A JFK lo mató el conductor de la limusina: no han desclasificado a los 50 años, ni lo harán nunca

Todas las televisiones del mundo han hecho programas especiales por el 50 aniversario del asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Pero ni una, ni siquiera una, ha contado la verdad, y eso que dicen que los documentos clasificados a los 50 años se liberan: PURA MENTIRA.

Este viernes hacemos un cine-forum en “La Tricotilla” para todos aquellos que quieran ver, claramente, como el conductor de la limusina se gira y le dispara un tiro frontal que terminó con la vida del presidente. Si estás en Barcelona venid a verlo, son plazas limitadas, reserva al 93 362 37 00

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La madre de todas las conspiraciones

La mayoría no se cree en EE.UU. la versión oficial de la muerte de Kennedy | Dealey Plaza, donde dispararon a JFK hace cincuenta años, es el lugar de compra y venta de teorías

Las teorías de la conspiración tienen cuerpo. Muchos cuerpos.

Mark Oates monta su parada en Dealey Plaza, en el centro de Dallas, cuatro veces a la semana desde 1995. “Mi trabajo consiste en documentar evidencias”. A 20 dólares el paquete con vídeo, en el que se “ven” los supuestos fogonazos de los disparos jamás reconocidos, y textos explicativos.

Hace 19 años que Robert Groden, autor-editor de sus libros y revistas (a diez dólares el magazine) para alumbrar “la verdadera historia de la muerte del presidente Kennedy”, ocupa ese rincón otras tres jornadas. “La gente se acerca porque saben que la versión oficial de la comisión Warren es una mentira. Cómo el poder va a aceptar lo que ocurrió si el establishment está implicado”.

Utiliza el tiempo verbal en presente. El viernes se cumplirá el 50 aniversario del magnicidio de Dealey Plaza. Pero como reza el título en castellano del reciente volumen publicado por Philip Shenon, ex reportero del The New York Times, se trata de un Caso abierto (editorial Debate).

Asombra que en el país adalid de la transparencia informativa, de la existencia de un periodismo de investigación profundo y serio, capaz de forzar la dimisión del presidente Nixon, de los whistleblowers o los que “tocan el silbato” como metáfora de los denunciantes, pues eso, asombra que la mayoría de los estadounidenses crean medio siglo después que hubo una conspiración para acabar con John F. Kennedy (JFK) y que siga oculta.

“Sí, es sorprendente que todavía existan estas teorías conspirativas, pero estas teorías se expandieron desde el primer momento”, responde Shenon.

No faltaron motivos. A los dos días de su detención, Lee Harvey Oswald murió en un traslado. Jack Rubí, empresario de clubs, se coló en comisaría y le disparó. Fue el primer asesinato retransmitido en directo por televisión.

De ahí que recién jurado el cargo de presidente, Lyndon Johnson, que no está libre de sospecha en ese imaginario colectivo, nombró un equipo especial de siete personas. Al frente situó al máximo responsable del Tribunal Supremo, Earl Warren.

“Warren no quería formar parte de la comisión -explica Shenon-, intentó rechazar el trabajo. Johnson le forzó, así que decidió acabar lo antes posible”.

El informe se emitió a los diez meses. La tesis de que Oswald era el autor en solitario y que Rubi sólo buscó notoriedad tenía una aceptación del 29% antes del dictamen. Tras la publicación subió al 87%. La calma duró poco.

Una vez que los expertos accedieron a la revisión de los 26 volúmenes, empezaron a emerger las críticas. Algunas de las más relevantes se centran en la autopsia, calificada de desastre, y en la teoría de “la bala única”. Un proyectil causó tres heridas a Kennedy y cuatro al gobernador Connolly. Hallaron la bala en la camilla en la que habían trasladado al presidente al entrar en el hospital.

La incredulidad de los estadounidenses oscila hoy del 60% al 85% respecto a que Oswald actuó en solitario el 22-N de 1963.

“Los americanos se sienten atraídos por la conspiración y no pueden aceptar que alguien tan insignificante como Oswald pudiera matar al presidente”, sostiene vía e-mail Robert Dallek, uno de los historiadores más prestigiosos sobre Kennedy. “No hay prueba alguna de esa conspiración, pero creen en ella como en una religión”, añade.

Si hay un escenario ideal para el encuentro entre los conspiradores -término respetuoso, que engloba a los que se ganan el salario cuestionando esa versión oficial-, y los incrédulos, ese es Dealey Plaza. Aquí recibió el tiro de gracia el presidente del encanto y la gracia, guapo e idealista, el de la esperanza, el mejor valorado en la época contemporánea.

Tampoco faltan analistas que rebajan su peso al considerar que, además de ocultar su pésima salud y su sexualidad depredadora, obtuvo escasos logros en sus 1.000 días en la Casa Blanca.

Desde la esquina frente al antiguo almacén de libros, donde en una ventana de la sexta planta -ahora museo- se apostó el francotirador Oswald, resulta ilustrativo observar a los visitantes.

Casi al instante de poner los pies en Dealey Plaza, punto turístico clave en Dallas y en el estado de Texas, siempre hay vendedores de la conspiración dispuestos a abrir los ojos al interesado.

Señalan a la famosa ventana, exhiben fotos, hablan de cuatro, cinco, seis balas…, y no sólo de las tres que, aceptado de forma general, disparó Oswald. Explican el grassy knoll, punto central en estas teorías. Este montículo de césped está unos cuantos metros más abajo del almacén y es donde, aseguran, estaba apostado al menos otro tirador.

En el grassy knoll, entre la valla tras la que se cobijó “el pistolero desconocido” y el pedestal en el que Abraham Zapruder, empresario de ropa femenina, filmó los 26,3 segundos de imagen en movimiento más vistos, entre medio montan su tenderete Oates, Groden y otros colegas.

“En un acontecimiento de significado monumental para el mundo en general, aún podemos decir que no sabemos”, subraya el profesor Rick Halperin en su despacho de la Southern Methodist University (SMU) en Dallas. Recuerda que en el horizonte de 25 años se se facilitará el acceso a documentos que continúan siendo secretos. “El gobierno de este país tiene una larga historia de ocultar hechos a los ciudadanos. No intento parecer paranoico, ni decir que el gobierno está implicado, pero infravalora nuestra capacidad para aceptar la verdad”.

En cambio, el ex fiscal de Los Ángeles, Vincent Bugliosi, acaba de publicar un extenso libro en el que concluye que Oswald actuó solo a partir de “53 evidencias”. ¿Conspiración? Pura fantasía.

Un señor trajeado se acerca al conspirador Groden, que sustentan su credibilidad por haber colaborado con Oliver Stone en su película JFK.

-¿Quién lo hizo?

-El crimen organizado.

El trajeado suspira de alivio. “Mi padre trabajó en el FBI”.

Dallas convirtió a Kennedy en mito y en mártir.

La madre de todas las conspiraciones

La mayoría no se cree en EE.UU. la versión oficial de la muerte de Kennedy | Dealey Plaza, donde dispararon a JFK hace cincuenta años, es el lugar de compra y venta de teorías

Las teorías de la conspiración tienen cuerpo. Muchos cuerpos.

Mark Oates monta su parada en Dealey Plaza, en el centro de Dallas, cuatro veces a la semana desde 1995. “Mi trabajo consiste en documentar evidencias”. A 20 dólares el paquete con vídeo, en el que se “ven” los supuestos fogonazos de los disparos jamás reconocidos, y textos explicativos.

Hace 19 años que Robert Groden, autor-editor de sus libros y revistas (a diez dólares el magazine) para alumbrar “la verdadera historia de la muerte del presidente Kennedy”, ocupa ese rincón otras tres jornadas. “La gente se acerca porque saben que la versión oficial de la comisión Warren es una mentira. Cómo el poder va a aceptar lo que ocurrió si el establishment está implicado”.

Utiliza el tiempo verbal en presente. El viernes se cumplirá el 50 aniversario del magnicidio de Dealey Plaza. Pero como reza el título en castellano del reciente volumen publicado por Philip Shenon, ex reportero del The New York Times, se trata de un Caso abierto (editorial Debate).

Asombra que en el país adalid de la transparencia informativa, de la existencia de un periodismo de investigación profundo y serio, capaz de forzar la dimisión del presidente Nixon, de los whistleblowers o los que “tocan el silbato” como metáfora de los denunciantes, pues eso, asombra que la mayoría de los estadounidenses crean medio siglo después que hubo una conspiración para acabar con John F. Kennedy (JFK) y que siga oculta.

“Sí, es sorprendente que todavía existan estas teorías conspirativas, pero estas teorías se expandieron desde el primer momento”, responde Shenon.

No faltaron motivos. A los dos días de su detención, Lee Harvey Oswald murió en un traslado. Jack Rubí, empresario de clubs, se coló en comisaría y le disparó. Fue el primer asesinato retransmitido en directo por televisión.

De ahí que recién jurado el cargo de presidente, Lyndon Johnson, que no está libre de sospecha en ese imaginario colectivo, nombró un equipo especial de siete personas. Al frente situó al máximo responsable del Tribunal Supremo, Earl Warren.

“Warren no quería formar parte de la comisión -explica Shenon-, intentó rechazar el trabajo. Johnson le forzó, así que decidió acabar lo antes posible”.

El informe se emitió a los diez meses. La tesis de que Oswald era el autor en solitario y que Rubi sólo buscó notoriedad tenía una aceptación del 29% antes del dictamen. Tras la publicación subió al 87%. La calma duró poco.

Una vez que los expertos accedieron a la revisión de los 26 volúmenes, empezaron a emerger las críticas. Algunas de las más relevantes se centran en la autopsia, calificada de desastre, y en la teoría de “la bala única”. Un proyectil causó tres heridas a Kennedy y cuatro al gobernador Connolly. Hallaron la bala en la camilla en la que habían trasladado al presidente al entrar en el hospital.

La incredulidad de los estadounidenses oscila hoy del 60% al 85% respecto a que Oswald actuó en solitario el 22-N de 1963.

“Los americanos se sienten atraídos por la conspiración y no pueden aceptar que alguien tan insignificante como Oswald pudiera matar al presidente”, sostiene vía e-mail Robert Dallek, uno de los historiadores más prestigiosos sobre Kennedy. “No hay prueba alguna de esa conspiración, pero creen en ella como en una religión”, añade.

Si hay un escenario ideal para el encuentro entre los conspiradores -término respetuoso, que engloba a los que se ganan el salario cuestionando esa versión oficial-, y los incrédulos, ese es Dealey Plaza. Aquí recibió el tiro de gracia el presidente del encanto y la gracia, guapo e idealista, el de la esperanza, el mejor valorado en la época contemporánea.

Tampoco faltan analistas que rebajan su peso al considerar que, además de ocultar su pésima salud y su sexualidad depredadora, obtuvo escasos logros en sus 1.000 días en la Casa Blanca.

Desde la esquina frente al antiguo almacén de libros, donde en una ventana de la sexta planta -ahora museo- se apostó el francotirador Oswald, resulta ilustrativo observar a los visitantes.

Casi al instante de poner los pies en Dealey Plaza, punto turístico clave en Dallas y en el estado de Texas, siempre hay vendedores de la conspiración dispuestos a abrir los ojos al interesado.

Señalan a la famosa ventana, exhiben fotos, hablan de cuatro, cinco, seis balas…, y no sólo de las tres que, aceptado de forma general, disparó Oswald. Explican el grassy knoll, punto central en estas teorías. Este montículo de césped está unos cuantos metros más abajo del almacén y es donde, aseguran, estaba apostado al menos otro tirador.

En el grassy knoll, entre la valla tras la que se cobijó “el pistolero desconocido” y el pedestal en el que Abraham Zapruder, empresario de ropa femenina, filmó los 26,3 segundos de imagen en movimiento más vistos, entre medio montan su tenderete Oates, Groden y otros colegas.

“En un acontecimiento de significado monumental para el mundo en general, aún podemos decir que no sabemos”, subraya el profesor Rick Halperin en su despacho de la Southern Methodist University (SMU) en Dallas. Recuerda que en el horizonte de 25 años se se facilitará el acceso a documentos que continúan siendo secretos. “El gobierno de este país tiene una larga historia de ocultar hechos a los ciudadanos. No intento parecer paranoico, ni decir que el gobierno está implicado, pero infravalora nuestra capacidad para aceptar la verdad”.

En cambio, el ex fiscal de Los Ángeles, Vincent Bugliosi, acaba de publicar un extenso libro en el que concluye que Oswald actuó solo a partir de “53 evidencias”. ¿Conspiración? Pura fantasía.

Un señor trajeado se acerca al conspirador Groden, que sustentan su credibilidad por haber colaborado con Oliver Stone en su película JFK.

-¿Quién lo hizo?

-El crimen organizado.

El trajeado suspira de alivio. “Mi padre trabajó en el FBI”.

Dallas convirtió a Kennedy en mito y en mártir.

“Parkland” en Venecia, elude conspiraciones sobre muerte de JFK


Las teorías de una conspiración, descontrolada desde el asesinato, no figura en “Parkland”, dijo el director Peter Landesman.Foto: AFP

Venecia.- El asesinato del presidente de Estados Unidos hace 50 años en Dallas fue recreado gráficamente, con un quirófano manchado de sangre y la famosa grabación que muestra el acontecimiento real, en la película “Parkland”, que fue estrenada el fin de semana en el festival de cine de Venecia.

“Menuda mierda de sitio para morir”, dice un ayudante de Kennedy en el largometraje, que debe su nombre al hospital de Dallas, Texas, donde el mandatario fue enviado y murió sobre la mesa de operaciones.

Zac Efron, antiguo ídolo adolescente, hace el papel del doctor Charles Carrico, que comenzó el tratamiento de emergencia a JFK. Paul Giamatti es Abraham Zapruder, el fabricante de ropa para mujeres que grabó el asesinato con su cámara personal.

El quirófano donde las enfermeras y los doctores tratan de salvar a Kennedy mientras los rodean los fanáticos asesores del presidente y agentes del servicio secreto está bañado en sangre tocando a todos de una forma “muy ‘shakespeareana'”, dijo el director Peter Landesman.

Landesman, un ex periodista, dijo que quería mostrar lo que le ocurrió a los doctores, enfermeras, agentes del servicio secreto, policía y gente corriente como Zapruder que estaban allí el 22 de noviembre de 1963 presenciando un acontecimiento que cambió sus vidas para siempre.

“El asesinato de Kennedy había sido entendido desde el nivel de la especulación y la mitología y la política y las ideas de conspiración y algo desconocido”, dijo Landesman en una rueda de prensa tras la proyección.

“En lo que nunca pensamos realmente fue en la desorientación y el poder y el caos y la anarquía de lo que iba a sobrevivir seriamente al asesinato y toda esa semana”, sostuvo.

Las teoría de una conspiración, descontrolada desde el asesinato, no figura en “Parkland”, dijo Landesman.

“Durante 50 años (…) la mitología sobre especulación conspirativa ha ocupado gran parte del debate intelectual y emocional. Eso está ahí, esa conversación tiene lugar y siempre ha estado, nunca se detendrá. Nuestra enfoque está en las emociones, las verdades y la supervivencia”, indicó.

La película, que dura 92 minutos, narra los hechos durante tres días, desde que Kennedy recibió el disparo una hora después de su llegada a Dallas, hasta que su asesino, Lee Harvey Oswald, fue enterrado tras ser disparado al día siguiente por el propietario de un club nocturno de Dallas, Jack Ruby.

.Objetivo Kennedy .

El asesinato de Kennedy fue una de las más evidentes conspiraciones efectuadas públicamente, con el paso de los años han aparecido nuevas pruebas que demuestran que detrás de su muerte se esconden oscuros poderes que aún hoy siguen formando un estado dentro del estado.
En esta ocasión hablamos con el mayor conocedor de este caso, es escritor Antonio Ruiz, quien desde hace años investiga el asunto y en el siguiente video nos muestra las evidentes pruebas de la conspiración contra el presidente, asimismo, desmonta la teoría del “loco solitario” como autor.
Sin más os dejo con este largo e intenso videoprograma.

 

Fuente:Mundo Desconocido

El Asesino de Kennedy parece que fue el Chofer

Recibió 2 disparos, uno por la nuca que le atravesó el cuello y el segundo fue de frente, fueron 2 personas realmente las que dispararon a Kennedy, como culpable pusieron a un antiguo marine de USA francotirador, para que no dijese la verdad terminaron asesinándole a el también antes de que confesara. Cuando mataron a Luther King fue lo mismo, culparon a una persona inocente, realmente son las mafias del gobierno quien cometen estos asesinatos cuando un político no está de acuerdo con ellos.