Estar con alguien vacío puede contar como soledad

Estar con alguien vacío puede contar como soledad

Nuestras parejas no las elegimos por casualidad, a veces estamos con alguien y nos preguntamos muchas veces que nos hace mantenernos allí. Resulta que si descubrimos que esa persona es vacía, de acuerdo a nuestro punto de vista, que no nos ofrece lo que nos gustaría a nivel intelectual e incluso emocional, muy probablemente los criterios de selección que aplicamos para unirnos a esa persona no hayan sido muy profundos, sino por el contrario, superficiales.

Si escogiste a tu pareja por alguna de estas cualidades, quizás puedas sentir un poco de insatisfacción en algunos aspectos de la vida amorosa:

Aspecto físico:

La belleza nos puede deslumbrar, pero bien vale considerar un balance entre la belleza interna y la externa al momento de seleccionar a una pareja, si queremos construir con esa persona algo más que un mientras tanto.

Desempeño sexual:

Las relaciones sexuales son muy importantes en las parejas, sin embargo, seleccionar a una pareja solo por la plenitud que conseguimos en la intimidad, muy probablemente deje por fuera otros aspectos vitales en una relación.

Dinero:

El interés en lo económico da paso a relaciones, en donde los sentimientos y conexiones diferentes se dejan de lado y con estos elementos también se dejan por fuera la plenitud que se consigue en a través de nexos basados en cosas más esenciales.

Estatus social:

Al igual que cuando nos relacionamos por alguien por dinero, si lo hacemos por el estatus social que esa persona nos puede proveer, estamos arriesgándonos a limitar lo que recibimos en una relación, justo a esa prestación.

Lo ideal sería encontrar en una misma persona lo que quisiéramos que representara una pareja para nosotros, que esa persona sea integral ante nuestros ojos y pudiésemos compartir intereses comunes, con la posibilidad de extender en tiempo esa unión, que se forma entretejiendo intereses, proyectos, sueños, ganas…

Así que si deseamos no sentir una fría soledad estando cerca de alguien que consideramos vacíos, resulta de mucha utilidad darle prioridad a lo que sentimos que nos hará sentirnos acompañados, cercanos y afines con alguien.

El ego es quien normalmente nos vincula a personas por causas que si profundizamos no resultan suficientes, pero si es el ego el que lleva el protagonismo en nuestra vida, quizás no nos sentiremos tan solos cerca de quien no está en capacidad de brindar compañía. O no más solos que esa persona.

¿Cómo atraer a alguien diferente?

Todos atraemos a personas a nuestras vidas por algo en particular, si no queremos atraer cierto tipo de personas, es necesario vibrar diferente, enfocarnos más en las cosas que nos gustaría que tuviese nuestra pareja, en lugar de pensar en lo que no queremos que tenga, pero sobre todo, debemos ser nosotros más cercanos a aquello que buscamos. Si queremos una buena compañía al lado, comencemos por serlo, dejemos el egoísmo a un lado, interesémonos por los temas que apasionan a quien nos importa, busquemos las maneras de hacer sentir nuestra presencia de la mejor manera, que la otra persona nos prefiera allí y que si no estamos, nos extrañe.

A fin de cuentas las relaciones son de dos y podemos comenzar fomentando lo que nos gustaría tener junto a alguien. en lugar de sentirnos insatisfechos… Si no podemos cambiar la dinámica que hasta ahora no nos satisface haciendo cambios en nosotros y en lo que aportamos, quizás tengamos que considerar un cierre de ciclos, entendiendo en todo caso que no debemos apresurarnos a darle entrada a nuestra vida a alguien y que debemos establecer con claridad nuestras prioridades al momento de pretender establecer un vínculo que nos satisfaga.

Procurando siempre no olvidar ser lo más cercano que podamos a quien nos gustaría tener cerca.

Por: Sara Espejo

Si ya le explicaste que sus actitudes te lastiman y lo sigue haciendo, no insistas…

Si ya le explicaste que sus actitudes te lastiman y lo sigue haciendo, no insistas…

Ya se acostumbró, no insistas … Más si se lo has planteado muchas veces, ya se le hizo rutina escuchar tu reclamo, tu demanda, tu solicitud. Ya esa persona está dispuesta a asumir el riesgo que representa perderte, porque piensa que ese momento no llegará.

Está en ti quedarte a sabiendas de que lo que te lastima se va a seguir repitiendo o plantearte una nueva salida.

Evalúa cuánto te afecta

No insistas

Mi recomendación es que si eso que te afecta es un impedimento para tu bienestar, te roba felicidad y limita tus ganas de proyectarte y de construir una relación basada en el respeto y el amor, no sigas, te vas a desgastar y las probabilidades de cambio pueden ser muy pocas.

Ciertamente nadie cambia porque otro se lo pida. Pero hay situaciones en las que si la solicitud de quien amas y tú dices amar, no es suficiente para activar en ti los motores del cambio a sabiendas de que dañas a una persona quizás sea preferible que pierdas a esa persona antes de continuar dañándole.

Hay quienes piensan que tienen algún tipo de privilegio y que pueden ir lastimando a quienes deciden caminar a su lado. Pero el privilegio se lo otorga quien se queda, quien explica que ha resultado lastimado y se queda esperando que cambie, que haga las cosas  diferentes, incluso cuando sabe que ese comportamiento dañino ha prevalecido a lo largo de la historia de esa persona y sus diversas interacciones.

La persona que se resiste a cambiar o que hace promesas falsas, quizás no es feliz siendo así, pero no sabe ser diferente. No sabe relacionarse sin dañar y en muchos casos resultan tratados de la misma manera, porque a veces la venganza se considera una manera de cobrar los daños recibidos, pero aun así, no cambian.

No insistas, si ya hiciste un planteamiento válido y la persona entendió tu posición, reconoció tus argumentos y mantiene la conducta que te lastima, no insistas. Puedes amar a esa persona, pero de seguro no vale que sacrifiques tu amor propio por quedarte esperando algún cambio.

¿A qué le temes? ¿Por qué no te retiras?

Nadie está atado a otra persona, en ninguna circunstancia. Lo que nos ata a alguien, que nos hace daño son solo miedos y montajes del ego, en cuanto los desmontes, te darás cuenta de que no tienes por qué mendigar respeto, ni amor, ni atención, ni pedir reiteradas veces que alguien cambie algo que universalmente hace daño.

Suelta tus miedos, reconoce el valor que tienes y deja de invertir tu tiempo en alguien que no te valora lo suficiente como para no poder dejar de hacer aquello que te daña. Entiende, no va a cambiar… Te digo más, quizás, solo quizás cambie cuando tomes la certera decisión de alejarte de esa relación inconveniente. Pero espero que tengas el buen criterio de dejarlo pasar en su nueva presentación.

No te quedes cerca de quien se cree con la atribución de hacerle daño a los demás. Por favor, no desperdicies tu tiempo, ni te marchites. Si no tienes el coraje necesario para alejarte, deja de permitir que lo que él haga te afecte, no te condenes a sufrir. Cada quien hace lo que quiere y puede y uno ve si le afecta o no, si vas a quedarte, prométete que serás feliz a pesar de esa persona y de lo que haga, que encontrarás la manera…

De cualquier manera mi recomendación sigue firme: No insistas en algo que no te dará lo que pides… Mereces un amor que quiere cada día ser mejor persona para ti, que te inspire y que despierte en ti esas ganas de sembrar, de amar y de cuidar a través de lo que te da.

Por: Sara Espejo

El escuchar lo que significamos para alguien, algunas veces resulta necesario

El escuchar lo que significamos para alguien, algunas veces resulta necesario

Más allá de querer inflar nuestro ego a través del reconocimiento del otro en cuanto a lo que somos en su vida y lo que siente hacia nosotros, se encuentra una faceta que todos tenemos que está vinculada a nuestro niño interior, el cual demanda escuchar lo que significamos para alguien, que a sus ojos resulta importante.

El afecto se expresa de múltiples formas, pero sin duda, escuchar a alguien interesado en hacernos saber la posición que ocupamos en su vida, resulta muy gratificante. Las palabras dulces son caricias para nuestro sistema emocional, nos hacen sentirnos tranquilos, queridos, amados y cuidados.

No demos el amor por sentado

Muchas veces el amor, se da por sentado. Asumimos que nuestras acciones están hablando por nosotros, lo cual en algunos sentidos es así, pero el recordar de vez en cuando a esa persona especial, lo que sentimos por ella, genera tanto en esa persona como en nosotros un efecto que favorece la relación y estrecha los vínculos.

Evidentemente que estas palabras que acarician y alimentan el alma, deben ser coherentes con las acciones ejecutadas. De nada sirve decirle a alguien cuánto le amamos y cuánto nos importa, si en algún sentido le estamos maltratando o agrediendo, de forma frontal o por su espalda.

El amor lo podemos manifestar de muchas maneras y si tenemos la posibilidad de hacerle la vida más bonita a alguien, solo por reconocerle verbalmente lo que es, lo que sentimos, lo que sería de nosotros sin esa persona, pues ¿por qué no hacerlo?

Ciertamente algunas personas necesitan más o menos reconocimiento y valoración por parte de sus personas especiales. Pero como esto es algo que jamás va a restar, podríamos hacernos la costumbre de dar a conocer a quienes nos interesan, lo enriquecedor que resulta poder depositar nuestro cariño en ellos y lo afortunados que nos sentimos por su presencia en nuestras vidas.

Para algunos los sentimientos resultan un tema tabú

Muchas son las familias en las que hablar de sentimientos y emociones es un tema casi negado y si nos criamos en ellas, nos cuesta expresar lo que sentimos y se nos hace extraño que otro venga a decirnos lo que siente con respecto a nosotros.

Además existen perfiles personales que tienden a ser más abiertos o más cerrados en cuanto a sus sentimientos. Podemos ver relaciones de cualquier tipo, donde se expresan sentimientos y emociones en cada interacción y en otros casos apreciar relaciones en donde jamás se han dicho un “te amo“, aun sintiéndolo.

No vamos a decir que una cosa está bien y la otra mal, lo que es necesario tener en cuenta es que un reconocimiento por parte de quien nos quiere, siempre resulta en un bálsamo. Puede ser que no estemos acostumbrados a esas dinámicas comunicacionales y en primera instancia resulte hasta incómodo. Pero de seguro vale la pena acostumbrarse y darle cabida a una muestra más de amor que podamos recibir.

Tengamos claro que este tipo de regocijo podemos ofrecerlo en todo tipo de relaciones que tengamos, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… con toda persona que de alguna manera esté en nuestro círculo y nos haga sentir algo especial por ella.

A veces hasta pena nos da colocarnos al descubierto o parecer cursi. Pero cuando vamos derribando esas barreras y vemos cómo nos sentimos acariciando el alma de alguien más, esto se convierte en algo adictivo, que en el mejor sentido nos invita a repetirlo. Porque a fin de cuentas en cada reconocimiento que le hacemos al otro, de alguna manera, estamos reconociéndonos a nosotros mismos.

Por: Sara Espejo

Si no sabes lo que buscas, no desordenes la vida de otros

Si no sabes lo que buscas, no desordenes la vida de otros

Resulta perjudicial para los involucrados que alguien que no sabe lo que busca, oriente sus esfuerzos en desordenar la vida de otra persona. Cuando nos relacionamos con alguien, no tenemos que tener un plan definido de qué y cómo lo queremos, lo que deseamos obtener. Es sano el improvisar y dejarnos llevar en un océano de oportunidades, mientras descubrimos al otro y a nosotros mismos en cada paso que damos en la relación.

Pero el no saber en lo absoluto qué estamos buscando, pero sentir que debemos hallarlo, es como llegar a una casa que no nos pertenece revisando todos los cajones, abriendo todas las puertas, irrumpiendo en cada espacio. Pero probablemente pasándole por encima a aquello que la otra persona tiene para ofrecernos y que no somos capaces de ver y mucho menos de apreciar.

El cuidado y la delicadeza deberán predominar

Debemos ser delicados con quienes nos abren las puertas de sus vidas. Cada quien, todos y cada uno de nosotros tiene espacios especiales, tiene tesoros en su interior, que no muestran a todos, solo a personas que sienten que se lo merecen y el entrar desordenando, rompiendo y hasta ridiculizando los espacios comunes y hasta sagrados del otro, no es más que un acto vil, que debería traer como consecuencia el mostrar el camino a la salida y la prohibición de acceso.

Puede que no tengamos muy claro hacia dónde vamos con alguien, pero es conveniente aclarar dentro de nosotros qué queremos, trazarnos un bosquejo básico de lo que nos gustaría encontrar y así entre dos verificar si hay coincidencia en lo que cada quien tiene para dar y espera recibir.

No debemos llenarnos de expectativas en nuestras relaciones, pero si vamos a ir sin mapas, debemos hacer de manera cautelosa, descubriendo al otro de la manera sutil, poco invasiva, invitándole a que sea él quien nos dé el recorrido por su vida y nos dé acceso progresivo a lo que le parece importante y quiera compartir con nosotros.

Hay personas que resultan devastadoras, que dejan la vida del otro en ruinas, como si de un tsunami o un tornado se tratase. Pasan sin pedir permiso, autoritariamente, de manera atropellada, desmeritan todos a su paso, desordenan y hasta  destruyen. Sin detenerse un momento a pensar de que se trata de la vida y de la intimidad de alguien más, que merece respeto.

Agradecer y honrar las vidas que tocamos

Agradezcamos y honremos cada invitación a entrar en la vida de alguien. Esperemos de manera cortés que abran las puertas que estén cerradas, de manera voluntaria y delicadamente vayamos descubriendo lo que encierra ese universo. Esa persona que de alguna manera nos está dando la oportunidad de crecer a través de ella.

Una manera de decirle a los demás cómo nos gustaría que entraran en nuestras vidas, es mostrándoles cómo vamos recorriendo las de ellos. Comportémonos como nos gustaría que se comportasen los demás con nosotros.

Ciertamente el entrar en la vida de alguien no es garantía de que estaremos por allí mucho tiempo. Pero en cualquier caso, incluso en aquellos en los que queremos salir corriendo de allí, debemos aprender a hacerlo sin dejar huellas indeseables en aquello que no nos pertenece.

Incluso cuando tenemos muy claro lo que buscamos en una relación o con alguien en particular, debemos dirigir nuestros esfuerzos en hallar aquello de forma delicada y respetuosa. Imaginemos que los espacios de cada quien es un jardín lleno de flores y debemos atravesarlo cuidando de no pisar ninguna flor. Pues cada una representa un sueño, un valor, algo de su historia, sus afectos y el estar conscientes de nuestros pasos evitará siempre el hacer daño, incluso el que propinamos de manera involuntaria.

Por: Sara Espejo –

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida pero solo las mejores permanecen. Aquellos con quienes nuestros vínculos son más sinceros y fuertes se establecen en nuestra vida para quedarse amarrados a nuestro corazón.

Decimos “corazón” como una manera de simbolizar nuestro mundo emocional y social, del cual bebemos los sorbos de energía que nos vinculan a la vida, al ser en el mundo y en la sociedad a la que pertenecemos.

Que esta afirmación sea cierta también depende en gran parte de cómo seamos nosotros y de las personas que se nos acercan, siendo esto lo que determinará la oportunidad de rodearnos de personas que permanezcan a nuestro alrededor.

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Relaciones frágiles y relaciones sólidas, todo un mundo

Tal y como comentábamos en otra ocasión, es probable que echemos de menos a muchas personas pero quizás no permanecemos en contacto porque, aunque nos queramos, no nos hacemos bien. Pongámonos en situación y recordemos amistades o amores con los que estábamos constantemente discutiendo, lo cual generó conflictos que no pudimos solventar.

En otros momentos basta con pensar en que hay relaciones que coartan nuestras libertades por motu proprio, por actitudes inquisitoriales por parte de la otra persona o por la propia dinámica dañina que hemos forjado conjuntamente.

En este punto es importante que nos responsabilicemos y no seamos victimistas, pues la situación que forja y rodea a una relación frágil que se resquebraja debe ser analizada pacientemente desde el corazón.

Así, como si de un abanico de colores se tratara, debemos asumir que a veces no somos los compañeros ideales en ciertos momentos y que es normal que algunas relaciones no prosperen. Es parte de la naturaleza intrínseca del ser humano que nuestro entorno y nuestro mundo emocional estén en constante cambio.

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Dependerá en gran parte de cómo gestionemos ese mundo cambiante que algunas personas permanezcan y, con ellas, forjemos relaciones sólidas. Es una cuestión de compatibilidad, de esencia y de miradas íntimas que nos alimentan.

No obstante, sí podemos hacer algo para reforzar nuestras relaciones y construir bellos pilares que las sostengan. Aquí damos algunas premisas fundamentales para generar relaciones sanas y sólidas:

  • Escuchar para comprender, no para responder
  • Ser noble y no manipular, así como guardar lealtad.
  • Mantener nuestras promesas.
  • Ser honestos y francos con quienes nos rodean.
  • Ser atento y detallista.
  • No competir.
  • Pedir disculpas cuando sea necesario y perdonar. Los problemas no surgen de la nada y generalmente todos somos responsables de ello.
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La persona que baile contigo bajo la lluvia será la que camine contigo bajo la tormenta.

No es fácil sobrellevar la decepción de romper relaciones especiales

Hay veces que depositamos nuestra confianza en una relación y lo que se hace con ella nos defrauda.No conviene victimizar este hecho pero, sin duda, manejar estas decepciones suele resultar complicado y doloroso.

Generalmente las decepciones suelen ir precedidas de un malentendido. Bien sea porque no hemos sabido expresarnos o porque la otra persona no ha podido conectar con nosotros como necesitábamos, lo cierto es que gran parte de las rupturas se generan por quebrantar alguno de los principios que venimos comentando.

Después de esto tenemos que lidiar con un profundo sentimiento de decepción que, sin duda, es la suma de nuestra responsabilidad, la de la otra persona y la de los dos como creadores de una relación.

Por eso en estos casos conviene analizar nuestros orgullos y ver si hay alguna manera de solventar los problemas creados, de hablar desde el corazón y cerrar heridas.

Si esto no es posible simplemente nos toca asumir que hay personas que vienen y se van. Al fin y al cabo, como alguien dijo alguna vez, hay circunstancias vitales que nos encierran y otras que nos danalas; personas que nos cargan de piedras la mochila y personas que se encargan de aliviarla; personas que nos oscurecen y otras que lo dan todo por vernos brillar.

No gastemos nuestro tiempo con personas equivocadas que no nos permiten ser felices; no luchemos por quienes nos ignoran constantemente, valoremos a las personas que nos acompañan en los buenos y malos momentos. Seamos conscientes, las personas vienen y van y eso depende en gran parte de lo que elijamos.

No tienes que convencer a nadie de que tú serás su mejor decisión

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Si bien es cierto que todo en esta vida se resume en un proceso transaccional, también lo es que una vez que hemos establecido nuestra oferta, que nos hemos mostrado, que hemos asomado o expuesto abiertamente lo que estamos dispuestos a dar, no tenemos que seguir en una campaña promocional que intente convencer al otro de que nos escoja.

Una cosa es sembrar afecto, sembrar respeto, cuidar, inclusive prometer, pero tomarnos la tarea de interferir en una decisión que no fluye de manera natural del otro, no nos dejará otra cosa más que frustración y cansancio emocional.

Inclusive cuando el resultado es aquel por el cual hemos trabajado, quizás el no obtenerlo de manera espontánea, sino quizás forzada, alimente en nosotros una especie de insatisfacción, en donde nuestro ego, que no nos permitió retirarnos en un momento dado, ahora nos habla de su insatisfacción al tener al lado a alguien a quien tuvimos que convencer de que éramos su mejor decisión.

Decisiones

Todos tenemos el derecho de elegir libremente a la persona con la queremos estar y la misma libertad para decidir el momento en el cual queremos que eso ocurra, cuando hablamos de nuestros derechos, lo vemos muy lógico y justo, pero cuando hablamos en los derechos del otro, se vuelve todo un tanto más relativo, subjetivo y el argumento puede dejar de ser tan válido.

El punto es que ciertamente, así como nosotros tenemos derecho a escoger en quien queremos invertir nuestro tiempo y nuestras energías, pues la otra persona también lo tiene y eso significa que quizás nosotros no estemos dentro de sus primeras opciones.

Y si bien es válido el jugársela por quien nos interesa, de entrada tenemos que saber que el convencer a alguien de escogernos o de permanecer en nuestras vidas como queremos, puede resultar un proceso muy arduo e inclusive doloroso.

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A veces no nos damos cuenta de que hay mientras nos aferramos a algo o alguien, perdemos la capacidad de apreciar un universo de opciones, entre las cuales de seguro está una que nos genere tranquilidad, seguridad, afecto, sin demandarlo, sino por iniciativa propia.

Alguno dirá, pero ésa no es la opción que me gusta, pero si no nos damos la oportunidad, eso jamás lo podremos afirmar, de hecho quienes han decidido soltar esas situaciones de apego en donde intentan constantemente venderse ante el otro, mostrando lo mejor de sí, en su gran mayoría se sorprenden gratamente, cuando se dan espacio para amarse a sí mismos y evaluar lo que atraen desde ese punto.

No tienes que convencer a nadie, eres adorable, amable, respetable tal y como eres y justo así vendrá alguien a apreciarlo, solo debes permitírselo y permitírtelo.

Por: Sara Espejo

El amor de tu vida llegará después del error más grande de tu vida

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Conozco tu dolor, ese que te dejaron tan en el fondo y parece nunca querer salir. Sé cuánto duele tu alma. Los desamores no son fáciles de superar, si lo fueran todos serían felices. Un desamor es terrible, es una pérdida personal, como si desprendieran una parte de ti misma, esa que estaba cargada con todos los sentimientos que tenías hacia esa persona. A veces, un desamor nos lleva a un abismo emocional tan profundo que nos ciega, no sabemos cómo diferenciar la realidad.

Sé te que te ha pasado. Te enamoraste con todas tus fuerzas. El amor te hizo desnudar tu alma frente a él y le diste la clave de los secretos que tanto guardabas con recelo en tu corazón. Invertiste todo lo que tenías en la relación. Le entregaste el corazón con la esperanza de que él en algún momento te amara igual.

Sabías que la potencia de tu amor era más fuerte que la de él. Igual elegiste seguir creyendo que sería diferente, porque eres una persona que ve lo bueno y el potencial que tienen los demás. Pensaste que eventualmente él se daría cuenta de lo puro de tu amor y entonces empezaría a tratarte mejor.

Lamentablemente, estabas equivocada. Él no era la persona que pensabas que era. No fue el príncipe valeroso sobre un caballo blanco que te haría sentir especial siempre. Él no era digno de tu amor. Y no, no fue porque estaba muy ocupado, simplemente nunca se molestó en buscar tiempo para ti. Nunca le importaron tus sentimientos ni vio un futuro contigo a su lado.

El amor te mantuvo esperanzada y no notaste las señales de alarma que siempre te dio y entonces, caíste en su trampa.

Diste todo con la esperanza de que en el fondo realmente se preocupaba por ti. Te enamoraste y tristemente, terminaste pagando el precio por amar a alguien que no te ama de vuelta.

Pero escúchame con atención, el hecho de que te sientas perdida ahora, que no puedas ver una luz al final de ese túnel oscuro en que estás no significa que no haya una esperanza para ti. Por el contrario, te espera lo mejor de tu vida.

Amaste y perdiste. Sí, es una de las cosas más dolorosas que un ser humano jamás podrá experimentar, pero estás viva y eso significa algo. Significa que no importa qué tan mal estés, sin esperanza y desesperada, aun conservas una pequeña chispa dentro de tu corazón que te mantiene cálida. Es un pequeño atisbo de luz que te ayuda a perseverar, a salir a la superficie y mantenerte con vida.

Que te hayan roto no significa que no experimentarás más el amor. Para nada, no desesperes.  Ya sabes lo que dicen por allí, después de la tormenta viene el arcoíris. Así que el amor de tu vida, el verdadero, el que te amará con todas sus fuerzas y te recordará a cada instante lo importante que eres para él, llegará después del peor error de tu vida. Así es como es. Solo necesitas mantener la fe. El futro será increíble y muy brillante para ti. No puedes renunciar ahora.

Un día tendrás de frente al amor de tu vida y todas las preguntas que alguna vez te formulaste sobre esa persona serán respondidas por sí solas. Cuando esté finalmente contigo te darás cuenta que nunca habías amado realmente y entenderás por qué todos los intentos de relaciones anteriores fallaron. Ahora todo tendrá sentido y estará muy claro.

Esta persona te sanará. Hará todo en su poder para ayudarte a encontrarte de nuevo y ser quien realmente eres sin miedo. Será paciente contigo, te entenderá, y se enamorará de todas tus imperfecciones. Más importante aún, te mostrará que todo en la vida pasa por una razón.

Es simple: Quien quiere estar en tu vida, está en tu vida (Sin excusas)

Muchas veces cerramos los ojos a lo que no queremos ver, nos negamos a reconocer qué
es lo que realmente ocurre cuando recibimos las excusas de aquellos que en realidad no
desean dedicarnos su atención, ni su tiempo.

 

La realidad es que por apretada que esté la agenda, por más que existan limitaciones, cuando alguien quiere estar presente, está. Y esto no solo engloba la presencia física, también el acompañamiento moral, el soporte a distancia, la atención cotidiana, que no requiere de una logística particular para manifestarse.

Todos somos libres de actuar de acuerdo a nuestras elecciones, incluyendo a las personas que quisiéramos cerca, sin embargo, resulta inteligente sencillamente aceptar cuando alguien tiene intenciones de formar parte de nuestra vida y cuando no.

Siempre habrá quien quiera tenernos como prioridad, aun cuando no ubiquemos mentalmente a esa persona. Obviamente eso no quiere decir que para nosotros alguien que no logra despertar interés se convertirá en nuestra prioridad por reciprocidad. Lo que queremos resaltar es que de eso se tratan las interacciones de la vida, algunas veces buscamos a la persona que creemos equivocada y otras veces a quienes no les damos mayor importancia, nos busca.

Debemos aceptar las dinámicas de la vida, sin drama, solo conscientes de que en algún momento coincidiremos en nuestras preferencias y los eslabones se unirán. Pero lo que no es posible es quedarnos esperando que una persona en particular, que ha establecido sus prioridades de acuerdo a sus intereses, actúe de una forma particular con nosotros, tenga gestos que sabemos que no tendrá o tenga presencia donde no quiere tenerla.

Por el contrario cuando alguien apuesta por nosotros, se hace sentir, se hace notar y sea cual sea el ámbito en el cual se relaciona con nosotros, nos ubicará de forma tal que se torne evidente las ganas de formar parte activa en nuestras vidas.

No desgastes tus energías en quien no lo valora, esto no hace mejor o peor a la otra persona, solo te ubica en una realidad, a fin de cuentas eres tú quien decide finalmente quién entra y quién sale del círculo de tus afectos.

No esperes nada de nadie y evitarás frustraciones, prejuicios y decepciones, permite que la vida te sorprenda con personas maravillosas que sin forzarlas, sin presionarlas y sin excusas quieran formar de manera espontánea parte de tu vida.

 

Deja ir a quien te demuestra una y otra vez que no está listo para amarte

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Todos y cada uno de nosotros tiene en sus manos el poder de decidir a quién dirigir su afecto, a quien amar… Lamentablemente el hecho de que amemos a alguien, no nos garantiza amor de vuelta. Quizás no sea justo decir lamentablemente, cuando si lo vemos desde el otro lado, representa algo muy beneficioso.

Muchas veces queremos forzar las cosas, intentando o esperando un amor de vuelta de alguien que por diversas vías nos ha dejado claro que no tiene intenciones de amarnos.

Ciertamente el tiempo es un factor importante que siempre pone en evidencia las intenciones reales de cada quien. El amor se cultiva, es cierto y aunque en muchos casos el nacimiento del amor entre dos personas se produce en simultáneo, en otros, ocurre que una de las partes se tarda más que la otra en sentir amor.

Suelta-soltar

Sin embargo, debemos aprender a establecer un límite en cuanto a nuestra inversión, bien sea de tiempo, de energía o de afecto… Porque si bien es cierto que nunca perdemos al amar, también lo es el hecho de que dirigir nuestras energías a alguien que no nos puede ofrecer algo que nos satisfaga de vuelta, resultará en una mala inversión de tiempo.

La vida no dura tanto como para sentarnos a esperar que alguien esté listo para amarnos… hay muchas personas esperando por amores de calidad, mientras otras prefieren dejarlo pasar. No se trata de juzgar a ninguna de las partes, porque ese derecho es de cada quien. Se trata de replantearnos qué queremos para nosotros.

Soltar

Si no nos sentimos satisfechos con algo o con alguien, no es una buena idea permanecer allí, esperando un cambio, haciendo esfuerzos mayores por recibir lo que nos gustaría. Resultaría más conveniente el tomar acciones, aunque muchas de ellas puedan resultar un tanto incómodas e inclusive dolorosas.

El dejar ir, puede ser complicado, pero para evitar dolores innecesarios, es útil separar un poco la realidad de la ficción. Todo aquello que quisimos con alguien y no logramos materializarlo, ¡no existe! El perder tiempo en suposiciones, en escenarios irreales, en hipótesis, no nos llevará a un mejor lugar… Por el contrario, nos armará un estado de nostalgia por la pérdida de lo que es, pero en especial por la “pérdida” de lo que pudo haber sido.

Ábrete a vivir nuevas experiencias, bendice lo ocurrido, toma todo lo que sume a tu vida y llévalo contigo, de resto, déjalo ir… Si alguien, luego de mucho, no está listo para amarte, pues que tu amor propio hable por ti y puedas darle espacio a lo que sí quisieras para ti.

Por: Sara Espejo

Para quien decide terminar, no es menos dolorosa la ruptura

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Tenemos la creencia de que quien termina es quien se siente en una posición más cómoda para manejar una separación, hablando específicamente de relaciones de pareja. Sin embargo, resulta por lo menos justo, entender que el peso de las consecuencias se las lleva quien decide dar ese paso determinante.

Más allá de los detonantes de una separación, debemos tomar en consideración que nadie en su sano juicio inicia una relación pensando en acabarla y por más escasas que sean las expectativas, éstas existen y en función de ellas nuestra mente se proyecta al futuro, entrelazando nuestra vida a la de alguien más.

El amor no muere de la noche a la mañana

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A veces nos sorprendemos cuando una separación nos toma desprevenidos, pero en estos casos de seguro no hemos estado prestando suficiente atención a lo que está ocurriendo. Una relación se va apagando, a veces de manera más fugaz que otras, con acciones que generan una gran decepción y otras veces de manera lenta, pero sostenida.

Las mentiras, los engaños, la rutina, el control, la necesidad de reafirmarse a través de otros, la falta de detalles, la falta de intimidad, van abriendo distancia entre dos personas que se aman y muchas veces damos el afecto por sentado y asumimos que como nos aman, estarán a nuestro lado sin mayor condición.

Mientras una parte puede pensar eso, la otra está tratando de encontrar maneras de generar cambios, intenta reavivar la relación, intenta entretenerse fuera, mientras que evalúa cómo se siente mejor y qué está a su alcance lograr en relación al otro.

Quien siente su vida afectada por la acción u omisión del otro, buscará todas las alternativas que sus recursos le den y muchas veces no hallarán una solución diferente a la separación. Pero aun siendo propia la decisión, algo se quebrará en su interior. Sentirá frustración por no haber podido proseguir con un proyecto que involucraba a alguien más, sentirá decepción por el tiempo invertido, sentirá miedo de enfrentarse a la soledad o de reiniciar con alguien más y tendrá el adicional de llevar sobre sus hombros la responsabilidad de una separación.

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Muchas veces cuando hay amor, pero la relación se hace insostenible, donde una separación implica escoger entre el amor hacia alguien y el amor propio, podemos sentir profundo dolor. Se hace difícil de aceptar que existiendo tanto amor, no se pueda construir sobre él lo necesario. Pero cada quien tiene una manera de amar y algunas de ellas no llevan acompañantes esenciales, como la lealtad, como el compromiso, como la disposición, como el respeto… Y ahí en medio de un sinfín de cosas, el amor se hace insuficiente para aguantarlo todo y simplemente se ve derrotado por todo lo que no fue capaz de sostener.

Y terminamos relaciones, acabamos con amores, decimos basta y decidimos seguir adelante… Con el peso de la última palabra y con el corazón roto, pero apostando por nosotros mismos.

Por: Sara Espejo