Muchos hombres no buscan una mujer en sus vidas, sino el reemplazo de una madre

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Es bastante frecuente estar frente a relaciones que dejan en evidencia que lo que el hombre intenta encontrar en su pareja, se parece más a lo que esperaría de una madre, que lo que se asocia de manera tradicional de una mujer como compañera.

La mujer por su parte en algunos casos se siente complacida por satisfacer las necesidades maternales de su pareja, sintiéndose su principal proveedora de afecto y suplidora de requerimientos vitales. Generan vínculos de dependencia y se vuelven indispensables para sus parejas.

En otros casos, está otro perfil de mujer que solo quiere ser madre de sus hijos, en caso de tenerlos y que pretende una relación más equilibrada en cuanto a responsabilidades y roles se refiere. Normalmente este tipo de mujer será la que demande tiempo para sí misma, la que sea independiente económicamente, la que ocupe su tiempo en actividades que le llenen.

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Esto no quiere decir que este tipo de mujer no atienda, no consienta o no se preocupe por su pareja. Solo que puede diferenciar su rol de mujer y su rol de madre.

No se podría generalizar en cuanto a las causas que producen que el hombre vaya tras una madre sustituta, porque existen muchas justificaciones:

  • No tuvo en su vida la presencia de una madre cuidadora o que le dedicara atención de calidad, o al menos esa es su creencia.
  • Viene de un hogar de consentimiento y quizás con predominio de conductas machistas, donde recibía todo lo que necesitaba por parte de las figuras femeninas de su casa y esto resultaba natural.
  • No sabe ocuparse de sí mismo.
  • Prefiere que alguien más le cuide, incluso cuando el resto de las responsabilidades sean compartidas.
  • Se sienten niños eternamente y solo buscan reemplazos del afecto cuidador y maternal.

Cada quien es la consecuencia de sus creencias, de su crianza, de su educación, de los valores y principios que le inculcaron y adquirió en el camino. Para todas las personas que emanan una vibración, hay un alma colaborativa que está disponible para materializar su deseo y no intentamos juzgar o criticar posición alguna.

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Lo que sí vale la pena recordar es que la mujer no debe convertirse en la madre de su pareja, con menor frecuencia se da el caso contrario, que tampoco resulta saludable para una relación. Los nexos deben fundamentarse en cosas diferentes a lo que alimenta una relación madre-hijo y el hombre que esté buscando a quien reemplace a su madre, debería evaluar lo que se pierde al no buscar a una mujer que lo acompañe y lo apoye cada día a ser un mejor hombre y quizás, no un mejor hijo (al menos no de ella).

Por: Sara Espejo

Todos necesitamos a alguien que nos cuide

Todos necesitamos a alguien que nos cuide y eso no significa que dependamos del otro para sentirnos bien. Simplemente es bueno darse cuenta y reconocer que cuando no podemos con todo, cuando hemos tocado fondo o cuando todo nos va demasiado bien, necesitamos a alguien que nos recuerde quienes somos o podemos llegar a ser.

Son esas personas que nos recuerdan que somos algo más que nuestras circunstancias, que errores que a veces se suceden. Actúan como Ángeles de la Guarda y nos dan alas para sobrevolar los escombros de parte de nuestro mundo derrumbado. También pueden llegar a ser la voz de nuestra conciencia, nuestro Pepito Grillo, si empezamos a volar demasiado alto y llegamos a quemarnos con el sol de nuestro propio éxito. Son nuestro pilar, nuestro equilibrio, el ying de nuestro yang.

Un amigo es esa persona que intenta levantarte cuando te has caído. Y si no puedes levantarte se tumba a tu lado para escucharte y hacerte saber que pase lo que pase no estás solo.

Niños abrazándose

El significado de ese alguien especial en los malos momentos

Suele resultar bastante sencillo encontrar a alguien para pasarlo bien. Salir de copas, de compras, al cine o a tomar un café nunca es un sacrificio. Pero los verdaderos amigos son aquellos que dan la cara en los momentos en los que quizás no eres la más agradable de las compañías.

Esos momentos en los que te deshaces en lágrimas y maldices al mundo. Esas tardes en las que nada de lo que hagas, digas o escuches van a hacerte sentir mejor. Pero son esos momentos en los que valoras su cercanía, esa mano amiga que te recoge hecha pedazos y con cuidado los va entrelazando sin que apenas te des cuenta.

Son esas conversaciones eternas llenas de quejas que sabes que no van a ningún lado pero que necesitas que salgan de tu interior. Son esas risas por lo absurdo que es todo y por el miedo que sientes a que nada pueda ir peor. Y quizás no te des cuenta, pero son esas ganas de parar el mundo que sigue girando sin que tú estés de acuerdo, pero que logras parar en esas horas con las críticas, los llantos y las risas de la buena compañía.

Esa buena compañía que solo se resume en las palabras AMISTAD VERDADERA. Esa que todo lo puede y todo lo cambia. Tan difícil de conseguir y tan necesaria. Los amigos de verdad son pocos, pero en los malos momentos siempre te acompañan.

Corazón de papel en la mano representando el amor

El valor de las verdades de ese alguien ante los momentos demasiado buenos

Quizás el valor menos reconocido de la amistad es ese que aparece cuando todo va demasiado bien. Cuando la envidia de los que no te quieren de verdad aparece y cuando la soberbia del éxito te llama. Esos momentos en los que te crees invencible y el éxito, aunque sea momentáneo, se te sube a la cabeza y te pierdes a ti misma.

Es en esos momentos en los que ese alguien, esa amistad verdadera, se encarga de desvelarte la cruda realidad. Es cuando te corta las alas de la soberbia y te hace pisar el suelo. Porque los verdaderos amigos son esos que te cuentan las verdades a la cara, aunque duelan, porque saben que en ese momento quizás no lo agradezcas, pero es lo que necesitas.

Ellos saben que por mucho rechazo inicial que te provoquen tus palabras, no olvidarás la verdadera preocupación que hay detrás de ellas: tu bienestar. Porque no lo hacen para hacerte daño, sino todo lo contrario, para evitarte el dolor de la caída cuando te has precipitado o para sumar energías y que finalmente te atrevas a dar el salto.

Por eso todos necesitamos siempre a alguien que nos cuide. Porque nosotros somos nuestro mayor enemigo cuando las cosas van demasiado bien o demasiado mal. Porque necesitamos a alguien que frene el desequilibrio antes de llegar, finalmente, a la autodestrucción. Porque nadie es perfecto y en la soledad la proyección de nuestros defectos se agiganta… y porque la vida compartida con alguien especial es una vida que merece ser vivida. Desde el principio hasta el final.

Nadie pierde por dar amor, pierde quien no sabe recibirlo

Nadie pierde por dar amor, porque ofrecerlo con sinceridad, con pasión y delicado afecto nos dignifica como personas. En cambio, quien no sabe recibirlo ni cuidar ese inmenso regalo es quien pierde de verdad. Por ello recuerda, nunca te arrepientas de haber amado y haber perdido, porque lo peor es no saber amar.

Afortunadamente la neurociencia va ofreciéndonos día tras día reveladoras informaciones que nos explican por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento.

“El amor no tiene cura, pero es la cura de todos los males”

-Leonard Cohen-

Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los que edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, “conectando”, de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido haga que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.

Ahora bien, otro aspecto complejo sobre el tema de las relaciones afectivas es el modo en el que afrontamos dicha separación, dicha ruptura. Desde un punto neurológico cabe decir que empiezan a liberarse al instante las hormonas del estrés, conformando en muchos casos lo que se conoce como “el corazon roto“. Sin embargo, desde un punto emocional y psicológico, lo que sienten muchas personas es otro tipo de realidad.

No solo experimentan el dolor por la falta del ser amado. Sienten una pérdida de energía, de aliento vital. Es como si todo el amor dado, todas las esperanzas y afectos dedicados a esa persona se hubieran ido también, dejándolos vacíos, yermos, marchitos…

Entonces… ¿cómo volver a amar de nuevo si lo único que habita en nuestro interior es el polvo de un mal recuerdo? Es necesario que afrontemos estos momentos de otro modo. Te hablamos de ello a continuación.

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Dar amor o evitar amar de nuevo

Todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados. Cuando se inicia una nueva relación nadie lo hace enviando previamente todas sus experiencias pasadas a la papelera de reciclaje. Nadie empieza de “0”. Todo está ahí, y el modo en que hayamos gestionado nuestro pasado hará que vivamos un presente afectivo y emocional con mayor madurez, con mayor plenitud.

“Es mejor haber amado y perdido
que nunca haber amado en absoluto”

-Alfred Lord Tennyson-

Ahora bien, el hecho de haber vivido en piel propia una amarga traición o, sencillamente, percibir que el amor se ha apagado en el corazón de nuestra pareja cambia mucho el modo en que vemos las cosas. Dar amor con intensidad durante una época determinada, para después quedarnos vacíos y enclaustrados en la habitación de los recuerdos y las ilusiones perdidas, cambia muchas veces la arquitectura de nuestra personalidad.

No falta quien se vuelve desconfiado, e incluso quien desarrolla poco a poco la gélida y férrea coraza del aislamiento donde interiorizar el clásico mantra de “mejor no amar para no sufrir“. Sin embargo, es necesario derribar una idea básica en estos procesos de lenta “autodestrucción”.

Nunca debemos arrepentirnos de haber amado, de habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen ser humanos y maravillosos a la vez. Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas…

Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos.

gif Sanar el amor perdido

Según un estudio llevado a cabo en la University College London, existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de afrontar una ruptura afectiva. La respuesta emocional parece ser muy distinta. Las mujeres sienten mucho más el impacto de la separación, sin embargo es común que se repongan antes que los hombres.

Ellos, por su parte, suelen aparentar estar bien, se visten con la máscara de la fortaleza refugiándose en sus ocupaciones y responsabilidades. Sin embargo, no siempre logran superar esa ruptura o tardan años en hacerlo. ¿La razón? El sexo femenino suele disponer de mejores habilidades para gestionar su mundo emocional. Facilitar el desahogo, buscar apoyo y afrontar lo ocurrido desde una perspectiva donde se halla el perdón y la actitud de pasar página suele hacer las cosas más fáciles.

Sea como sea, y más allá de los géneros o del motivo que haya originado esa ruptura, quedan claras algunas cosas que es necesario inocular en nuestro corazón a modo de vacuna. Ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos “no” a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento.

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Otro aspecto que es bueno recordar es que amar no es sinónimo de sufrir. No alimentemos esperanzas o alarguemos el “chicle” de una relación que de antemano tiene fecha de caducidad. Una retirada a tiempo salva corazones y un adiós valiente cierra una puerta para abrir otra, esa donde el amor se conjuga siempre con la palabra

Te di tanto amor, que no supiste qué hacer con él

Y a veces así ocurre, nos entregamos tanto, damos tanto de nosotros, que quien recibe no tiene mucha idea de qué hacer o cómo corresponder… Muchas veces esa persona no está preparada para ser amada, al menos no de la manera que nosotros le estamos presentando y termina por evitar el compromiso que siente que lleva consigo el amor o bien acaba por autosabotear aquello que siente demasiado para sí mismo.

Todos tenemos diferentes maneras de amar, algunas se hacen sentir más que otras, cada amante es diferente, pero sea como sea, el que da amor, nunca sale perdiendo, el que no sabe recibirlo, es quien se llevará consigo las consecuencias de no haber sabido qué hacer con aquello que recibía.

Evidentemente no estamos obligados a corresponder el amor de nadie, pero debemos aprender a valorarlo, a saber cómo actuar en los casos donde queramos alimentar ese amor o en los casos donde sintamos la necesidad de salirnos del foco. Una persona que nos ama, de alguna manera nos está dedicando una parte de sí, nos está brindando la posibilidad de ser parte de su  vida y nos está reservando un lugar especial dentro de sus afectos, lo mínimo que merece una persona que nos considera de esa manera, es respeto.

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No podemos ir por la vida haciéndoles daño a los demás, con la excusa de que somos inmaduros, de que nunca pedimos ser amados, de que no hicimos nada para que las cosas ocurrieran así… Y sí, es cierto que muchas personas se enamoran solas, que idealizan, que se imaginan y en función de eso dan y dan de sí, pero son mayores los casos de que ese amor es fomentado por algo más que el simple hecho de existir.

Si no tenemos intenciones de corresponderle a alguien, lo más sano y justo que podemos hacer es mostrarles nuestra realidad, de la manera más sutil, de la forma menos dolorosa y sobre todo evitar hacer uso indebido de ese amor, con fines de satisfacer nuestras necesidades o con intereses egoístas, pasando por encima de los buenos sentimientos de alguien hacia nosotros.

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Nadie dijo que al amar no corremos muchos riesgos, que al entregarnos por completo, volveríamos ilesos, nadie dijo que siempre nos enamoraríamos de alguien capaz de retribuir nuestros sentimientos. Sí, podemos salir lastimados, podemos salir decepcionados, podemos salir sin ganas de confiar nuevamente en el amor, pero eso pasará…

El amor tocará nuevamente a nuestra puerta y quizás no abriremos por algún tiempo, pero luego, allí estaremos nuevamente y probablemente entenderemos por qué no funcionó antes, o quizás no, pero de seguro tendremos una nueva experiencia que no es otra cosa que un muestra de que estamos vivos y que crecemos a través de esas personas que nos dejan algo y en quienes dejamos algo.

El mejor maestro será el que te enseñe tus primeros pasos

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Hoy en muchos países se hace un reconocimiento a esos hombres que voluntariamente o no, se convirtieron en padres, que aportaron su 50% para que el milagro de la vida se hiciera posible. Solemos brindar constante reconocimiento a las madres por su dedicación y entrega durante la ejecución de uno de sus roles más importantes y algunas veces el padre queda en un segundo plano.

Sin embargo, quienes han contado con la presencia de un padre en sus vidas de forma activa, quienes han tenido la dicha de contar con esa figura de protección, de apoyo, con esa fuente de seguridad y de enseñanza, pueden dar fe de que la figura del padre es tan importante como la de la madre.

Llamamos buen padre a aquella persona que logra identificarse con ese compromiso que debe salir del corazón, cuyas acciones son consecuencia de uno de los amores más grandes que se pueden sentir en este plano.

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Llamamos buen padre a quien hace un esfuerzo cada día por convertirse en ejemplo, en esa fuente de orgullo y en especial a quien con paciencia y sin tener mucha idea de cómo hacer las cosas, intenta enseñarle a su hijo el mejor camino, quien trata de que sus primeros pasos vayan cargados de principios, de valores, de amor, para que cuando a ese hijo le toque caminar solo, sepa qué camino tomar, sin mayores riesgos de perderse.

Como casi todo en nuestras vidas, nuestros roles no vienen con instrucciones y los de los padres no son una excepción. Inclusive para aquellos que abandonan, para los ausentes, para los restrictivos, más si se trata de los nuestros, debemos aprender a perdonar, a aceptar y especialmente a agradecer, porque de forma independiente a cómo hayan sido con nosotros, aportaron lo necesario para hacer nuestra existencia posible.

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Nada pesa más que arrastrar con un resentimiento hacia nuestros padres, la vida en estos casos nos coloca frente a situaciones que nos ayuden a sanar esas relaciones, pero solo cuando concientizamos que estamos arrastrando vivencias y dolores de nuestro pasado, que mientras no sanemos algunas heridas, no comenzaremos a tener relaciones o interacciones diferentes.

Honremos a todos los padres, recordando que cada quien hace lo mejor que puede con los recursos que tiene, que cada uno dentro de sus posibilidades está aprendiendo, está evolucionando y lo que puedan o no otorgar a sus hijos, más allá de la vida misma, será proporcional justamente al aprendizaje adquirido a cada paso.

Felicidades a todos los padres, a los que hacen su mejor esfuerzo por agregar valor a la vida de sus hijos, convirtiéndose en sus primeros maestros, también a aquellos que no terminan de entender que se deben a alguien más, e inclusive a aquellos que solo de manera biológica dijeron presente, porque han dado vida a través de su propia existencia y con ello la oportunidad a un ser de transitar por esta maravillosa experiencia.

Por: Sara Espejo

Podemos perdonar, pero la confianza nunca se recupera

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La confianza es uno de los pilares fundamentales de las relaciones, sobre ella se sustenta gran parte de la paz que se puede sentir en una relación y el que ese pilar se resquebraje trae sin duda una larga cola de consecuencias nocivas para cualquier relación.

Consecuencias de la pérdida de confianza en la relación:

Inseguridad: Evidentemente una vez la confianza se tambalea se genera un entorno de inseguridad, donde todo es incierto, el pasado, el presente y el posible futuro.

Celos: Aun cuando la confianza no se haya roto por una situación en donde haya una infidelidad concreta o las intenciones de ella, el atentar cualquier flanco de la confianza, hace que ella se quiebre en cualquier dirección.

La palabra pierde valor: Ya todo lo dicho pierde el sentido, una vez que la desconfianza se instala la palabra carece de sentido y resulta complicado diferenciar entre una mentira y una verdad.

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La pareja se desestabiliza: El piso de la relación se mueve, y el resto de los pilares deben tener sus fundaciones muy estables para que no se genere un colapso.

Se pierde el enfoque: Todas las energías que pudiesen estar colocadas en proyectos comunes o metas individuales, se deriva a entender lo ocurrido, a cuestionar, a indagar y a decidir si vale o no la pena continuar.

Pérdida de interés: Si una de las dos partes se siente de alguna manera estafada, puede pensarlo dos veces antes de seguir invirtiendo sus recursos en una relación de la cual está resultando lastimada.

Desgaste emocional: La tensión que se genera luego de quebrantada la confianza en cualquier relación es muy intensa y muchas parejas sencillamente no logran superar el desgaste generado.

Separación: Un escenario más de la pérdida de la confianza. Quizás los que se niegan a reconstruir una relación sobre algo de muy difícil reparación, que conlleva mucho tiempo, resulten los menos lastimados, tomando la decisión de alejarse de esa fuente de sufrimiento.

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La confianza es extremadamente delicada, no es necesario contarlo todo, ni saberlo todo del otro, la confianza real se siente, se intuye y se respira. Cuando no tenemos ningún tipo de traumas por experiencias pasadas o no hemos tomado como nuestras las experiencias desagradables de otros, podemos darle al otro nuestro voto completo de confianza, sin que sea algo que la otra persona se gane, sino que la tenga por defecto y se ocupe de no perderla.

La forma de averiguar si puedes confiar en alguien es confiar en él.-Ernest Hemingway

La tranquilidad de no tener ninguna necesidad de indagar, de acosar, de investigar o entrometernos en la vida del otro por miedo a que su comportamiento no esté alineado con lo que nosotros queremos de una relación, sin duda no tiene precio. Y pocas cosas son tan humillantes como exigir fidelidad y respeto. Si alguien no es capaz de valorarnos y debemos estarlo cuidando para no perderlo, debemos preguntarnos si ¿realmente es eso lo que queremos para nuestras vidas? o quizás ¿qué nos impide formar una relación con alguien en donde la confianza sea uno de los valores que se cuiden y se respete?

Atraemos a nuestras vidas lo que necesitamos para sanar, para crecer, para evolucionar, veámonos en los espejos de nuestras relaciones y sin consumirnos en relaciones desgastantes, tomemos lo que sea para nuestro crecimiento y sigamos adelante, con la certeza de que el amor sano, bonito y leal también es para nosotros.

Hay personas esperando que las abraces, mientras no sueltas a quien te lastima

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Para muchos, en especial para quienes se sienten más cómodos estando relacionados con alguien, inclusive cuando en esa esa relación no encuentran lo que les gustaría para sí, resulta complicado establecer puntos finales cuando están sumergidos en relaciones que les lastiman.

Ciertamente es difícil no tener expectativas, no esperar algo de alguien, no tener sueños asociados a una persona, pero así como podemos ilusionarnos, soñar y esperar, debemos entender que muchas veces esos sueños se nos vuelven pesadillas y es momento de reaccionar a favor de nosotros mismos, generando cambios.

Los cambios que debemos procurar son aquellos que nos devuelvan o nos den, si no lo hemos experimentado, un estado de paz, en donde el amor propio, la dignidad y la protección hacia nosotros mismos marquen las pautas.

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Muchas veces son necesarios cambios sutiles, realizando ajustes de límites, enfocando nuestra atención en algo que amemos, recobrando relaciones que nos nutren y que nos permiten ver el lado amable de las relaciones que pudimos haber olvidado, eso quizás nos permite reenfocar nuestra relación y orientarla a donde la queremos llevar sin que sea necesaria una ruptura.

Por otra parte, si el deterioro es grande, si de verdad lo que nos gustaría, estamos clarísimos, de que no lo obtendremos con ese alguien que hoy nos acompaña, las medidas deben ser más radicales. Sí, puede dar miedo, puede ser frustrante, puede que hayamos invertido mucho tiempo y energía en esa persona, pero si no va a funcionar, pues mucho más lamentable y aterrador es lanzarnos durante mucho más tiempo por el mismo tobogán conocido, que no tiene un recorrido agradable y que mucho menos tiene un final feliz.

La vida es un regalo, no debemos postergar por mucho tiempo nada que entendamos necesario. Nos dolerá, pero será por ahora, no para siempre. Lo más difícil de alejarnos de relaciones inconvenientes es tomar la decisión, pero cuando nos convencemos de que merecemos más de la vida, la vida nos coloca frente a personas y situaciones que estarán en sintonía con ese merecimiento.

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Siendo amables con nosotros mismos, veremos presentes en nuestras vidas muchas muestras de amor, veremos maravillosas oportunidades, entenderemos que podemos ser nuestra mejor compañía, que no tenemos que estar con nadie por miedo a estar solos, que la soledad también es un estado maravilloso y que cuando lo valoramos, nadie puede acercarnos a ofrecernos menos de lo que nosotros mismos nos damos.

Así que deja de aferrarte a lo que te lastima y comienza por abrazarte tú mismo, que cuando te ames de corazón, sobrarán los brazos que te quieran abrazar y amar, con ese amor bonito que llena y nutre el alma.