7 señales de un sufrimiento emocional no resuelto

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Es un error pensar que las situaciones difíciles, o que nos han implicado un gran sufrimiento, se resuelven solo con el paso del tiempo. No actuar de manera impulsiva o pensar en otra cosa en muchos casos es insuficiente. Si el problema o trauma no se elabora y se cierra, el sufrimiento difícilmente cesará del todo, por mucho que el caer de las hojas del calendario pueda difuminarlo un poco.

Como norma, ni quedarse todo el tiempo en el dolor ni evadirlo son soluciones acertadas. Esas experiencias dolorosas requieren una digestión activa. Esto es, comprenderlas a fondo e influir sobre la huella que dejarán en nuestra vida.

En muchos casos, cuando hay un sufrimiento emocional no resuelto, la vida se empieza a volver complicada. El mal carácter se cronifica, el sistema inmunológico se debilita y mantener la concentración requiere un gran esfuerzo. Te sientes mal, pero no atinas a identificar la fuente de ese malestar. Estas son algunas señales de que hay algo por elaborar en tu pasado.

1. Dificultades para manejar la ira

Esta es una de las señales más habituales de sufrimiento no resuelto. Se filtra en tu vida como irritación constante. Te enfadas por cualquier cosa y se vuelven frecuentes las discusiones o conflictos con los demás. Estás de mal humor a todas horas y no hay gesto o fortuna que te lo quite.

Es como si sintieras una rabia de fondo que no se diluye. Tus expresiones de ira se vuelven desproporcionadas. Explotas violentamente con relativa frecuencia. A veces te propones ser diferente, pero no lo logras. Te pasas el día pidiendo disculpas, enfadándote contigo mismo también. Buscas y buscas razones para justificar tu ira. Puede que en el fondo haya un sufrimiento emocional no resuelto.

Chica con vestido lleno de aviones de papel experimentando sufrimiento emocional no resuelto

2. Inestabilidad en las relaciones sociales

De forma a veces imperceptible, tus relaciones con los demás cambian. De repente los demás te parecen aburridos, poco merecedores de atención o francamente insufribles. Te cuesta ver algo bueno en quienes te rodean. Te descubres, más bien, cuantificando sus defectos.

A veces sientes ganas de salir y quedas con alguien, pero justo antes de hacerlo te arrepientes y te metes a la cama. Inventas excusas para no compartir con quienes antes compartías. Sientes que prefieres la soledad, pero tampoco estando solo te sientes cómodo.

3. Descuido personal

Una persona que se quiere, que valora quién es y lo que tiene, también se cuida y lo cuida. No solamente se refiere a la apariencia externa, sino a todos esos detalles que conforman la rutina. Las horas de comer, por ejemplo, pueden tornarse azarosas.

Algo similar ocurre con el descanso. Duermes mucho o demasiado poco. Tus hábitos normales parecen sufrir un descontrol. Algunas personas también comienzan a involucrarse en situaciones que implican riesgo físico o peligro para la integridad personal.

Chica con los ojos cerrados experimentando sufrimiento emocional no resuelto

4. Desesperanza, la señal de un sufrimiento no resuelto

La desesperanza es ese sentimiento de contar con una brújula que no funciona, para la que no hay norte. También implica el pensamiento de que en el futuro nada va a cambiar, la idea de que la situación es mala y de que lo seguirá siendo, hagamos lo que hagamos. Se mira hacia adelante y solo se ve una repetición eterna de lo mismo. No hay interés, ni entusiasmo por lo que viene.

Este sentimiento de desesperanza puede ser esporádico o permanente. Si se mantiene durante mucho tiempo puede generar la sensación de que estás a punto de perder la razón o de terminar con todo. Llegar a ese punto significa que necesitamos ayuda.

5. Pensamientos obsesivos y compulsiones

Cuando hay un sufrimiento emocional no resuelto, la cabeza se llena de miedos o aprehensiones poco razonables, nada probables. Esto se torna obsesivo, en ocasiones. Por ejemplo, comienzas a creer que habrá un incendio en tu casa. Entonces empiezas a revisar, día tras día, una y otra vez, los posibles orígenes o causas de ese incendio que solo tú imaginas, al que solo tú le confieres realidad y por lo tanto temes. Y así todos los días.

Los comportamientos compulsivos surgen generalmente como un remedio instantáneo -y poco duradero- para las obsesiones. Por otro lado, las compulsiones terminan haciendo prisionera a la persona de sus propias obsesiones, ya que por mucho que en un primer momento las clamen, a largo plazo lo único que hacen es alimentarlas.

Chico con rostro recortado experimentando sufrimiento emocional no resuelto

6. Fatiga

A muchas personas con un sufrimiento emocional no resuelto les invade una sensación de cansancio constante. Se experimenta tanto en el plano físico como en el mental. Es como si no se tuviera energía para nada, como si la pendiente suave de antes se hubiera trasformado en una pared rocosa.

Esa falta de vitalidad se traduce también en una vida más sedentaria. En cuanto tienes un tiempo libre te tiras en la cama a ver televisión o a dormitar. No sientes que las fuerzas te alcancen para realizar una actividad diferente a la de ahorrar energía para escalar esas paredes que han aparecido de pronto.

7. Falta de deseo

Un sufrimiento enquistado también puede erosionar el deseo sexual. No solamente el interés por tener relaciones sexuales propiamente dichas, sino también el interés por acariciar y ser acariciado. Por seducir y ser seducido.

Así, con la ausencia de deseo desaparece también una fuente de placer. Una actividad, la sexual, que antes le daba color a la vida e incluso reforzaba los lazos con la pareja. Así, sin estos momentos, es habitual que la complicidad con el otro también se vea amenazada… y justo en el momento en el que la persona necesita más apoyo. Así, la empatía se vuelve más difícil justo cuando es más necesaria.

Chica en una cama experimentando sufrimiento emocional no resuelto

Todas esas características pueden ser señales de que hay un sufrimiento emocional no resuelto. Está en tu pasado. A veces logras identificar la fuente de ese dolor, pero a veces no. En ambos casos, estás en una situación que exige ayuda profesional. Te sorprenderá todo lo que un profesional puede ayudarte.

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Karma: entenderás el daño que hiciste cuando te lo hagan

Palabra karma iluminada

¿Has tenido alguna vez la sensación de que la vida te estaba pagando con una moneda que antes había estado en tu mano? Como si en un momento atrás hubieses sido tú quien la lanzaba al aire, buscando su mejor versión y huyendo, egoístamente, de las consecuencias de su paradero. Algo así ocurre con el karma: siempre regresa.

A veces es cierto que parece que solo las malas acciones que han hecho daño son las devueltas y que cuando lo hemos hecho bien se quedan en el vacío. Lo que ocurre es que los sucesos dañinos nos marcan más y es por ello por lo que se recuerdan para toda la vida, nos guste o no: tanto si te tocó ser cuchillo, como si fuiste herida.

La palabra Karma significa ‘hacer’/ ‘acción’

El karma significa ‘hacer’ y recoge todo el campo de acciones físicas, verbales y mentales. Para que lo entendamos, es algo así como que todo lo que se hace desprende en una especie de energía que nos acompaña, positiva o negativa. Nuestras acciones regresan no en forma de actos, sino de dicha energía y equilibrio.

Hombre con balanza

Justamente es por esto por lo que cuando hacemos daño a alguien no somos conscientes de la magnitud del dolor hasta que no lo sufrimos en su misma posición: creemos que se puede hacer y deshacer sin comprender del todo que la manera de recibir los hechos en unos y otros es diferente.

Decimos: esto es el karma. Me ha devuelto lo que hice y lo hace con un plus. No es un ‘plus’, es solo que ahora somos conscientes de la realidad completa de lo que hicimos y la lección nos valdrá para siempre a partir de ahí.

La ley de causa y efecto

La ley de causa y efecto nos enseña -entre otras cosas- que cuesta más encajar el efecto que provocar la causa: cuando tomamos una decisión en la que están involucradas otras personas las consecuencias pueden ser nefastas. Pongamos por ejemplo una relación en la que se es infiel: quien comete la infidelidad solo entenderá lo que ocasiona cuando tenga que vivirlo en la situación opuesta.

Sin embargo, esta misma ley también sirve para el karma positivo aunque muchas veces no nos demos cuenta: preocuparse por lo que se da, por intentar que el mundo de las personas que nos quieren sea más feliz, implica un aura positiva que vendrá de vuelta en otras formas de alegría.

En este sentido, bajo la idea de karma está la inteligencia de “quien hace el bien sin mirar a quien”, como se suele decir. El “bien mirado” tiene en cuenta que en tus decisiones pueden estar las emociones de otros.

manos alcanzando mariposas

Construir, construirse

El concepto de karma nos ayuda a edificar nuestro mañana y a construirnos por dentro, pues como hemos explicado los ‘hoy’ pueden ser parte de las circunstancias que tengamos que enfrentar en el futuro. Esto es, la mayoría de veces recogemos lo que sembramos, en mayor o menor justicia.

Por estas razones le damos el sentido a lo que nos sucede y entrelazamos unos hechos con otros porque todo parece estar unido por hilos que se manifiestan en forma de emociones. Buenas energías conllevarán otras buenas y al contrario: un devenir que no siempre se cumple, pero que suele estar ahí para recordarnos que en nuestras emociones también están las de las personas que nos quieren.

5 pasos para superar un recuerdo traumático

Mujer mirando hacia abajo con cara de tristeza por un recuerdo traumático

Superar un recuerdo traumático es, en la mayoría de las ocasiones, una difícil tarea que es necesario afrontar antes de que perjudique a las personas durante toda la vida y cambie su personalidad y su forma de ser.

El trauma se define como una herida psíquica que sufren las personas como consecuencia de un suceso negativo en su vida, que les afecta de forma dramática causándoles dolor y angustia emocional.

No podemos cambiar el pasado, aquella vivencia que nos causó tanto dolor (la muerte de un ser querido, una relación de pareja compleja o haber sufrido maltrato en la infancia) forma parte de nuestra existencia y, en ocasiones, tiene un gran valor como experiencia educativa vital, aunque no seamos conscientes de ello: nos enseña y nos prepara para enfrentarnos en el futuro a situaciones similares.

Resiliencia: la evolución del recuerdo traumático

Resulta curioso cómo ante una experiencia traumática hay personas que salen reforzadas. Los traumas y nuestras debilidades, pueden transformarse en una práctica positiva siempre que seamos capaces de integrarlos en nuestras vidas y adaptarnos.

Planta en la carretera

Extraer una vivencia positiva de un suceso traumático no depende sólo de la capacidad de una persona sino de una consecución de sucesos en los que intervienen varias personas y elementos para conseguir salir reforzado de esa situación y, por lo tanto, aprender de ello.

 

Bloqueo de recuerdos como mecanismo de defensa

Nuestra memoria funciona de forma selectiva con los recuerdos que guarda y en situaciones traumáticas; es decir, en estos casos nuestra memoria activa un mecanismo de defensa para ignorar el pasado y poder continuar hacia adelante.

Este mecanismo de defensa en un afán de protegernos frente a las situaciones traumáticas vividas, bloquea los recuerdos negativos para evitarnos el sufrimiento de tener que revivir aquellos momentos. La amnesia actúa como escudo de protección ante aquello que no podemos asimilar por el dolor que nos causa.

Es frecuente evitar los pensamientos asociados al recuerdo traumático e incluso evitar aquellas situaciones, actividades, objetos o personas que nos llevan a recordar lo sucedido. Sin embargo, la coyuntura de no recordar estas situaciones traumáticas, no elimina el efecto negativo que aquellos sucesos nos ocasionaron. El dolor, la pena, el miedo o la rabia continúan presentes.

Cómo superar un recuerdo traumático

Confía en los que te rodean

Intenta rodearte de gente que te escuche y te apoye. Habla de lo que te ocurre, exterioriza tus sentimientos sobre los recuerdos que te atormentan y no te dejan disfrutar de la vida. Las personas de confianza te van a apoyar y van a empatizar contigo.

Puede ocurrir que en ocasiones el trauma sea el resultado de lo que se percibió y no realmente de lo que sucedió. Por ejemplo, que una persona durante su infancia se sintiese rechazada o no querida, pero esto no significa que efectivamente haya sido así. Sin embargo, al haberlo vivido como si así fuese, sufrirá todas las consecuencias que se derivan de un trauma emocional.

Tómate tu tiempo para recuperarte

Después de cualquier suceso traumático siempre hay un proceso de recuperación hasta que nos volvemos a redimir emocionalmente. Si has vivido una experiencia tan negativa tu cuerpo y tu mente se verán afectados. Esta situación conlleva cambios a nivel físico, comportamental y en la forma en la que afrontes tu vida a partir de ese momento.

La finalización del proceso de recuperación dependerá de cada persona, es difícil poner un límite, puesto que hablamos de emociones. Se considera un momento clave aquel en el que somos capaces de mirar hacia el pasado y recordar sin intenso dolor lo ocurrido.

Mujer mirando triste por la ventana

Busca ayuda profesional

En determinadas ocasiones no se tiene clara la causa del trauma. Lo principal en este caso, es descubrirla para comprender el porqué del problema y a partir de ahí poner solución. Es aconsejable acudir a un profesional para que a través del trabajo terapéutico se logre encontrar el origen de ese caos emocional.

Dedícate tiempo

Intenta reconducir tu vida reflexionando sobre cómo vas a afrontar el futuro. Busca grupos de apoyo en los que se hable de experiencias similares para expresar tus dudas, miedos y emociones, en un entorno acogedor y donde van a comprenderte.

Retoma tu vida social, queda con tu grupo de amigos. Lo importante es que permanezcas activo. Acudir a algún curso o centro de reunión te servirá de distracción e incrementará tu autoestima. Haz ejercicio físico. La fuerza, flexibilidad y equilibrio son los tres pilares sobre los que se erige nuestra salud, sobre todo cuando el recuerdo traumático nos atenaza.

Dale un sentido a tu vida

Si le buscas un sentido a tu vida aumentará tu valoración personal y encontrarás una justificación para tus actos. Impedirás que la angustia mine tu estado de ánimo y, aparte de potenciar tu resilencia, evitarás que el recuerdo traumático invada tu día a día.

Decía Viktor Frankl que la búsqueda del sentido de la vida es la esencia de nuestra existencia. Que nuestra felicidad depende de la actitud de exploradores con la que nos movemos por el mundo.

Todas las emociones son aceptables, todos los comportamientos no

 
Chica con flores que representan emociones

Todos tenemos derecho a sentir cualquier tipo de emoción, todos tenemos experiencias que nos hacen vivir en nuestro cuerpo y nuestra mente sentimientos diferentes. En este sentido, todas las emociones que vivimos son aceptables, pero lo que no podemos aceptar es cualquier tipo de expresión o canalización de los comportamientos que puedan emerger de esas emociones.

Nuestro trabajo se encuentra en identificar las emociones, en reconocerlas antes de que nos dominen y que no podamos imponerles nuestro control. A partir de ahí, saber darles una salida que no perjudique a nadie y que nos permita expresar, controlar y canalizar aquello que sentimos.

A veces las emociones surgen sin que pueda mediar una anticipación. Casi de forma automática sentimos rabia, sentimos ira, sentimos venganza y no es que no debamos sentir esto. Otra cosa es permitirles que tomen el timón. Sentir significa que estamos vivos, vivenciarlo en nosotros es sentir que algo nos importa; es natural, pero en el momento en el que las emociones toman el control de nosotros y nos hacen hablar sin haber podido pararnos a pensar y calmarnos, pierden todo su poder positivo, y con él, pierde valor cualquiera de nuestros actos que deriven de ella.

Chica sin cabeza cogiendo mariposas

¿Se pueden controlar las emociones?

Existen emociones que surgen sin darnos cuenta, casi de forma automática, que aparecen casi al instante de que ocurra la acción. Por ejemplo, vemos a una persona que nos sigue en un callejón oscuro y aparece el miedo, nos hacen un regalo y nos ponemos felices.

La manera en la que nos hablamos, es decir, la manera en que pensamos, nos hace potenciar lo que sentimos, nos hace analizar la situación y es la que también contribuye a que aparezcan unas emociones u otras. Por ejemplo si seguimos caminando por ese callejón y vemos a alguien detrás, podemos calmar nuestro miedo si pensamos o nos decimos a nosotros mismos que es alguien que vive en el edificio de la izquierda, al contrario que si pienso que camina justo detrás de mí y lleva un arma para atacarme.

Chica de colores

Por ello, puede que a veces nuestras emociones aparezcan al instante, pero nuestra forma de reaccionar estará mediada por nuestros pensamientos y nuestra intervención interior y aquí es donde está nuestro margen para actuar. Tomarnos nuestro tiempo para analizar qué siento, y por qué, dar el espacio a la emoción y mediar con nuestro pensamiento para que se cree un enlace directo entre la emoción y la acción. Sino que nuestro poder se encuentre en recapacitar y tomarnos un tiempo antes de actuar.

No todos los comportamientos son justificables

Quizás el error esté en pensar que por sentir algo tenemos derecho a actuar como nos nazca y no es así, la libertad de mis actos acaba cuando empieza la de los demás y por ello una determinada emoción nunca puede justificar una violación de los derechos de los demás. El poder de mi libertad también reside en el control sobre mis actos.

Chica rodeada de dientes de león

Puedo sentir rabia, y es aceptable, puedo sentir rencor y es aceptable, puedo sentir odio y también será aceptable, pero nunca lo será hacer daño a los demás a causa de mi enfado o de mi rabia si no es estrictamente en defensa propia. Toda emoción es justificable pero no todos los comportamientos.

De esta manera, es nuestra obligación aprender a canalizar todas las emociones que nos hacen daño, a darles una salida que sea beneficiosa para todos, una salida que me alivie y me permita expresar lo que siento. Todo nuestro poder está en nosotros y en la gestión que hacemos de lo que ocurre en nuestro interior. Somos libres de sentir, e incluso de recrearnos en cualquier tipo de emoción, pero somos también responsables de los actos que emprendamos motivados por ellas.

Que nada ni nadie te arrebate tu magia

Mujer preocupada entre nubes

Tu magia es única. Tu forma de ser es una obra de arte esculpida a base de encuentros, desengaños, incredulidades y a base a virtuñdes y defectos llevándote en ocasiones a ser irresistiblemente caótico, impredecible y auténtico.

Evidentemente, no siempre sentimos como la magia está presente en lo que hacemos. A veces nos sentimos lúgubres, fuera de lugar, pesimistas, asténicos, apáticos; pero esto ocurre para saber detectar si un nuevo vendaval de pura vida se acerca hacia nosotros.

En el transcurso de nuestra vida, podemos vivir decepciones, podemos sentir que ya somos demasiado viejos y concluir “que cualquier época pasada fue mejor”. No te das cuenta de que no es lo que pasa en tu vida lo que te arrebata o no la magia, sino que eres tú el único que permite perderla por el camino.

mujer con lobo emergiendo del pecho

La única forma de recuperar la magia es poner a rodar la que ya tienes

Olvídate por tanto de los recuerdos bonitos si lo único que hacen es creer que jamás volverás a tenerlos. Si tienes miedo, abrígate de él. Cuándo tenemos miedo es señal de que en nuestra vida pueden pasar cosas interesantes. Y no mires al futuro con los mismos parámetros con los que lo hacías en el pasado. Tú ya no eres el mismo. Es un error de cálculo en la mirada:

“El error es mirar lo de ayer con ojos de hoy,
querer que las cosas vuelvan a ser igual
cuando tú ya no eres el mismo,
como si se pudieran reciclar los suspiros
o dar un mismo beso por segunda vez.
Los mudos no gritan, los sordos no ven la música,
con las cinco letras que se escribe tarde
no puedes escribir ahora,
el amor que fue, ese ya nunca vuelve.”

-Marwan-

Tu magia son los ojos del lobo que acechan una nueva oportunidad

Como vas a poder volver a creer en cosas bellas cuando te refugias en el regazo confortable de la melancolía, cuando te arrinconas con recuerdos y negación en el túnel de tu propio olvido. Cuando le niegas a tu alma poder poner en práctica esa magia tuya con otras personas y en otras situaciones.

La melancolía hace poemas, escribe canciones, pinta cuadros, escucha quejas y seca lágrimas…pero no reconstruye vidas. Así que plántate en un nuevo punto de partida, herida pero sabia, y lleva como estandarte a lo que vayas a vivir un ligero equipaje: fe, magia, esperanza y voluntad.

Aquellos que “necesitan” ser amados, pocas veces encuentran lo que buscan

arbol en forma de corazón que representa la necesidad de ser amado

Pocas fuentes de sufrimiento son tan desgastantes como amar desde la necesidad y la carencia, desde la obsesiva esperanza de recibir siempre algo a cambio, aunque sean las sobras… Aquellos que buscan ser amados por encima de todo, o dispuestos a sacrificar todo, son también los que siempre se conformarán con menos de lo que merecen, los que buscarán afecto en los lugares equivocados.

Es la historia de siempre, lo sabemos. Puede que nosotros mismos la hayamos pasado, superado y dejado bien atrás, pero lo que queda claro es que pocas frases se escuchan tanto en nuestro día a día, ya sea en una cena con amigos, en la consulta de un psicólogo o en el vagón del metro a las 8 de la mañana como el clásico “….pero si yo solo quiero que me quieran!”

Cabe decir que de poco sirve que le contestemos a esa persona el ya más que recurrido “Siempre puedes tener a alguien que te quiera: ese alguien eres tú”, porque no sirve, porque hay quien no sabe muy bien cómo se hace eso de amarse a uno mismo cuando el vacío es tan grande y la necesidad apremia, ciega y desespera. Porque pesa más la carencia que la paciencia de sentarse con esa persona que se refleja en el espejo para hablar con ella y convencerla de que nada tiene sentido si no existe el amor propio.

Podríamos decir casi sin equivocarnos que esta es sin duda una de nuestras mayores cuentas pendientes en el aspecto psicológico y afectivo, el hacer ver a muchas personas, sobre todo a nuestros adolescentes, que el amor no puede existir desde la necesidad. “El te quiero porque te necesito” hunde sus raíces en el mismísimo miedo, y eso no es lícito ni saludable. Porque el buen amor es la expresión misma de la libertad, de la realización personal y el bienestar.

chica sujetando cuadro liberándose de la necesidad de ser amados

Todos queremos ser amados, pero necesitarlo veta nuestra libertad

Todos conocemos la teoría, pero en nuestro día a día nos despistamos. Todos sabemos que necesitar ser amados veta nuestro crecimiento personal, que nos hace cautivos de las personas equivocadas, de esas a quienes nos aferramos esperando que sean nuestra salvación, que den sentido a cada uno de los vacíos que orlan nuestro corazón y nuestros sentidos.

Sin embargo… ¿por qué llegan a cronificarse estas conductas? ¿Por qué aún teniéndolo claro hay quien sigue alimentando su necesidad de ser amado? Estas serían alguna de las razones.

  • Quienes necesitan de forma obsesiva ser amados no cuentan, por lo general, con un modelo de referencia en el que basarse. Es común que las dinámicas familiares en las que creciera la persona necesitada de afecto se basaran en un estilo de apego equivocado. Se le educó en un amor que, lejos de nutrir fortalezas y autoestimas, ocasionó serias carencias.
  • Las personas que necesitan más amor se conforman con mucho menos. Esto hace que lleguen a aceptar cualquier cosa que les llegue, sin evaluarla, sin poner filtros. Se ajustarán a la fuerza a esa relación como la pieza cuadrada de un puzzle que busca encajar en un hueco triangular. Harán a su vez casi cualquier cosa para ser dignos, para recibir afecto, atención y consideración… Sin embargo, al no lograrlo, sus vacíos se harán más grandes y su necesidad de ser amados se intensificará.

chica con alas necesidad de ser amados

  • Viven en la contradicción continua. Este hecho es sin duda muy llamativo a la vez que destructivo para la persona que lo sufre. Tal y como hemos señalado, todos sabemos que la necesidad obsesiva y constante de ser queridos y reconocidos no es saludable. Sin embargo, hay quien no puede evitarlo, hay quien con el corazón roto y la dignidad por los suelos reincide en una nueva relación de la misma talla, forma y color porque es lo único que conoce, porque sigue primando en exceso la necesidad de recibir desde fuera lo que falta, en lugar de nutrirse desde dentro.

La importancia de “dejar de necesitar”

Todos nosotros tenemos “necesidades” o aspiraciones importantes: un buen trabajo, una casa más grande y hasta un poco más de suerte en esto de la vida… Sin embargo, son necesidades livianas, vacuas y anecdóticas que en raras ocasiones generan dependencia o adquieren profundidad. Somos conscientes de que nuestro día a día iría un poco mejor si lográramos esas aspiraciones, pero no nos obsesionan: las entendemos más como deseos que como necesidades.

Una buena idea en este sentido pasa por corregir términos y vivir de acuerdo a ellos con más integridad. En lugar de necesitar ser amados, deseemos ser amados. Conjuguemos otros verbos y otros enfoques. Asimismo, cambiemos la obsesión relacionada con “encontrar” un amor por “dejar” que sea el amor quien nos encuentre a nosotros.

chica volando sobre una pluma feliz por liberarse de la necesidad de ser amados

Permitamos que sea el destino, la casualidad o la propia vida quienes nos acerquen hacia esa persona especial, mientras nosotros no dejamos de cuidar de nuestro jardín interior. Buscando o encontrando cierto placer en esa soledad, sin apegarnos a un ideal imposible, sin poner ante otros un cuenco vacío esperando ser nutridos con lo que quieran ofrecernos….

Cuidemos por tanto de nuestro amor propio alimentando nuestras propias cuotas de reconocimiento y cariño. Esas que cuando están cubiertas impiden que nos maltratemos o que nos maltraten, impidiendo que tengamos que entregar nuestra dignidad para conseguir sentirnos queridos.

El cariño más perfecto es tolerar los defectos

 
Pareja abrazada

El cariño más perfecto reside, de alguna manera, en tolerar los defectos. En vivir fuera del mundo ideal de cuentos Disney, de entrega incondicional, de idealizaciones y de responsabilidades ciegas.

No es un cariño a medias ni un cariño dependiente, agresivo, pasivo o victimizado. Esto se constituye, sin duda, como un gran desafío. Es difícil construir un amor que deje a un lado la idealización o que, al menos, le conceda el peso necesario a las expectativas.

Es importante destacar que por defectos a tolerar no nos referimos al maltrato, a la agresión o a cualquier otro tipo de conductas destructivas. Eso es intolerable en cualquier caso y condición y, por ello, debemos condenar rotundamente todos esos comportamientos.

Pareja perfecta besándose

Enamorarse es amar las coincidencias y amar es enamorarse de las diferencias

Enamorarse es amar las coincidencias y amar es enamorarse de las diferencias. A ese amor estable somos nosotros los que le conferimos el calificativo de verdadero, lo cual le vale para ir más allá del encaprichamiento y conducir la relación a la aceptación.

Esos defectos que podemos tolerar se definen como pequeños despistes o diferentes costumbres (por ejemplo: no bajar la basura a tiempo, dejar la ropa tendida, dar prioridad a otras cosas cuando se trata de algo insignificante, dejar la pasta de dientes abierta, etc.).

La combinación de desacuerdos no puede definir una relación, pues de lo contrario estaremos hablando de una pesadilla. Por ello es importante que a la hora de elegir con quién compartimos nuestra vida ponderemos bien qué es sano y qué no lo es.

Cada intercambio construye a la pareja

En muchos aspectos lo conflictivo en una pareja simplemente obedece a diferentes costumbres y/o prioridades. En ese sentido tenemos que hacer un esfuerzo porque aquellas distinciones sean reconciliables.

¿Por qué? Porque no hay una visión mejor que la otra en aquellas cuestiones que no dañan nuestro yo interno o nuestras expectativas a largo plazo. Dónde dejemos los calcetines no es un tema relevante ni trascendente.

En el amor tenemos que hablar de igual a igual, esto quiere decir que nos tenemos que concienciar de la obligación de tolerar aquellas manifestaciones con las que no estamos de acuerdo y que no son trascendentes.

De alguna manera las experiencias compartidas nos construyen como personas envueltas en un sentimiento. Ese es el compromiso verdadero. Para mantenerlo debemos examinar constantemente y desde el inicio nuestras necesidades, evitando depositar la responsabilidad de nuestra incomodidad en aquellos defectos que contemplamos en la pareja.

Te quiero más allá del apego

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, persisten al cabo del tiempo y no se quebrantan con facilidad.  Querer a alguien por su belleza no es amor, es encaprichamiento. Quererlo por su inteligencia no es amor, es admiración. Sin embargo, quererlo sin saber porqué es amor.

El amor equilibra nuestros impulsos hacia adentro y hacia afuera. Es el núcleo que mantiene ágil el engranaje de nuestros proyectos compartimos. La fuerza más intensa e invencible es aquella que nos une a la comprensión, a la aceptación.

Eso incluye valoración y reconocimiento, respeto a la persona y al espacio personal, libertad, confianza y comunicación. En torno a ello podremos hablar de proyectos comunes, de alegría por estar junto a la persona amada y de generosidad.

¿Por qué? Porque vivimos en un mundo en el que las relaciones de pareja son cada vez más conflictivas porque buscamos la perfección sin darnos cuenta de que somos, por naturaleza, imperfectos.

Así que si tenemos esto en cuenta nos daremos cuenta de que solo el amor imperfecto envuelto en “el cariño perfecto” nos podrá salvar de la infelicidad. Y menos mal que esto es así.

No existe la pareja perfecta. De hecho, ser “una buena pareja” no significa no tener problemas, sino saber solucionarlos. Amar significa, de alguna forma, estar enamorado de nuestras diferencias. Mirar lo bueno y lo malo de nuestra pareja sin anestesia.

Donde amamos y donde nos aman está el lugar más bonito del mundo. Porque ahí residen la ternura, las melodías, la confianza, la sinceridad, el valor, el tú y yo, el mañana y siempre y el soy feliz si tú lo eres. Porque donde hay amor, el corazón escucha su música favorita.