El pasado debe ser un lugar de referencia, no de residencia

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Resulta tentador viajar mentalmente hacia nuestro pasado para revisarlo, analizarlo, revivir los momentos de acuerdo a lo que nuestra mente recuerda e inclusive realizar hipótesis basadas en cambios en las decisiones tomadas. Sin embargo, como cada uno de nosotros sabemos, nuestro pasado fue como fue y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo.

El querer estar constantemente trayendo el pasado a nuestro presente, para robarle espacio, lo único que logra es desviar nuestra atención de donde debería estar. Está bien mirar al pasado para crearnos un marco de referencia, para entender que ciertos caminos pueden ser más convenientes que otros, para recordar cuáles acciones nos dieron mejores o peores resultados, es decir, está bien irnos al pasado y usarlo de forma práctica.

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Sin embargo, resulta estéril, usar nuestro pasado para que ocupe la mayor parte de nuestra atención, para lamentarnos por lo que hicimos, por lo que vivimos, para no perdonar a algunos o a nosotros mismos y llenarnos de culpas, ni siquiera para recordar lo felices que fuimos en algún momento y compararlo con lo alejados que estamos de esos momentos hoy en día.

Señores, debemos aprender a hacernos la vida más sencilla, más bonita. Si un pensamiento te duele, ¡suéltalo! ¿Qué necesidad hay de permanecer en él?, ¿Cómo nos puede beneficiar elegir un drenaje de energía?

“… la vida se trata de cerrar los ojos y abrir las manos. Todo lo demás está hecho de rencor y rencillas. No vale la pena detenerse en eso.” ― Ángeles Mastretta

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Sí, todos hemos cometido errores, siempre habrá no una, sino miles de maneras de hacer las cosas mejor, todos tenemos a alguien que nos lastimó en el pasado, todos hemos tomado decisiones que quizás no fueron las más acertadas. Pero, ¿saben qué? De seguro también pudo haber sido peor, pudimos haber cometido errores con peores consecuencias, tomado caminos que nos llevaran por un precipicio aún más pronunciado… En fin, en mundo de infinitas posibilidades, tomamos las que para el momento, con los recursos con los que contábamos, resultaron la mejor opción.

Así que dejemos atrás los castigos, la nostalgia, los rencores, los reclamos y démosle espacio a un presente que podemos estar saboteando por no centrarnos en él y si queremos fijar nuestra mirada en un tiempo distinto al presente, resultará de mucha utilidad proyectar cómo queremos que sea nuestro futuro.

Darnos la oportunidad de perdonar, de soltar y de dejar atrás es el mejor regalo que podemos hacernos. Confiemos en nuestras capacidades para reenfocarnos y pongamos nuestros ojos en cada pequeño milagro que tenemos justo en frente en este instante, eso solo nos habla de que nos renovamos a cada momento y podemos decidir quiénes queremos ser.

Por: Sara Espejo

El querer sanar el pasado, a veces nos hace perder el presente

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Lo que contenga nuestro pasado, eso es… No podemos agarrar ahora con una pinza y sacar de allí lo que no nos gustó, lo que pudimos haber hecho diferente o lo que nos marcó de cualquier manera y sacarlo, así como tampoco podemos cambiar su dimensión o duración.

Tenemos que ser cuidadosos con el tiempo que invertimos en el pasado, algunas veces queriendo sanar, pero en la mayoría de esos casos los intentos nos dirigen hacia recuerdos dolorosos, que nos hacen sentir mal nuevamente y afectan nuestro presente.

¿Qué sería lo más conveniente? Asumir que lo que pasó, pasó, no podemos deshacer lo andado, entendamos que nada es casualidad y desde allí, veamos nuestro pasado como lo que nos condujo a donde estamos, nos guste o no, sin buscar peros, sin removerlo demasiado, sin hallar culpables.

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En los peores escenarios, donde hayamos sufrido demasiado y realmente sintamos que no podemos continuar, hagamos una pausa y de manera global, decidamos perdonar todo lo que nos afectó y perdonarnos a nosotros mismos y soltemos esa carga. Comencemos a construir la vida desde este punto, sin mirar atrás con fines de torturarnos.

Imaginemos como dice una persona que admiro mucho, que nuestra vida es una merengada, no nos podemos poner a sacar lo que la hace ácida o amarga, pero sí podemos tomarnos la tarea de agregar lo que sentimos que le falta, mientras más pronto empecemos, más pronto le daremos otro sabor.

Nuestro presente es lo único con lo que contamos y si nos dispersamos, colocando ante nuestros ojos un pasado que lastima, muy probablemente estemos extendiendo ese tiempo hasta nuestros días. Y aquello que dolió, lo seguirá haciendo y lo más lamentable de todo es que como nuestro enfoque se dirige con frecuencia a ese pasado doloroso, seguiremos atrayendo experiencias a nuestras vidas que nos hagan sentir de esa forma una y otra vez.

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Mira hacia tu pasado con fines prácticos, no te esfuerces en sanar, en perdonar, en revolver algo que ya no puedes cambiar. Si hay algo práctico que puedas hacer que cambie el rumbo, hazlo, ofrece unas disculpas si lo consideras beneficioso, trata de enmendar errores, etc. Pero si vas a ir a tu pasado a revolverlo, disfrazando el viaje con el título de sanación, es preferible que inviertas tu tiempo y energías de hoy en adelante, no en dirección contraria.

A fin de cuentas, todo es perfecto tal y como es… No hay nada que perdonar, no hay nada que sanar.

Por: Sara Espejo

Las peores razones para estar junto a alguien

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Aun cuando todos tenemos una idea general de los motivos por los cuales deberíamos estar junto a alguien, muchos fundamentamos nuestras relaciones en algunos equivocados. Ciertamente hay un valor subjetivo en este tema y un establecimiento de prioridades que va a depender exclusivamente de cada persona. Sin embargo, las relaciones que consideran los siguientes aspectos como los que los mantienen unidos, tienden a quebrarse con mayor facilidad en el camino o volverse altamente tomentosas.

He aquí nuestra lista de las peores razones para establecer una relación o permanecer en ella:

  1. Por miedo a la soledad: Cuando no podemos estar solos, difícilmente podemos estar con alguien más en armonía. Quienes se vinculan con alguien por miedo a la soledad, por lo general su criterio de selección es pobre y llegan a llamar amor a cualquiera que les haga sentir que no se encuentran solos, es decir, a cualquier compañía.
  2. Por interés económico: Aun cuando hay relaciones que se mueven muy bien bajo este esquema, la realidad es que las relaciones amorosas no tienen que ver con el intercambio de bienes y servicios, o la cantidad de dinero circulando en el tiempo que transcurre. La pareja que se integra, en la que el amor prevalece sobre los intereses económicos, pueden ser más robustas a lo largo el tiempo.
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  1. Por atracción física: La mayoría de las relaciones se forma luego de haber atravesado la barrera de la atracción física, aun cuando no corresponda a un modelo mental, es atípico que una pareja se forme entre dos personas que se desagraden físicamente. Aun así, nuestras relaciones deben formarse a sabiendas de que lo que vemos con nuestros ojos está sujeto a venirse a menos con el paso del tiempo y son otros factores los que nos deben mantener enfocados en nuestras parejas.
  2. Por beneficios asociados: Similares al interés económico, las relaciones en donde se obtiene un beneficio asociado a la unión, más allá de las asociadas al amor, tienden a desvirtuar la relación. Por ejemplo, el casarse por obtener una nacionalidad, una participación legal, una posición específica, se convierte en un compromiso distinto al que ofrece el amor. Evidentemente que si la relación solo tiene un fin practico, quizás alcance su objetivo, pero no se tratará de una relación amorosa.
  3. Por buscar sustituir una figura ausente en nuestras vidas: Es un grave error vincularnos a otra persona buscando llenar algún vacío, bien sea una figura paterna o materna o alguien que no estuvo presente en nuestras vidas.
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  1. Por pensar que no merecemos algo diferente: Con diferente nos direccionamos hacia algo que se ajuste a nuestro ideal de pareja, más allá de conceptos tan subjetivos como bueno o malo. Todos de alguna manera tenemos una creencia de lo que merecemos y a veces esta creencia no nos favorece, llegando a vincularnos con personas que no nos satisfacen.

Ciertamente hay muchos más motivos equivocados por los cuales establecemos una relación o permanecemos en ella, sin embargo, los mencionados corresponden a los que en mayor medida se construyen sobre pilares que no dan un verdadero soporte a un amor satisfactorio. Así que revisa tus motivos y procura que siempre provengan del amor, en lugar de provenir del miedo, de una baja autoestima o del interés. Date tu tiempo y construye la relación que realmente quieres vivir.

Después de la primera mentira, toda verdad se convierte en duda

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Bien dijo un sabio, cuando su discípulo le preguntó:

– ¿Qué se gana con decir una mentira?

– Que no te crean cuando dices la verdad.

Las mentiras son como tinta oscura derramada en agua clara, puede ser una simple gota, pero logra teñir un volumen muchísimo más grande que ella misma e imaginemos cuánta agua tendremos que añadir para que las propiedades sean al menos similares… Un trabajo arduo representa recuperar la confianza que en algún momento se perdió.

Algunas veces ambas partes tienen ganas de reiniciar, éste sin duda es el mejor escenario, sin embargo, la pendiente es muy inclinada… el camino puede dejar exhausto al mejor dispuesto. Lo que suele ocurrir es que se mantenga la tendencia hacia la desconfianza, que se traiga al presente algún error del pasado que generó esa brecha que ahora se intenta cerrar.

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No es vida para ninguna de las partes permanecer en una relación en la cual se deba estar argumentando lo que se dice y defendiendo verdades ante las dudas de la otra parte, mientras que esa persona que duda lleva en su boca el mal sabor de haber sino engañada y el temor de volver a pasar por ello.

No debemos generalizar, pero sin duda existe una tendencia a repetir conductas que identifican a cada quien… Por lo que sin ánimos de desanimar, probablemente cuando se descubra la primera mentira, junto a ellas se descubrirán unas cuantas más y con suerte, no habrá una cadena posterior a ellas.

La honestidad puede ser un valor inclusive despreciado por algunos, que prefieren vivir ante la sombra de una mentira, que pueda evitarles algún dolor, sin embargo, esto es por lo general una protección a corto plazo, porque lo más común es ver mentiras que al ser descubiertas, rompen corazones.

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Procuremos que la verdad ocupe un lugar prioritario en nuestras vidas, en nuestras relaciones, que nuestra palabra tenga valor y no sea una fuente de dudas sin valor alguno. Quizás pueda resultarnos complicado manejar alguna información, pero debemos ser responsables de nuestras acciones. Pensemos antes de actuar y valoremos nuestras relaciones, es preferible la prevención, antes de decidir por acciones que nos generen inconvenientes en nuestras relaciones.

Dar al otro la oportunidad de manejar nuestra verdad, de decidir qué hacer con ella, aun a sabiendas de que le duele, o de que hemos actuado de manera inadecuada e incluso estando en riesgo de perder un vínculo con esa persona, habla de algo de respeto y al momento de ponderar y decidir, tendrá cierto valor.

No tienes que convencer a nadie de que tú serás su mejor decisión

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Si bien es cierto que todo en esta vida se resume en un proceso transaccional, también lo es que una vez que hemos establecido nuestra oferta, que nos hemos mostrado, que hemos asomado o expuesto abiertamente lo que estamos dispuestos a dar, no tenemos que seguir en una campaña promocional que intente convencer al otro de que nos escoja.

Una cosa es sembrar afecto, sembrar respeto, cuidar, inclusive prometer, pero tomarnos la tarea de interferir en una decisión que no fluye de manera natural del otro, no nos dejará otra cosa más que frustración y cansancio emocional.

Inclusive cuando el resultado es aquel por el cual hemos trabajado, quizás el no obtenerlo de manera espontánea, sino quizás forzada, alimente en nosotros una especie de insatisfacción, en donde nuestro ego, que no nos permitió retirarnos en un momento dado, ahora nos habla de su insatisfacción al tener al lado a alguien a quien tuvimos que convencer de que éramos su mejor decisión.

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Todos tenemos el derecho de elegir libremente a la persona con la queremos estar y la misma libertad para decidir el momento en el cual queremos que eso ocurra, cuando hablamos de nuestros derechos, lo vemos muy lógico y justo, pero cuando hablamos en los derechos del otro, se vuelve todo un tanto más relativo, subjetivo y el argumento puede dejar de ser tan válido.

El punto es que ciertamente, así como nosotros tenemos derecho a escoger en quien queremos invertir nuestro tiempo y nuestras energías, pues la otra persona también lo tiene y eso significa que quizás nosotros no estemos dentro de sus primeras opciones.

Y si bien es válido el jugársela por quien nos interesa, de entrada tenemos que saber que el convencer a alguien de escogernos o de permanecer en nuestras vidas como queremos, puede resultar un proceso muy arduo e inclusive doloroso.

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A veces no nos damos cuenta de que hay mientras nos aferramos a algo o alguien, perdemos la capacidad de apreciar un universo de opciones, entre las cuales de seguro está una que nos genere tranquilidad, seguridad, afecto, sin demandarlo, sino por iniciativa propia.

Alguno dirá, pero ésa no es la opción que me gusta, pero si no nos damos la oportunidad, eso jamás lo podremos afirmar, de hecho quienes han decidido soltar esas situaciones de apego en donde intentan constantemente venderse ante el otro, mostrando lo mejor de sí, en su gran mayoría se sorprenden gratamente, cuando se dan espacio para amarse a sí mismos y evaluar lo que atraen desde ese punto.

No tienes que convencer a nadie, eres adorable, amable, respetable tal y como eres y justo así vendrá alguien a apreciarlo, solo debes permitírselo y permitírtelo.

Por: Sara Espejo

En los peores momentos, la fe es lo que te mantendrá a flote

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Todos tenemos una tabla de salvación que va con nosotros a todas partes, que podemos usar en cualquier momento y si de verdad estamos muy predispuestos en determinados trayectos podemos decidir usarla de forma indefinida, este salvavidas se llama fe.

La fe tiene características comunes con el miedo, en ambos nuestra mente se enfoca en un resultado, a través de la fe, nos enfocamos en el mejor resultado posible, en lo que mayor beneficio nos reportará, en lo que será mejor para nuestras vidas. Mientras que el miedo nos empuja a pensar en los peores resultados posibles, a generar en nuestras mentes escenarios en donde las cosas no se dan como queremos o nos traen consecuencias nefastas a nuestras vidas.

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Mientras nos alimentamos de temor, la vida nos dará motivos para temer, nos dará la razón y se encargará de demostrarnos que hay siempre que temer. Si nos alimentamos de fe, nos mostrará la otra cara, en donde podemos recibir, aquello que optimistamente esperamos.

Lo que debemos rescatar es que la vida siempre nos complace, si creemos que estará a nuestro favor, lo estará, si creemos que estará en nuestra contra, lo estará. ¿No resulta súper valiosa esta información?

Si supieras que todo está siempre bien realmente, y que siempre tiene un final feliz, entonces no te sintieses miedo de tu futuro.

¡Todo está realmente tan bien!

Si pudieses creerlo y confiar que así es, inmediatamente todo estaría bien automáticamente.

– Abraham Hicks

Baja la guardia, permite el bienestar en tu vida, deja de temer y sustituye tus miedos por fe y comienza a crear desde allí, desde la confianza en que todo tiene un final feliz y desde ese punto de partida crearás la realidad que coincida con ello y allí está “el secreto”.

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El universo responde a tu vibración, tú eres un ser vibratorio, así que procura vibrar en una frecuencia diferente. Puedes pensar en muchas cosas, decide escoger un canal diferente para enfocarte, quédate con lo que te haga sentir seguro, tranquilo. Distráete de esos pensamientos cargados de miedo y mueve tu punto de atracción.

Tienes un caudal a tu disposición. El universo te está ofreciendo en todo momento, no bloquees lo que sí quieres con tus pensamientos saboteadores, con tus miedos, porque te ofrecerá más de eso que te hace sentir temeroso. Los temas que más te preocupan son los que menos te permitirán estar en bienestar, enfócate en los que te dan sosiego, llena tu mente y tu corazón de fe y mira como todo cambia.

Hay días en los que te costará sonreír y eso está bien

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La vida está llena de altibajos, una simple muestra de ello lo refleja un electrocardiograma con esas subidas y bajadas constantes, donde todo parece ser necesario, mientras la vida fluye. Un día podemos estar bien y tranquilos, al día siguiente nos puede arropar la tristeza o el pesimismo.

Ciertamente somos nosotros quienes decidimos cómo nos sentimos y es válido sentir emociones que no nos agradan, el detalle está en no quedarnos enganchados en ellas, solo darles su espacio, observarlas y dejarlas pasar, hace su tránsito menos dañino.

Si nos quedamos anclados a emociones que no nos permiten sentir bienestar comenzaremos a maxificar sus efectos negativos, en especial el de crear desde un punto de vibración a baja frecuencia, y desde allí la vida recogerá muchas experiencias para que nosotros nos sigamos sintiendo así.

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Pero no debemos exagerar, ni forzarnos, todo en nosotros debe ser fluido, mientras le hacemos resistencia a una emoción o la negamos, más se puede agudizar, si dejamos que pase, sin prestarle mayor atención, antes de que nos demos cuenta ya no nos molestará.

Es como un niño cuando se le presenta una pataleta, si nos irritamos, le reprendemos, le castigamos, estamos dándole más fuerza a esa conducta, por el contrario, si no prestamos mucha atención, inclusive si amorosamente nos acercamos, muy probablemente la pataleta se disuelva en sí misma… Lo mismo ocurre con nuestras emociones.

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¿Estamos molestos? ¿Estamos tristes? ¿Estamos temerosos?… ¿Eso nos roba momentos de felicidad? Pues la respuesta es sí, estas emociones nacen por contraste, nos cortan el torrente de bienestar y nos impiden sonreír de manera espontánea… Pero no pasa nada, podemos pasar por esas casillas, el truco es no quedarnos allí durante muchos turnos, en la primera oportunidad debemos lanzar el dado y avanzar.

Permítete sentir, pero no abuses de los lapsos de tiempo y obviamente no se trata de tener un cronómetro emocional: “ya pasé 30 minutos en esta emoción, debo dirigirme a otra…”, se trata de observarnos y tomar medidas que nos ayuden a movernos, sin brusquedad, sin aspaviento, somos si nos fuésemos flotando desde la parte más honda de la piscina a la más llana, sin levantar mucha agua, sin chapotear, sin cambiar bruscamente de posición… solo aplicando el impulso necesario para desplazarnos sobre el agua y en menos de lo que pensamos, ya nuestros pies podrán sentir el fondo, de preferirlo así.

Observa tus emociones, vívelas, pero recuerda que creas desde allí, así que en las que no te hagan sentir bien, no permanezcas demasiado.

Por: Sara Espejo