Conspiraciones: La infancia de Jesucristo

Publicado el 5 de diciembre de 2012 a las 1:31 p.m. por Galan de Balneario

Fue en el año 393 en que se realizó el primer concilio para determinar el canon que integraría definitivamente la sagrada biblia. Denominado el Concilio de Hipona, centro sus objetivos en integrar oficialmente el Antiguo y Nuevo Testamento. A lo largo de la historia se han celebrado otros tantos concilios, sin embargo para el tema en cuestión no nos atañe la mención de los mismos; ya que en este post hablaremos de los ya tan populares evangelios apócrifos. Estos escritos se caracterizan principalmente por no haber sido reconocidos por las Iglesias Cristianas – obviamente no convenían a su ortodoxia – pero dado sus nombres y/o características en la escritura se avistan como libros canónicos.
Hoy hablaré de un evangelio apócrifo que por el propio contexto en el tiempo se vuelve más interesante, ya que relata pasajes de una de las épocas más ensombrecidas de la vida de Jesucristo: su niñez, misma que en los evangelios aceptados solo muestra atisbos de importancia cuando el niño Jesús sostiene una discusión con los doctores judíos en el templo de Jerusalén. Este texto apócrifo, denominado “El evangelio de la infancia según Tomás” fue escrito por Tomás “el israelita” -no por el discípulo de Jesús, al cual se le atribuye otro texto apócrifo- entre el 140 y el 170 d.C. 


En cuanto al contenido del mismo, retrata a un Jesucristo “más humano” capaz de reaccionar con maldad en uno de sus arrebatos de ira; Y en contraparte, muestra a un Jesucristo con la mente infantil noble y pura, capaz de jugar sin preocupaciones y hasta resucitar personas y obrar milagros mucho antes de iniciar “su mandato”.
Es claro que el evangelio trató de justificar las acciones de Jesucristo como parte del proceso de descubrimiento de sus poderes, sin embargo aun así resultan incomprensibles estos arrebatos en un niño enviado por Dios para cambiar el mundo:

El evangelio de la infancia según Tomás III, 1-3,“Y el hijo de Anás el escriba se encontraba allí, y, con una rama de sauce, dispersaba las aguas que Jesús había reunido. Y Jesús, viendo lo que ocurría, se encolerizó, y le dijo: Insensato, injusto e impío, ¿qué mal te han hecho estas fosas y estas aguas? He aquí que ahora te secarás como un árbol, y no tendrás ni raíz, ni hojas, ni fruto. E inmediatamente aquel niño se secó por entero.”

Un Jesús incapaz de perdonar a otro niño que se distrae y choca con él:

El evangelio de la infancia según Tomás IV, 1,“Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Y Jesús, irritado, exclamó: No continuarás tu camino. Y, acto seguido, el niño cayó muerto.”
Acto seguido los habitantes de la comunidad acudieron a reclamar a José las acciones de su hijo, teniendo terribles consecuencias:

 El evangelio de la infancia según Tomás IV, 2,“Y los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos.”

El evangelio de la infancia según Tomás V, 1,“Y José tomó a su hijo aparte, y lo reprendió, diciendo: ¿Por qué obras así? Estas gentes sufren, y nos odian, y nos persiguen. Y Jesús respondió: Sé que las palabras que pronuncias no son tuyas. Sin embargo, me callaré a causa de ti. Pero ellos sufrirán su castigo. Y, sin demora, los que lo acusaban, quedaron ciegos.” 

 Una de las preguntas que se ha convertido en misterio con el pasar de los siglos es ¿en donde estudio Jesús? Dada su alta capacidad para emitir con prudencia cada palabra y la extensa cultura que predicaba. Lo único que se sabe es que su familia era humilde en sobremanera, por ende no tenía acceso a educación de calidad, por lo que podemos concluir que su elevado pensamiento siempre fue de origen divino. En el evangelio de Tomás se expone a un Jesús ensañado con sus maestros: 

 El evangelio de la infancia según Tomás VII, 1-2,“Y, cuando Zaqueo, el maestro de escuela, oyó al niño exponer las alegorías tan numerosas y tan grandes de la primera letra, quedó perplejo ante tal respuesta y ante tal enseñanza, y dijo a los asistentes: ¡Desventurado de mí, a qué extremo me veo reducido! Me he cubierto de vergüenza, al traer a mi escuela a este muchacho. Así, pues, hermano José, te ruego que lo lleves contigo, porque no puedo soportar la severidad de su mirada, ni penetrar el sentido de su palabra en modo alguno. Este niño no ha nacido en la tierra, es capaz de domar el fuego mismo, y quizá ha sido engendrado antes de la creación del mundo. ¿Qué vientre lo ha llevado? ¿Qué pecho lo ha nutrido? Lo ignoro. ¡Ay, amigo mío, tu hijo me pone fuera de mí, y no puedo seguir su pensamiento!” 

 El evangelio de la infancia según Tomás VIII, 1,  “Y, mientras los judíos daban consejos a Zaqueo, el niño rompió a reír, y dijo: Ahora que tu aventura produce sus frutos, y que los ciegos de corazón ven, he aquí que yo vengo de lo alto para maldecirlos, y para llamarlos a lo alto, como me lo ordenó el que me ha enviado a causa de vosotros.”

El evangelio de la infancia según Tomás XIV, 1-2,“Viendo José que el niño crecía en edad y en inteligencia, y no queriendo que permaneciese iletrado, lo llevó a un segundo maestro. Y este maestro dijo a José: Le enseñaré primero las letras griegas, y luego las hebraicas. Porque el maestro conocía la inteligencia del niño. Sin embargo, después de haber escrito el alfabeto, se ocupó largamente de él, y Jesús no le respondió, hasta que le advirtió:
Si eres verdaderamente un maestro, y conoces bien el alfabeto, dime primero el valor de Alpha y yo te diré luego el de Beta. Pero el maestro, irritado, le pegó en la cabeza. Y el niño, en su dolor, lo maldijo, y aquél cayó exánime, con la faz contra tierra.”

El evangelio de la infancia según Tomás XV, 1,“Y, algún tiempo después, otro maestro que era pariente y amigo de José, le dijo: Tráeme al niño a la escuela, que quizá podré por la dulzura enseñarle las letras. Y José le contestó: Si tienes valor, hermano, llévalo contigo. Y lo llevó con temor y repugnancia, y el niño iba con placer.”

El evangelio de la infancia según Tomás XV, 3-4, “Al oír esto, José, espantado, fue a la escuela, temiendo por la salud del profesor. Y el maestro dijo a José: Sabe, hermano, que yo he tomado al niño por discípulo, pero está lleno de sabiduría y de gracia. Condúcelo, yo te lo ruego, a tu domicilio. Y, cuando el niño hubo oído estas palabras, sonrió y le dijo: Puesto que has hablado bien, y has dado un buen testimonio, sea por tu causa curado quien fue herido.”

El cristianismo está fundamentado en el mayor milagro de Jesucristo: la resurrección, en la cual manifiesta todo su poder al vencer a la muerte. El milagro más famoso de esta índole sin duda alguna fue la historia de Lázaro, pero no habría sido el primero, fue de Jesús el favorito de sus milagros, como explica el evangelio de Tomás:

El evangelio de la infancia según Tomás IX, 1-3,“Algunos días después, Jesús jugaba en una terraza, sobre lo alto de una casa, y uno de los niños que jugaba con él, cayó de la terraza, y murió. Y, Viendo esto, los demás niños huyeron, y Jesús quedó solo. Y, habiendo llegado los padres del niño muerto, acusaron a Jesús de haberlo hecho caer. (Jesús les dijo: Yo no hice tal.) Y lanzaron invectivas contra él. Mas Jesús se tiró de la terraza abajo, se detuvo cerca del cuerpo del niño caído, y gritó a gran voz, diciendo: Zenón (porque tal era su nombre), levántate, y dime: ¿Soy yo quien te hizo caer? Y, habiéndose levantado inmediatamente, el niño repuso: No, Señor, tú no me has hecho caer, sino que me has resucitado. Y los espectadores del lance quedaron conmovidos de asombro. Y los padres del niño glorificaron a Dios por el milagro cumplido, y adoraron a Jesús.”

El evangelio de la infancia según Tomás XVII, 1,“Más tarde, murió un niño en la vecindad, y su madre lloraba mucho. Y Jesús oyó el clamor de su gran pena y se apresuró a acudir. Y, hallando al niño muerto, le tocó el pecho, y dijo: Yo te mando, niño, que no mueras, sino que vivas, y que te quedes con tu madre. Y en seguida el niño abrió los ojos, y sonrió. Y Jesús dijo a la mujer: Tómalo, y dale leche, y acuérdate de mí.”

Estos son solo algunos de los pasajes del texto apócrifo; más que una acusación hacia Jesucristo, creo que el evangelio trataba de exponer la difícil vida con la que lidiaba el futuro mesías, al tener que dominar sus poderes y deseos, estos últimos que siempre se hacían realidad.
Finalizaré esta aportación con un pasaje en el que es posible ver a un Jesús divirtiéndose como un niño, sin embargo aun en sus momentos de mayor ternura es posible notar su rebeldía, en este caso al violar la sagrada ley judía del descanso sabatino.

El evangelio de la infancia según Tomás II, 1-4,  El niño Jesús, de cinco años de edad, jugaba en el vado de un arroyo, y traía las aguas corrientes a posar, y las tornaba puras en seguida, y con una simple palabra las mandaba. Y, amasando barro, formó doce gorriones, e hizo esto un día de sábado. Y había allí otros muchos niños, que jugaban con él. Y un judío, que había notado lo que hacía Jesús, fue acto seguido, a comunicárselo a su padre José, diciéndole: He aquí que tu hijo está cerca del arroyo, y, habiendo cogido barro, ha compuesto con él doce gorriones, y ha profanado el sábado. Y José se dirigió al lugar que estaba Jesús, lo vio, y le gritó: ¿Por qué haces, en día de sábado, lo que no está permitido hacer? Pero Jesús, dando una palmada, y dirigiéndose a los gorriones, exclamó: Volad. Y los pájaros abrieron sus alas, y volaron, piando con estruendo.

Fuente:http://notecreaslaverdad.blogspot.com.es

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