A veces no estoy para todos… porque yo también me hago falta

A veces no estoy para nadie porque también yo me hago falta, también necesito escucharme, remendar mis espacios rotos, limar mis esquinas afiladas. Por ello, si no contesto los mensajes o si pongo en silencio mi teléfono durante unas horas o unos días, no quiere decir que haya cerrado puertas al mundo, solo he ido de paseo conmigo mismo, con ese alguien que había largamente descuidado.

Resulta curioso cómo, casi sin darnos cuenta, acabamos dejándonos a nosotros mismos en la bandeja de “spam”. Nos relegamos al cajón de asuntos pendientes, a la última página de nuestra agenda o a ese post-it amarillo fosforescente que acaba perdiéndose en el ajetreo natural de nuestro escritorio porque siempre hay una prioridad que lo adelanta y lo posterga.

“Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”

–Benjamin Franklin-

Vivimos en una sociedad tremendamente demandante y competitiva, lo sabemos. Hay muchas cosas que hacer, y los días a veces pueden ser tan trepidantes como agotadores. Por si no fuera suficiente, a ello se le añaden los nuevos sistemas de comunicación, ahí donde el trato y las interacciones son constantes e inmediatas.

Vivimos organizados en diversos grupos de WhatsApp, siempre estamos localizables y en las pantallas de nuestros móviles siempre hay un mensaje que responder, correo que atender, fotos a la que poner un like y un etiquetado al que responder aunque no nos apetezca.

Es como vivir en un epicentro donde nuestra mirada hipermétrope es incapaz de ver aquello que tiene más cerca. Nuestros ojos cansados pueden leer las necesidades ajenas pero son incapaces ya de descifrar las propias… Todo parece borroso, todo se ha hecho un ovillo que se enclava ahí, en nuestro corazón y nuestra mente como si algo fallara, como si algo no fuera bien y no supiéramos qué es…

Has llegado al límite y todavía no lo sabes

Le haces falta a muchas personas, lo sabes. Cada día tienes diez montañas que encumbrar y decenas de obstáculos que sortear, y lo consigues, no hay duda. Sin embargo, nadie te da medallas por ello, casi nadie reconoce tus esfuerzos, tu dedicación o incluso todo lo que llegas a renunciar por quienes están a tu alrededor. Poco a poco, las cosas pierden su significado y las personas su sabor. El mundo ya no tiene música, ya no rima, ya no es ágil, y te acabas hundiendo en tus propias responsabilidades como la piedra que cae en un pozo sin fondo.

Estar para todos y para todo cada día y a cada instante, tiene una cuota de intereses secretamente elevada. Las señales de este proceso  de estrés continuado en el tiempo puede muy bien derivar fácilmente en una depresión, por ello, debemos estar muy atentos a los síntomas:

  • Fatiga, un cansancio extremo que a veces no se recupera con el sueño o el descanso nocturno.
  • Dolores de cabeza, migrañas.
  • Dolor de espalda.
  • Malas digestiones.
  • Sensación de aburrimiento constante, la vida pierde casi todo nuestro interés.
  • Impaciencia e irritabilidad.
  • Frustración, comentarios cargados de cinismo, mal humor, apatía constante…

Por curioso que parezca, vivir en un entorno híper-estimulado e híper-demandante nos acaba narcortizando. Nos volvemos insensibles a las propias necesidades, extranjeros del propio corazón y vagabundos perdidos en esa isla de Circe donde uno ha olvidado por completo dónde está su hogar, dónde esa casa donde habita el propio ser.

chico

Hoy no estoy para nadie, hoy me hago falta

Decir en voz alta “estos días no estoy para nadie, me hago falta a mí mismo” no es una falta de respeto. No se hace daño a nadie, no se descuida nada, el mundo seguirá girando y los ríos fluyendo. Sin embargo, acontecerá algo maravilloso: daremos paso a la sanación emocional, nos regalaremos tiempo, atención y un espacio propio donde refugiarnos.

Será como introducirnos en el hueco de un árbol para tomar contacto con nuestras raíces, ahí donde reencontrarnos casi en posición fetal, para nutrirnos y permitir que nuestras hojas, nuestras ramas, crezcan altas y más libres para rozar el cielo.

A continuación, te proponemos reflexionar en unas ideas que pueden ayudarte a lograrlo.

Tomar el control

 

Claves para tomar el control, para atenderte cuando te haces falta

En medio de esta vasta rutina en la que acabamos cautivos de las obligaciones propias y ajenas, debe quedar un espacio, un pequeño hueco confortable y especial que nos pertenezca a nosotros solos. Es como una cápsula de salvamento, como un bote salvavidas al que acudir cada vez que percibamos que hemos llegado al límite.

  • Cuando percibas que las presiones externas te están impidiendo ser tu mismo, párate y visualiza esa cápsula o ese bote salvavidas: súbete a él.
  • Es momento de trazar un plan de salvamento. Benjamin Franklin solía decir que si en el día a día no tenemos un plan de supervivencia estamos condenados a navegar eternamente a la deriva”.
  • Ese plan de supervivencia debe tener una meta y establecer qué es prioritario y qué secundario (hoy mi objetivo es cumplir con mi jornada laboral, mi meta es no estresarme y mi plan incluye tener dos horas para mí mismo. Quedar bien con mis compañeros de trabajo o familiares es hoy secundario).

Debemos tener muy claro por último, que habrá días en que la prioridad total y absoluta, seamos nosotros mismos. Dejarlo claro a quienes conforman nuestro contexto más próximo no es ningún acto de egoísmo.

Apagar el móvil, salir a caminar, a respirar y a cobijarnos con nuestros propios pensamientos es un acto de auténtica salud mental. Porque lo creamos o no, esos días en que nos hacemos falta son muchos, y atenderlos, poner nuestro nombre en la lista “prioridades”, lejos de ser recomendable, es OBLIGATORIO.

Buscar fuera lo que hay dentro: una peligrosa costumbre

Chica ante un cuervo experimentando melancolía

Muchas veces nos planteamos recorrer grandes caminos en búsqueda de lo que queremos; deseos o necesidades por los que pensamos que pasa nuestra felicidad. Entonces, nos sumergimos con gran entusiasmo en la búsqueda. Así, avanzamos con la esperanza de encontrar la solución a lo que nos sucede. Pero no nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo es buscar fuera lo que hay dentro.

En la desesperación de encontrar lo que buscamos, no nos damos cuenta de que está más cerca de lo que creemos. Así, recorremos grandes distancias, pudiendo llegar a acumular una gran frustración, lo cual nos lleva a la angustia y al malestar.

Entonces, buscar fuera lo que hay dentro puede ser perjudicial para nuestra salud. Para evitarlo podemos optar por diferentes estrategias. Así, es precisamente a ellas a las que les vamos a dedicar este artículo.

“Buscar fuera lo que hay dentro, es emprender un viaje sin rumbo, es perdernos sin darnos cuenta de lo valioso que tenemos cerca”.

Por buscar fuera lo que hay dentro me desconozco

La tentación de buscar fuera lo que en un primer vistazo no vemos dentro puede ser muy grande. Tan grande como perversa. Entonces, dejamos de conocernos, pues estamos tan ocupados en buscar lo que hay fuera, que olvidamos lo que llevamos dentro. Es decir, lo que somos.

Entonces, nos desdibujamos y dejamos de identificarnos con lo que hacemos. Nos trasformamos en pura desesperación; una desesperación que no queremos incluir en nuestra definición. Es poco útil buscar fuera lo que ya en su día asimilamos y aprendimos. Eso que hicimos propio, precisamente para este momento.

Desconocernos nos lleva a alejarnos de lo que somos, y por lo tanto a alejarnos de nuestras metas y a desdibujar nuestros deseos, asumiendo sin crítica alguna las expectativas que los demás depositan en nosotros y juzgándonos por ellas.

Mujer con venda en los ojos

Buscar fuera lo que hay dentro, ¿cómo cambiar esta inercia?

Buscar fuera lo que hay dentro también nos aleja de lo que más queremos. A veces creemos que la felicidad está en tener grandes cosas, y perdemos de vista los pequeños detalles. Valorar lo que tenemos nos ayuda, a descubrir los tesoros que están cerca.

Además, a veces vemos en el otro lo mejor y en nosotros lo peor, otra forma de buscar fuera lo que hay dentro. Nosotros también contamos con virtudes y es importante no sacarlas de nuestro campo atencional; de otra manera, seremos muy injustos cuando nos sentemos y hagamos balance. Por lo tanto, es fundamental no olvidarnos de lo que somos.

Existen algunas maneras de combatir la tendencia a buscar fuera lo que hay dentro. Observa:

  • No centrarnos en las opiniones de los demás. Lo que piensen los demás es valioso, pero hasta un punto. Muchas veces no es cierto y, si no les damos el tratamiento adecuado, puede terminar causándonos dolor.
  • Valorar los pequeños detalles. Darle valor a lo que poseemos es admitir que contamos con un gran tesoro. Esto nos ayuda a no perder la vista de lo que verdaderamente queremos.
  • Aprender de nosotros. Autoconocernos nos ayuda a aprender lo que queremos y cuál es nuestra felicidad verdadera. Así, podremos ir detrás de nuestras metas y no perder el tiempo en búsquedas estériles.
  • Apreciarnos. Significa darnos valor, poner cariño en cómo nos tratamos. Y, convencernos de que somos capaces de conseguir grandes cosas. Centrarnos en lo que son o tienen los demás, nos aleja de nosotros. Esto incrementa nuestro autoestima.

Buscar fuera lo que hay dentro no siempre es negativo. Por ello, si estamos atentos a lo que criticamos de los demás podremos ver reflejados elementos propios. Pues a veces proyectamos lo que nos sucede. Hablamos de un mecanismo de defensa.

Mujer mirando al horizonte

Beneficios de no buscar fuera lo que hay dentro

Para transformar lo que somos, florecer y dejar de tapar nuestra luz, es importante dejar de buscar fuera. Dentro están nuestras cualidades, que nos servirán para enfrentar la vida, con sus obstáculos y virtudes. Ahora bien, dejar de buscar fuera lo que hay dentro trae beneficios, te mostramos algunos:

  • Armonía. Al estar en resonancia con lo que somos contamos con mayor tranquilidad. Así, estamos cerca de lo que queremos y emprendemos una búsqueda asertiva.
  • Autoconocimiento. Buscar dentro de nosotros hace que nos conozcamos más.
  • Asertividad. Al ver en nuestro interior, bajamos del pedestal a los demás, y dejamos los prejuicios, lo que nos lleva a contar con relaciones más sanas.

Cuando buscamos fuera lo que hay dentro, nos alejamos de nosotros, lo que nos lleva a que nuestra autoestima disminuya. Así, ponemos en riesgo nuestra salud mental. De hecho, Jose Antonio García Monge, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, plantea en su comunicado que el autoestima es el sistema inmunitario de la vida psíquica.

Mirar hacia fuera de manera permanente, como actitud, nos condena a ser un barco sin rumboPara mantener la armonía nada mejor que utilizar todo el conocimiento que tenemos de nosotros, ya sea porque lo hemos conseguido nosotros o porque nos lo han proporcionado los demás y ha pasado nuestros filtros críticos.

¡Mímate! 3 formas fáciles de cuidar de ti mismo

Mujer sujetando un corazón

Puede que cuidar de ti mismo no sea una de tus prioridades en estos momentos, pero debería. Incluso, quizás te gustaría, pero tienes demasiadas cosas por hacer y en las que pensar como para “perder el tiempo”. Trabajo, estudios, pareja, familia… Obligaciones y responsabilidades que ocupan tu tiempo y que llevan a un segundo plano eso de mimarte. Tal vez, te resulte hasta egoísta.

Ahora bien, cuidar de uno mismo no solo está bien, es necesario. No se trata de darse un capricho porque sí, sino de mimarse, atenderse, valorarse… No necesitas hacer grandes cosas para cuidarte. Muchas veces, detalles sencillos aportan una gran dosis de bienestar. Si cuidas de otros, si dedicas tu tiempo a los demás, ¿por qué no hacerlo también contigo?

Dedica tiempo a cuidar de ti mismo

Cuidar de ti mismo es cuidar tu salud metal, física y espiritual. No se trata de darse un capricho ni implica gastarse una gran cantidad de dinero, ni mucho menos reservar un tiempo diario o semanal a aquello que perjudique tu salud (como fumar o consumir cualquier sustancia nociva solo porque hacerlo te hace sentir mejor en ese momento).

Mujer haciendo un corazón con sus manos

A continuación te ofrecemos algunas pequeñas sugerencias para que te mimes. Llevar a cabo estas acciones es como tomarse una cápsula de felicidad: un pequeño placer saludable para todo tu ser. Sus efectos puede que no duren mucho, pero sí lo suficiente para recargarte de energía y seguir adelante.

Pregúntate cómo estás

¿Cómo vas a cuidar de ti mismo si no te preguntas cómo estás? Chequearte a nivel emocional es fundamental para saber cómo estás y qué hacer por ti.

Al igual que preguntas a las personas de tu alrededor cómo están, hazlo contigo. Siéntate y sincérate. Apaga ese piloto automático al que estás tan acostumbrado y habla contigo para saber cómo se tienes. Es el primer paso para comenzar a cuidarte. Solo sabiendo cómo te encuentras podrás poner en marcha acciones para sentirte mejor.

Regálate un automasaje

Los automasajes son una gran alternativa a los masajes que puedes regalarte casi en cualquier momento y que además, pueden proporcionarte múltiples beneficios.

En Internet encontrarás cientos de vídeos en los que aprenderás a masajear diferentes partes de tu cuerpo para aliviar pequeñas tensiones. Ahora bien, si tienes una lesión deberías acudir al especialista. Pero si solo necesitas soltar tensión y relajarte, un automasaje es una gran solución.

También puedes comprar diferentes aparatos que te proporcionarán un gran alivio y que te harán sentir realmente bien. Tienes diferentes opciones, desde aparatos electrónicos para recibir masajes en espalda o pies hasta implementos sencillos, como pelotas, rodillos u otros artilugios con los que completar o mejorar tus automasajes.

Regálate un baño de verdad

Las prisas del día a día nos obligan a pasar volando por el cuarto de baño para el aseo diario. Pero dedicarle un poco más de tiempo, de vez en cuando, tiene grandes beneficios. De hecho, podemos convertirlo en un ritual para relajar nuestro cuerpo después del estrés del día.

Llena la bañera, vierte en ella sales de baños, aceites o cualquier otro producto relajante y disfruta de una tiempo de relax con tu música preferida, o incluso en completo silencio. Aprovecha para hidratar tu piel y tu cabello, y para cualquier otra cosa que te haga sentir bien contigo mismo.

Hacer esto es mucho más que un cuidado estético. Es una limpieza mental y espiritual. Es una reconexión contigo mismo, con tus necesidades, con lo más recóndito de ti.

Mujer dándose un baño relax

Regálate un tiempo de lectura

Puede que no te hayas parado a pensarlo, pero durante el día leemos muchísimo. Desde documentos de trabajo y correos electrónicos hasta manuales de trabajo, pasando por recetas de cocina, libros de autoayuda o textos académicos. Es por eso que mucha gente no considera leer como una forma de autocuidado, pero lo es. 

Leer es uno de esos grandes placeres que te ayuda a viajar, a vivir otra realidad, a transportarte a otra parte, a conocer otras personas… Elige el género de ficción que más te guste y deja que tu mente vuele.

Leer proporciona descanso a tu cuerpo y a tu espíritu. Te ayuda a liberar tensiones, ver las cosas de manera diferente, vivir experiencias nuevas y por supuesto, abre tu mente.

No te sientas culpable por cuidar de ti mismo

El amor bien entendido empieza por uno mismo. De hecho, es muy egoísta dejar de cuidarse para cuidar de los demás esperando que ellos cuiden de ti el día de mañana. Más que nada porque si hay una persona que te conoce bien eres tu mismo.

Es un acto de amor hacia los demás cuidarse para que ellos no tengan que sacrificarse por cuidarte a ti.
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Dedicarte un poco de tiempo al día hará que estés mucho más disponible para todo lo demás. Te recargará las pilas y tendrás más energía para dedicar tu tiempo a otros. Te liberará del estrés y serás mucho más productivo en tu trabajo y/o en tus estudio.

Mimarte y dedicar tiempo a cuidar de ti mismo te hará sentir mucho más satisfecho y feliz. ¿A qué esperas?

Uno tiene que quererse mucho, si pretende que otro lo quiera

 

Free stock photo of woman, eyes, head, face

Muchas personas suelen confundir el amor propio con egoísmo, con falta de empatía o de capacidad de dar, sin embargo, todo el amor que podemos sentir por cualquier ser debe estar encabezado por el que sentimos por nosotros mismos, porque no solo va a determinar la manera en la cual vemos, apreciamos y amamos a los otros, sino que determinará la manera en la cual nos aman.

Resulta que si nos amamos poco, nos aman poco. No atraemos nada que no esté en nuestra misma vibración y la manera en la cual nos amamos es el imán de las relaciones que fomentamos y mantenemos en nuestras vidas.

Woman Wearing Sun Hat Looking Backward

Nos permitimos aquello que creemos merecer, así que si tenemos un concepto pobre de nosotros mismos y de lo que merecemos, esto terminará por hacernos vivir experiencias en donde esas creencias se refuercen.

Veamos al universo como un infinito SÍ. No importa lo que pidamos, el universo nos dice que sí, salvo la condición “básica” de que realmente creamos merecerlo. Así que el amor que ha prevalecido en nuestras vidas, no corresponde a algo diferente a lo que creemos merecer y el merecimiento está relacionado de manera directa con el amor propio. Si nos amamos mucho, creemos merecer lo mejor, si nos amamos poco o tenemos una imagen de nosotros mismos pobre, lo que creemos merecer será de ese mismo estilo.

Así que si deseamos que nos amen, nos respeten, nos valoren, debemos comenzar por hacerlo nosotros mismos, debemos comenzar por ser nobles y tolerantes, por tratarnos con cariño y aceptarnos. A veces somos los primeros en criticarnos, en juzgarnos, en desconfiar de nuestras capacidades y esto lo proyectamos y las personas que nos rodean se comportan de acuerdo a lo que perciben de nosotros.

Woman Wears Black Leather Zip-up Jacket

Muchas veces no tenemos que sacar a personas de nuestras vidas, reemplazarlas o intentar ignorarlas (en otras ocasiones sí), sino basta con cambiar nuestra relación con nosotros mismos de manera positiva, para comenzar a ver los cambios en quienes nos rodean. Cuando logramos elevar nuestro amor propio, todo entra en una nueva sintonía y lo que no encaja se retira de manera natural, sin que nosotros tengamos que hacer mucho.

Así que convéncete de que todo el cambio que quieres en tu vida, debe iniciar de adentro hacia afuera, todo amor que te des, multiplicará el amor que otros te den. Eres la fuente del amor que recibes, inclusive la que proviene de las personas ajenas a ti. Así que cultiva ese amor y todas tus relaciones se ajustarán a ello.

 

Cuando te conviertes en tu propio enemigo, cuando alzas un muro

Niña con máscara de lobo

Cuando te conviertes en tu propio enemigo todo empieza a ir mal. Tus pensamientos son como dardos envenenados y caes en la autocrítica más voraz y despiadada. Casi sin darte cuenta, alzas un muro donde quedas cercado, ahí donde haces uso de decenas de estrategias defensivas con las que piensas que nadie podrá hacerte daño, limitando tu vida hasta un punto inimaginable.

Antes de profundizar en el tema de los enemigos interiores, hagámonos en primer lugar una sencilla pregunta. ¿Cuándo fue la última vez en la que al evitar algo o defendernos de una situación, nosotros mismos provocamos algo peor?

Lo hace, por ejemplo, quien teme ser herido en materia afectiva y opta por establecer unas frías distancias, perdiendo así oportunidades que luego puede lamentar. Lo hace también quien se deja llevar por la preocupación excesiva, por la duda que carcome y el miedo que invalida, descubriendo poco después que eso que tanto temía no era para tanto y que tal vez hubiera algo fabuloso si se hubiera atrevido.

Si estas situaciones nos son conocidas sabremos por tanto lo que supone invalidarse a uno mismo, lo que es vivir con esas cadenas que limitan todos nuestros pasos y que de algún modo, propician que los resultados negativos sean más probables. Lo creamos o no, el autosabotaje es un ejercicio muy común que deberíamos saber controlar con mayor solvencia…

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”.

-Buda-

Niña en una jirafa

Ser tu propio enemigo: cuando un batallón de feroces adversarios invaden nuestra mente

Marcos ha empezado a trabajar en una nueva empresa. Está ilusionado con su cargo, pero al mismo tiempo siente una elevada preocupación: teme no ser tan competente como los demás esperan. Es tal su ansiedad y su necesidad por aparentar eficacia y por ser altamente productivo que ha empezado a hacer horas extras y a mostrarse muy competitivo. Se centra en la tarea de un modo casi desesperado.

Toda esta dinámica está ocasionando dos cosas: la primera es una mala relación con sus compañeros de trabajo, la segunda que el departamento de dirección vea en Marcos a alguien que no sabe trabajar en equipo. Al final, su miedo a no dar una buena imagen hacia su empresa se ha hecho realidad.

Ahora bien, ¿cómo llegamos a este tipo de situaciones? ¿Qué procesos psicológicos nos llevan a esa deriva personal tan común? Lo creamos o no la mayoría de nosotros tenemos un pequeño “batallón” de feroces enemigos interiores a los que de vez en cuando damos demasiado poder. Son los siguientes.

Niña mirando a un pulpo

Nuestros enemigos internos

El primer enemigo interno capaz de conseguir que te conviertas en tu propio enemigo es la duda. No obstante, no nos referimos a esa duda ocasional que a veces nos permite tomar decisiones con mayor perspectiva. Hablamos de la duda constante que invalida, que no aporta y que poco a poco nos arrincona en la inmovilidad y en la nula capacidad de reacción.

  • La preocupación excesiva. Esta es sin duda nuestra auténtica “némesis”, esa sombra que nos persigue con frecuencia, que nos castiga provocando que todo tenga un matiz aterrador, que de todo hecho, acontecimiento o situación hagamos una previsión negativa.
  • La indecisión. ¿Quién no se ha sentido indeciso alguna vez? Esta sensación es completamente normal, lo es si es al cabo del tiempo le sigue el salto de fe, el acto de atreverse y la valentía con la cual invalidar ese miedo. Ahora bien, si esa indecisión es permanente estaríamos ya en una realidad personal poco saludable.
  • La necesidad por compararnos constantemente con los demás. Si lo hemos experimentado en alguna ocasión sabremos lo inútil que resulta. Es casi como tener unas gafas donde solo vemos a perfiles con más éxito que nosotros, a personas más hábiles, atractivas, competentes… ¿De qué sirve ver el mundo con este tipo de perspectiva? Obviamente para humillarnos y aniquilar la propia autoestima.

Deja de ser tu propio enemigo: claves para lograrlo

Alzarnos como nuestros mejores aliados requiere de un adecuado trabajo interno, ahí donde invocar a un ser a veces olvidado: el amor propio. Tal tarea, tal sutil artesanía demanda de nosotros que seamos capaces de trabajar en distintas áreas, en ciertas dimensiones de nuestro crecimiento personal. Reflexionemos sobre ellas a continuación.

Detecta la autocrítica inútil

Imagina que tienes un sensor, un detector de pensamientos inútiles. Imagina que aprendes a programar este detector dándole las siguientes órdenes: debes bloquear todos los pensamientos que empiecen por “tú no puedes”, “tú no lo lograrás, “esto no es para ti”, “es mejor que olvides aquello”, etc.

Asimismo, es esencial que afinemos un poco más esa maquinaria para detectar también los pensamientos distorsionados del tipo “si fallaste en eso en el pasado lo más probable es que ahora suceda lo mismo”.

¿Qué imagen tienes de ti mismo?

Piensa en ello durante un instante e intenta reflejarlo por escrito: defínete, describe qué visión tienes sobre tu propia persona.

Humaniza tus errores o fracasos del ayer

Valiente no es quien evita cometer de nuevo los mismos errores, valiente es quien aprende de ellos y se permite intentar de nuevo las mismas hazañas para lograr los resultados soñados. Intentemos por tanto ver los fracasos como algo normal e incluso aceptable para poder obtener mayores conocimientos de cara al futuro.

Mujer encima de un pez soñando

Por último y no menos importante, asumamos una postura más cercana con nosotros mismos y por encima de todo, más afectiva. No tiene sentido que nos hagamos daño a nosotros mismos, que nos cerremos puertas y ventanas hasta quedar sin luz ni aire. La vida está llena de posibilidades y debemos sentirnos merecedores de mejores cosas. Optemos por la excelencia y arrinconemos los miedos.

Imágenes cortesía Nicoletta Cecoli