Cada cosa tiene su momento y cada momento su oportunidad

Cada cosa tiene su momento y cada momento, a su vez, nos abre la puerta a una nueva oportunidad, esa que hay que saber ver y no dejar escapar solo porque a los demás no les guste. Porque la felicidad es, al fin y al cabo, un acto de valentía y responsabilidad que nos exige también entender que, en ocasiones, lo que en un primer momento parece un problema puede ser también una oportunidad.

Albert Einsten solía decir que entre las dificultades se esconden las mejores oportunidades. Ahora bien, también sabemos que no es fácil aplicar este enfoque tan optimista. El miedo, la inseguridad o incluso la presión de nuestro entorno nos hacen creer que aún no es nuestro momento, que debemos esperar un poco más en nuestra «tranquila y segura» zona de confort.

Nunca dejes pasar una oportunidad que te hace feliz solo porque a los demás no les agrade, la vida son momentos que hay que saber aprovechar con intuición y coraje.

En la actualidad, la sociedad e incluso muchas de nuestras instituciones atraviesan un complejo periodo de crisis. Tal vez este momento era inevitable, no lo sabemos, pero lo que no debe ser inevitable es nuestra rendición, nuestro abatimiento.

A menudo suele decirse aquello de que la vida nos envía regalos envueltos en problemas. Así, lo único que deberíamos hacer es atrevernos a quitar a los problemas ese revestimiento oscuro y descubrir qué oportunidad nos ofrece.

llave simbolizando la oportunidad

La verdadera oportunidad y cómo percibimos la realidad

Para muchos, nunca es el mejor momento para casi nada. Posponen tantas cosas que aplazan incluso su felicidad para ese día en el que consigan esto y lo otro, o en que por fin logren aquello de más allá.

Ahora bien, hemos de tener en cuenta que quien pospone demasiado deja de vivir el presente, porque la felicidad no se programa en una agenda. La felicidad se crea, se intuye, se siente.

La forma en que percibimos la realidad es pues algo determinante. Hay quien se focaliza solo en los problemas hasta caer en el pozo del victimismo, ahí donde la oscuridad nunca le permitirá ver ninguna salida. Otros, en cambio, ejercitan el músculo de la responsabilidad y la valentía y son capaces de ver en los mismos problemas auténticas oportunidades.

La respuesta a por qué hay quien cae en la indefensión y quien es capaz de poner la llave en la cerradura de la oportunidad reside, como siempre, en ese residuo genético tan latente en nuestro cerebro: el miedo.

Es este instinto quien nos susurra aquello de que es mejor no asumir riesgos, que es mejor dejar las cosas como están, que es mejor no arriesgar. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ante cada oportunidad perdida, ante cada momento no aprovechado, aparece otra aplastante dimensión a tener en cuenta: la frustración. Ya no me enojo, solo miro, pienso y me alejo si es necesario A fuerza de tener que lidiar con situaciones complicadas, aprendemos a tomar distancia emocional, a gestionar nuestro malestar y a pensar antes de tomar una determinación.

Cómo aprender a ver las oportunidades

A día de hoy, en cualquier librería especializada encontramos múltiples manuales que nos explican cómo hacer de los instantes de crisis nuestras mejores oportunidades. Es común que se ponga como ejemplo a Steve Jobs y, en especial, el reto que le supuso tener que afrontar su despido de Apple. Lejos de rendirse, lejos de convertirse en víctima, creó, por ejemplo, ese gigante de animación llamado Pixar.

«El fracaso es una gran oportunidad para empezar de nuevo con más inteligencia.»

-Henry Ford-

Por otro lado, muchos de nosotros, y sin llegar a estar al mismo nivel que alcanzó Steve Jobs, también afrontamos en estos momentos alguna que otra dificultad. Por ello, estamos seguros de que las estrategias que a continuación te describimos pueden ayudarte, al menos, reflexionar en ellas y tenerlas en cuenta.

Claves para saber intuir tus oportunidades

Mujers onriendo porque ve en la lluvia una oportunidad

Sabemos ya que nuestro principal enemigo, el más cotidiano, es el miedo. Es, pues, el momento de coger las riendas de nuestra salud emocional y entender que la vida, la felicidad, acontece más allá de la linea del miedo. Solo un paso más allá de la zona de confort.

  • Hemos de darnos cuenta que un problema no está en las» circunstancias externas» sino en nuestra mente. Intenta verlo como una oportunidad de aprendizaje y no como algo que escapa a tu control.
  • Otra forma de enfocar las dificultades es dejar de verlas como «islas» donde quedarnos aislados y envueltos por la bruma del abatimiento. Entiende que un problema no es más que un PROCESO. Si nos despiden del trabajo no debe ser el final del mundo, sino la oportunidad de hacer un cambio, de iniciar una nueva dinámica.
  • Hay momentos complejos para los cuales, no hay una solución. Si no somos felices con nuestra pareja, por ejemplo, estamos pues ante una dificultad para la cual no hay remedio pero sí un final: el adiós. Estamos pues ante un nuevo proceso con principio y fin que nos abre a su vez las puertas a un nuevo ciclo vital y, por tanto, a una nueva oportunidad de ser feliz. Pero esta vez, en soledad.

Para concluir, es muy posible que nuestras mejores oportunidades estén aconteciendo ahora mismo y en este momento. Solo debemos permitirnos ser un poco más valientes y dejarnos llevar por la ilusión, la valentía y el coraje. Porque recuerda, no hay nada más caro que una oportunidad perdida…

Cuando llegas a la estación correcta, entiendes por qué perdiste tantos trenes

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Y es que algunas cosas no pueden suceder en simultáneo…

Cada una de nuestras vivencias, determina de alguna manera algo en nuestro futuro. Por lo que no será tan complicado entender por ejemplo, que si al día de hoy me va excelentemente bien en mi trabajo actual, no pudiese tener el mismo escenario, de haber permanecido cómodamente en el anterior.

Ciertamente no tendremos manera de comprobar nuestro bienestar en los infinitos escenarios posibles, sin embargo, cuando llegamos a donde sentimos pertenecer, algo sentimos, un algo vinculado a la tranquilidad de estar en el sitio que nos corresponde y de alguna manera, logramos entender por qué los tropiezos en experiencias del pasado.

Esto nos invita a sentir mayor ligereza en cuanto al tránsito por las diferentes experiencias de vida y un tanto de confianza en que llegaremos a donde debemos estar, pero para ello iremos experimentando, viviendo, sintiendo, para prepararnos si se quiere, de alguna manera, para esa estación correcta, luego de haber visto tantos trenes cerrar sus puertas, sin tener posibilidades de abordarlos.

tren

De cualquier manera, nuestra actitud siempre resulta determinante en nuestras creaciones, no importa si lo sabemos o no, si lo entendemos o no, si lo queremos o no, siempre, entiéndase SIEMPRE, estamos creando nuestras experiencias vitales.

Así que sin importar si tenemos un plan determinado, si hay puntos por donde debemos pasar, si estamos creando nuestro camino de manera aleatoria, debemos tener en consideración, que mi creación tendrá mucho que ver con cómo me sienta, si me siento mal, la vida se encargará de darme más experiencias que entren en sintonía con ello, si por el contrario, me siento bien, también la vida, como un grandioso SÍ, recogerá las experiencias que me mantengan en ese estado.

Crea desde el estado más conveniente para ti, enfócate en lo que quieres, proyéctate viviendo lo que te gustaría, réstale atención a aquello que de cualquier manera te perturba y poco a poco irá desapareciendo de tu vida… Todo esto, reconociendo tu vida en el momento actual, que a fin de cuentas es lo único que todos tenemos, este pequeño instante.

tren-vida

No te des mala vida con lo que sientas que no es para ti, pasarán muchos trenes y eso no está bien o mal, solo es parte de un proceso, saca el mayor provecho de cada estación de cada tren, de cada oportunidad, ya llegará la que sientas tuya y cuando estés allí sonreirás al ver los trenes pasar, incluso aquellos que al dejarte, te hicieron llorar.

Por: Sara Espejo

Los niños que crecen con los abuelos son más seguros y felices

 

Los niños que crecen con sus abuelos son afortunados. Gracias a este vínculo se enriquecen de más dinámicas afectivas, de más refuerzos emocionales y de esos recuerdos que conformarán en ellos un legado de recuerdos excepcional que los acompañarán siempre.

Ahora bien, ello no quiere decir en absoluto que en el caso de que nuestros hijos crezcan sin la cercanía de sus abuelos, vayan a ser menos felices. Se trata solo de entender que la infancia, es esa oportunidad irrepetible en la que a mayor número de estímulos, de atenciones y vínculos basados en el amor incondicional, se traduce siempre en una mayor madurez emocional.

A su vez, otro aspecto interesante y de gran valor que a muchos de nuestros lectores le puede interesar, es que según un estudio los niños que quedan al cuidado de los abuelos en lugar de en una guardería, adquieren una mayor fluencia en el lenguaje y son emocionalmente más seguros.

Queda claro que a veces, no todas las parejas tienen cerca a sus padres para favorecer ese lazo «abuelo-nieto», sin embargo, si es tu caso, no lo dudes. Permite que día a día disfruten de esa relación, la niñez es una etapa que termina rápido, de ahí, y con el fin de consolidar una personalidad más fuerte y feliz en nuestros hijos de forma temprana, sea muy positivo aprovechar este tipo de vínculo del que también nosotros nos aprovechamos en su día.

Y como ya sabemos, los abuelos tienen cariño por toneladas, magia en los bolsillos y esa sonrisa siempre lista e incombustible que saca lo mejor de nuestros niños.

A partir de los 3 años los niños se benefician más de la cercanía de los abuelos

corto la luna niños

Desde los 0 a los 3 años lo que un niño necesita es la cercanía de su madre y de su padre. Es ese primer círculo social y afectivo de todo pequeño con el cual, consolidar su desarrollo cerebral y la relación de apego.

Una vez que nuestro hijo ya empieza a interaccionar con el entorno, manipulando objetos, caminando, tocando e iniciando ya ese proceso comunicativo, la presencia de los abuelos es todo un tesoro de beneficios.

El desarrollo comunicativo-emocional es superior en los niños que crecen con los abuelos

Admitámoslo, los abuelos tienen una energía increíble y ven en la llegada de los nietos, un modo de rejuvenecer al adquirir un nuevo papel que les encanta: el de proveedor de afectos, de historias, de dulces, de regalos que no se esperan y de largos paseos por el parque a velocidad de caracol.

  • Atrás quedó su etapa de crianza, de imponer normas y reglas. El papel del abuelo no es ese y no desea tenerlo tampoco.
  • No desea tener la autoridad de los padres. La suya es una crianza permisiva y envolvente con olor a vainilla, con el calor de las tardes de primavera y con el sabor de las comidas favoritas de los niños.
  • Todas estas dinámicas con refuerzos maravillosos, actúan estimulando el lenguaje de nuestros hijos, algo que como ya hemos señalado, no consiguen de igual modo acudiendo a una guardería.
  • Los abuelos interactúan con los pequeños de forma constante. Casi sin saberlo, se convierten en poderosos arquitectos de sus capacidades comunicativas.

Dejan una huella emocional permanente en los niños

En este mundo de prisas, caótico a instantes, y lleno de obligaciones para las mamás y los papás, los abuelos tienen una virtud excepcional: viven sin presiones y saben disfrutar del «aquí y ahora».

  • Algo que no podemos olvidar es que los abuelos de hoy en día son personas de espíritu joven, en buen estado físico y con ganas de experimentar, de vivir, de seguir acumulando experiencia.
  • Su aprendizaje de vida les ha enseñado qué es lo importante. Saben que el legado que les ofrezcan a sus nietos está por encima de los bienes materiales: lo más importante es dejar en ellos una maravillosa huella emocional positiva.
  • Los niños y los abuelos van al mismo ritmo: aprecian como nadie el momento, ese «aquí y ahora» donde ver cómo un insecto escala por una flor, cómo las gotas de la lluvia caen por la ventana o cómo ese trocito de chocolate se derrite sobre la taza de leche caliente.

Todo es magia, todo son momentos compartidos en maravillosa complicidad que confiere a los niños un aprendizaje único: el de la felicidad sencilla, sin artificios, sin falsedades.

Niños amados, niños más felices y seguros

Esa es la clave y el secreto de la ecuación: los niños que son amados, valorados y respetados se convierten en personas más felices porque desarrollan un buen autoconcepto y una mejor autoestima.

Los abuelos contribuirán de forma primordial en esta fórmula siempre y cuando, sean personas sólidas, optimistas y con esa sabiduría y aplomo capaz de encender los corazones de todos aquellos que les rodean.

Así que no lo dudes, si tus padres están hechos de este material: el del afecto inoxidable y el amor incombustible, permítelo, favorece ese vínculo, esa cotidianidad donde abuelo y nieto compartan momentos, detalles, anécdotas e historias que nunca olvidaréis.

Con pequeñas mentiras, se pierden grandes amores

 

Particularmente soy partidaria de la verdad, de la honestidad, de la sinceridad, con todas las consecuencias que esto pueda generar. La relaciones se soportan en la confianza y esta a su vez está directamente proporcionada a la sensación de seguridad que tenemos sobre alguna persona, cuánto valor tiene su palabra, qué podemos esperar de ella.

También es cierto que no toda verdad debe ser gritada a los cuatros vientos, hay verdades que no son necesario decirlas y que esto no tiene por qué afectar a nadie. Hay información que solos nos pertenece a nosotros y sin pretensiones de mentir o engañas, podemos reservarla para nosotros, bien sea porque se trata de nuestros secretos, porque aun siendo verdad, no contribuye, no suma, sino que por el contrario resta y solo hace sentir mal a quien la escuche o sencillamente porque no resulte de interés para la otra persona.

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Cuando se miente y esta mentira, como casi siempre pasa, sale a la luz, hay algo que se quiebra, que se estalla, la persona que ha sido víctima del engaño, así se trate de algo minúsculo, sencillamente pierde la confianza, se pone en duda desde lo más pequeño, hasta lo más grande, incluyendo las palabras más hermosas, los amores más intensos. De alguna manera todo lo que hasta el momento en que la mentira es descubierta, que era tan real, puede verse tan borroso, tan efímero… tan falso.

La confianza se desmorona

Y puede ser que solo se trate de esa puntual y pequeña mentira, que todo lo demás esté cargado de solidez, de verdad, de honestidad, pero ese “puede ser” carcome el alma. Es la duda la que pasa a ocupar predominantemente los espacios ocupados previamente por amor, por confianza.

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Comienzan las interrogantes, las preguntas retóricas: Por qué? Qué necesidad habría? Qué habrá detrás de esta pequeña mentira? Nadie miente por mentir… Cuál es la intención? Cómo no lo importó lo que yo pudiese pensar y sentir? Si ha dicho esto siendo mentira, aquello también ha de ser mentira? En fin, la duda, la desconfianza, la pérdida del valor de la palabra de quien se ama, una vez que despiertan es muy difícil ponerlos a dormir nuevamente.

Lo más saludable para todas las personas involucradas es la verdad, la honestidad, darle toda la información a alguien para que pueda decidir con propiedad. Sí la verdad a veces puede doler, pero descubrir una mentira duele el doble y magnifica el hecho que en principio se quiso ocultar.

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Trabajemos en no perder nuestros afectos, partiendo desde el punto de no hacer algo que nos exponga a utilizar como recurso la mentira, pero en caso de presentarse dicha situación, optar siempre por ser honestos, asumir las consecuencias y no sumar agravantes que nos alejen de nuestros grandes amores.

Familiares tóxicos también deben salir de tu vida y no debes sentirte culpable

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Día a día aumentan las consultas de personas que se sienten “atrapadas” en una familia tóxica. Siempre se habla de las relaciones toxicas sentimentales o con amigos, olvidando que existe algo peor, los familiares tóxicos de quienes también es mejor alejarse.

La sociedad nos enseña que los lazos familiares deben mantenerse para siempre, sobre todo cuando se trata de mamá, papá o hermanos, en estos casos es casi una obligación amarlos, respetarlos y dejarlos para siempre en tu vida. Sin embargo, esto no tiene porque ser así, ya que estos sentimientos se ganan.

Sin embargo, no todas las familias son lo que deberían ni la imagen que nos venden. Hay personas tóxicas que aunque estén emparentados te hacen mucho daño. No venimos al mundo a sufrir, y menos por construcciones sociales.

Más familia es quien está siempre para ti y te protege, que aquel que se hace llamar tu madre, padre, etc. Así que si planeas romper con algún lazo no te sientas mal. Tú tienes tus razones, y eso es totalmente valido.

Solamente, que como toda pérdida, debes trabajarla. Trabaja el dolor, no lo escondas, y sobretodo aprende a perdonar. Que esa persona no se haya comportado como debía no es tu culpa y no debería pesarte.

La familia siempre debe estar ahí para protegerte, más cuando se trata del padre, madre o los hermanos, cuando esto se sale de control, lo mejor es romper lazos y no sentirte culpable, cada quien tiene sus razones y es algo completamente valido.

Eso sí, ten presente que como toda perdida es necesario trabajarla, tratar con el dolor, no esconderlo y sobretodo aprender a perdonar.

No es tu culpa que esa persona se comportará de manera negativa, así que no te sientas culpable por sacarla de tu vida.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. Albert Einstein

 

Alguna vez escuché a alguien decir: eso es lo que sé, he aprendido a no ofrecer resistencia a lo que es, he aprendido a dejar ser al momento presente y a aceptar la naturaleza impermanente de todas las cosas y condiciones, así he encontrado la paz…

Resulta curioso la capacidad que tenemos los seres humanos para generar continuamente problemas en nuestro entorno, y es que la mayoría de los problemas parten de nuestro mundo interior, no de nuestro ser pleno, de luz, pasivo, en calma, en amor y sabiduría, sino más bien de nuestra mente, de esa lluvia de pensamientos que mantenemos diariamente segundo a segundo, no dando cabida a la sensatez que acompaña al silencio.

La mayoría de los problemas que origina nuestra mente no tienen una razón lógica, no tienen ni siquiera razón de ser y menos aún de estar, son sencillamente la constante resistencia nuestra de aceptar el presente, la resistencia que tenemos ante las cosas que nos suceden y las que no, ante aquello que creemos justo y lo que creemos injusto.

La pregunta sería, por qué vivimos negando nuestra situación presente? por qué tenemos una resistencia natural ante todo lo que nos sucede?… nos mostramos infelices, inconformes, insatisfechos y entonces comenzamos a buscar en nuestro entorno, en las cosas externas a nuestro propio ser, aquellos sucesos, cosas materiales, sorpresas, viajes, objetos que nos proveen esa alegría, esa falsa felicidad que resulta efímera y que sencillamente dura un corto tiempo, que además para nuestro espacio psicológico  de tiempo, producto también de nuestra mente, nunca es suficiente.

Cabría reflexionar por qué queremos constantemente cambiar nuestro presente? por qué siempre estamos buscando algo que nos haga feliz? por qué pensamos que la alegría la va a brindar algún momento, persona o cosa externa a nosotros?

Si logramos profundizar en el hecho de que la paz está dentro de nuestro propio cuerpo, que nuestro ser nos provee de todo aquello que necesitamos, porque así venimos al mundo, completos, potentes, llenos de luz, de sabiduría y de amor, pues no nacemos necesitando absolutamente nada, más que aquello que escogimos para vivir esta existencia, el cuidado esencial para subsistir nuestros primeros años de vida. Sin embargo, en la medida en que vamos creciendo y nos vamos convirtiendo en adultos, nos vamos sumando una serie de necesidades, nuestro pequeño ego crece a la par, ya nada lo hace sentir conforme, es entonces cuando comenzamos a enfocar la búsqueda de nuestro propio progreso en las cosas materiales, por lo que resulta completamente natural que no nos encontremos nunca en plena satisfacción, más aún si consideramos que todo lo material tiende a disolverse.

Quizás llegó el momento perfecto para dejar de ofrecer resistencia a nuestra vida, quizás ha llegado el tiempo de comenzar a ceder, a aceptar, a entender y a vivir conforme a nuestra realidad, empezar a enfrentar esos problemas reales y no esos problemas ideados por nuestra mente y transformados en emoción y sufrimiento.

Un problema deja de serlo si no tiene solución. Eduardo Mendoza.

 Cuando se nos presenta algún problema, alguna situación, alguna circunstancia que por lo general tiende a ser pasajera en nuestra vida, vale la pena preguntarse en principio cuál es la solución? o cuáles son las soluciones posibles,  y al hallar esa solución debemos enfocarnos en ella, no en el problema, y si este problema no tiene solución alguna, no tiene entonces sentido  enfrascarnos permanentemente en alimentar esa idea de problema que ha surgido en nuestra mente, debemos entonces simplemente aceptar.

Poco a poco nos daremos cuenta de que en la medida en que aceptemos las situaciones trascendentales en nuestra vida, todo aquello que nos sucede, con la mayor tranquilidad posible, siempre atentos y enfocados en el ahora, y abandonando esa búsqueda incansable de aquello que fuera de nosotros no vamos a hallar, nuestra vida comienza a fluir, aquellas cosas externas que creían satisfacernos dejan de cumplir un papel, sencillamente se desvanecen… entonces es el momento de centrar la atención en nuestro propio ser, es allí donde encontraremos la verdadera paz, no la alegría efímera que nos brindan las cosas materiales, pero si la paz que necesitamos para vivir y que a diferencia de lo externo no se desvanecerá, siempre permanecerá latente e intocable.

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente

Elige la aceptación en tu vida en lugar de los problemas en tu mente.

 

Alguna vez escuché a alguien decir: eso es lo que sé, he aprendido a no ofrecer resistencia a lo que es, he aprendido a dejar ser al momento presente y a aceptar la naturaleza impermanente de todas las cosas y condiciones, así he encontrado la paz…

Resulta curioso la capacidad que tenemos los seres humanos para generar continuamente problemas en nuestro entorno, y es que la mayoría de los problemas parten de nuestro mundo interior, no de nuestro ser pleno, de luz, pasivo, en calma, en amor y sabiduría, sino más bien de nuestra mente, de esa lluvia de pensamientos que mantenemos diariamente segundo a segundo, no dando cabida a la sensatez que acompaña al silencio.

La mayoría de los problemas que origina nuestra mente no tienen una razón lógica, no tienen ni siquiera razón de ser y menos aún de estar, son sencillamente la constante resistencia nuestra de aceptar el presente, la resistencia que tenemos ante las cosas que nos suceden y las que no, ante aquello que creemos justo y lo que creemos injusto.

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La pregunta sería, por qué vivimos negando nuestra situación presente? por qué tenemos una resistencia natural ante todo lo que nos sucede?… nos mostramos infelices, inconformes, insatisfechos y entonces comenzamos a buscar en nuestro entorno, en las cosas externas a nuestro propio ser, aquellos sucesos, cosas materiales, sorpresas, viajes, objetos que nos proveen esa alegría, esa falsa felicidad que resulta efímera y que sencillamente dura un corto tiempo, que además para nuestro espacio psicológico  de tiempo, producto también de nuestra mente, nunca es suficiente.

Cabría reflexionar por qué queremos constantemente cambiar nuestro presente? por qué siempre estamos buscando algo que nos haga feliz? por qué pensamos que la alegría la va a brindar algún momento, persona o cosa externa a nosotros?

Si logramos profundizar en el hecho de que la paz está dentro de nuestro propio cuerpo, que nuestro ser nos provee de todo aquello que necesitamos, porque así venimos al mundo, completos, potentes, llenos de luz, de sabiduría y de amor, pues no nacemos necesitando absolutamente nada, más que aquello que escogimos para vivir esta existencia, el cuidado esencial para subsistir nuestros primeros años de vida. Sin embargo, en la medida en que vamos creciendo y nos vamos convirtiendo en adultos, nos vamos sumando una serie de necesidades, nuestro pequeño ego crece a la par, ya nada lo hace sentir conforme, es entonces cuando comenzamos a enfocar la búsqueda de nuestro propio progreso en las cosas materiales, por lo que resulta completamente natural que no nos encontremos nunca en plena satisfacción, más aún si consideramos que todo lo material tiende a disolverse.

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Quizás llegó el momento perfecto para dejar de ofrecer resistencia a nuestra vida, quizás ha llegado el tiempo de comenzar a ceder, a aceptar, a entender y a vivir conforme a nuestra realidad, empezar a enfrentar esos problemas reales y no esos problemas ideados por nuestra mente y transformados en emoción y sufrimiento.

 Cuando se nos presenta algún problema, alguna situación, alguna circunstancia que por lo general tiende a ser pasajera en nuestra vida, vale la pena preguntarse en principio cuál es la solución? o cuáles son las soluciones posibles,  y al hallar esa solución debemos enfocarnos en ella, no en el problema, y si este problema no tiene solución alguna, no tiene entonces sentido  enfrascarnos permanentemente en alimentar esa idea de problema que ha surgido en nuestra mente, debemos entonces simplemente aceptar.

Poco a poco nos daremos cuenta de que en la medida en que aceptemos las situaciones trascendentales en nuestra vida, todo aquello que nos sucede, con la mayor tranquilidad posible, siempre atentos y enfocados en el ahora, y abandonando esa búsqueda incansable de aquello que fuera de nosotros no vamos a hallar, nuestra vida comienza a fluir, aquellas cosas externas que creían satisfacernos dejan de cumplir un papel, sencillamente se desvanecen… entonces es el momento de centrar la atención en nuestro propio ser, es allí donde encontraremos la verdadera paz, no la alegría efímera que nos brindan las cosas materiales, pero si la paz que necesitamos para vivir y que a diferencia de lo externo no se desvanecerá, siempre permanecerá latente e intocable.