No insistas en lo que la vida te ha dicho de muchas maneras que no es para ti

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Con frecuencia para quienes tenemos la creencia de que nosotros somos responsables de todo lo que nos ocurre y que somos los creadores de nuestro destino a través de cada una de nuestras acciones y decisiones, nos resulta un tanto complicado el aceptar los “no” que nos puede brindar la vida.

Pero resulta de mucha utilidad aprender a leer la vida y a entender sus señales, que muchas veces parecen resaltar como anuncios publicitarios gigantes y aun así, si no estamos preparados para apreciarlas podemos pasarles de largo sin percatarnos de su existencia.

Existe una delgada línea que separa la posibilidad de lograr lo que deseamos en nuestra vida y aceptar que los resultados que obtenemos distan de lo que nos gustaría. Para poder evaluar cuál debe ser nuestra actitud ante determinada situación, nos convendría silenciar nuestra mente y escuchar a esa parte de nosotros que nos guía hacia donde nos conviene estar.

Esa parte sensitiva, que parece captar nuestra esencia no se rige por caprichos, por miedos, por ego, no le interesa satisfacer las expectativas de los demás y busca el mayor beneficio para la mayoría de los involucrados. Además parece tener un nivel de sabiduría superior al que pudiésemos podido acumular en nuestra experiencia vital corriente.

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Si dejamos que sea esa parte de nosotros la que interprete las señales, de seguro podemos distinguir con facilidad cuándo levemos levantarnos y luchar un poco más o sencillamente aceptar y agradecer que si alguna puerta permanece cerrada por más intentos que hagamos por abrirla, es sencillamente porque no nos conviene atravesarla.

La vida tiene formas diferentes de comunicarnos sus intenciones, ella pareciese entender qué es lo que necesitamos vivir para potenciar nuestro proceso de aprendizaje, para sacar el mayor provecho a nuestras experiencias y para ponernos algunas trabas para persuadirnos de no tomar una ruta inconveniente.

Si bien solemos asumir las piedras en el camino como retos que superar, también podríamos traducir en valentía el aceptar que algo no es para nosotros, que no merece nuestro tiempo, ni la inversión de energía. Ese hecho de aceptación puede evitarnos el desgaste característico de resistirnos o luchar en contra de algo que no nos es posible cambiar.

Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. 

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Aprendamos a agradecer  los  “sí” y especialmente los “no” que nos da la vida. Dejemos de insistir en aquello que nos ha dado muchos indicios de que resultará inconveniente en nuestras vidas, dejemos de forzar las cosas y aprendamos a aceptar.

Cuando aceptamos comenzamos a fluir con la experiencia, comenzamos a confiar en el proceso de la vida y dejamos de lado la necesidad de “ganar”, sustituyéndola por el placer de vivir y éste quizás sea el primer paso a la liberación y a la felicidad.

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12 Cualidades de mujeres que sí saben vivir

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Vivir va más allá de tener un corazón latiendo y una entrada y salida de aire frecuente a nuestro cuerpo. Vivir implica experimentar la mayor cantidad de emociones, enamorarse, despecharse, crecer, caer, levantarse, arriesgarse… Cada uno de nosotros, tiene un regalo en sí mismo y pocos realmente pueden disfrutar como se debería de este milagro recibido.

Las mujeres en particular tenemos facilidad para complicarnos un poco más de lo necesario, a profundizar donde no hay cabida, a apegarnos y a fomentar relaciones de interdependencia, cosas que no nos hacen la vida más ligera, por decirlo de alguna manera. Aquellas mujeres que logran entender el propósito de la vida y hacen lo posible por disfrutar de ella tienen algunas características comunes, que aquí las dejamos para que las recordemos y por qué no, las apliquemos a nuestras vidas si nos resulta conveniente.

Cualidades de mujeres que disfrutan el regalo de la vida

No esperan que alguien les resuelva la vida: Se saben capaces de resolverse ellas mismas lo que sea necesario.

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Están abiertas al perdón: Entienden el riesgo que todos tenemos de equivocarnos y les resulta más sencillo perdonar, antes de ir acumulando rencores.

No esperan mucho de los demás: Son receptivas a lo que los demás le ofrecen, sin tener mayores expectativas, lo cual les ayuda a apreciar a los demás por lo que son y no por lo que ellas desean que sean.

Se ríen de la vida: No se toman las cosas tan en serio, mantienen una actitud que les permite reír y encontrar el lado amable y chistoso aun a las situaciones de mayor controversia.

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Disfrutan de dar: No definen su vida en función a lo que reciben, sino que el dar se convierte en un regalo para sus almas, donde el ver la sonrisa en los demás, provoca las propias sonrisas.

Son apasionadas: Aman lo que hacen, se esfuerzan en ser mejores que ellas mismas día a día, se retan y se impulsan. Defienden sus causas y a su vez tienen la humildad suficiente como para reconocer sus errores.

Son flexibles: Evitan esa rigidez que las desvía de la meta, no se frustran cuando algo no se da como quieren, sino que se adaptan y buscan otros caminos para llegar a donde quieren.

Son punto de apoyo: No son un problema para quienes le rodean, sino por el contrario, aportan soluciones, calidez, inyectan energía y repotencian a quien lo necesite.

Confían en su intuición: Tienen esa capacidad de esclarecerlo todo con solo cerrar sus ojos, como si vieran algo más allá desde su interior, como si alguien le “soplara” las respuestas.

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Son multifacéticas: Pueden tener muchos roles sin colapsar, se potencian y dan lo mejor de sí en cada uno de ellos, buscando siempre el equilibrio que las permita mantener el centro.

Son proactivas: Antes de sumergirse en quejas e inconformismos, buscan la manera de cambiar aquello que no les resulte de su agrado, en los casos en los cuales no se pueda, procuran la aceptación antes de resistirse y desgastarse.

Se enamoran de ellas mismas, de la vida y después de quien consideren conveniente: Una vez que se aman a sí mismas, aprecian la vida como el milagro que es, tienen el criterio suficiente, así como la energía ideal para atraer a sus vidas la pareja con la mejor engrane.

Así que nos toca revisar algunos aspectos de nuestras vidas y quizás enfocar nuestras intenciones en amarnos, amar la vida, abrazar el presente y decirle sí a las oportunidades. Total la vida se trata justamente de disfrutarla y a veces es lo que menos hacemos, pero lo buenos será que siempre, cada segundo tenemos la oportunidad de agregar cosas que resulten beneficiosas y apartar todo aquello que nos ancle, nos limite o nos haga sufrir.

Cuando dejamos de empujar…

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“¿Te imaginas dejar de empujar, dejar de esforzarte, parar de hacer y hacer y hacer…?

¿Te imaginas rendirte a la confianza total, sin tratar de imponer nada…?

¿Te imaginas soltar, rendirte, ahora?

¿Te imaginas dejar de ser y hacer de “niña buena” para que te amen?

¿Te imaginas dejar de juzgar las cosas como buenas o malas?

¿Te imaginas abrazar este momento, con todo lo que contiene… aceptarlo como es, perfecto?

¿Te imaginas creer con cada célula de tu ser que todo va a estar bien, que ya lo está… que siempre vas a ser guiada…?

La vida no necesita tanto: son tus exigencias.

Lo que nos cansa es la ilusión de no sentirnos amadas.”

Despídete

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Lo más triste no es despedirse, sino no saber hacia donde ir….

Y lo más triste no es despedir al que parte sino no saber dónde y para qué te quedas.

Si toda la vida es un camino, y si toda la vida es un búsqueda, acéptalo aunque te duela, toda la vida es una despedida. Y solo aprendiste a vivir cuando aprendiste a despedirte.

Y no habrás aprendido a caminar en libertad, buscando lo no alcanzado, mientras no te hayas despedido de lo andado y lo logrado.

Despedirse es condición de todo lo que se mueve en el tiempo. ¿Cómo estarías viviendo hoy sin haberte despedido del ayer?

¿Como quisieras vivir tu mañana, sin despedirte de tu hoy?

Pero presta atención, que no es lo mismo dejar que despedirse. Todos vamos dejando, pero no todos nos despedimos.

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Los animales se dejan, se separan. Las personas podemos hacer algo más… despedirnos.

Lo dejado sin despedida, puede estar ausente o alejado en el espacio, pero sigue adherido al corazón, quitándote la libertad que necesitas para vivir tu presente.

Tu primer alejamiento sucedió cuando naciste; es lo primero que perdiste o dejaste, el seno de tu madre, cuando todavía no estabas capacitado para despedirte.

Por eso dicen por ahí que mientras no te hayas despedido, guardas en lo profundo una secreta nostalgia y un oculto deseo por regresar.

Y el camino de la vida así comenzado, con una perdida y una despedida se hace un largo peregrinar con llegadas y partidas.

Si, eso es crecer. Hermoso desafió el de acercarte a la madurez y la plenitud de ser tu mismo.

Pero crecer es doloroso, como lo fue tu nacimiento. Por eso cuantas personas se detienen y no quieren crecer, porque les cuesta despedirse.

Dejar de ser el niño protegido, para entrar en las aguas turbulentas de la adolescencia conflictiva.

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Duele dejar la adolescencia descomprometida, para asumir la juventud con exigencias y responsabilidades. Duele aceptar la madurez adulta, renunciando a la juventud eterna.

Duele envejecer sintiendo que se acerca el momento de lo último, para celebrar festivamente el encuentro final.

La despedida que no cerraste con una buena despedida, es como una herida abierta, que sangra cada vez que la golpeas con una nueva pérdida. Deja un hueco de ausencia, que buscarás llenar sin darte cuenta, y que te hará llorar con desmesura toda nueva despedida.

Los consultorios psicológicos, son salas de auxilio y talleres de reparación, puestos a la vera del camino para que sean socorridos los que no pueden continuar su marcha, por el peso de las despedidas inconclusas.

La libertad y la valentía que no tienes para despedirte de todo lo dejado y lo perdido, son la libertad y la fuerza que te faltan para seguir andando.

Despídete: De tus padres, y cuídate de ti mismo, haciéndote responsable de tu vida.

Despídete: De los hijos que ya no te necesitan, y déjalos ser libres

Despídete: De lo bueno que viviste, sin apegarte al tiempo que pasó, por temor del presente y el futuro.

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Despídete: Del mal que cometiste, sin atarte por culpas y reproches perdonándote a ti mismo.

Despídete: De los que muriéndose partieron. Para que dejes de esperar su regreso, y camines tu camino en la esperanza de encontrarte tú con ellos….

Despídete: Deja correr el río de la vida, llevándose las aguas que estás viendo para que tengan lugar ante tus ojos las aguas que no viste todavía, y que ya están viniendo…

El pegamento que une todas las relaciones se llama confianza

 

De seguro cada quien tiene su propia experiencia al respecto, cada persona puede enumerar lo que se requiere para enaltecer una relación y probablemente también para destruirla, el caso es que aunque sobren unas cosas y se carezca de otras, hay aspectos en una relación en los que se puede prescindir de muchas cosas, pero la confianza es vital para toda relación.

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Necesitamos muchos ingredientes para ver las relaciones florecer, para consolidarlas, para llevarlas hacia adelante con éxito y virtud, sin embargo, el pegamento incondicional de toda relación, se llama confianza.

Podemos iniciar cualquier relación, en cualquier circunstancia y bajo cualquier condición, más si no existe la confianza, rara vez llegará lejos y de sobrevivir, no será una relación de calidad, ni mucho menos resistente a los avatares del camino.

 

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Toda relación atraviesa etapas, enfrenta obstáculos y se pone a prueba, si la confianza está ausente en alguna de estas etapas, la oscuridad se hará presente, las tempestades harán estragos y cualquiera que se interponga, logrará su cometido.

La pareja, la familia, los hijos, los amigos, los equipos de trabajo…todas las relaciones en nuestra vida, complejas o no, requieren un mínimo de confianza, sin este pegamento no hay base posible, la duda permanente y la intención mal sana, tendrán la entrada libre, y avanzar con este peso es prácticamente imposible.

En el mundo actual, resulta difícil creer en alguien, la lealtad y la consideración ha perdido el paso, pero eso obedece a las consciencias dormidas de los hombres, al irrespeto entre los seres humanos y al accionar desde el interés particular, la compasión ha quedado relegada, pero hay virtudes que jamás se irán, simplemente se adormecen…

 

Confiar es necesario para construir, para levantar, para consolidar, para elevar consciencias y establecer relaciones provechosas, genuinas y transparentes, donde el amor fluya y supla cualquier controversia, donde el temor no sea el principal protagonista, donde podamos mirarnos a los ojos, sin bajar la cabeza…

Más allá de los sin sabores, de las decepciones y desengaños, del temor y de la duda, confiar es una propiedad del ser humano, que solo se comprueba confiando en los demás.

 

Podrás engañar al cuerpo con otra piel, pero no al corazón con otra alma

 
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Definitivamente cualquiera puede hacernos erizar la piel, cualquiera puede alborotar nuestros sentidos, haciéndonos sentir muchas emociones y sensaciones asociadas a una liberación hormonal, que responde a un proceso químico y biológico de nuestro cuerpo, pero la conexión que sentimos entre almas, esa sí que va más allá de todo lo que con nuestro cuerpo podemos percibir.

Podemos suplantar una caricia por otra, unos besos por otros, pero cuando vamos más allá, no podemos engañar a nuestro corazón, no encontraremos miradas que nos hagan sentir lo mismo, ni esa sensación de que siempre hemos estado conectados aunque ni siquiera nos hayamos conocido que solo se da cuando dos almas se reconocen.

 
Tomasz Alen Kopera

Cuando dos corazones de quienes han hecho un acuerdo de almas, se separan, el vacío que se siente es profundo, ahoga, quema, suspende el aliento, no se halla en nadie más la satisfacción, la comodidad y el acoplamiento que les pertenece a dos almas que han viajado juntas por más tiempo del que podemos reconocer.

Ciertamente las misiones terminan, muchas veces aun amándose intensamente dos corazones deban tomar caminos diferentes para aprender lo necesario, para llegar a donde deben y no sabemos si en este plano o en otro, pero de seguro estás almas volverán a estar juntas. Sin embargo, mientras estén a distancia física en el marco terrenal podrán reconocer su energía aunque ni siquiera puedan verse.

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Cuando dos corazones de quienes han hecho un acuerdo de almas, se separan, el vacío que se siente es profundo, ahoga, quema, suspende el aliento, no se halla en nadie más la satisfacción, la comodidad y el acoplamiento que les pertenece a dos almas que han viajado juntas por más tiempo del que podemos reconocer.

Ciertamente las misiones terminan, muchas veces aun amándose intensamente dos corazones deban tomar caminos diferentes para aprender lo necesario, para llegar a donde deben y no sabemos si en este plano o en otro, pero de seguro estás almas volverán a estar juntas. Sin embargo, mientras estén a distancia física en el marco terrenal podrán reconocer su energía aunque ni siquiera puedan verse.

Una vez que estamos en contacto con ese ser que sabemos que nos arroba más allá de lo tangible, no podremos engañarnos al vincularnos con alguien más, el sentimiento estará grabado en nuestra esencia, nuestra mente podrá confundirse y tratar de suplantar lo que una vez le dio placer, nuestro cuerpo encontrará otras vías para sentirse a gusto, pero nuestra alma siempre nos hará un llamado especial a volver a donde pertenecemos, conociendo a plenitud lo que es el verdadero amor.

 

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Más allá de poder identificar lo que nos ocurre, debemos agradecer por haber estado en contacto con nuestra persona especial, tomando consciencia de que no importa lo que ocurra en esta transitoria vida, el amor nos une, nos alimenta y trasciende por encima de lo que nuestra razón logra entender.

Sigue adelante, continúa con tu vida, que todo pasa por algo y lo que es para ti, lo será en el momento preciso. Confía siempre que lo mejor está por venir y escucha lo que te diga tu corazón, que no permite ser fácilmente engañado.

He dejado de esperar trenes: ahora yo soy el movimiento

mujer con flores que decide esperar su felicidad

He dejado de esperar trenes que lleven mi nombre, atrás queda ya el andén de las ilusiones rotas y de los sueños que nunca llegan, porque ahora, soy yo la que lleva el movimiento, yo quien crea el camino. Así pues, quien quiera puede hacer este viaje de descubrimientos conmigo, pero quien no lo desee, puede también bajar en la próxima estación.

Asumir esta sencilla pero valiente actitud sería sin duda un gran paso en nuestro crecimiento personal y en ese bienestar emocional a veces tan fluctuante. Sin embargo, hemos de admitirlo, si hay algo a lo que estamos acostumbrados es a esperar, y aún más, a alimentar esa espera con la filigrana de sueños anhelantes y con el cincel de una perfección a veces inalcanzable.

Ahora bien, en ocasiones, y esto es importante matizarlo, es la propia sociedad quien con sus tentáculos, sus filtros y sus embudos, nos aboca a esa antesala en la que solo se espera. El complejo mundo laboral y sus intrincados recovecos hace que tengamos que postergar muchas cosas, que estemos obligados a tener un nuevo título, una nueva competencia, un contrato o un “contrato más digno”, para permitir que lleguen los cambios y ese ansiado movimiento donde se inscribe la vida.

Sin embargo, a pesar de que el actual contexto socioeconómico nos haga cautivos de esas salas de espera interminable, lo que nada ni nadie puede arrebatarnos es nuestra actitud. El movimiento está en nuestro interior. Por tanto, no importa que a simple vista todos los trenes vayan en contra de dirección, porque quien tiene claro su camino, sus sueños e ideales, está obligado a no esperar, a no detenerse jamás.

gif tren

Cuando “esperar” nos hace creer que nuestra vida está en pausa

Hay muchas realidades por las que una persona puede tener la clara sensación de que alguien le ha dado al “pause”. Quedarse sin pareja, estar sin trabajo, haber fracasado en un proyecto personal o ser rechazos a nivel profesional o emocional son sin duda algunos de esos ejemplos que horadan nuestros rincones más internos, los más profundos de nuestro ser hasta inmovilizarnos.

Ahora bien, es necesario entender que la vida jamás está en pausa, ella siempre discurre, brota, sucede y vibra. Sin embargo, quien sí se ha detenido somos nosotros, es nuestro ánimo, son nuestras ganas y es nuestra motivación. Bernice Neugarten fue una de las primeras psicólogas en estudiar el desarrollo adulto y esas épocas tan complejas de nuestro ciclo vital donde las personas, tenemos la clara percepción de que nuestra realidad se ha detenido, congelado en fotograma de cariz triste, apático y sin brillo.

Neurgarten estableció la teoría de “life on Hold” (vida en espera) como una transición que debemos saber encarar. El mayor problema reside en que a menudo, tenemos una visión del futuro demasiado ambigua, incierta o hasta pesimista. Pensamientos como “mi tren ya ha pasado, no voy a encontrar la pareja ideal” o “está claro que no voy a encontrar un buen trabajo”, perfila un estilo de pensamiento que estancará aún más esa etapa de espera dificultando la propia transición hacia algo mejor.

Mujer mirando el tren pasar

Cómo salir del andén de los sueños que nunca llegan

Vivimos en el mundo del “vuelva usted mañana”, del “ya te llamaré” y del “cuando consigas esto tendrás lo otro”. Habitamos en las estaciones de las esperas eternas preguntándonos si eso de la felicidad es un fraude o un premio que uno gana cuando reúne los suficientes puntos. Los trenes pasan, las oportunidades vienen y van pero ninguna parece llevar nuestro nombre. ¿Cómo podemos entonces sobrevivir en medio de este escenario de “incertezas” donde las crisis, por instantes, no parecen tener fecha de caducidad?

A continuación, te ofrecemos unas sencillas claves en las que reflexionar.

tren que cruza un lago donde hay un farol representando dejar de esperar

3 claves para ser el movimiento de nuestras vidas

La primera clave es sencilla: hay que tener claro nuestro objetivo, nuestro punto en el horizonte. Sin embargo, eso sí, es bueno que sea una meta clara y realista, acorde a nuestras posibilidades pero sin desestimar nunca el propio potencial.

  • El segundo aspecto que Bernice Neugarten nos dejó en sus teorías sobre las transiciones vitales, es la necesidad de ensayar día a día nuestro futuro. No basta con soñarlo. Si yo ansío tener una buena pareja me preocuparé primero en cuidarme yo como persona, en crecer, en ser lo que ansío hallar en los demás. Si deseo aspirar a tener un buen trabajo, invertiré día a día en ese propósito formándome profesional y mentalmente.
  • La tercera parte en este plan es igual de interesante. Debemos sentirnos protagonistas activos, proactivos y creativos. Es necesario dejar de sentirnos subordinados a algo o alguien. Si la sociedad no me hace un hueco, tal vez deba ser yo quien esté obligado a crear “ese espacio” para mí. Tal vez deba innovar, ofrecer algo nuevo al mercado laboral que genere interés, ser yo el tren en movimiento en un entorno de quietud…

Para concluir, alguien dijo una vez que la vida no se trata solo de engañar a la muerte, sino de disfrutar nuestra existencia cada día, sin limitarnos solo a respirar y de dejar que las cosas sucedan sin más. Seamos la locomotora de nuestro propio crecimiento, seamos seres activos, ilusionados, realistas pero optimistas, poseedores de esa fuerza increíble capaz de dar al mundo cosas maravillosas y a su vez, de generarnos la felicidad que de verdad merecemos.