A veces, las mejores personas llegan sin que las busques…

A veces, las mejores personas, las más bonitas, aparecen de improviso y sin que uno las busque. Llegan para plantar flores en el jardín de nuestros días tristes, están ahí para ser el eco de nuestras risas, el imán de nuestras complicidades, de nuestras aficiones y pasiones. Son ese faro que nunca se apaga, sin contradicciones, sin presiones ni dobles fondos…

Los neuropsicólogos nos recuerdan a menudo que nuestro cerebro está programado para llevar a cabo conductas pro-sociales. Acciones como el altruismo, la ayuda al prójimo o el acto de conferir apoyo son realidades que genéticamente consideramos como significativas e importantes porque garantizan, al fin y al cabo, la supervivencia de nuestra especie.

Sin embargo, y aquí llega sin duda la mayor disonancia o ironía de la humanidad, en ocasiones actuamos como auténticos depredadores de nuestros propios semejantes. No nos referimos únicamente a esas conductas más extremas que encabezan los titulares de las noticias del día a día, hablamos ante todo de esas acciones tan comunes que todos hemos vivido en alguna ocasión y de las que se desprende aquello tan clásico de “deseo que seas feliz, pero no más que yo”.

A veces el altruismo tiene intereses soterrados, lo sabemos bien. Otras veces las personas nos fallan, también lo sabemos. Quizá por que el tiempo nos cambia o porque poco a poco las máscaras caen y descubrimos que detrás de esa armadura que tanto nos fascinó al principio no hay más que un ser lleno de vacíos, de múltiples limitaciones y egoísmos insondables.

A pesar de todo, entre nuestra rica y compleja fauna social hay personas que no solo valen la pena: valen la alegría. Encontrarlas es un arte basado siempre en lo casual, pero encierra también algunas dimensiones que vale la pena abordar…

Las buenas personas están ahí, solo hay que saber verlas

¿Qué rasgos tienen esos hombres y esas mujeres capaces de mejorar nuestras vidas? ¿Cómo son, en esencia, las buenas personas? Bien, sabemos que es muy común usar en nuestro día a día la recurrida frase de “mi compañero de trabajo es mala persona” o “mi hermana es muy buena persona”. Este tipo de definiciones tan reduccionistas no siempre son adecuadas, porque la naturaleza humana es mucho más compleja que estos términos tan absolutos.

La mayoría de nosotros estamos en un continuo, ahí donde en ocasiones podemos actuar de forma más o menos acertada; donde se nos puede juzgar a la ligera como “malas personas” solo porque no actuamos como los demás quieren o esperan. No obstante, eso sí, existen una serie de factores o dimensiones clave que pueden definir a esos perfiles más nobles y que en última instancia sí representan ese ideal de bondad que todos tenemos en mente.

Ser bueno significa, por encima de todo, falta de egocentrismo. Significa una identificación con los semejanter, sentir compasión, actuar con desinterés y disponer de esa empatía que acoge, que confiere un apoyo sabio y una cercanía auténtica. A su vez, la buena persona es también aquella capaz de ver más allá de la superficie, más allá de la simple apariencia.

Personas subidas a escaleras mirando hacia arriba

Por otro lado, y no menos importante, existe un factor que no podemos descuidar: esas personas mágicas llegarán a nuestras vidas solo si nosotros somos receptivos. Lo harán si somos capaces de verlas, de apreciar su influjo, su arte, su poder natural de conexión. Los expertos en conducta social nos revelan que las personas hemos llegado a un punto donde nos fijamos más en las malas cualidades que en las buenas.

Ese sesgo de negatividad viene propiciado en ocasiones por el propio malestar, por la propia frustración o incluso por el recuerdo de nuestras relaciones fallidas o desengaños. Nos volvemos desconfiados, y cuando la desconfianza flota en nuestra mirada y anida en el corazón, será muy difícil vislumbrar la luz cálida de esas presencias que de verdad, merecen la pena ser incluidas en nuestra vida.

Técnicas para identificar a las personas que valen la pena (y la alegría)

Todos, en nuestro día a día, hacemos rápidas lecturas sobre las personas que nos envuelven. El doctor Rick Hanson, conocido neuropsicólogo e investigador empedernido sobre la “ciencia de la felicidad”, nos explica que para lograr conectar con mayor profundidad con nuestros semejantes y percibir así esa nobleza innata que muchos esconden en su interior, es necesario que nos detengamos, que bajemos el ritmo y que seamos capaces de leer las intenciones positivas y esa empatía auténtica que tienen las personas más especiales.

manos con flores

A continuación, te damos unas claves sencillas que pueden ayudarte a hacer esa lectura:

  • El lenguaje no verbal: la empatía se reconoce muchas veces por ese rostro y esos ojos que no solo miran, sino que observan, atienden y saben conectar haciéndonos sentir cómodos, seguros y valorados.
  • El segundo aspecto es sin duda la propia intuición. Nuestra voz interior es quien debe guiarnos siempre en ese camino de descubrimientos. Es ella quien contiene la esencia de nuestra personalidad, la sabiduría de nuestras experiencias pasadas y ese sexto sentido que nos invita a conectar con ciertas personas evitando a otras. No dudes en escuchar esa voz interna.
  • La energía emocional. Esta dimensión es tan curiosa como intensa, pero aún así, es necesario identificarla en nosotros y analizarla. Hay personas que nos generan un tipo determinado de carga emocional a través de su tono de voz, de su mirada, de sus sonrisas, del modo en que nos comunica…

Esa sensación o energía emocional que generan en nosotros algunas personas es algo que debemos atender y descifrar (¿me hace sentir cómodo? ¿me ofrece calma y armonía? ¿puedo confiar de verdad en él/ella?…). En ocasiones, esa conexión es inmediata, otras veces esa atracción tiene otro ritmo: es más pausada, más lenta pero igualmente intensa  Es como un interesante tesoro que vamos descubriendo cada día y que por lo general, suele darse sobre todo en las personalidades introvertidas.

Sea como sea, esas personas especiales que hacen nuestra vida más hermosa, interesante y especial, son regalos que todos merecemos y que, por encima de todo, estamos obligados a cuidar. Hagámoslo entonces, demos siempre la mejor versión de nosotros mismos a esos seres especiales que dan luz a nuestro día a día.

 

No podrás vincularte con la persona correcta, si no dejas ir a la equivocada

 
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Cuántos de nosotros no hemos estado junto a alguien con quien no terminamos de encajar, que por diversos motivos sentimos que no es la persona con la que deberíamos estar y aunque ciertamente nadie se cruza en nuestra vida por azar, estamos conscientes de que sea lo que sea que debamos sacar de esa relación, debemos hacerlo apresuradamente porque definitivamente no es la persona que creemos correcta para nosotros.

Lo cierto es que no estamos en la vida para malgastar el tiempo y las energías y debemos prestar especial cuidado a lo que nuestra intuición nos dice en relación a con quién debemos vincularnos o permanecer unidos.

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No dejemos que los miedos a quedarnos solos, a salir de nuestra zona de seguridad, a no encontrar algo que se adapte mejor a nuestras expectativas, nos haga quedarnos donde por un motivo u otro es evidente que no debemos estar.

Por la importancia que la mayoría de nosotros le damos a las relaciones amorosas, lo mínimo que podemos hacer, por respeto propio y por quien se vincule a nosotros, es sentir que vale la pena estar junto a esa persona, que lo hacemos por placer, por preferencia, sin presiones, sin que los motivos sean los equivocados.

Es justo para nosotros querer darlo todo por alguien y sentirnos correspondidos, sentir confianza, plenitud, sentir que hay un presente que vivir y disfrutar y que a su vez podemos proyectarnos a futuro juntos.

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Si algo nos incomoda, si sentimos que esa no es la persona con la que queremos estar, no debemos darle largas al asunto, qué nos hace pensar que lo que hoy son fronteras entre nosotros, mañana serán puentes de unión. No digo que no ocurra, pero por qué forzar una situación si podemos abrir nuestras energías a lo que queremos a nuestro lado.

Es válido cansarse, inclusive dejar de amar o transformar el amor en otro sentimiento, es válido querer recorrer otros caminos con alguien más, lo que no puede ser válido es sentir que estamos junto a alguien con quien no nos corresponde estar, en estos casos es necesario sincerarnos y dejar ir aquello que nos permitirá darle la oportunidad a lo que realmente creemos merecer.

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Solo nosotros somos los creadores de nuestra vida, aprovechemos esta bendición para hacer con ella lo que realmente queremos. Nada nos limita, solo lo que anidamos en nuestra mente puede hacerlo, así que dejemos atrás los miedos, las dudas y vayamos por lo que nos llama en la vida, para bien nuestro y de las personas involucradas.

 

Imágenes cortesía de: Nidhi Chanani

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Quien repite amores, repite errores

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Las segundas oportunidades representan un tema negado para algunos, pero para otros una opción válida y considerable, especialmente cuando con el paso del tiempo no se logra ocupar el espacio la pareja logró ocupar y la balanza se inclina a favor de reintentarlo con esa persona que consideramos especial.

Sin embargo, cuando repetimos amores, nos vemos expuestos a repetir errores, a manejar de la misma manera aspectos de la vida, a chocar en las mismas cosas, a desagradarnos ante lo que anteriormente nos generaba el mismo rechazo… en fin… Ha pasado el tiempo, pero nuestra esencia permanece, podemos haber madurado en ciertas cosas, podemos haber aprendido a utilizar algunas nuevas herramientas, pero en el fondo seguimos siendo las mismas dos personas interactuando.

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Obviamente las experiencias enriquecen, nos hacen madurar y ver las cosas desde otras perspectivas, pero especialmente cuando interactuamos con las mismas personas del pasado solemos actuar de forma similar a la cual lo hacíamos antes. Inclusive cuando nos reencontramos con amigos del pasado y conversamos con ellos, si nos fijamos, nuestra manera de hablar, de comportarnos seguirá el patrón que nos regía en esa época.

Por lo que muchas veces podemos sentirnos muy cambiados, podemos sentir que abordamos las cosas de forma diferente, pero la realidad es que al vincularnos a la misma persona del pasado, volvemos a actuar como antes, tanto para lo positivo como para lo negativo.

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Si vemos la posibilidad de volver con alguien de nuestro pasado, no vayamos predispuestos, pero sí examinemos las causas que llevaron a la ruptura de la relación en su momento y determinemos qué tan factible es que las condiciones en el momento presente sean diferentes a las del pasado, las cosas que no separaron resultan negociables, o sin duda de presentarse nuevamente no podríamos superarlo, la disposición a retomar la relación viene de uno solo y del otro solo hay una respuesta pasiva, son factores que debemos considerar antes de involucrarnos nuevamente con un amor del pasado.

Mientras más dolorosa haya sido la separación, con mayor cuidado debemos tomar la decisión de volver, es como quien ha dejado de fumar y le ha costado mucho y ya cuando está perfectamente en libertad del hábito, se ve tentado a caer…

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Esto por poner un ejemplo donde es sabido que se presenta un estado de adicción y que resulta muy fuerte y doloroso cortar los hábitos generados… Ya sabemos lo que representa, las satisfacciones que nos da y todas las desventajas que lleva consigo, si estamos considerando retomar, en el caso del cigarrillo puede ser por débil o necio, pero en el caso de un amor del pasado, pues pudimos habernos dado cuenta de que es nuestra mejor opción a pesar de lo que en algún momento nos separó.

Los errores pueden repetirse y debemos estar conscientes de ello, tratemos que al menos las reacciones sean diferentes y así generar resultados distintos a los previamente obtenidos.

No imagines tu futuro con quien no ha superado su pasado

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Ciertamente para muchos resulta muy difícil cerrar ciclos, dejar atrás el pasado y decidir mirar hacia adelante sin estar continuamente verificando lo que hemos dejado atrás… Cuando no logramos dar a cada persona un espacio, un tiempo y una posición en nuestras vidas, sino que permanentemente tenemos un salto atrás, unas ganas de…, un iluminación acerca de…, un remordimiento por…, una añoranza de…, pues muy probablemente sufriremos mucho.

Y no solo sufriremos nosotros por no saber, querer y/o poder dejar nuestro pasado atrás, sufrirá cualquier persona que se atreva a experimentar iniciar un recorrido a nuestro lado. Con esa confusión que toma lugar en nuestras vidas, donde no sabemos a ciencia cierta cómo distribuir nuestros afectos, no estamos seguros de amar  a alguien de nuestro pasado, si las nuevas oportunidades tienen lugar para nosotros o si podemos aplicar una combinación de ambos escenarios.

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En medio de sentimientos encontrados, de frustraciones, de estar pendiente de la vida de los demás, de comparaciones, de idealizaciones y de dudas, transcurren nuestras relaciones presentes, donde más temprano que tarde, por muy habilidosos que seamos, terminamos descubriendo parcialmente el maremágnum de cosas que habitan en nuestro interior, contando con gran protagonismo uno o varios personajes del pasado.

Evidentemente a nadie le gusta tener una historia haciéndole sombra, ni pensar que su relación depende en gran medida de lo que decida una tercera persona, ni es satisfactorio guardarse sentimientos para evitar que nos lastimen, con un freno de mano puesto, considerando que quizás no lleguemos a ocupar los espacios que alguien del pasado aun considera territorio reservado.

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No nos podemos proyectar a futuro a alguien que se ha dejado vencer por su pasado, que no ha podido manejar los cambios y aunque la relación o el vínculo se hayan roto en algún momento, sigue inclusive añorando una nueva oportunidad. Sus energías nunca estarán concentradas en nosotros y no importa lo que hagamos, siempre estará en esa persona la duda y la confusión.

Todos tenemos un pasado, pero cada uno de nosotros es dueño de la decisión de cómo nos afecta ese pasado y cuál es la cabida que le damos a nuestro presente. Todo acaba por algún motivo, aprendamos a cerrar ciclos y a poder iniciar solos o con alguien más nuevas etapas en nuestras vidas.

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Si eventualmente la vida nos coloca en una posición donde podemos hacer algo diferente con alguien del pasado que aún nos importe, podemos considerar la posibilidad de abrir un nuevo ciclo con esa persona, pero sin permitirnos sabotear todas las relaciones que pudiesen haber estado en el medio y menos sin la certeza de que esa posibilidad que mencionamos llegue a darse en algún momento.

En cualquiera de los lados en los cuales nos encontremos, seamos cuidadosos en dejar nuestro pasado atrás y cuidémonos mucho de vincularnos con aquellas personas que no han sido capaces de soltar si pasado y es evidente que lo acompañará por siempre.

Respira y no temas, porque lo que es verdadero… perdura

Respira y no temas, porque lo que es verdadero…

pareja que se coge de las manos sabiendo que su amor es verdadero

El amor verdadero nace del choque entre dos almas semejantes que se encuentran y se afianza gracias a dos mentes maduras y conscientes que se respetan, que se quieren libres pero que eligen caminar juntas. Así que confía y no temas, no siembres tu corazón de miedos e inquietudes porque lo que es auténtico perdura, lo que es hermoso se cuida y no tiene por qué doler.

Sabemos que a día de hoy muchos no terminan de creer en esta idea del amor por las decepciones que han sufrido cuando le han dado vueltas, pero en lo que menos sí confían es en la siguiente palabra: “perdurabilidad”. ¿Cómo hacerlo? Vivimos en la era de la obsolescencia programada, casi todo tiene fecha de caducidad. A su vez, corrientes filosóficas como la de Zygmunt Bauman, padre de la modernidad líquida o la del siempre desafiante Slavoj Zizek, trayéndonos su ácido desencanto social, nos dibujan una realidad donde nada dura, donde todo lo que trasciende tiene poco de positivo.

Así, en este presente donde la mayoría conectamos con el descontento social y donde los cambios siempre están a la orden del día…¿Cómo confiar en que aún existen dimensiones realmente perdurables? ¿Cómo creer en sentimientos firmes, en amores eternos, en relaciones que nunca se dan por vencidas?

Decía Sir Francis Bacon que las personas estamos dispuestas a creer aquello que nos gustaría que fuera cierto. Por tanto, para construir algo verdadero, una relación satisfactoria, feliz y perdurable necesitamos no solo confiar en el amor, sino creer en él, invirtiendo esfuerzos, tiempo y cariño del bueno en esa persona especial, en esa persona amada. Porque lo que se quiere, se cuida, y lo que se cuida, tiene más posibilidades de perdurar.

pareja abrazada por la espalda

El amor verdadero en tiempos de crisis y neurociencia

Amor en tiempos de crisis no es fácil. No lo es cuando hay dificultades económicas, cuando nuestros millenials, por ejemplo, carecen de medios y recursos para independizarse, para crear un proyecto firme de pareja que tenga razonables expectativas de futuro. Tampoco es fácil para quien afectado por el desempleo se sumerge en un periodo de crisis, en una etapa de incertidumbres y angustias que impactan en su propio auto-concepto, que ataca directamente a su proyecto de vida y repercute en su propio desarrollo personal. Dimensiones que afectan a ese lienzo rico en matices que es una relación de pareja.

El amor verdadero es aquel que ha aprendido a caminar con soltura por la cuerda floja. Porque la vida no es fácil, lo sabemos, pero el amor del bueno, ese de 24 kilates y dureza 10, sabe estar ahí manteniendo el equilibrio a pesar e las embestidas, a pesar de las crisis externas y sobre todo las internas. Esas donde uno termina dudando de sí mismo, donde se descalzan las esperanzas, las convicciones y se diluyen las autoestimas…

La buena pareja, el amante consciente y persona excepcional sabe bien cómo ser nuestro centro, como nuestra estrella Sirio, la más brillante de todo el cielo nocturno, esa que nos guía para que volvamos a casa…

Porque, admitámoslo, en realidad no nos importa demasiado que la neurociencia nos explique que amar es el simple resultado de tres ingredientes: dopamina, oxitocina y norepinefrina. No nos importa porque la realidad neurobiológica no empaña ni un ápice la magia ni aún menos el saber hacer.

pareja envuelta en fuego besándose

El amor verdadero: una suerte inesperada que hay que cuidar

Stephen Hawking dijo una vez que el amor es mucho más complicado que la física, y que a veces, pasamos tanto tiempo mirando el cielo que olvidamos que lo más preciado está en la Tierra. Sea como sea a veces lo hacemos, lo descuidamos aún sabiendo que el sentimiento es auténtico y que es la persona elegida, pero la razón de por qué nos comportamos así es compleja, variopinta y instantes incomprensible para la razón.

El amor es extraño, no hay duda, pero como dijo Haruki Murakami en “Sauce ciego, mujer dormida”, algo así solo ocurre en contadas ocasiones. Esas en que encontramos a alguien a quien podemos trasmitir nuestro estado de ánimo con exactitud, a alguien con quien es posible comunicarnos a la perfección… Y esa, es una suerte inesperada de la que no todos llegan a disfrutar y tampoco siempre, por supuesto.

Así pues, si esto ocurre y experimentamos esa maravillosa casualidad… ¿por qué no hacerlo bien? ¿Por qué no poner nuestros pies en el suelo, nuestro corazón en el centro y nuestra mente en ese nivel donde vibra la madurez y la responsabilidad?

Sin duda merece la pena, porque quien nos vio, cuando éramos invisibles para el resto, lo merece todo. Porque quien te prefiere sin necesitarte te cuidará como mereces, a fuego lento, a viva llama y de forma paciente, dejando que el propio tiempo y la felicidad hagan de ese amor algo perdurable.

pareja unida en un abrazo sintiendo un amor verdadero

Sí, ya no te pienso, ni te miro, ni te amo como antes… Tu desinterés terminó por contagiarme

 

Siempre he pensado que tus respuestas eran extemporáneas y ésta definitivamente no es la excepción. Ahora, luego de mucho tiempo, te das cuenta de que mis sentimientos hacia ti, hacia lo nuestro se han escapado junto con los tuyos hacia mí, creo que se fueron a buscarlos y se extraviaron sin retorno.

Intenté de mil maneras llamar tu atención, sentía como se disolvía de manera paulatina e irreversible todo lo que en algún momento recibía de ti… Tus miradas se esfumaban, tus caricias eran forzadas, me sentía en una total incertidumbre, esperando solamente el momento en el cual decidieras terminar… Ese momento no llegó, pero dentro mis intentos desesperados por reencontrarte, terminé por desilusionarme, por resignarme, por contagiarme.

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Me da dolor que justo ahora, cuando ya no tengo nada que darte, nada que ofrecerte, tú hayas encontrado el camino de vuelta y decidas mirarme… Siento pena, porque me veo en el reflejo de esa mirada, recuerdo cómo te buscaba sin recibir ningún tipo de reacción, recuerdo el dolor que sentía por perderte, por sentirte tan lejos, estando al alcance de mis manos.

Los sentimientos cambian, ahora te entiendo, lo que no me queda claro es cómo es que ahora todo lo que dejaste de ser hace tanto tiempo, se hace presente y aplicable… Fue necesario perderme para valorarme, fue necesario vaciarme por completo de lo bonito que sentía por ti, para que por mi ausencia me notaras. Creo que merecía un poco más de todo, pero sobre todo de honestidad.

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No tuviste el valor de irte, te entiendo, es muy duro, pero yo sí me alejo de ti, porque no siento ya nada que me una a ti, porque no está en mis planes torturarme en algo que desde hace mucho tiempo murió de manera unilateral. Me voy con mi alma cargada de paz, de tranquilidad, porque sé lo que di. Reconozco mis fallas, mis errores y me servirán de experiencia para recorrer próximos caminos.

Luego de haberme apagado por dentro, no quiero que seas tú quien se acerque con esa brasa, ya en mi vida no hay cabida para un nosotros, contigo aprendí lo que es amar sin medida y también lo que es el desamor, primero de tu parte y luego en carne propia. Ya no hay más nada que buscar.

Cuando entres en la vida de alguien, procura que sea por la puerta delantera

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 Quizás todo lo que hacemos en la vida no es honesto, cometemos errores, de manera consciente e inconsciente, son simples acciones, las cuales en mayor o menor grado, tienen sus efectos

 

Todos procuramos mantener relaciones que nos aporten aquello que creemos necesitar, aunque muchas veces, terminamos involucrados en situaciones en las cuales no somos realmente valorados, no ocupamos el lugar que creemos merecer y aceptamos ésta situación, por cobardía, por temor o por simple conformidad, pero terminamos jugando roles secundarios en vidas de personas que son protagonistas en la nuestra.

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Cuando entres en la vida de alguien, cuando desees ser parte de eso, procura que sea siempre por la puerta grande, por el frente, por la delantera, donde no tengas que esconderte, mentir o justificarte, te lo mereces, es lo justo, no puede valorarte nadie si tú no has preservado tu propio respeto.

 

No sabemos a ciencia cierta lo que nos tocará enfrentar en la vida, algunas veces todo sale como lo esperamos, pero otras veces no, terminamos involucrados en situaciones en las cuales predomina el corazón y las emociones, y la razón queda un tanto rezagada, eso no nos hace malas personas, simplemente la vida se nos complica un poco.

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Cuando entramos por la puerta trasera en la vida de alguien, generalmente alguien resulta lastimado, existen personas involucradas a las cuales no les resulta beneficiosa nuestra presencia y de hecho puede pasar que entraremos y saldremos y jamás se darán cuenta, en estos casos solo queda el recuerdo y el sufrimiento que cesará con el tiempo.

 

Aunque normalmente no lo asociamos, la sinceridad es vital en cualquier relación, perdure o no, cuando iniciamos una relación desde el engaño, estamos encaminados directamente al fracaso, por un tema de sentido común, de paz interior y de interés real en la persona en la cual nos fijamos, si no somos capaces de iniciar un encuentro de forma transparente, difícilmente podremos seguir adelante y tener un desempeño honesto y genuino, sin contar el corto camino de las mentiras.

La llave que abre todas tus puertas

No importa cuales sean las circunstancias, el comienzo es la señal de toda historia, y aunque algunas tengas momentos muy aparatosos, lo importante es que sea real, clara, que no necesite alimentarse de mentiras, misterios e intrigas, si es que en realidad se desea continuar con ello, pues si puede resultar muy emocionante, no debemos olvidar que todo comienzo lo es, luego se hará insostenible y agotador.

Si salir de la vida de alguien es una decisión que marcará nuestra vida, entrar lo hará aún más, por lo que procuremos que sea de la mejor manera, en armonía, con transparencia y con el protagonismo que nos merecemos como seres humanos.

Por: Marvi Martínez