Test del Árbol de Karl Koch

Árbol con una puerta en su tronco

El test del Árbol de Karl Koch es una prueba proyectiva interesante para analizar nuestra personalidad, así como nuestro universo emocional subyacente. Por la facilidad de su aplicación es común que se use en niños; sin embargo, suele ser también una herramienta de auto-análisis bastante entretenida para intentar conocernos un poco mejor.

El test del Árbol es conocido también como la prueba de Baum y fue desarrollada sobre los años 50 por un psicólogo llamado Charles Koch. Tiene ya bastantes años, pero su uso sigue siendo frecuente. Ahora bien, si decimos que esta prueba consiste únicamente en pedirle a un niño o a un adulto que dibuje un árbol con sus raíces, su tronco y su copa, es posible que más de uno de nuestros lectores duden casi al instante de la fiabilidad y validez de este instrumento.

Las ventajas de la prueba del Test del Árbol es que puede administrarse rápidamente a una gran variedad de personas. Ofrece una información interesante sobre aspectos emocionales que más tarde, se comparará con el resultado de otras pruebas.

Antes de llegar a esta conclusión, vale la pena tener en cuenta algún detalle. Las pruebas proyectivas constituyen un tipo de instrumento clínico bastante útil. Gracias a ellas, logramos recavar diversos datos sobre cómo nuestros pacientes perciben, entienden y manejan su mundo. Así, instrumentos como el test de Rorschach, el test del hombre bajo la lluvia o el test del Árbol resultan muy eficaces como pruebas complementarias (no exclusivas) que podemos usar junto a muchas otras.

Por otro lado, y como simple curiosidad, cabe señalar que el doctor Koch eligió esta figura para diseñar su prueba diagnóstica por el simbolismo que tienen los árboles. Todas las culturas, todos los países tienen en los árboles una referencia entre mitológica y totémica que se enraíza mucho en el ser humano sin importar la edad. Intentar plasmarlos, intentar dibujarlos es casi como sacar al exterior las luces y las sombras que llevamos dentro…

imagen que representa el Test del Árbol

¿Qué evalúa el test del Árbol de Koch?

El test del Árbol de Kosch, al igual que todo ejercicio que nos obligue a hacer un dibujo, a elegir unos colores, a crear una figura de la nada plasmándola en una hoja en blanco, ofrece unas pistas sobre el estilo de nuestra personalidad. Asimismo, también denota un estado emocional determinado.

  • Mide también la estabilidad de la persona, la presencia o no de conflictos internos, su vulnerabilidad y su sensibilidad.
  • Por otro lado, ciertas corrientes psicológicas, como psicoanálisis, indican que esta prueba revela también la estructura de la psique o contenido de nuestro inconsciente.
  • Es interesante saber, tal y como nos revela un estudio reciente, que la prueba de Baum ha resultado ser muy eficaz para diagnosticar discapacidades cognitivas e incluso principios de demencias.

¿Cómo se aplica?

El test del Árbol puede aplicarse a cualquier persona a partir de los 5 o 6 años. Solo se requiere que la persona tenga ciertas habilidades motoras básicas para dibujar.

  • Se le da a la persona unas hojas en blanco, lápices de colores y goma de borrar.
  • Se les pide que dibujen un árbol, con sus raíces, su tronco, las ramas, etc.
  • En el caso de que los pacientes sean niños de 5 o 6 años, les pediremos que hagan dos dibujos. El primero será de estilo libre, “dibuja el árbol que tú quieras, uno a tu gusto”, les diremos. Más tarde, les indicaremos que hagan un nuevo dibujo, y que ahora el árbol sea diferente al primero. De ese modo contaremos con dos dibujos para poder hacer mejor la evaluación.
  • El tiempo estimado va entre los 10 minutos y la media hora. Lo que necesite cada persona.

imagen que representa el Test del Árbol

¿Cómo se analiza el test del Árbol?

Nos tenderemos que fijar en diferentes elementos:

Suelo

  • Un dibujo donde no hay línea de suelo o raíces puede indicar falta de estabilidad emocional y personal en el paciente.
  • Las raíces desproporcionadas y con forma de rayos también pueden ser un indicador de problemas, contención emocional, rabia y desarraigo.

Tronco

  • Un tronco muy delgado: se asocia a personas muy sensibles y delicadas o, por otro lado, puede denotar la presencia de tensiones o demandas externas que alteran la calma y el bienestar del paciente.
  • Un tronco muy ancho: personas impulsivas, con alta emotividad y poca capacidad de autocontrol.
  • Un tronco de proporciones normales denota equilibrio interno.
  • Tronco formado por líneas rectas: persona correcta, con buena capacidad de abstracción.
  •  Tronco de líneas onduladas: persona sociable, dulce y que no tiene problemas de sociabilidad.
  • Troncos con dilataciones, oquedades, tachones, puntas que sobresalen: presencia de miedos, traumas, emociones contenidas, inhibición…

La copa

La copa de los árboles refleja la interacción con el medio físico y exterior. Mientras las raíces y el tronco se relacionan más con el mundo interior y emocional, las ramas se supone que representan ya otro nivel psíquico.

  • Copa pequeña: los niños de hasta 9 años siempre dibujan copas pequeñas, es normal. Pueden denotar inmadurez, relación con el mundo infantil.
  • Copa grande: puede decirnos que la persona que ha hecho el dibujo cuenta con gran fantasía, entusiasmo o incluso que puede tener un punto más destacado de narcisismo.
  • Árbol sin copa: puede decirnos que la persona que ha hecho el dibujo cuenta con una falta de desarrollo, posible problema cognitivo.
  • Copa en espiral: puede tratarse de una persona comunicativa, con buen gusto, delicada.
  • Copa en forma de rayos o varas: persona terca, impulsiva, con cierta rabia o sentimientos desafiantes.
  • Copa con hojas: persona vivaz.
  • Copa con frutos: persona con objetivos y deseos que cumplir.

imagen que representa el Test del Árbol

A estos valores aquí descritos se le añaden muchos más, como la aparición de otros “accesorios” como casas, pájaros, colinas… Es decir, detalles no demandados por el psicólogo que también pueden aportar información relevante. Asimismo, también es bueno tener en cuenta los colores elegidos para pintar el árbol e incluso el tamaño de las propias figuras.

Además, elementos como ramas cortadas, agujeros o heridas en los troncos, falta de raíces o la presencia de colores oscuros pueden llamar nuestra atención. Todo ello revelaría la presencia de posibles traumas. Sin embargo, como hemos señalado al inicio, el test de Árbol no se utiliza como única prueba diagnóstica. Hablamos de una herramienta interesante, que junto con algunas otras, nos puede ayudar a recabar información para dar un diagnóstico final más preciso.

Anuncios

15 CLAVES PARA RECONOCER UN HOMBRE INMADURO

 
15 CLAVES PARA RECONOCER UN HOMBRE INMADURO 

Bien sea que acabas de empezar una relación, has puesto los ojos en alguien o algo te chirría de tu pareja te mostramos 15 claves para reconocer un hombre inmaduro, ya que como dicen el amor es ciego.

Todas los conocemos: el mujeriego, el niño de mamá, el compromisofóbico y el chico lindo que sólo quiere ser tu amigo (por nombrar algunos).

Para agregar a los no candidatos a la adultez está el niño en cuerpo de adulto. Los hombres emocionalmente inmaduros pueden parecer agradables, relajados y cariñosos, pero un niño en cuerpo de adulto nunca fallará en hacer honor a su nombre.

 

1. Comportamiento inapropiado

Un hombre maduro es alguien de quien no tienes que preocuparte, mientras que el niño en cuerpo de adulto puede ser vergonzoso. Podría beber de más en la fiesta de la oficina, poner el fútbol en la cena de Acción de Gracias de tu mamá y contestar su teléfono en la boda de tu amiga. Y, como el niño de cuatro años al que se parece, quizá hará una mueca si lo corriges.

 

2. Videojuegos

Los hombres emocionalmente inmaduros no quieren ir a tu reunión familiar si es el mismo día en el que el nuevo juego de Assassin’s Creed saldrá al mercado. Y no puede pagar su parte del alquiler porque tenía que comprar la consola de juegos más nueva, o sólo sale de paseo si es para cazar pokemons…

 3. Tus sentimientos no importan

No quiere saber cómo te ha ido el día, no quiere conocer a tus padres… peor aún, es grosero con tus amigos. Si tus opiniones son diferentes a las suyas, las ignora….

 4. Egoísta

Los hombres maduros equilibran tus necesidades y las suyas. Los hombres emocionalmente inmaduros te pedirán que les hagas café pero nunca ofrecerán hacerte uno. Si te compra un regalo de cumpleaños, es una entrada de cine para ir a ver la película que él quiere ver.

5. Sus chicos

Ya sea noche de póquer o golf, su noche con sus chicos es más importante que el tiempo de calidad en pareja. Él no entiende por qué te enojas tanto cuando te deja en casa en una noche de viernes para ir a tomarse una cerveza con sus amigos, hasta ahí tampoco hay mayor problema, pero el emocionalmente inmaduro acudirá a su cita de amigos aunque tú estés con fiebre en la cama.

 

6. Emocionalmente no disponible

No quieren una relación adulta, quieren una fiesta. Se irán cuando los necesites. No pueden comprometerse a hacer nada contigo porque algo más divertido podría surgir. Los hombres maduros no juegan (tantos) juegos.

7. Obsesionado con los juguetes

Tienen las últimas consolas de videojuegos, las televisiones más grandes y el mejor coche, cámara, bicicleta, etcétera. Se sientan en un mueble horrible de segunda mano porque todo el dinero se les fue en el sistema de sonido.

8. Adictos a la adrenalina

Mientras más imprudente suene, más querrán hacerlo los hombres emocionalmente inmaduros.

9. No comparten

Pedirán una pizza y nunca preguntarán qué aderezos quieres. Comprarán un perrito caliente y se sorprenderán de que tú también querías uno. Se comerán la mitad de tus papas y se molestarán si tomas una de las suyas.

10. Nunca se equivocan

Piensa que siempre tiene la razón. Si pierde su trabajo, es porque el jefe estaba en su contra, no porque haya sido irresponsable o tomado demasiados descansos. Las peleas siempre son tu culpa por pedirle hacer algo que no quería hacer.
11. Tienen rencores

Hará que el más pequeño error sea algo grande y nunca te dejará olvidarlo. Lo recordará en cada discusión y se reirá de ello en situaciones sociales.

 

12. Eternos niños de mamá

Los hombres emocionalmente inmaduros corren a casa cuando necesitan que se haga la despensa o se lave su ropa. No ven nada de malo con comer chucherías y ver la TV mientras su mamá dobla su ropa.

13. Te menosprecia

Te hace el centro de las bromas y aumenta su ego menospreciándote. Hace que tu trabajo suene poco importante y se burla de tu inteligencia –quizá con algo de razón si es que estás dispuesta a aceptar esas tonterías-.

14. No le interesan tus amigos
No le agradan tus amigos y el sentimiento es mutuo. Encuentran excusas para faltar a cualquier cosa en la que ellos no sean el centro de atención. Tus amigos saben que podrías estar con alguien mejor.

15. Deportes 24/7
Los fines de semana están dedicados al equipo que esté jugando, sin importar lo que tú quieras hacer.

Por supuestísimo eres libre de elegir el tipo de hombre con el que quieres estar, pero si el tuyo reune estos requisitos deberás estar preparada para lo que conlleva…

 

Síndrome de abstinencia emocional: el dolor tras una ruptura afectiva

pareja que sufre síndrome de abstinencia emocional

El síndrome de abstinencia emocional surge tras una ruptura de pareja. Desprenderse de semejante vínculo afectivo no es tarea fácil, es más, el sufrimiento psicológico experimentado suele ser devastador para nuestro cerebro. Dicho proceso es muy similar al síndrome de abstinencia que padecen los adictos, una suerte de caos neuroquímico del que no es fácil desprendernos.

Quien más y quien menos sabe en piel propia a qué sabe esta experiencia. Lo saben los adolescentes cuando sufren por primera vez una ruptura, el dolor de la distancia o la decepción de un rechazo. Lo sabemos los adultos, porque de nada sirve nuestro rodaje vital cuando de pronto sucede, cuando el amor caduca, cuando la infidelidad asoma o cuando sencillamente pasamos a ser conscientes de que es necesario poner fin a una relación sin futuro o dolorosa en exceso.

Dejar ir, cuando aún se ama, duele. Acostumbrarse a la ausencia, asumir el final definitivo y la obligación de reconstruir nuestra vida sin esa persona es algo para lo que no estamos preparados. Sin embargo, lo hacemos, y lograrlo nos confiere fortalezas internas y adecuados recursos psicológicos.

No obstante, el auténtico problema aparece cuando alguien, lejos de pasar página, cae en el círculo de la obsesión, en un círculo vicioso de nuevas oportunidades, en la necesidad de contactar, de mendigar atenciones, de clamar por un amor ya caduco e imposible. Hablamos, cómo no, de un perfil caracterizado por la dependencia afectiva, y donde el síndrome de la abstinencia emocional suma a dicha persona en un estado de vulnerabilidad absoluta y sufrimiento extremo.

pareja que sufre síndrome de abstinencia emocional

 

pareja que sufre síndrome de abstinencia emocional

Las 5 características del síndrome de abstinencia emocional

Algo que conviene tener claro es que por lo general, cuando dejamos una relación afectiva, todos podemos experimentar el síndrome de abstinencia emocional. Sin embargo, este no es más que una parte del duelo, una etapa que debe motivarnos para que pongamos en marcha estrategias de afrontamiento inteligentes y útiles. Una serie de recursos que nos permitirán allanar el camino para superar con madurez esa ruptura.

  • Sin embargo, esta condición psicológica marcada por el estancamiento y el sufrimiento persistente es común en personas con una baja autoestima y que se caracterizan por una alta dependencia emocional sobre la pareja.
  • A su vez, otro aspecto característico del síndrome de abstinencia emocional es la falta de convencimiento sobre el fin de la relación. Hay una clara negación.
  • El comportamiento ansioso y obsesivo es otra clave. Son incapaces de cumplir el “contacto cero”, siempre encontrarán una excusa para buscar, contactar, llamar…
  • A su vez, y no menos importante, los dependientes son incapaces de tolerar el dolor emocional. Carecen de herramientas para gestionarlo, se sienten paralizadas y reaccionan ante el sufrimiento buscando más oportunidades.
  • Por último, tampoco podemos olvidar toda esa compleja sintomatología intensa y desgastante que afecta claramente a la salud de la persona: insomnio, pérdida del apetito, problemas de concentración, desinterés por la vida, desánimo…

¿Cómo afrontar el síndrome de abstinencia emocional?

 Nadie merece vivir en semejante estado de indefensión, nadie debe dejar de quererse de tal modo como para quedar suspendido en un sinsentido existencial y en un estado de sufrimiento emocional tan destructivo.

Por otro lado, tanto si hemos llegado a este extremo como si ahora mismo estamos afrontando una ruptura afectiva, sería adecuado reflexionar en las siguientes estrategias. Claves elementales que tener muy presentes.

  • Sufrir el el síndrome de abstinencia emocional, dentro de unos parámetros de intensidad y duración, es algo normal. Sin embargo, es necesario asumir que es transitorio, un estado que debe pasar para dar paso a un estado más equilibrado, centrado y fuerte.
  • Aceptaremos las emociones negativas como la trissteza, la desolación, el desconcierto. Son estados que tarde o temprano deben pasar para favorecer la aceptación y la superación.
  • El contacto “cero” es básico en estos casos. Es esencial no tener a nuestra ex-pareja en las redes sociales o en nuestros contactos. Es el primer paso para desconectarnos de su vida, evitando caer en dinámicas perversas.
  • Hacer cambios en nuestra vida es gratificante. Algo tan simple como hacer nuevos amigos o buscar otras aficiones nos será de gran ayuda para “liberar la mente”, para romper el ciclo de la obsesión.

A lo largo de todo este proceso no dejaremos de lado aspectos tan valiosos como nuestra autoestima, nuestra dignidad, nuestros valores o propósitos vitales. Una ruptura afectiva jamás debe verse como el fin del mundo, sino como el fin de una etapa y el obligado inicio de algo que sin duda nos traerá cosas buenas y una versión de nosotros más fuerte, más hermosa incluso.

3 buenas razones para no dejar el móvil a un niño

 
Niños pequeños con móviles

¿Piensas en dejar el móvil a un niño? ¿Estaría bien, estaría mal? Entendemos esta duda porque las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida y cada vez los niños son más espabilados en su uso. La gran capacidad de aprendizaje que tienen a esas edades, su curiosidad y el mundo infinito de posibilidades que ofrecen los aparatos electrónicos los hace irresistibles para ellos.

La infancia es una de las áreas en donde las nuevas tecnologías están cada vez más presentes y los niños no tardan en pedir el móvil “a gritos”. Para que puedas tomar una decisión correcta y bien informada, te dejamos en este artículo 3 buenas razones para no dejar el móvil a un niño o al menos para dejárselo con supervisión y durante un tiempo limitado.

 

1. Afecta el desarrollo neuronal: enseñan al cerebro a funcionar bajo constante estimulación

Funcionar en un entorno en donde siempre estamos estimulados puede parecer una circunstancia positiva. De hecho, muchos expertos en desarrollo infantil subrayan la necesidad de estimular tempranamente a los niños y niñas para que alcancen el máximo desarrollo intelectual. Lo que ocurre con los teléfonos en este sentido es que la estimulación que producen no es sana.

Niño pequeño con móvil

¿Por qué no lo es? Los dispositivos móviles sobrestimulan constantemente al cerebro y proporcionan un entorno cambiante, vibrante y de constante cambio. Esta sobrestimulación para el niño es muy agradable pero no es sana porque no es similar a la estimulación que luego el niño se encuentra en la vida real.

De este modo, se dice que la sobrestimulación no es sana porque parte de ella no deja de ser muy artificial, algo que luego puede provocar grandes frustraciones cuando el niño se enfrente a la vida real (más aburrida y menos estimulante). Por estos motivos hay estudios que asocian al uso del móvil en niños menores de 10 años (momento en el que va culminando la fase de formación de la sustancia blanca cerebral) con la aparición del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

“La sobrestimulación no es sana porque no le prepara para la vida real y esto luego provoca importantes sentimientos de frustración cuando el niño se enfrenta a la vida real (más aburrida y poco estimulante)”.
Compartir

2. Le expone al peligro de Internet y redes sociales

Dejar el móvil a un niño significa darle acceso a un gran mundo que los padres no pueden controlar: el mundo de Internet. Para explicarlo metafóricamente: si no dejas a tu hijo o hija solo en un centro comercial sin vigilar con quién habla, con quién juega y con quién se relaciona, ¿por qué dejarle el móvil?

Aunque creas que tu hijo o hija puede realizar un uso controlado del móvil, esta idea es poco realista. Si te lo planteas, estarás pendiente de lo que hace el niño con el móvil durante los primeros días, pero después lo más probable es que te fíes y bajes la guardia. Así, con el paso del tiempo puedes exponer al niño a una serie de estímulos y situaciones que no controlas.

Por otro lado, al dejar el móvil a un niño facilitas que este prefiera las relaciones sociales “on-line” en lugar de aquellas que se dan cara a cara y en tiempo real. Lo que se traducirá en una mayor dificultad a la hora de adquirir habilidades sociales en vivo y en directo, algo que puede ser un obstáculo para su vida social y laboral cuando sea un adulto.

3. Dificulta el desarrollo de hábitos correctos y habilidades necesarias

Utilizar el móvil desde la infancia temprana impide el desarrollo de una habilidad importante: la concentración. Esto ocurre porque los dispositivos móviles están diseñados para saltar de un estímulo a otro, y la concentración es todo lo contrario (poner toda la atención en un estimulo por vez, de manera sostenida y durante tiempo prolongado).

Es verdad que los niños pueden llegar a concentrarse mucho en lo que aparece en las pantallas, pero se trata de una concentración fácil: está guiada por el cambio continuo y por lo tanto gran parte del peso de la misma la sostiene el propio teléfono. Por suerte para todos, niños y padres, el cerebro es flexible y puede aprender a concentrarse aún siendo un cerebro adulto. Sin embargo, existiendo la posibilidad, es mejor que aprendan desde pequeños.

Niño con móvil rodeado de juguetes

Así mismo, al dejar el móvil a un niño le privas de que aprenda a superar el aburrimiento con iniciativas propias. Ser capaz de aburrirse es muy importante y al dejar el móvil al niño haces que siempre esté siempre entretenido, que no tenga que afrontar el aburrimiento. Por supuesto, también consigues que dé más guerra, que en ocasiones sea un niño “más incómodo” y “movido”. Sin embargo, esta prueba para tu paciencia es algo bueno para él.

“Al dejar el móvil a un niño o niña le privas de que aprenda a aburrirse y esta es una de las habilidades fundamentales para la vida diaria”.
Compartir

Finalmente, aunque en este artículo nos hemos centrado en razones para no dejar el móvil a un niño, existen también razones que pueden ser buenas o neutras y que igualmente hay que considerar. De todos modos, lo importante es ser gestores de lo que ocurre: si les dejamos el teléfono, estar pendientes.

No utilizarlo como recurso para estar un rato tranquilos y bajar nuestro nivel de vigilancia. También se trata de gestionar el tiempo: si sus abuelos ya se lo dejan a veces o lo hacen otras personas, instruirles en cómo queremos que lo hagan. En este caso, es más recomendable incluso que nosotros no les dejemos el teléfono, aunque nos tachen de “malos”, de manera que no dupliquemos el tiempo de exposición.

¿Qué hacer con tu vida cuando no encuentras el camino correcto?


Hombre ante dos caminos

¿Te sientes perdido? ¿No sabes qué hacer con tu vida? Hay personas que en determinado momento sienten que el rumbo que llevan carece totalmente de sentido. De hecho, ningún camino al que puedan optar parece tenerlo y se desesperan en sus incontables intentos que fracasan por conseguir un cambio que se lleve esa sensación. No hay futuro, no hay metas ni objetivos. Se encuentran perdidas.

Todos, en algún momento hemos sido esas personas, nos hemos sentido como si nos encontráramos en un callejón sin salida. Es una situación en la que detectamos, al mismo tiempo, un gran vacío interior: nada fuera, poco dentro. Sin embargo, aunque nos empecinemos en ver culpables por doquier, lo cierto es que a este punto hemos llegado y en él nos hemos adentrado nosotros.

Una oportunidad para reencontrarte contigo mismo

Cuando no sabes qué hacer con tu vida, cuando has llegado a ese punto en el que no encuentras salida posible, no importa la angustia, la ansiedad, las ganas que tengas de salir de ahí. Nada de eso va a funcionar por el momento. Hay algo que tienes que hacer: reencontrarte contigo misma.

¿En qué momento has puesto el foco en los demás y te has olvidado de ti? ¿Cuándo has dejado de preguntarte qué es lo que en verdad deseas hacer? ¿Desde cuándo qué hacer con tu vida se convirtió en la última prioridad? La manera de vivir que tenemos nos insta a poner el piloto automático para actuar como si fuésemos robots, evitando ser conscientes del momento presente.

Mujer mirando por la ventana como símbolo de la pregunta qué hacer con tu vida

Ahora que te encuentras en ese callejón sin salida, en el que no sabes qué hacer con tu vida, frena. Es el instante perfecto para que puedas ser consciente de ti mismo y de lo que hay a tu alrededor. Para que vuelvas a conectar con el mundo y, también, contigo mismo.

Tus deseos, tus anhelos, lo que en verdad te motiva se harán presentes para señalarte todos esos objetivos que tienes, pero que durante mucho tiempo no has querido ver porque te has desviado del camino. Crees que no hay salida, cuando la solución se encuentra dentro de ti. La motivación nace de uno mismo, pero para ello tienes que saber lo que quieres.

Es verdad que en un primer momento la reacción cuando no sabes qué hacer es dar vueltas, patalear, intentar correr en todas direcciones como si fueras un caballo desbocado. No obstante, tiene que llegar el punto en el que te des cuenta de que debes parar para así poder ser consciente de todo lo anteriormente mencionado.

Si no sabes qué hacer con tu vida, empieza a aceptar la realidad

Este es un paso muy importante para poder beneficiarte de todo lo dicho con anterioridad. Sin embargo, también es probable que te des cuenta de que aceptar la realidad ha sido lo que ha hecho que te hayas adentrado en ese callejón sin salida.

Solemos vivir con diferentes expectativas sobre cómo tienen que ir surgiendo las cosas. Termino la carrera, encuentro un trabajo, después al amor de mi vida con quien tendré hijos y viviré muy feliz. Parece perfecto, ¿verdad? El ideal al que muchas personas aspiran. Sin embargo… ¿y si todo se tuerce?

Las expectativas que puedas tener no garantizan que las estaciones con las que te vas a encontrar vayan a ser esas. Lo más probable es que surjan problemas, dificultades y adversidades que hagan que te frustres, te enfades y te niegues a aceptar que en muchas ocasiones lo que sucede no alcanza tus expectativas.

Cuando llegamos a un punto de gran indecisión, quizás sea el momento de consultar con un profesional. Con él descubriremos si lo que toca es volver atrás para localizar el cruce en el que nos perdimos o si por el contrario la solución está en buscar más alternativas para avanzar en el mismo cruce en el que nos hemos estancado. Muchas veces, que terminemos decantándonos por una u otra opción dependerá del precio que estemos dispuestos a pagar por intentar alcanzar una u otra meta.

árbol en forma de corazón representando qué qué hacer con tu vida

Hay momentos más propicios que otros para que experimentemos esta crisis existencial. Quizás el primero sea cuando nos convertimos en adultos: tenemos que escoger a qué nos queremos dedicar y cómo deseamos que sea nuestra vida. El segundo, surge en la edad madura, a los 40 años, con una crisis conocida por todos en el que se deja atrás una etapa para comenzar otra.

En muchos momentos de cambio, en los que pasamos de una etapa a otra, nos podemos sentir perdidos. Algo que es natural y que en principio no tiene que asustarnos. No obstante, si esto pasa, tenemos que evitar que la sensación de desasosiego nos conduzca al abandono. Los momentos de cambio son también momentos para la inteligencia y la paciencia, para decidir con cabeza, pero también para tomar la opción electa con seguridad. Elijamos lo que elijamos, no faltarán las personas que nos digan que nos estamos equivocando.

Sea retrocediendo o buscando otras alternativas, toda situación tiene una salida. A veces lógica y predecible, otras sorprendente, azarosa y enigmática. Para lo primero vale el trabajar, pero para lo segundo, como decíamos antes, no dejarnos vencer por el desasosiego: la venda más opaca frente a las oportunidades.

La tristeza se va cuando aceptas lo que quiere decirte

 
mujer de espaldas con hojas en el cabello librándose de la tristeza

Sentir cómo la tristeza recorre todo nuestro cuerpo es natural. Cómo enturbia nuestra mente y pugna por salir. Sin embargo, muchos nos empeñamos en reprimir y esconder lo que sentimos, en un vano afán de que se vaya sin dejar rastro. Hacer esto no solo empeora la situación, sino que provoca que poco a poco nuestra tristeza vaya echando raíces en nuestros pensamientos, de los que pasa a nutrirse.

La sociedad nos ha enseñado a actuar de una manera “ideal”. Tan ideal que podemos considerarla artificial. Buscamos movernos en el campo emocional entre límites muy estrechos. La risa, por ejemplo, es buena como señal de alegría; sin embargo, puede llegar a ser molesta e indeseable cuando toma matices estridentes o demuestra una contención pobre: ya sea por voluntad o por falta de autocontrol.

Si esto se desenvuelve de esta manera con una emoción positiva, toda aquella que sea negativa, como llorar o estar deprimido, directamente es evitada. Esta contención se lleva hasta tal punto que ni siquiera en el calor de nuestro hogar, en la más absoluta soledad, nos permitimos dar rienda suelta a lo que nos atormenta. Tenemos miedo a que cobre realidad aquel mantra que nuestros padres repetían cuando éramos pequeños: repetir fuera lo que hacíamos en casa.

chico rodeado de globos blancos que representan el peso de la tristeza

¿Por qué la tristeza se ha hecho un hueco en tu vida?

La tristeza puede aparecer por varios motivos: un despido laboral, una ruptura de pareja, una pérdida de dinero importante o incluso una enfermedad inesperada. Son situaciones normales y más habituales de lo que queremos creer. El problema aparece cuando no hacemos una gestión de la emoción -ya sea por torpeza, porque no sabemos o porque renunciamos de manera voluntaria a ello-, y de sentirnos pasamos a estar; cuando la emoción deja de ser emoción y pasa a ser un estado con profundas y fuertes raíces.

Es por ello que la tristeza ha podido hacerse un hueco en nuestra vida. Incluso, puede que llegue a instalarse para siempre si no somos capaces de mirarla, observarla y analizar el mensaje que nos quiere trasmitir. Pongamos algunos ejemplos:

  • La tristeza que aparece tras una ruptura es una emoción natural dentro del proceso de duelo que probablemente tendremos que transitar. Sentirla y experimentarla nos ayudará a pasar página y seguir adelante.
  • Si surge debido a una enfermedad, la tristeza puede permitir que adquiramos conciencia de nuestra vulnerabilidad en ese momento. Ella puede ser el estímulo para que dejemos de mirar hacia fuera y pasemos a mirar hacia dentro.
  • Ante una pérdida de dinero, estar tristes puede ayudarnos a pararnos un momento para pensar en otras posibilidades de conseguirlo. Quizás no hemos explotado todas nuestras capacidades al máximo.

Estar triste puede ser una oportunidad para parar y reflexionar sobre lo que nos está sucediendo. Pero, sobre todo, para valorar lo que antes no apreciábamos. No obstante, si la tristeza nos ha bloqueado por completo, si estamos a un paso de la depresión porque no conseguimos sacudírnosla de encima, entonces es necesario dar un paso al frente y pasar a la acción.

chica avanzando por el mar de la tristeza

Estrategias inteligentes que nos permitirán sacudirnos la tristeza

Para quitarnos de encima toda esa tristeza que nos desmotiva, que hace que cada día en vez de levantarnos con una sonrisa lo hagamos con una mueca de desilusión y que provoca que parezca que nuestra vida no tenga sentido es necesario poner en práctica algunas estrategias.

Las principales son aceptar la tristeza y rehuir sus manifestaciones más propias, como puede ser el llanto o la introspección. De nada sirve negarla y encapsularla o mandarla al destierro. Es necesario que aceptemos que estamos tristes y, sobre todo, darnos el permiso para expresarla. No importa si gimoteamos, si lagrimeamos mucho, si queremos estallar en llanto. Son necesarios esos momentos en la que la imagen que podamos proyectar pase a ser secundaria: la catarsis emocional pierde toda su función cuando se encuentra con muros fuertes y rígidos que no la permiten.

El llanto nos devuelve la paz, al punto de salida para recordarnos la importancia de cuidarnos. Hacer deporte, comer sano, establecer unos horarios para comer y dormir, salir con nuestros amigos… En definitiva, aunque no nos apetezca nada hacer esto, pues deseamos abandonarnos por completo, no está todo perdido. Poco a poco, podemos ir introduciendo pequeños cambios que nos activen y que empiecen a motivarnos.

Por último, no está de más buscar en parte de nuestras actividades una motivación intrínseca, un gusto por realizarlas más allá del resultado que puedan ofrecer. Así, cuando este no nos guste, tampoco podremos hablar de un tiempo perdido. También, podemos apoyarnos en el Mindfulness, una actividad muy placentera y que nos ayudará a ganar altura frente a lo que parece superarnos.

Pero, sin duda, la clave de todo esto está en acudir a un profesional cuando los cortes que tenemos superar nuestra capacidad para soportar el dolor o cuando nos sentimos tan aplastados por una carga que no encontramos palanca con la que levantarla. Porque aunque ahora no creamos que nuestra situación pueda cambiar, toda tormenta ha terminado claudicando al sol.

El otoño es el domingo del año

Mujer caminando por el campo en otoño

Muchas veces no somos conscientes de que los cambios estacionales del año requieren que nuestro organismo realice un importante proceso de adaptación. La falta de luz solar presente en estaciones como el otoño o el invierno, por ejemplo, incide directamente en nuestro estado de ánimo. ¿Notáis que tenéis más o menos vitalidad tras una semana de lluvias y cielos grises?

Como este, existen otros factores característicos del otoño que provocan en nosotros severos altibajos anímicos. El más decisivo de todos ellos es, sin duda, nuestra actitud a la hora de afrontar la transición hacia el invierno. ¿Cómo podemos conseguir llegar al 100% a la época más fría del año?

La influencia del otoño en nuestro bienestar

Al comenzar el otoño, ya sea en el hemisferio norte (octubre) o en el sur (marzo), las personas solemos manifestar diversos cambios en nuestro estado de ánimo. Aunque cada uno puede sufrirlos de forma distinta y en diferentes grados, en general, este cambio de estación genera apatía, anhedonia y/o fatiga.

Hombre triste mirando por la ventana en otoño

En verano los días son más largos y las horas parecen aprovecharse más. Además, como solemos tener unas semanas de vacaciones para descansar y disfrutar con nuestras familias, nos encontramos más relajados y tranquilos. Notamos que tenemos menos responsabilidades que el resto del año, vivimos sin prisas y sin sufrir la monotonía y el estrés constante del día a día laboral.

Sin embargo, al comenzar el otoño esta situación varía radicalmente: los días cada vez son más cortos, las noches más largas, disminuyen las horas de luz y el buen tiempo queda sustituido por la lluvia y el frío.

Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes

La bajada de temperaturas nos invita a permanecer en casa y a pasar menos tiempo al aire libre e incluso a aislarnos socialmente. Igualmente, el cambio de tiempo puede acarrearnos ciertos resfriados que nos hacen sentirnos más débiles y vulnerables. Ver caer las hojas de los árboles y almacenarse en el suelo también nos transmite nostalgia y tristeza.

A su vez, solemos transformar nuestro armario en la austeridad personificada. Pasamos de vestir prendas de tonalidades alegres y luminosas a llevar una gama cromática más sobria y oscura.

La revolución hormonal

Estos factores externos y, en particular, las permutas climáticas y la reducción de luz solar ocasionan una serie de cambios hormonales que hacen tambalear nuestra energía a lo largo del día:

  • Aumento de la producción de melatonina: su incremento en sangre hace que nos sintamos siempre como cansados y tengamos más ganas de dormir y reposar.
  • Disminución de la serotonina: se resiente al aumentar la melatonina, porque desequilibra los ciclos de sueño, los cambios de humor y el estado de ánimo.
  • Disminución de la dopamina: provoca pérdida de atención y desinterés generalizado.

Mujer con paraguas en otoño

Puede derivar en “depresión otoñal”

Si la disminución del estado de ánimo es muy aguda y persistente, podemos estar sufriendo la conocida como “depresión otoñal” o “de invierno”. Pero ¡permaneced tranquilos! Es una situación pasajera que se puede evitar si se toman las medidas adecuadas. 

Sus síntomas son una falta excesiva de energía y de interés por lo que te rodea, desgana, irritabilidad y mal humor, dificultades para conciliar el sueño y problemas de concentración. En algunos casos, se caracteriza también por sensaciones fuertes de soledad, reales o irreales.

Cómo combatirla

Este tipo de trastornos del estado de ánimo deben consultarse con especialistas, pero podemos mejorar su sintomatología introduciendo pequeños cambios en la alimentación y mediante la realización de algunas actividades cotidianas.

A nivel nutricional, es conveniente mantener la ingesta adecuada de vitaminas C y B y de minerales como el calcio y el magnesio, esenciales para la producción de neurotransmisores. Como complementos, podemos ingerir valeriana y pasiflora para relajarnos e incrementar la calidad de nuestro sueño.

A veces creemos que con las vacaciones se acaba el tiempo que podemos dedicarnos a nosotros mismos. Pero es un error. Debemos seguir encontrando esos huecos de ocio y entretenimiento y llenarlos con actividades que nos generan placer. Por ejemplo, practicar deporte. Aunque el tiempo no permita hacerlo al aire libre, también indoor es una buena forma de recuperar y mantener la actitud positiva.

Junto al cuerpo, se puede cultivar también la mente mediante la lectura, visitas al teatro, al cine o a museos; escuchando música, manteniendo una buena conversación con amigos o compartiendo un rato especial con nuestra pareja o hijos.

Dejar de hacer de forma radical esas pequeñas actividades que nos hacen felices supone la pérdida de refuerzos y un aumento paulatino de nuestra apatía. Al final, esto produce un descenso en nuestro estado de ánimo y altos niveles de estrés.

Chica triste en otoño

La depresión otoñal no es síndrome postvacacional

La depresión postvacacional es el estado en que se encuentra un trabajador cuando fracasa su proceso de adaptación entre su período de vacaciones y su vuelta a la vida laboral.

Sus síntomas son muy parecidos a los de la depresión otoñal, aunque pueden ir acompañados de importantes malestares físicos como dolores musculares que contribuyen a la disminución de su rendimiento.

Además, este síndrome puede aparecer a lo largo de todo el año, en el momento en que la persona vuelve de sus vacaciones. Así, si por diversas circunstancias el trabajador las posterga a noviembre, el síndrome postvacacional lo manifestará tiempo después.

Sin embargo, la depresión otoñal va ligada a un período concreto del año: el fin del verano y la llegada de la nueva estación. Por otro lado, el síndrome postvacacional afecta principalmente a personas jóvenes, por lo general a los menores de 45 años; mientras que la depresión otoñal hace vulnerables principalmente a los adultos más mayores.

Como habéis podido comprobar, hay diversos factores en otoño que ponen en riesgo nuestro bienestar físico y psicológico. Pero eso no tiene por qué impedir que esta estación se convierta en la mejor estación del año. ¡Solo hay que aprender a sacarla partido!