3 caminos de huida que alimentan la angustia

Tomamos caminos de huída ante diversas situaciones que nos inquietan. Descubre por qué, cuales son y qué hacer

La mente humana reacciona de diferentes formas ante las experiencias negativas de gran impacto. Desde bloquearse hasta comenzar a hilar una serie de pensamientos preocupantes o, en algunos casos, crear un camino de huida para escapar de esa realidad displacentera. El problema es que, la mayoría de las veces, esta huida lejos de disipar la angustia, la fortalece y potencializa, sobre todo si está fundamenta en expectativas y suposiciones.

A veces, el ser humano percibe como peligrosas situaciones que no lo son. Suele pasar porque las asocia con experiencias impactantes del pasado, aunque no tengan nada que ver con ello. Como cuando se le teme a todas las personas, porque en el pasado algunas fueron crueles o abusivas.

Lo cierto es que la mente crea esos caminos de huida como mecanismos para protegerse y controlar la angustia. A continuación te presentamos tres de esos caminos de huida, que lejos de calmar la ansiedad terminan incrementándola.

1. Ubicarse en un futuro amenazante

Lo razonable es que si nos exponemos a una situación amenazante, la analicemos, la enfrentemos y la superemos en la medida de lo posible. Sin embargo, cuando hay experiencias negativas del pasado gravitando sobre nuestra vida, es posible que no logremos actuar de forma razonable.

Sucede en incontables ocasiones que en lugar de identificar y asumir la amenaza, más bien busquemos caminos de huida. Uno de ellos es ubicarnos en un futuro terrible. Veamos un ejemplo. Perdimos nuestro empleo y tenemos deudas bancarias pendientes. Lo razonable sería emplearse a fondo para buscar un nuevo trabajo y quizás intentar una renegociación de las deudas con el banco.

Sin embargo, si alguien en el pasado ha tenido una experiencia traumática relacionada con la exclusión o con el desempleo, podría actuar diferente. Quizás se deje invadir por la ansiedad y dedique mucho tiempo a imaginar un futuro terrible. Se verá a sí misma mendigando en las calles, o en la cárcel. Entonces, ni asume lo que tiene al frente, ni los caminos de huida que se plantea le llevan a resolver su problema.

Persona en un puerto

2. Compararse con modelos ideales, otro de los caminos de huida

A veces, somos muy buenos culpabilizándonos. Y no es raro que la angustia nos induzca a tomar uno de esos caminos de huida relacionados con el martirio. En lugar de analizar cómo reparar un error o aprender de él, comenzamos a fustigarnos pensando en todo lo que podríamos haber hecho y no hicimos. O en todo lo que podríamos ser y no somos.

Uno de los caminos de huida de la angustia es compararnos con los modelos de ideales. Por supuesto, para salir perdiendo. Esto es resultado de experiencias pasadas que nos impactaron emocionalmente, particularmente del rechazo o el castigo por no haber hecho “lo correcto” en algún momento.  Y se reflejan así en el presente, como una angustia desmedida frente a cualquier fallo que tengamos.

3. Volver al pasado para revivir situaciones que ya no están

Otro de los caminos de huida de la angustia conduce hacia el pasado. Esto ocurre cuando estamos frente a alguna situación frustrante o dolorosa que no logramos aceptar. Lo más usual es que esto suceda cuando tenemos una pérdida afectiva, bien sea por muerte o porque una relación que finalizó o se frustró. Como consecuencia, experimentamos mucha ansiedad y tratamos de disiparla volviendo, una y otra vez, a los recuerdos de lo que fue alguna vez, pero ya no es.

Esta forma de actuar tampoco disipa lo angustiante de la situación. Quizás no sentimos algo confortados cuando repasamos esos hechos del ayer. Sin embargo, tarde o temprano tenemos que regresar al presente y volvemos a experimentar la ansiedad con todas sus fuerzas. Es un gran desgaste emocional pasar por esto. Sin embargo, no reparamos en que gastaríamos menos energías trabajando por aceptar lo sucedido, que volviendo una y otra vez sobre el ayer.

caminos de huida

Como vemos, es muy importante que trabajemos por elaborar toda experiencia traumática del pasado. Estas nunca se olvidan, aunque sí pueden relegarse o reprimirse. Pero no por ello dejan de estar ahí, acechando nuestro presente. De ahí la importancia de encarar esas situaciones negativas, trabajarlas y lograr deshacernos de ellas. Cuando no lo hacemos terminan filtrándose como angustia. Por lo tanto, fácilmente nos llevan a alguno de los caminos de huida, que a su vez nutren nuevas ansiedades.

No te apures, todo después de un tiempo o te deja de doler o te deja de importar.

El hacernos conscientes que todo cambia con el transcurrir del tiempo, nos puede dar algo de consuelo cuando estamos atravesando momentos que nos duelen, cuando hemos tomado decisiones difíciles con consecuencias que nos cambian la vida, cuando las han tomado por nosotros o sencillamente cuando estamos atravesando por situaciones que podemos o no entender, pero que de una u otra forma roban nuestra energía vital.

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Ciertamente la experiencia nos enseña que las heridas mientras ven cicatrizando van dejando de doler, no necesariamente las olvidaremos, pero cada vez el dolor será menor, cada vez podremos con mayor facilidad pensar o hablar de ello sin que en un nudo se nos atraviese en la garganta, cada vez nos hacemos más capaces de desvincular el drama de alguna experiencia y entenderla o aceptarla.

Inclusive gracias al tiempo somos capaces de agradecer algo que en nuestro pasado fue una verdadera lamentable experiencia y hoy entendemos que fue una de las más grandes bendiciones, que de no haber vivido aquello, no hubiésemos tenido la posibilidad de experimentar cualquier otra cosa que haya sido determinante en nuestras vidas.

La actitud como tu mejor arma

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La actitud es muy importante al momento de enfrentarnos a una pena, tenemos facilidad para aferrarnos al sufrimiento, para agregar más y más motivos para sentirnos peor, para plantearnos escenarios catastróficos, para hacernos miles de preguntas que quizás no podemos contestar, para sentir culpa, rencor, rabia, dolor… Pero si damos paso a un poco de consciencia y dejamos de identificarnos con todo aquello asociado a nuestro ego y a las manifestaciones de nuestra mente, se nos hace más sencillo el tránsito y la aceptación de aquello que no nos agrada o nos lastima de alguna forma.

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Pensemos en positivo, rescatemos la famosa lección de cada cosa, identifiquemos todo lo positivo que pudo habernos generado la experiencia y dejémosla ir, no debemos preocuparnos. De igual manera eventualmente dejará de doler y/o dejará de importarnos. Pero obviamente podemos llegar de forma más rápida o más lenta a este punto y eso solo lo haremos posible con nuestra actitud, con nuestra fortaleza mental y espiritual.

Así que no te afanes, ni derrames más lágrimas que las necesarias. Sí, todo duelo debe vivirse hasta llegar a la aceptación, pero no permitas que una mala experiencia te consuma, aprende, laméntate, llora, agradece, canaliza, haz lo que tengas que hacer, pero procurando conscientemente tu bienestar. De igual manera todo pasa, todo cambia y esta no será la excepción.

Señales de que estás quemado emocionalmente

Algunas personas se agotan emocionalmente por una sobrecarga de exigencias o una acumulación de experiencias difíciles. Otros llegan quemados emocionalmente a la vida adulta, en razón a una infancia traumática.

El agotamiento psicológico es un angustioso estado que muchas personas padecen sin saberlo. Se puede llegar a estar quemado emocionalmente pero creer que todo se debe a un trabajo no muy gratificante o a unas relaciones sociales no muy fluidas. Esto puede ser cierto, pero también es posible que esté ocurriendo todo lo contrario: es la fatiga emocional la que no permite que lo demás funcione.

Estar quemado emocionalmente significa quedarse sin fuerzas. Ocurre cuando vives de manera mecánica, sin pensar ni sentir mucho y actuando todo el tiempo como si todo lo que te sucediera fuera impuesto. Como si tu vida no te perteneciera y eso no te importara.

En ciertos casos alguien llega quemado emocionalmente a la vida adulta. Si la familia es disfuncional, probablemente ha tenido que invertir muchas de sus energías en tratar de ubicarse y comprender un entorno adverso. Estas son algunas de las señales que te pueden ayudar a identificar si eres víctima de esa fatiga emocional.

Cansancio constante

Este cansancio se diferencia del cansancio normal en que sientes la fatiga aun teniendo suficiente tiempo de descanso. Es como si el cuerpo y la mente no quisieran trabajar. Como si lo único viable fuera tenderte en la cama y levantarte al mes siguiente. Pero, incluso si haces eso, la sensación de cansancio no se disipa.

chica pensando en alguien quemado emocionalmente

Y es que el cansancio emocional pesa tanto o más que el cansancio físico. Cuando estás quemado emocionalmente es porque las circunstancias desbordan los recursos que tienes para asumirlas. Así mismo, una larga lista de dificultades emocionales no resueltas, dan como resultado esa sensación de peso subjetivo que te lleva a la fatiga.

Cinismo, una señal de que estás quemado emocionalmente

El cinismo moderno es esa actitud que lleva a insistir e incluso ufanarse de algo que conscientemente se está haciendo de una manera inadecuada. Algo así como: “Sí, lo estoy haciendo mal, ¿y qué?” Así mismo, ese cinismo se expresa con acciones autodestructivas y/o temerarias. Caminar tarde por un sitio peligroso, conducir a altas velocidades u otras situaciones de riesgo.

Todo esto es señal de que hay un hartazgo generalizado frente a la vida. Estás quemado emocionalmente y eso te conduce a bloquear tus sentimientos y anestesiarte. Es como si quisieras o no pudieras evitar gritarle al mundo que no te importa nada. Quizás sí te importa, pero tu energía vital está menguada y sientes que no tienes fuerza para resistirte o para intentar algo mejor.

Desapego

Este tipo de desapego se experimenta como una imposibilidad para conectarte realmente con las personas o las situaciones en las cuales te encuentras. Es como si existiera una distancia invisible que te impide crear un vínculo genuino con el mundo y con la vida.

mano con pluma simbolizando al que está quemado emocionalmente

En el marco de ese desapego puede emerger un sentimiento de soledad, que tampoco te importa demasiado. Lo asumes como un hecho dado, no como una realidad que podrías cambiar a tu favor. Es usual que te armes de frases hechas sobre la validez del egoísmo o la inutilidad de los afectos.

Sentimiento de ineficacia

Cuando alguien está quemado emocionalmente también se percibe a sí mismo como impotente o incapaz. Hace todo cuanto está en sus manos para convencerse de que ningún esfuerzo será suficiente para lograr algo. También menospreciará el logro: ¿para qué plantearse objetivos, si al final todo sigue siendo igual?

El sentimiento de ineficacia nutre esa fatiga emocional que se experimenta. Es como si para hacer cualquier cosa se requiriera de toneladas de energía, de la cual no se dispone. De este modo, todo parece lejano y difícil. Por eso una persona que está emocionalmente quemada suele optar por la pasividad.

Aburrimiento frecuente

En estos casos existe una enorme dificultad para disfrutar de lo grande y lo pequeño. Casi cualquier cosa parece aburrida, monótona o sin gracia. No hay deseos de hacer planes ni de emprender ningún proyecto. Lo que prima es la inercia. La persona simplemente se deja llevar por las circunstancias, sin oponer resistencia. Si esto no se trata, puede convertirse en anhedonia.

Si crees que estás quemado emocionalmente, debes saber que todo puede ser diferente. Es probable que necesites ayuda profesional, no porque seas víctima de algún tipo de deficiencia, sino porque alguien externo puede detectar y ayudarte a abordar asuntos que pueden pasar inadvertidos para ti.

Hombre aburrido en el trabajo y quemado emocionalmente

En un estado así debes darle prioridad a tu bienestar. Nada es más importante que tú mismo. Puedes sorprenderte al comprobar que si emprendes un proceso de transformación, los resultados pueden comenzar a verse rápidamente. Más que un gran acopio de fuerzas para desbloquear tus emociones, lo que necesitas simplemente es tomar la decisión de elegir un nuevo camino.

7 señales de un sufrimiento emocional no resuelto

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Es un error pensar que las situaciones difíciles, o que nos han implicado un gran sufrimiento, se resuelven solo con el paso del tiempo. No actuar de manera impulsiva o pensar en otra cosa en muchos casos es insuficiente. Si el problema o trauma no se elabora y se cierra, el sufrimiento difícilmente cesará del todo, por mucho que el caer de las hojas del calendario pueda difuminarlo un poco.

Como norma, ni quedarse todo el tiempo en el dolor ni evadirlo son soluciones acertadas. Esas experiencias dolorosas requieren una digestión activa. Esto es, comprenderlas a fondo e influir sobre la huella que dejarán en nuestra vida.

En muchos casos, cuando hay un sufrimiento emocional no resuelto, la vida se empieza a volver complicada. El mal carácter se cronifica, el sistema inmunológico se debilita y mantener la concentración requiere un gran esfuerzo. Te sientes mal, pero no atinas a identificar la fuente de ese malestar. Estas son algunas señales de que hay algo por elaborar en tu pasado.

1. Dificultades para manejar la ira

Esta es una de las señales más habituales de sufrimiento no resuelto. Se filtra en tu vida como irritación constante. Te enfadas por cualquier cosa y se vuelven frecuentes las discusiones o conflictos con los demás. Estás de mal humor a todas horas y no hay gesto o fortuna que te lo quite.

Es como si sintieras una rabia de fondo que no se diluye. Tus expresiones de ira se vuelven desproporcionadas. Explotas violentamente con relativa frecuencia. A veces te propones ser diferente, pero no lo logras. Te pasas el día pidiendo disculpas, enfadándote contigo mismo también. Buscas y buscas razones para justificar tu ira. Puede que en el fondo haya un sufrimiento emocional no resuelto.

Chica con vestido lleno de aviones de papel experimentando sufrimiento emocional no resuelto

2. Inestabilidad en las relaciones sociales

De forma a veces imperceptible, tus relaciones con los demás cambian. De repente los demás te parecen aburridos, poco merecedores de atención o francamente insufribles. Te cuesta ver algo bueno en quienes te rodean. Te descubres, más bien, cuantificando sus defectos.

A veces sientes ganas de salir y quedas con alguien, pero justo antes de hacerlo te arrepientes y te metes a la cama. Inventas excusas para no compartir con quienes antes compartías. Sientes que prefieres la soledad, pero tampoco estando solo te sientes cómodo.

3. Descuido personal

Una persona que se quiere, que valora quién es y lo que tiene, también se cuida y lo cuida. No solamente se refiere a la apariencia externa, sino a todos esos detalles que conforman la rutina. Las horas de comer, por ejemplo, pueden tornarse azarosas.

Algo similar ocurre con el descanso. Duermes mucho o demasiado poco. Tus hábitos normales parecen sufrir un descontrol. Algunas personas también comienzan a involucrarse en situaciones que implican riesgo físico o peligro para la integridad personal.

Chica con los ojos cerrados experimentando sufrimiento emocional no resuelto

4. Desesperanza, la señal de un sufrimiento no resuelto

La desesperanza es ese sentimiento de contar con una brújula que no funciona, para la que no hay norte. También implica el pensamiento de que en el futuro nada va a cambiar, la idea de que la situación es mala y de que lo seguirá siendo, hagamos lo que hagamos. Se mira hacia adelante y solo se ve una repetición eterna de lo mismo. No hay interés, ni entusiasmo por lo que viene.

Este sentimiento de desesperanza puede ser esporádico o permanente. Si se mantiene durante mucho tiempo puede generar la sensación de que estás a punto de perder la razón o de terminar con todo. Llegar a ese punto significa que necesitamos ayuda.

5. Pensamientos obsesivos y compulsiones

Cuando hay un sufrimiento emocional no resuelto, la cabeza se llena de miedos o aprehensiones poco razonables, nada probables. Esto se torna obsesivo, en ocasiones. Por ejemplo, comienzas a creer que habrá un incendio en tu casa. Entonces empiezas a revisar, día tras día, una y otra vez, los posibles orígenes o causas de ese incendio que solo tú imaginas, al que solo tú le confieres realidad y por lo tanto temes. Y así todos los días.

Los comportamientos compulsivos surgen generalmente como un remedio instantáneo -y poco duradero- para las obsesiones. Por otro lado, las compulsiones terminan haciendo prisionera a la persona de sus propias obsesiones, ya que por mucho que en un primer momento las clamen, a largo plazo lo único que hacen es alimentarlas.

Chico con rostro recortado experimentando sufrimiento emocional no resuelto

6. Fatiga

A muchas personas con un sufrimiento emocional no resuelto les invade una sensación de cansancio constante. Se experimenta tanto en el plano físico como en el mental. Es como si no se tuviera energía para nada, como si la pendiente suave de antes se hubiera trasformado en una pared rocosa.

Esa falta de vitalidad se traduce también en una vida más sedentaria. En cuanto tienes un tiempo libre te tiras en la cama a ver televisión o a dormitar. No sientes que las fuerzas te alcancen para realizar una actividad diferente a la de ahorrar energía para escalar esas paredes que han aparecido de pronto.

7. Falta de deseo

Un sufrimiento enquistado también puede erosionar el deseo sexual. No solamente el interés por tener relaciones sexuales propiamente dichas, sino también el interés por acariciar y ser acariciado. Por seducir y ser seducido.

Así, con la ausencia de deseo desaparece también una fuente de placer. Una actividad, la sexual, que antes le daba color a la vida e incluso reforzaba los lazos con la pareja. Así, sin estos momentos, es habitual que la complicidad con el otro también se vea amenazada… y justo en el momento en el que la persona necesita más apoyo. Así, la empatía se vuelve más difícil justo cuando es más necesaria.

Chica en una cama experimentando sufrimiento emocional no resuelto

Todas esas características pueden ser señales de que hay un sufrimiento emocional no resuelto. Está en tu pasado. A veces logras identificar la fuente de ese dolor, pero a veces no. En ambos casos, estás en una situación que exige ayuda profesional. Te sorprenderá todo lo que un profesional puede ayudarte.

Karma: entenderás el daño que hiciste cuando te lo hagan

Palabra karma iluminada

¿Has tenido alguna vez la sensación de que la vida te estaba pagando con una moneda que antes había estado en tu mano? Como si en un momento atrás hubieses sido tú quien la lanzaba al aire, buscando su mejor versión y huyendo, egoístamente, de las consecuencias de su paradero. Algo así ocurre con el karma: siempre regresa.

A veces es cierto que parece que solo las malas acciones que han hecho daño son las devueltas y que cuando lo hemos hecho bien se quedan en el vacío. Lo que ocurre es que los sucesos dañinos nos marcan más y es por ello por lo que se recuerdan para toda la vida, nos guste o no: tanto si te tocó ser cuchillo, como si fuiste herida.

La palabra Karma significa ‘hacer’/ ‘acción’

El karma significa ‘hacer’ y recoge todo el campo de acciones físicas, verbales y mentales. Para que lo entendamos, es algo así como que todo lo que se hace desprende en una especie de energía que nos acompaña, positiva o negativa. Nuestras acciones regresan no en forma de actos, sino de dicha energía y equilibrio.

Hombre con balanza

Justamente es por esto por lo que cuando hacemos daño a alguien no somos conscientes de la magnitud del dolor hasta que no lo sufrimos en su misma posición: creemos que se puede hacer y deshacer sin comprender del todo que la manera de recibir los hechos en unos y otros es diferente.

Decimos: esto es el karma. Me ha devuelto lo que hice y lo hace con un plus. No es un ‘plus’, es solo que ahora somos conscientes de la realidad completa de lo que hicimos y la lección nos valdrá para siempre a partir de ahí.

La ley de causa y efecto

La ley de causa y efecto nos enseña -entre otras cosas- que cuesta más encajar el efecto que provocar la causa: cuando tomamos una decisión en la que están involucradas otras personas las consecuencias pueden ser nefastas. Pongamos por ejemplo una relación en la que se es infiel: quien comete la infidelidad solo entenderá lo que ocasiona cuando tenga que vivirlo en la situación opuesta.

Sin embargo, esta misma ley también sirve para el karma positivo aunque muchas veces no nos demos cuenta: preocuparse por lo que se da, por intentar que el mundo de las personas que nos quieren sea más feliz, implica un aura positiva que vendrá de vuelta en otras formas de alegría.

En este sentido, bajo la idea de karma está la inteligencia de “quien hace el bien sin mirar a quien”, como se suele decir. El “bien mirado” tiene en cuenta que en tus decisiones pueden estar las emociones de otros.

manos alcanzando mariposas

Construir, construirse

El concepto de karma nos ayuda a edificar nuestro mañana y a construirnos por dentro, pues como hemos explicado los ‘hoy’ pueden ser parte de las circunstancias que tengamos que enfrentar en el futuro. Esto es, la mayoría de veces recogemos lo que sembramos, en mayor o menor justicia.

Por estas razones le damos el sentido a lo que nos sucede y entrelazamos unos hechos con otros porque todo parece estar unido por hilos que se manifiestan en forma de emociones. Buenas energías conllevarán otras buenas y al contrario: un devenir que no siempre se cumple, pero que suele estar ahí para recordarnos que en nuestras emociones también están las de las personas que nos quieren.

5 pasos para superar un recuerdo traumático

Mujer mirando hacia abajo con cara de tristeza por un recuerdo traumático

Superar un recuerdo traumático es, en la mayoría de las ocasiones, una difícil tarea que es necesario afrontar antes de que perjudique a las personas durante toda la vida y cambie su personalidad y su forma de ser.

El trauma se define como una herida psíquica que sufren las personas como consecuencia de un suceso negativo en su vida, que les afecta de forma dramática causándoles dolor y angustia emocional.

No podemos cambiar el pasado, aquella vivencia que nos causó tanto dolor (la muerte de un ser querido, una relación de pareja compleja o haber sufrido maltrato en la infancia) forma parte de nuestra existencia y, en ocasiones, tiene un gran valor como experiencia educativa vital, aunque no seamos conscientes de ello: nos enseña y nos prepara para enfrentarnos en el futuro a situaciones similares.

Resiliencia: la evolución del recuerdo traumático

Resulta curioso cómo ante una experiencia traumática hay personas que salen reforzadas. Los traumas y nuestras debilidades, pueden transformarse en una práctica positiva siempre que seamos capaces de integrarlos en nuestras vidas y adaptarnos.

Planta en la carretera

Extraer una vivencia positiva de un suceso traumático no depende sólo de la capacidad de una persona sino de una consecución de sucesos en los que intervienen varias personas y elementos para conseguir salir reforzado de esa situación y, por lo tanto, aprender de ello.

 

Bloqueo de recuerdos como mecanismo de defensa

Nuestra memoria funciona de forma selectiva con los recuerdos que guarda y en situaciones traumáticas; es decir, en estos casos nuestra memoria activa un mecanismo de defensa para ignorar el pasado y poder continuar hacia adelante.

Este mecanismo de defensa en un afán de protegernos frente a las situaciones traumáticas vividas, bloquea los recuerdos negativos para evitarnos el sufrimiento de tener que revivir aquellos momentos. La amnesia actúa como escudo de protección ante aquello que no podemos asimilar por el dolor que nos causa.

Es frecuente evitar los pensamientos asociados al recuerdo traumático e incluso evitar aquellas situaciones, actividades, objetos o personas que nos llevan a recordar lo sucedido. Sin embargo, la coyuntura de no recordar estas situaciones traumáticas, no elimina el efecto negativo que aquellos sucesos nos ocasionaron. El dolor, la pena, el miedo o la rabia continúan presentes.

Cómo superar un recuerdo traumático

Confía en los que te rodean

Intenta rodearte de gente que te escuche y te apoye. Habla de lo que te ocurre, exterioriza tus sentimientos sobre los recuerdos que te atormentan y no te dejan disfrutar de la vida. Las personas de confianza te van a apoyar y van a empatizar contigo.

Puede ocurrir que en ocasiones el trauma sea el resultado de lo que se percibió y no realmente de lo que sucedió. Por ejemplo, que una persona durante su infancia se sintiese rechazada o no querida, pero esto no significa que efectivamente haya sido así. Sin embargo, al haberlo vivido como si así fuese, sufrirá todas las consecuencias que se derivan de un trauma emocional.

Tómate tu tiempo para recuperarte

Después de cualquier suceso traumático siempre hay un proceso de recuperación hasta que nos volvemos a redimir emocionalmente. Si has vivido una experiencia tan negativa tu cuerpo y tu mente se verán afectados. Esta situación conlleva cambios a nivel físico, comportamental y en la forma en la que afrontes tu vida a partir de ese momento.

La finalización del proceso de recuperación dependerá de cada persona, es difícil poner un límite, puesto que hablamos de emociones. Se considera un momento clave aquel en el que somos capaces de mirar hacia el pasado y recordar sin intenso dolor lo ocurrido.

Mujer mirando triste por la ventana

Busca ayuda profesional

En determinadas ocasiones no se tiene clara la causa del trauma. Lo principal en este caso, es descubrirla para comprender el porqué del problema y a partir de ahí poner solución. Es aconsejable acudir a un profesional para que a través del trabajo terapéutico se logre encontrar el origen de ese caos emocional.

Dedícate tiempo

Intenta reconducir tu vida reflexionando sobre cómo vas a afrontar el futuro. Busca grupos de apoyo en los que se hable de experiencias similares para expresar tus dudas, miedos y emociones, en un entorno acogedor y donde van a comprenderte.

Retoma tu vida social, queda con tu grupo de amigos. Lo importante es que permanezcas activo. Acudir a algún curso o centro de reunión te servirá de distracción e incrementará tu autoestima. Haz ejercicio físico. La fuerza, flexibilidad y equilibrio son los tres pilares sobre los que se erige nuestra salud, sobre todo cuando el recuerdo traumático nos atenaza.

Dale un sentido a tu vida

Si le buscas un sentido a tu vida aumentará tu valoración personal y encontrarás una justificación para tus actos. Impedirás que la angustia mine tu estado de ánimo y, aparte de potenciar tu resilencia, evitarás que el recuerdo traumático invada tu día a día.

Decía Viktor Frankl que la búsqueda del sentido de la vida es la esencia de nuestra existencia. Que nuestra felicidad depende de la actitud de exploradores con la que nos movemos por el mundo.

Todas las emociones son aceptables, todos los comportamientos no

 
Chica con flores que representan emociones

Todos tenemos derecho a sentir cualquier tipo de emoción, todos tenemos experiencias que nos hacen vivir en nuestro cuerpo y nuestra mente sentimientos diferentes. En este sentido, todas las emociones que vivimos son aceptables, pero lo que no podemos aceptar es cualquier tipo de expresión o canalización de los comportamientos que puedan emerger de esas emociones.

Nuestro trabajo se encuentra en identificar las emociones, en reconocerlas antes de que nos dominen y que no podamos imponerles nuestro control. A partir de ahí, saber darles una salida que no perjudique a nadie y que nos permita expresar, controlar y canalizar aquello que sentimos.

A veces las emociones surgen sin que pueda mediar una anticipación. Casi de forma automática sentimos rabia, sentimos ira, sentimos venganza y no es que no debamos sentir esto. Otra cosa es permitirles que tomen el timón. Sentir significa que estamos vivos, vivenciarlo en nosotros es sentir que algo nos importa; es natural, pero en el momento en el que las emociones toman el control de nosotros y nos hacen hablar sin haber podido pararnos a pensar y calmarnos, pierden todo su poder positivo, y con él, pierde valor cualquiera de nuestros actos que deriven de ella.

Chica sin cabeza cogiendo mariposas

¿Se pueden controlar las emociones?

Existen emociones que surgen sin darnos cuenta, casi de forma automática, que aparecen casi al instante de que ocurra la acción. Por ejemplo, vemos a una persona que nos sigue en un callejón oscuro y aparece el miedo, nos hacen un regalo y nos ponemos felices.

La manera en la que nos hablamos, es decir, la manera en que pensamos, nos hace potenciar lo que sentimos, nos hace analizar la situación y es la que también contribuye a que aparezcan unas emociones u otras. Por ejemplo si seguimos caminando por ese callejón y vemos a alguien detrás, podemos calmar nuestro miedo si pensamos o nos decimos a nosotros mismos que es alguien que vive en el edificio de la izquierda, al contrario que si pienso que camina justo detrás de mí y lleva un arma para atacarme.

Chica de colores

Por ello, puede que a veces nuestras emociones aparezcan al instante, pero nuestra forma de reaccionar estará mediada por nuestros pensamientos y nuestra intervención interior y aquí es donde está nuestro margen para actuar. Tomarnos nuestro tiempo para analizar qué siento, y por qué, dar el espacio a la emoción y mediar con nuestro pensamiento para que se cree un enlace directo entre la emoción y la acción. Sino que nuestro poder se encuentre en recapacitar y tomarnos un tiempo antes de actuar.

No todos los comportamientos son justificables

Quizás el error esté en pensar que por sentir algo tenemos derecho a actuar como nos nazca y no es así, la libertad de mis actos acaba cuando empieza la de los demás y por ello una determinada emoción nunca puede justificar una violación de los derechos de los demás. El poder de mi libertad también reside en el control sobre mis actos.

Chica rodeada de dientes de león

Puedo sentir rabia, y es aceptable, puedo sentir rencor y es aceptable, puedo sentir odio y también será aceptable, pero nunca lo será hacer daño a los demás a causa de mi enfado o de mi rabia si no es estrictamente en defensa propia. Toda emoción es justificable pero no todos los comportamientos.

De esta manera, es nuestra obligación aprender a canalizar todas las emociones que nos hacen daño, a darles una salida que sea beneficiosa para todos, una salida que me alivie y me permita expresar lo que siento. Todo nuestro poder está en nosotros y en la gestión que hacemos de lo que ocurre en nuestro interior. Somos libres de sentir, e incluso de recrearnos en cualquier tipo de emoción, pero somos también responsables de los actos que emprendamos motivados por ellas.