollo de una habilidad importante: la concentración. Esto ocurre porque los dispositivos móviles están diseñados para saltar de un estímulo a otro, y la concentración es todo lo contrario (poner toda la atención en un estimulo por vez, de manera sostenida y durante tiempo prolongado).

Es verdad que los niños pueden llegar a concentrarse mucho en lo que aparece en las pantallas, pero se trata de una concentración fácil: está guiada por el cambio continuo y por lo tanto gran parte del peso de la misma la sostiene el propio teléfono. Por suerte para todos, niños y padres, el cerebro es flexible y puede aprender a concentrarse aún siendo un cerebro adulto. Sin embargo, existiendo la posibilidad, es mejor que aprendan desde pequeños.

Niño con móvil rodeado de juguetes

Así mismo, al dejar el móvil a un niño le privas de que aprenda a superar el aburrimiento con iniciativas propias. Ser capaz de aburrirse es muy importante y al dejar el móvil al niño haces que siempre esté siempre entretenido, que no tenga que afrontar el aburrimiento. Por supuesto, también consigues que dé más guerra, que en ocasiones sea un niño “más incómodo” y “movido”. Sin embargo, esta prueba para tu paciencia es algo bueno para él.

“Al dejar el móvil a un niño o niña le privas de que aprenda a aburrirse y esta es una de las habilidades fundamentales para la vida diaria”.
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Finalmente, aunque en este artículo nos hemos centrado en razones para no dejar el móvil a un niño, existen también razones que pueden ser buenas o neutras y que igualmente hay que considerar. De todos modos, lo importante es ser gestores de lo que ocurre: si les dejamos el teléfono, estar pendientes.

No utilizarlo como recurso para estar un rato tranquilos y bajar nuestro nivel de vigilancia. También se trata de gestionar el tiempo: si sus abuelos ya se lo dejan a veces o lo hacen otras personas, instruirles en cómo queremos que lo hagan. En este caso, es más recomendable incluso que nosotros no les dejemos el teléfono, aunque nos tachen de “malos”, de manera que no dupliquemos el tiempo de exposición.

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¿Qué hacer con tu vida cuando no encuentras el camino correcto?


Hombre ante dos caminos

¿Te sientes perdido? ¿No sabes qué hacer con tu vida? Hay personas que en determinado momento sienten que el rumbo que llevan carece totalmente de sentido. De hecho, ningún camino al que puedan optar parece tenerlo y se desesperan en sus incontables intentos que fracasan por conseguir un cambio que se lleve esa sensación. No hay futuro, no hay metas ni objetivos. Se encuentran perdidas.

Todos, en algún momento hemos sido esas personas, nos hemos sentido como si nos encontráramos en un callejón sin salida. Es una situación en la que detectamos, al mismo tiempo, un gran vacío interior: nada fuera, poco dentro. Sin embargo, aunque nos empecinemos en ver culpables por doquier, lo cierto es que a este punto hemos llegado y en él nos hemos adentrado nosotros.

Una oportunidad para reencontrarte contigo mismo

Cuando no sabes qué hacer con tu vida, cuando has llegado a ese punto en el que no encuentras salida posible, no importa la angustia, la ansiedad, las ganas que tengas de salir de ahí. Nada de eso va a funcionar por el momento. Hay algo que tienes que hacer: reencontrarte contigo misma.

¿En qué momento has puesto el foco en los demás y te has olvidado de ti? ¿Cuándo has dejado de preguntarte qué es lo que en verdad deseas hacer? ¿Desde cuándo qué hacer con tu vida se convirtió en la última prioridad? La manera de vivir que tenemos nos insta a poner el piloto automático para actuar como si fuésemos robots, evitando ser conscientes del momento presente.

Mujer mirando por la ventana como símbolo de la pregunta qué hacer con tu vida

Ahora que te encuentras en ese callejón sin salida, en el que no sabes qué hacer con tu vida, frena. Es el instante perfecto para que puedas ser consciente de ti mismo y de lo que hay a tu alrededor. Para que vuelvas a conectar con el mundo y, también, contigo mismo.

Tus deseos, tus anhelos, lo que en verdad te motiva se harán presentes para señalarte todos esos objetivos que tienes, pero que durante mucho tiempo no has querido ver porque te has desviado del camino. Crees que no hay salida, cuando la solución se encuentra dentro de ti. La motivación nace de uno mismo, pero para ello tienes que saber lo que quieres.

Es verdad que en un primer momento la reacción cuando no sabes qué hacer es dar vueltas, patalear, intentar correr en todas direcciones como si fueras un caballo desbocado. No obstante, tiene que llegar el punto en el que te des cuenta de que debes parar para así poder ser consciente de todo lo anteriormente mencionado.

Si no sabes qué hacer con tu vida, empieza a aceptar la realidad

Este es un paso muy importante para poder beneficiarte de todo lo dicho con anterioridad. Sin embargo, también es probable que te des cuenta de que aceptar la realidad ha sido lo que ha hecho que te hayas adentrado en ese callejón sin salida.

Solemos vivir con diferentes expectativas sobre cómo tienen que ir surgiendo las cosas. Termino la carrera, encuentro un trabajo, después al amor de mi vida con quien tendré hijos y viviré muy feliz. Parece perfecto, ¿verdad? El ideal al que muchas personas aspiran. Sin embargo… ¿y si todo se tuerce?

Las expectativas que puedas tener no garantizan que las estaciones con las que te vas a encontrar vayan a ser esas. Lo más probable es que surjan problemas, dificultades y adversidades que hagan que te frustres, te enfades y te niegues a aceptar que en muchas ocasiones lo que sucede no alcanza tus expectativas.

Cuando llegamos a un punto de gran indecisión, quizás sea el momento de consultar con un profesional. Con él descubriremos si lo que toca es volver atrás para localizar el cruce en el que nos perdimos o si por el contrario la solución está en buscar más alternativas para avanzar en el mismo cruce en el que nos hemos estancado. Muchas veces, que terminemos decantándonos por una u otra opción dependerá del precio que estemos dispuestos a pagar por intentar alcanzar una u otra meta.

árbol en forma de corazón representando qué qué hacer con tu vida

Hay momentos más propicios que otros para que experimentemos esta crisis existencial. Quizás el primero sea cuando nos convertimos en adultos: tenemos que escoger a qué nos queremos dedicar y cómo deseamos que sea nuestra vida. El segundo, surge en la edad madura, a los 40 años, con una crisis conocida por todos en el que se deja atrás una etapa para comenzar otra.

En muchos momentos de cambio, en los que pasamos de una etapa a otra, nos podemos sentir perdidos. Algo que es natural y que en principio no tiene que asustarnos. No obstante, si esto pasa, tenemos que evitar que la sensación de desasosiego nos conduzca al abandono. Los momentos de cambio son también momentos para la inteligencia y la paciencia, para decidir con cabeza, pero también para tomar la opción electa con seguridad. Elijamos lo que elijamos, no faltarán las personas que nos digan que nos estamos equivocando.

Sea retrocediendo o buscando otras alternativas, toda situación tiene una salida. A veces lógica y predecible, otras sorprendente, azarosa y enigmática. Para lo primero vale el trabajar, pero para lo segundo, como decíamos antes, no dejarnos vencer por el desasosiego: la venda más opaca frente a las oportunidades.

La tristeza se va cuando aceptas lo que quiere decirte

 
mujer de espaldas con hojas en el cabello librándose de la tristeza

Sentir cómo la tristeza recorre todo nuestro cuerpo es natural. Cómo enturbia nuestra mente y pugna por salir. Sin embargo, muchos nos empeñamos en reprimir y esconder lo que sentimos, en un vano afán de que se vaya sin dejar rastro. Hacer esto no solo empeora la situación, sino que provoca que poco a poco nuestra tristeza vaya echando raíces en nuestros pensamientos, de los que pasa a nutrirse.

La sociedad nos ha enseñado a actuar de una manera “ideal”. Tan ideal que podemos considerarla artificial. Buscamos movernos en el campo emocional entre límites muy estrechos. La risa, por ejemplo, es buena como señal de alegría; sin embargo, puede llegar a ser molesta e indeseable cuando toma matices estridentes o demuestra una contención pobre: ya sea por voluntad o por falta de autocontrol.

Si esto se desenvuelve de esta manera con una emoción positiva, toda aquella que sea negativa, como llorar o estar deprimido, directamente es evitada. Esta contención se lleva hasta tal punto que ni siquiera en el calor de nuestro hogar, en la más absoluta soledad, nos permitimos dar rienda suelta a lo que nos atormenta. Tenemos miedo a que cobre realidad aquel mantra que nuestros padres repetían cuando éramos pequeños: repetir fuera lo que hacíamos en casa.

chico rodeado de globos blancos que representan el peso de la tristeza

¿Por qué la tristeza se ha hecho un hueco en tu vida?

La tristeza puede aparecer por varios motivos: un despido laboral, una ruptura de pareja, una pérdida de dinero importante o incluso una enfermedad inesperada. Son situaciones normales y más habituales de lo que queremos creer. El problema aparece cuando no hacemos una gestión de la emoción -ya sea por torpeza, porque no sabemos o porque renunciamos de manera voluntaria a ello-, y de sentirnos pasamos a estar; cuando la emoción deja de ser emoción y pasa a ser un estado con profundas y fuertes raíces.

Es por ello que la tristeza ha podido hacerse un hueco en nuestra vida. Incluso, puede que llegue a instalarse para siempre si no somos capaces de mirarla, observarla y analizar el mensaje que nos quiere trasmitir. Pongamos algunos ejemplos:

  • La tristeza que aparece tras una ruptura es una emoción natural dentro del proceso de duelo que probablemente tendremos que transitar. Sentirla y experimentarla nos ayudará a pasar página y seguir adelante.
  • Si surge debido a una enfermedad, la tristeza puede permitir que adquiramos conciencia de nuestra vulnerabilidad en ese momento. Ella puede ser el estímulo para que dejemos de mirar hacia fuera y pasemos a mirar hacia dentro.
  • Ante una pérdida de dinero, estar tristes puede ayudarnos a pararnos un momento para pensar en otras posibilidades de conseguirlo. Quizás no hemos explotado todas nuestras capacidades al máximo.

Estar triste puede ser una oportunidad para parar y reflexionar sobre lo que nos está sucediendo. Pero, sobre todo, para valorar lo que antes no apreciábamos. No obstante, si la tristeza nos ha bloqueado por completo, si estamos a un paso de la depresión porque no conseguimos sacudírnosla de encima, entonces es necesario dar un paso al frente y pasar a la acción.

chica avanzando por el mar de la tristeza

Estrategias inteligentes que nos permitirán sacudirnos la tristeza

Para quitarnos de encima toda esa tristeza que nos desmotiva, que hace que cada día en vez de levantarnos con una sonrisa lo hagamos con una mueca de desilusión y que provoca que parezca que nuestra vida no tenga sentido es necesario poner en práctica algunas estrategias.

Las principales son aceptar la tristeza y rehuir sus manifestaciones más propias, como puede ser el llanto o la introspección. De nada sirve negarla y encapsularla o mandarla al destierro. Es necesario que aceptemos que estamos tristes y, sobre todo, darnos el permiso para expresarla. No importa si gimoteamos, si lagrimeamos mucho, si queremos estallar en llanto. Son necesarios esos momentos en la que la imagen que podamos proyectar pase a ser secundaria: la catarsis emocional pierde toda su función cuando se encuentra con muros fuertes y rígidos que no la permiten.

El llanto nos devuelve la paz, al punto de salida para recordarnos la importancia de cuidarnos. Hacer deporte, comer sano, establecer unos horarios para comer y dormir, salir con nuestros amigos… En definitiva, aunque no nos apetezca nada hacer esto, pues deseamos abandonarnos por completo, no está todo perdido. Poco a poco, podemos ir introduciendo pequeños cambios que nos activen y que empiecen a motivarnos.

Por último, no está de más buscar en parte de nuestras actividades una motivación intrínseca, un gusto por realizarlas más allá del resultado que puedan ofrecer. Así, cuando este no nos guste, tampoco podremos hablar de un tiempo perdido. También, podemos apoyarnos en el Mindfulness, una actividad muy placentera y que nos ayudará a ganar altura frente a lo que parece superarnos.

Pero, sin duda, la clave de todo esto está en acudir a un profesional cuando los cortes que tenemos superar nuestra capacidad para soportar el dolor o cuando nos sentimos tan aplastados por una carga que no encontramos palanca con la que levantarla. Porque aunque ahora no creamos que nuestra situación pueda cambiar, toda tormenta ha terminado claudicando al sol.

El otoño es el domingo del año

Mujer caminando por el campo en otoño

Muchas veces no somos conscientes de que los cambios estacionales del año requieren que nuestro organismo realice un importante proceso de adaptación. La falta de luz solar presente en estaciones como el otoño o el invierno, por ejemplo, incide directamente en nuestro estado de ánimo. ¿Notáis que tenéis más o menos vitalidad tras una semana de lluvias y cielos grises?

Como este, existen otros factores característicos del otoño que provocan en nosotros severos altibajos anímicos. El más decisivo de todos ellos es, sin duda, nuestra actitud a la hora de afrontar la transición hacia el invierno. ¿Cómo podemos conseguir llegar al 100% a la época más fría del año?

La influencia del otoño en nuestro bienestar

Al comenzar el otoño, ya sea en el hemisferio norte (octubre) o en el sur (marzo), las personas solemos manifestar diversos cambios en nuestro estado de ánimo. Aunque cada uno puede sufrirlos de forma distinta y en diferentes grados, en general, este cambio de estación genera apatía, anhedonia y/o fatiga.

Hombre triste mirando por la ventana en otoño

En verano los días son más largos y las horas parecen aprovecharse más. Además, como solemos tener unas semanas de vacaciones para descansar y disfrutar con nuestras familias, nos encontramos más relajados y tranquilos. Notamos que tenemos menos responsabilidades que el resto del año, vivimos sin prisas y sin sufrir la monotonía y el estrés constante del día a día laboral.

Sin embargo, al comenzar el otoño esta situación varía radicalmente: los días cada vez son más cortos, las noches más largas, disminuyen las horas de luz y el buen tiempo queda sustituido por la lluvia y el frío.

Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes

La bajada de temperaturas nos invita a permanecer en casa y a pasar menos tiempo al aire libre e incluso a aislarnos socialmente. Igualmente, el cambio de tiempo puede acarrearnos ciertos resfriados que nos hacen sentirnos más débiles y vulnerables. Ver caer las hojas de los árboles y almacenarse en el suelo también nos transmite nostalgia y tristeza.

A su vez, solemos transformar nuestro armario en la austeridad personificada. Pasamos de vestir prendas de tonalidades alegres y luminosas a llevar una gama cromática más sobria y oscura.

La revolución hormonal

Estos factores externos y, en particular, las permutas climáticas y la reducción de luz solar ocasionan una serie de cambios hormonales que hacen tambalear nuestra energía a lo largo del día:

  • Aumento de la producción de melatonina: su incremento en sangre hace que nos sintamos siempre como cansados y tengamos más ganas de dormir y reposar.
  • Disminución de la serotonina: se resiente al aumentar la melatonina, porque desequilibra los ciclos de sueño, los cambios de humor y el estado de ánimo.
  • Disminución de la dopamina: provoca pérdida de atención y desinterés generalizado.

Mujer con paraguas en otoño

Puede derivar en “depresión otoñal”

Si la disminución del estado de ánimo es muy aguda y persistente, podemos estar sufriendo la conocida como “depresión otoñal” o “de invierno”. Pero ¡permaneced tranquilos! Es una situación pasajera que se puede evitar si se toman las medidas adecuadas. 

Sus síntomas son una falta excesiva de energía y de interés por lo que te rodea, desgana, irritabilidad y mal humor, dificultades para conciliar el sueño y problemas de concentración. En algunos casos, se caracteriza también por sensaciones fuertes de soledad, reales o irreales.

Cómo combatirla

Este tipo de trastornos del estado de ánimo deben consultarse con especialistas, pero podemos mejorar su sintomatología introduciendo pequeños cambios en la alimentación y mediante la realización de algunas actividades cotidianas.

A nivel nutricional, es conveniente mantener la ingesta adecuada de vitaminas C y B y de minerales como el calcio y el magnesio, esenciales para la producción de neurotransmisores. Como complementos, podemos ingerir valeriana y pasiflora para relajarnos e incrementar la calidad de nuestro sueño.

A veces creemos que con las vacaciones se acaba el tiempo que podemos dedicarnos a nosotros mismos. Pero es un error. Debemos seguir encontrando esos huecos de ocio y entretenimiento y llenarlos con actividades que nos generan placer. Por ejemplo, practicar deporte. Aunque el tiempo no permita hacerlo al aire libre, también indoor es una buena forma de recuperar y mantener la actitud positiva.

Junto al cuerpo, se puede cultivar también la mente mediante la lectura, visitas al teatro, al cine o a museos; escuchando música, manteniendo una buena conversación con amigos o compartiendo un rato especial con nuestra pareja o hijos.

Dejar de hacer de forma radical esas pequeñas actividades que nos hacen felices supone la pérdida de refuerzos y un aumento paulatino de nuestra apatía. Al final, esto produce un descenso en nuestro estado de ánimo y altos niveles de estrés.

Chica triste en otoño

La depresión otoñal no es síndrome postvacacional

La depresión postvacacional es el estado en que se encuentra un trabajador cuando fracasa su proceso de adaptación entre su período de vacaciones y su vuelta a la vida laboral.

Sus síntomas son muy parecidos a los de la depresión otoñal, aunque pueden ir acompañados de importantes malestares físicos como dolores musculares que contribuyen a la disminución de su rendimiento.

Además, este síndrome puede aparecer a lo largo de todo el año, en el momento en que la persona vuelve de sus vacaciones. Así, si por diversas circunstancias el trabajador las posterga a noviembre, el síndrome postvacacional lo manifestará tiempo después.

Sin embargo, la depresión otoñal va ligada a un período concreto del año: el fin del verano y la llegada de la nueva estación. Por otro lado, el síndrome postvacacional afecta principalmente a personas jóvenes, por lo general a los menores de 45 años; mientras que la depresión otoñal hace vulnerables principalmente a los adultos más mayores.

Como habéis podido comprobar, hay diversos factores en otoño que ponen en riesgo nuestro bienestar físico y psicológico. Pero eso no tiene por qué impedir que esta estación se convierta en la mejor estación del año. ¡Solo hay que aprender a sacarla partido!

El reto de volver a vivir después de un trauma

Mujer con paraguas pensando "no te rindas"

Accidentes domésticos, de coche o de avión, ser testigo de sucesos que amenazan la vida como huracanes o terremotos, violaciones o secuestros. Todas estas situaciones tienen algo en común: pueden convertirse en traumas duraderos e incapacitantes para las personas que las sufren. Pero, ¿cómo volver a vivir después de un trauma?

Estas experiencias pueden ser más o menos dolorosas dependiendo de la personalidad y de las circunstancias de cada uno. Mientras que para algunos un acontecimiento puede suponer shock muy grande, para otros el mismo acontecimiento no pasará de ser un hecho reseñable que olvidarán pronto. ¿Qué se puede hacer para evitar que nos paralicen y podamos seguir adelante?

¿Las experiencias traumáticas pueden cambiar nuestra personalidad?

Las situaciones traumáticas pueden producir cambios significativos en la personalidad y en la vida de las personas y sus efectos podrían rastrearse aunque hayan pasado un número elevado de años desde el incidente. Por un lado, requieren de un gran esfuerzo adaptativo por parte de la persona que las sufre; por otro, demandan un reajuste de sus capacidades, potencialidades y recursos desde los que seguirá haciendo frente a sus retos futuros.

En algunas ocasiones, estos reajustes pueden hacer que la persona gane en asertividad o capacidad de esfuerzo y autocontrol. Pero, en otros casos, pueden hacer que la persona se sienta insegura y vulnerable, lo cual dificultad la forma de vivir después de un trauma. Además, también pueden desencadenar estrategias de afrontamiento que, lejos de ayudarla, van a perjudicarla.

Mujer sufriendo

Un caso evidente en el que el trauma incide sobre la personalidad de la víctima es el de las víctimas de violencia de género. Estas mujeres son sometidas constantemente a situaciones potencialmente traumáticas: cuando la pareja llega a casa y la chilla, la golpea, la veja y la humilla. Por eso, ella solamente podrá encontrar algo de paz cuando su esposo abandona el hogar.

Sin duda, las agresiones dejarán huella en su personalidad. Además de las lesiones físicas, aludiendo a lo estrictamente psicológico, dichos ataques pueden hacer que una persona pase de ser la dominadora de sus miedos a víctima de ellos, de mostrarse segura en sus decisiones a dudar y temer las consecuencias de cada una de ellas, de extrovertida a introvertida, etc.

Otro ejemplo. Haber sufrido un accidente de avión requiere que cada uno de los pasajeros tenga que hacer frente a una nueva realidad o situación, aceptando y asumiendo el trauma subyacente a una posible pérdida de seres queridos, heridas o lesiones graves y crónicas.

De alguna manera, esa persona será más proclive en los meses o años siguientes a desarrollar nuevos miedos (a volar, claustrofobia, evitación de eventos sociales) o a verse afectada por algún trastorno obsesivo. Como vemos, vivir después de un trauma puede resultar demasiado complejo.

Cuando las experiencias traumáticas se ventilan, disminuye su impacto

Antes de los 6 años, las experiencias traumáticas son casi imborrables si no se tratan, porque se fijan en el inconsciente y en el subconsciente. Por ello, es importante tener ciertas nociones básicas sobre qué es recomendable hacer y qué es recomendable no hacer en este tipo de situaciones tan extremas.

En el caso de las emergencias o catástrofes, es recomendable no dormir durante las seis primeras horas posteriores a la crisis. Los sueños juegan un papel importante en la consolidación del recuerdo, por lo que es mejor mantenerse despierto u ocupado para evitar recordar imágenes impactantes o traumáticas.

Aunque los afectados deseen reposar o descansar, es conveniente no dejarles conciliar el sueño al menos durante ese período de tiempo. Tampoco conviene darles somníferos, sino dejar que su ciclo de vigilia y sueño sea el natural.

La autoayuda en el trauma

Como hemos dicho, la respuesta de una persona ante un suceso traumático puede variar. Por ello, es crucial que los especialistas entiendan que los síntomas son múltiples, todos igualmente aceptables y que hay que dar a cada persona un trato individualizado y particular.

En primer lugar, para volver a vivir después de un trauma, es recomendable que la persona mantenga su rutina diaria, que no cambie sus hábitos de la noche a la mañana tratando de evitar la situación vivida. No ha de escapar de los lugares o las personas que le recuerden al trauma, sino tratar su malestar con un profesional.

Para ello, el primer paso es reconocer que no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor. Por otro lado, es recomendable no exponerse a más momentos o sucesos estresantes y tratar de reducir el malestar participando en actividades lúdicas, descansando y resolviendo los conflictos desde el sosiego.

Mujer en el campo intentando volver a vivir después de un trauma

La revelación emocional es una parte muy importante del proceso

Por último y no menos importante, apoyarse en los seres queridos. Siempre será positivo dar expresión a las emociones, sacar lo que nos produce dolor, verbalizarlo, ponerle nombre y apellidos. Piensa que enfrentarnos a algo es más fácil cuando sabemos qué es ese algo, también será más fácil que los demás ayuden cuando conocen ese algo. Pero no solo las emociones o el objeto que las causa, sino también el hilo que une a las dos entidades.

Puede parecer demasiado simple y sencillo, pero solo con el relato la persona puede encontrar una buena parte de la seguridad que ha perdido. Especialmente si este relato es aceptado y entendido como lógico por parte de los demás.

Se produce un alivio al decir un secreto o al escribirlo. Ambas son herramientas de autoconocimiento y de autoterapia y contribuyen positivamente a superar y volver a vivir después de un trauma. De hecho, no integrar los sucesos traumáticos, negativos o perturbadores en la historia personal puede producir problemas muy serios en forma de disociación.

El estrés postraumático

Después de un suceso traumático, es muy posible que la persona que lo ha sufrido se sienta muy condicionada por el mismo: la mayoría de su mundo interior y buena parte del exterior se ve contaminada por él. Por otro lado, si los problemas empeoran es posible que exista un trastorno por estrés postraumático, un caso masivo de estrés agudo cuyos efectos pueden durar años e incluso toda la vida.

Es habitual que las personas revivan la situación que causó el trauma en forma de flashbacks. También es habitual que tengan problemas con el sueño o la sensación de haber caído en una especie de insensibilidad emocional. Que estos síntomas se cronifiquen dependerá de la intensidad y/o gravedad del suceso. Además, no olvidemos que el estrés funciona de manera aditiva; dicho de otra manera, cualquier evento estresante que se produzca después del trauma añadirá más ansiedad a la que ya ha causado el mismo, su recuerdo o las limitaciones que produce.

Pensemos que nadie está a salvo de sufrir una situación traumática, inesperada e incontrolable. En cualquier caso, lo más recomendable será siempre consultar con un profesional. Este no solo nos dará indicaciones para proceder, sino que podrá en nuestras manos las herramientas que más nos pueden ayudar para volver a vivir después de un trauma.

Personas que caen bien a la primera, personas con magia

Chico sonriendo

Hay personas así, de las que caen bien desde el “minuto cero”. No sabemos bien qué hay en ellas, pero en este mundo de grises y claroscuros su presencia es ese punto de color que nos atrae, nos alegra y nos reconcilia con la vida. Dice la ciencia que tal vez sea su sonrisa, su actitud o su aire acogedor pero para muchos sus virtudes naturales parecen más bien cosa de magia, algo inexplicable.

Es muy posible que el nombre de Dale Carnegie no nos suene de nada. Sin embargo, este empresario y prolífico escritor de los años 30 asentó las bases de todas esas publicaciones de autoayuda que hoy llenan nuestras librerías. Una de sus publicaciones más conocidas y de las más vendidas de la historia fue sin duda “Cómo ganar amigos e influir en las personas”.

En este libro se detallaba por primera vez una de las mayores aspiraciones (lo queramos o no) del ser humano, a saber: “caer bien a los demás”. Desde aquellos años 30 hasta la actualidad el interés por esta disciplina de la psicología no ha hecho más que expandirse. De hecho, a día de hoy y dentro del área del coaching, todo buen profesional de este campo que se precie debe saber entrenar a sus clientes en esas herramientas básicas y esenciales con las que crear un impacto positivo en sus entornos sociales.

Sin embargo, lo más curioso de todo esto es que hay personas que ya vienen de “fábrica” con esta capacidad, con esa habilidad natural para conectar casi al instante con quien tengan en frente para despertar emociones positivas, confianza y seguridad. Esa chispa a instantes mágica, espontánea y fructífera es casi como un diamante invisible que todo buen líder, por ejemplo, querría tener consigo para atraer a más gente.

Es también esa herramienta que toda persona con escasas habilidades sociales desearía poder desarrollar para disfrutar de unas mejores relaciones, de un mejor día a día donde poder hacer más amigos, encontrar pareja y sentirse, en esencia, más seguro de sí mismo. Tal y como vemos, estamos ante una dimensión psicológica con un gran atractivo para el campo del crecimiento personal que bien merece analizarse en detalle.

Amigos saltando felices

Personas que caen bien sin buscarlo ni necesitarlo, personas auténticas

Algo que todos sabemos es que querer caer bien a todos los que nos rodean es una fuente de inagotable sufrimiento. No tiene sentido, no es útil ni saludable. Sin embargo, ahí están esos perfiles que sin esfuerzo alguno, sin buscarlo ni pretenderlo, logran conectar casi al instante con el 80% de esas personas con las que se encuentran a diario.

Muchos no dudarían en decir aquello de que la explicación está en el atractivo físico. Ahora bien, algo que sin duda saben bien quienes llevan a cabo la selección de comerciales o de captadores para alguna ONG es que hay algo más, algo presente en el lenguaje no verbal o incluso en eso que muchos llaman ya “el arte de la suavidad”. Es decir, la virtud de tener una actitud abierta y acogedora que nos ayude a llegar a los que están ante nosotros de manera afable, segura y eficaz.

Veamos ahora qué otras dimensiones comparten todas estas personas capaces de caer bien sin apenas pretenderlo.

La sonrisa Duchenne, la más sincera

Todos nosotros somos perfectamente capaces de fingir una sonrisa. Podemos regalar a los demás la más espectacular y cautivadora de las sonrisas, y sin embargo, lo que hay tras ella a veces es la más afilada de las falsedades.

  • Dicen de la sonrisa de Duchenne que es cautivadora por naturaleza, que inspira confianza y que es como una bisagra natural en todo escenario social.
  • Su expresión en el rostro es el resultado de la contracción de los músculos cigomático mayor y menor cerca de la boca. Ambos se elevan en la comisura de los labios, así como el músculo orbicular cerca de los ojos. También aparece una contracción que eleva las mejillas y produce pequeñas arruguitas alrededor de los ojos…

Mujer sonriendo

La humildad, la cualidad más atractiva

Hay una serie de dimensiones que causan tirantez inmediata. Son sin duda todas aquellas que vienen de esas personas que aparecen ante nosotros hablándonos de su vida privada de buenas a primeras, criticando a terceros no presentes, siendo indiscretos, excesivamente bromistas o haciendo un uso y abuso desmedido del pronombre personal “yo”.

Todos lo hemos experimentado alguna vez. Sin embargo, en el polo opuesto están quienes sin pretender nada, lo consiguen todo. Quienes mediante su humildad natural nos caen bien al instante por una serie de dimensiones, de pinceladas capaces de conformar un lienzo personal mágico y excepcional.

  • Lo decíamos hace un momento, algo que suelen practicar las personas que nos caen bien es el arte de la suavidad. Mediante una actitud siempre abierta logran establecer una confianza inmediata con nosotros para que podamos abrirnos a ellos con comodidad y naturalidad.
  • Su poses, sus lenguaje no verbal está exento de cualquier rasgo de poder. No se imponen, no hay rigidez en ellos, sino apertura y cercanía.
  • Asimismo, algo común en las personas que caen bien es que no se quejan, no demandan, no critican y su actitud siempre es exquisitamente humilde…

Amigos hablando al atardecer representando a las personas que caen bien

Para concluir, a pesar de que hay efectivamente infinidad de personas con estrella o luz propia que vienen con estos rasgos inscritos ya en su “disco duro”, cabe decir algo importante al respecto: todas estas cualidades pueden entrenarse. Si bien es cierto que no es necesario querer caer bien a todo el mundo, a todos nos agrada poder conectar mejor con determinadas personas.

Por tanto, trabajar día a día en estas dimensiones nos ayudará sin duda a llegar más allá de las miradas, a instalarnos casi sin pedir permiso en esos corazones ajenos que son de nuestro interés.

5 expresiones que es mejor no utilizar

hombre con caja guardando expresiones que no son correctas

Hay expresiones que están diseñadas por el odio. Son palabras o frases que se emplean casi siempre en momentos de ira y cuyo objetivo es destruir. Lo grave es que muchas veces logran su cometido: hieren, marcan y hasta devastan a una persona. Casi siempre son emitidas por alguien que detenta una falsa autoridad.

Por más que se tengan desavenencias con otros, hay expresiones que jamás deberíamos permitirnos. Y no deberíamos hacerlo porque se trata de mensajes violentos. Aquí ya no estamos hablando de esa agresividad nacida de contradicciones o diferencias, sino de actos violentos que solo engendran más violencia y destrucción.

Resulta aconsejable que quien utilice este tipo de expresiones haga una reflexión sobre aquello que lo motiva a emplearlas. Hay más que ira detrás de ellas. Lo cierto es que ganamos cuando se erradican esas palabras, porque hasta las ofensas tienen un límite razonable. Enseguida te mostramos cinco de esas expresiones que es mejor relegar al cajón del olvido.

Tonto… y sinónimos

Bien haríamos en cuidarnos de llamar a alguien “ tonto, o “bobo”, o “lento” o los diez mil sinónimos que tienen esas palabras. Son palabras insultantes cuando las decimos fuera de un contexto relajado y de broma; sobre todo lo son cuando este tipo de expresiones se dicen con ira o en un tono despectivo.

hombre con pipa huyendo de las malas expresiones

Se trata de una ofensa que se dirige a la esencia misma de la persona. Se califica, o más bien se descalifica, su capacidad mental. En ese sentido, estas etiquetas traspasan por mucho los límites de la crítica. Es un acto de violencia psicológica que destruye. Nunca deberíamos utilizar esas expresiones con nadie, pues nadie las merece.

Fracasado

Es una de las expresiones más utilizadas, especialmente después de que buena parte de las películas comerciales comenzaron a utilizar el término “perdedor” o “loser” como la ofensa favorita. En las sociedades altamente competitivas, y sobre todo consumistas, el éxito tiene unos límites muy precisos y una connotación absoluta.

Una perspectiva menos obtusa nos lleva a ver que rara vez, por no decir nunca, esta etiqueta tiene un sentido. Los tiempos de logros se alternan con los tiempos de pérdidas. Todos evolucionamos y todos también caemos alguna vez. Nadie es categóricamente fracasado, como tampoco nadie es absolutamente exitoso. Sin embrago, designar a otros con ese tipo de etiquetas supone un intento de marcarlos con una denominación que las despoje de su valor personal y para la sociedad.

Eres un inútil

Este tipo de expresiones se vuelven genuinamente violentas cuando son expresadas dese un poder, sea cual sea: un padre, un maestro, un gobernante, etc. Es en esas condiciones cuando revelan su mayor poder destructivo. De todos modos, en cualquier circunstancia es deplorable que un ser humano se refiera a otro en esos términos.

hombre que se cubre la cabeza huyendo de las malas expresiones

Calificar a alguien de “inútil” significa poner en tela de juicio todas sus acciones. Es un calificativo absolutista: apunta a la globalidad de la persona. Está destinado a anular al otro, a buscar que desaparezca dentro de una categoría de los valores humanos. No existe una forma constructiva de emplear esta palabra con otra persona.

No puedes o no vas a poder

Es otra de esas expresiones categóricas, que no solamente resultan profundamente ofensivas, sino que también son falsas. ¿Quién tiene la “bola de cristal” para determinar que alguien no puede, o no podrá hacer algo? La historia está llena de muchos que dijeron “no podrás” y luego tuvieron que retractarse.

Lo que no sabemos es cuántos intentos se malograron por esa falta de confianza inducida por otros. El ser humano es cambiante y la vida es dinámica. Lo que no pudiste hacer hoy, quizás se vuelve muy fácil de realizar mañana. Por el contrario: nadie tiene el derecho de decirle a otro que no lo logrará.

Raro o rarito

Es una de las expresiones más mezquinas porque ni siquiera se trata de un insulto directo. Alguien es “raro” o “rarito”, ¿con respecto a qué? ¿Cuál es el parámetro que se toma como base para definir a alguien como extraño a ello? En últimas, ¿qué es lo malo de ser “raro”? ¿Dónde está el problema por serlo?

mujer arlequin

Este tipo de expresiones buscan horadar, carcomer la dignidad del otro. La rareza es, en principio, una virtud. ¿No tiene muchas veces más valor lo escaso que lo común? Así que el problema no está en esa particularidad. Esas palabras se usan para marcar y excluir. Para hacer que el otro se sienta “fuera” de la norma o de lo aceptable.

Si eres una de esas personas que tiene accesos de ira incontrolables, es importante que revises qué pasa. Recuerda que las palabras, una vez dichas, no tienen vuelta atrás y repara el daño que pueda resultar de su eco será poco menos que una misión imposible. Así, las expresiones destructivas pueden dar origen a conflictos más serios, para los que la solución es complicada.