7 Pasos para materializar lo que deseamos

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Desde hace muchos años, venimos escuchando información asociada a la Ley de la Atracción, la cual nos habla de que nuestros pensamientos, de manera consciente o inconsciente, influyen de forma directa sobre nuestras vidas, siendo los pensamientos predominantes, los que a través de su vibración y la energía emanada los que atraerán lo que esté asociado a esa energía.

Si prestamos atención, no nos dice algo diferente a lo que personajes milenarios e influyentes en la humanidad nos han dejado plasmado en sus mensajes. Desde el cristianismo, pasando por el budismo, escuchamos pasajes que nos hablan de la importancia de enfocarnos en lo que queremos en nuestras vidas y de cuidar lo que albergamos en nuestra mente.

Uno de los principios del Karma dice, “Yad Bhavam Tad Bhavati” (te conviertes en lo que piensas), mientras Buda nos recuerda que: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado.”

No sabemos a ciencia cierta qué es lo que le da poder a la materialización, pero de que existe una fuerte relación entre lo que pensamos y lo que materializamos, pues de esto no debe haber duda. Inclusive las cosas negativas, aquello a lo cual nos hemos negado o nos hemos resistido, se han adherido de tal manera a nuestras vidas, que no somos capaces de pasarlo desapercibido.

Luego, no es tan relevante cómo llamemos a la relación que existe entre nuestros pensamientos y nuestra vida, porque sepamos cómo funciona o no, cómo aplicar los principios o no, esto parece obedecer como cualquier ley del universo. Citemos una con la que estemos todos familiarizados: La ley de la gravedad, no es necesario entender cómo funciona, ni que Newton la haya descubierto, solo nos hace falta soltar algo al aire y ver cómo va al suelo.

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Evidentemente el efecto de nuestros pensamientos no puede ser tan fácilmente verificable, pero podemos comenzar tomar en consideración algunas cosas y ver qué tanto influyen las acciones que apliquemos en nuestras vidas:

Está atento a tus emociones: Si tus emociones son negativas, estás triste, nervioso, ansioso, iracundo, revisa tus pensamientos, en el acto e intenta soltar esos pensamientos y si es posible sustituirlos por alguno negativo.

Revisa tus creencias: Venimos a lo largo de la vida adoptando creencias, que muchas veces no tienen ni fundamento, racionalizarlas y restarles validez resulta muy útil, para dejar de desencadenar pensamientos derivados de esas creencias.

Enfócate en lo que deseas y no en lo que no deseas: Solemos quejarnos de lo que no queremos o pedir la contraparte de lo que sí queremos, pero en estos casos nos estamos concentrando justo en lo que no deseamos y de alguna manera nuestros pensamientos rondan alrededor de eso y terminamos materializando más de lo mismo.

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Visualízate como si ya tuvieses aquello que deseas: Tómate algunos minutos para imaginarte aquello que quieres como si ya pudieses disfrutarlo en tu mente, siéntelo tuyo, no te frustres pensando que es solo un pensamiento, hazlo con fe.

Confía: No sabemos bien cómo actúa la fe, si existe un creador, si ese creador lo llevamos todos en nuestro interior, si nuestra mente es la única responsable de nuestra vida, si el universo tiene capacidad de escuchar nuestras peticiones, pero independientemente del caso, lo importante es CREER, la fe es la que hace que las cosas se manifiesten, cuando creemos que ocurrirá, sin ningún tipo de duda, independientemente de la vía, prácticamente de manera inevitable pasará. Así que las dudas a un lado.

Agradece: Agradecer por lo bueno que tenemos, nos ocurre y tenemos la oportunidad de vivir, nos sube el ánimo, nos hace sentirnos bien y especialmente quizás porque abrimos los ojos ante otras cosas buenas o porque comienzan a ocurrirnos más, el agradecimiento tiene el poder de hacernos sintonizar con lo que queremos y llenar nuestra vida de lo que nos agrada.

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Sé amable contigo mismo: No es para torturarse saberse creador de su vida y tener alguna que no nos guste, o tener muchas cosas que queremos cambiar. Aprendemos poco a poco y cada una de nuestras experiencias son nuestros escalones para nuestro desarrollo. Así que se amable, quiérete, que diálogo interno sea cuidadoso, como si le hablaras a un ser muy querido, que si tenemos consciencia debería ser el que más queramos.

Tener el poder de crear nuestra vida a través de nuestros pensamientos viene siendo como tener una varita mágica y quizás no tener idea de cómo usarla o peor aún darle cualquier otro uso. Todo es cuestión de práctica, comienza por cosas pequeñas, aparta lo negativo de tus pensamientos y haz un hábito de ello y poco a poco irás viendo los efectos. Recuerda: Si así lo crees, así será.

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Las palabras solo hieren cuando te importa quien las dice

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Podemos escuchar un sinfín de palabras, con las cuales nos sentiremos a gusto con algunas, otras nos sentirán sentirnos incómodos y otras sencillamente las ignoraremos.

He aquí el punto, el ignorar generalmente resulta de la práctica o de que no nos importe quien pronuncie las palabras. El hecho de importarnos alguien, hace que cada una de sus acciones, sus palabras y hasta sus omisiones resulten trascendentes para nosotros y mientras más valor tenga esa persona en nuestra vida, más peso tendrán sus palabras en relación a nosotros.

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No es agradable escuchar algo negativo de nosotros, pero si lo dice el del coche de al lado cuando no le dejamos incorporarse a un canal, pues al poco tiempo ya estará olvidado, en cambio cuando es alguien a quien apreciamos, incluso cuando las palabras no sean improperios, ni siquiera ofensas, nos pueden propinar una herida que nos cueste sanar.

La honestidad en las relaciones juega un papel muy importante, pero no debemos confundir la honestidad con la descortesía, como te aprecio, como te quiero, digo lo primero que me cruza por la cabeza, porque te debo sinceridad… este principio es exagerado, siempre debemos tener un filtro para hablar, especialmente cuando se trata de o con alguien que nos importa, no es necesario lastimar con las palabras y siempre podremos ubicar la mejor manera de decir algo, aunque ese algo de la forma en que se diga termine por hacer daño.

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Aprendamos a decir las cosas de forma oportuna, sin apresurarnos y sin dilatarnos, seguros de lo que necesitamos manifestar y tratando de encontrar la manera de ser sinceros, sin necesidad de herir. Muchas veces no es tanto lo que se dice, sino en el tono en que se dicen. Nuestro lenguaje corporal habla muchas veces más que las propias palabras, así que a través de él nos es posible suavizar un mensaje.

Debemos aceptar que en la vida escucharemos de todo, palabras hermosas, palabras obscenas, palabras de aliento, palabras hirientes… pero debemos aprender a que lo que no nos gusta nos afecte lo menos posible. No generar tanto drama en nuestra vida nos permite vivir de forma más inteligente, aligerándonos de rencores y sanando con prontitud todo aquello que no nos ha hecho bien.

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Ciertamente mientras más importante sea alguien para nosotros, más nos afectará todo lo que haga que nos involucre o nos deje por fuera. Así que aprendamos a limitar el efecto de lo que hacen los demás sobre nosotros, a restarle importancia al qué dirán o pensarán de nosotros y aprendamos a ser un poco más empáticos y comprensivos, porque todos nos equivocamos, decimos cosas que no podemos recoger y en algún momento actuamos y herimos a quien más nos ama y no lo hemos hecho por mal, solo es una muestra de qué tan preparados estamos para una situación y que tanto sabemos manejar nuestros recursos.

¡Búscate un amante!

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Quizás te haya llamado la atención el título de esta entrada por lo descabellado que puede sonar y te hayan pasado muchas cosas por la cabeza, pero me alegra bastante que hayas decidido abrir el enlace y ver de qué va esta indicación: “¡Búscate un amante!”. Dejemos los prejuicios y pasemos a leer estas líneas del grandioso escritor, terapeuta y psicodramaturgo, de nacionalidad argentina, Jorge Bucay fuente de inspiración y motivación de muchos.

Muchas personas tienen un amante y muchas otras quisieran tenerlo.
Y también están las que no lo tienen, porque no quieren y las que lo tenían y lo perdieron, o decidieron perderlo. 

Misteriosamente son generalmente estos dos últimos grupos los que más vienen a mi consulta para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas: insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores. 

Cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. 

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Antes de contarme esto ya han visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnostico seguro: Depresión… y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
Yo, después de escucharlas atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan… ES UN AMANTE. 

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.
Están los que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica! Hacen un decoroso silencio, miran el reloj esperando el final de la consulta y se retiran para siempre.
También están los que escandalizados se despiden en ese mismo momento y muchas veces tampoco vuelven nunca más. 

A los que deciden quedarse les doy la siguiente definición:
Un Amante es cualquier cosa que nos apasione, lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y también aquello que, a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno, lo que nos hace saber que la vida tiene motivación y sentido”. 

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Un amante puede ser nuestra pareja, si nos animamos a encontrarlo allí.
En otros casos es otro alguien que no es nuestra pareja.
También podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby que nos monopoliza cada instante “suelto”.

En fin, es “alguien” o “algo” que nos perturba la conciencia al punto de dibujarnos una sonrisa al solo pensarlo apartándonos, aunque sea por un momento, del triste destino de sobrevivir.
Sobrevivir es durar y en el fondo está gobernado por el miedo a vivir de verdad. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol, de la lluvia y de las emociones fuertes. 

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Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana
Por favor no te empeñes en sobrevivir, búscate un amante!
Sé vos mismo el amante de alguien o de algo. Sé el protagonista… de tu vida.
La muerte llegará; al fin y al cabo, la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie.
Mientras tanto y sin dudar, búscate un amante!

Lo trágico no es morir… lo trágico, es no animarse a vivir.
La psicología, después de estudiar mucho, descubrió algo trascendental: para vivir feliz, activo, o satisfecho hay que tener un motivo.
A ese motivo lo llamo hoy un amante.
Hay que ponerse de novio con la vida y hay que amarla con la pasión de los que auténticamente están enamorados.
Búscate pues HOY…. un amante. 

 

Ciertamente poco que agregar a esta invitación a vivir, solo esperamos que haya movido en ti esa fibra que a veces reacciona a sutiles sugerencias, a veces solo hace falta un llamado de atención para recordar lo que al nacer sabemos y poco a poco vamos olvidando… No te conformes con que te pase la vida, disfrútala, saboréala y sácale el mayor jugo posible, es un regalo para ti, entiéndela y no la desperdicies.

Nunca ofrezcas más de lo que puedes dar

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Prometer es muy fácil, quizás una de las cosas que podemos hacer de manera más simple, es muy fácil ofrecer, sin darnos cuenta de que estamos adquiriendo un compromiso, incluso más allá de nuestras propias capacidades, de aquello que en realidad podemos dar y tristemente este es el factor común hoy día.

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Solo piensa cuántas veces en tu vida te rompieron una promesa, cuantas más se quedaron cortos ante lo que te ofrecieron, y más profundo, ¿Cómo te sentiste? ¿Qué recuerdos conservas de esa persona y de esa situación?…

Empezar por conocerse a sí mismo, puede llegar a transformar nuestra vida, poder ver lo que somos, lo que proyectamos y como influimos en la vida de otros, y es parte importante de esto, el no ofrecer más de lo que podemos dar, conocer nuestras propias limitaciones, pues de lo contrario no solo estaremos abonando un camino de fustraciones a quienes creen y esperan algo de nosotros, sino un daño a nosotros mismos, pues en muchos casos nos exigiremos más de lo que podemos abarcar y esto puede llegar a afectar no solo nuestras relaciones con los demás, sino nuestra salud y por ende nuestra vida.

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Nos molesta enormemente cuando nos hacemos falsas expectativas de alguien más, o cuando hacemos planes y proyecciones en torno a cosas que nos ofrecen, compromisos y promesas, pues ¿Por qué habría de ser distinto de nosotros hacia otras personas?…podemos causar el mismo efecto que este tipo de actitudes genera en nosotros.

Cualquier relación puede llegar a fracturarse por una simple palabra, más aún por una promesa rota o incumplida, incluso mal cumplida, desde una relación de pareja, una situación laboral, familiar, la frágil confianza de los hijos, en cualquier espacio las ofertas que hacemos deben ser realizables, especialmente si somos capaces de herir susceptibilidades en nuestro entorno.

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Aprende a decir “no” , sé sensato contigo mismo y con tus acciones, conoce tus límites y enaltece tus virtudes, podrás llegar siempre con la frente en alto y con la plena seguridad de que haces lo correcto en tu vida, conservarlas raciones valiosas y aprenderás a confiar y mejor aún, demostrarás a otros que la confianza existe y vale la pena.

Quédate con esa paz que da el haber hecho lo correcto, aunque no te lo agradezcan

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Muchas veces luego de haber hecho cualquier cosa que consideramos correcta, podemos caer en la tentación de arrepentirnos por la reacción o posición que otras personas adopten en relación a ello.

Debemos rescatar que cuando nosotros tomamos la decisión de actuar de una determinada manera, esto habla especialmente de nosotros y de las personas que de alguna manera han tenido influencia en nuestras vidas, pero no debemos llevar a cabo buenas acciones bajo la expectativa de que despertaremos en los demás agradecimiento, consideración, admiración o cualquier otra cosa, inclusive dependencia. El estar esperando una reacción de reconocimiento resta un tato de valor a nuestras buenas acciones.

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Debemos actuar por convicción, porque sabemos que es lo correcto, debemos participar para bien en la vida de los demás porque somos capaces y queremos, porque nos sentimos cómodos aportando a la vida de alguien algo que resulte en un beneficio para su vida.

Aunque no hagamos las cosas pensando en una recompensa, el universo siempre se encarga de mantener nuestras vidas en equilibrio y nos aporta cosas muy similares a lo que nosotros damos, sin distinguir la fuente, lo cual quiere decir que el hecho de que yo entregue algo particular a alguien, no significa que ese alguien nos lo retribuirá. Así que por donde se vea, resultará enriquecedor hacer el bien, sin mirar mucho a quien, porque el universo sí lleva nuestro balance.

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Hacer las cosas en armonía con nuestra consciencia, nos genera una paz y un bienestar que se convierten en estímulo, para cualquier otra oportunidad en donde tengamos la posibilidad de hacer las cosas bien, de aportar, de facilitar, de sumar a un escenario específico o la vida de alguien más.

Evidentemente el agradecimiento es fundamental en la vida del ser humano, de hecho la mejor manera de pedirle al universo es justamente agradeciendo, pero esto no debe convertirse en algo a revisar, ni evaluar en los demás, sino en nosotros mismos. Debemos ocuparnos de agradecer todo lo bueno que nos ocurre, las experiencias que nos hicieron más sabios o más fuertes, las personas que tenemos alrededor, los milagros grandes o pequeños que siempre nos rodean… Pero no preocuparnos o juzgar a quienes no tienen el hábito, aun cuando se trate de agradecer nuestras acciones.

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Entendamos que el problema es del otro, nosotros cumplimos con lo que nos hace feliz, con lo que sintoniza con lo que somos y queremos entregar. Siempre lo que damos se convierte en ganancia para nosotros, aun cuando no pensemos en ello. Pero no permitamos que el desagradecimiento de los demás nos invite a comportarnos de una manera ajena a la que realmente nos caracteriza.

Las cosas más bonitas ni se ven, ni se tocan… Se sienten

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Muchas veces podemos subestimar nuestra capacidad de percibir nuestro entornos, limitándonos solo a aquello tangible, a aquello que podemos ver, que se nos muestra, que está al alcance de nuestras manos, sin embargo, aunque podamos apreciar cosas espectaculares a través de nuestros sentidos, la mayoría de nosotros podría coincidir en que las cosas más bellas, solo se pueden sentir con el corazón.

Las cosas que realmente nutren nuestra alma, que son las que acumulamos como experiencias gratificantes, que nos sirven inclusive de soporte cuando perdemos fuerzas para continuar, son sin duda aquellas que nos hacen sonreír desde lo más profundo, desde donde percibimos lo esencial, lo que nos caracteriza realmente, lo que nos conecta como un todo.

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No son los ojos, sino las miradas…

 

Las miradas se dicen que son el lenguaje de las almas, que más allá de los ojos y de lo que se aprecia, son ellas las que realmente transmiten el mensaje más sincero. Una palabra acertada, ese abrazo cálido, un simple silencio pero en presencia de quien nos ama, nos puede hacer sentirnos más protegidos que un batallón de guerra completo.

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Tenemos mucha facilidad de enfrascarnos en situaciones que no nos generan bienestar, podemos darle vueltas en nuestra cabeza una y otra vez a pensamientos que nos hacen daño, sin sentirnos en la capacidad de silenciarlos y solo darle paso a esa parte de nosotros que no necesita pensar, que tiene la sabiduría que necesitamos para resolver y percibir todo lo importante.

Solo basta con darnos la oportunidad de apreciar los detalles, de distanciar nuestros pensamientos cargados de miedos, de juicios, de críticas, y proponernos percibir qué nos trae cada momento, qué nos dice el otro más allá de sus palabras.

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La belleza no está en lo que se mira… sino en quien mira

 

Y es que como vemos el mundo, no es nada diferente a lo que predomina en nosotros, por eso si solemos quejarnos de nuestro alrededor, es momento de hacer una pausa y mirar adentro, de seguro habrá muchas heridas por sanar, muchos perdones que otorgar y especialmente un despertar latente, esperando que cambiemos nuestra manera de apreciar la vida, dejando atrás el ego y abriendo solo los ojos del corazón.

No esperes que el tiempo transcurra para darte cuenta de dónde estaba lo importante, lo esencial, lo trascendente… dónde realmente estaban las cosas bonitas, las que llenan el alma, las que nutren y siembran, siente, cierra tus ojos y siente… tienes millones de bendiciones a tu alrededor y seguramente notas solo unas cuantas o en el peor de los casos, ninguna. La vida en su totalidad es hermosa, solo hay que saber mirarla.

Acostúmbrate a no esperar nada de nadie

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Solemos tener ideas preconcebidas de lo que haría una u otra persona, en relación a nosotros o cualquier situación particular, obviamente partiendo principalmente del sentido común y la referencia de cómo actuaríamos nosotros ante hechos o demandas similares.

Pero sencillamente todos somos muy diferentes y lo que es obvio para mí, no necesariamente lo es para ti, lo que bueno para algunos, no debe serlo para otros… y cuando hay relatividades asociadas, las verdades no son tales, los compromisos no están escritos y solo el que está en el papel con sus variables en juego es capaz de entender por qué se actúa de una manera y no de otra.

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Esto es partiendo de que todo el mundo trata de actuar lo mejor que puede con los recursos que posee, pero evidentemente esto no quiere decir que sea la mejor manera de hacerlo. Un padre formado bajo una crianza maltratadora, puede repetir el patrón con sus hijos, sin ver esto como algo negativo, porque su verdad está afectada por su manera de ver la situación.

Luego, todos tenemos patrones de conducta asociados a muchas condiciones, experiencias, vivencias, proyectos, etc y cada uno tendrá una manera de actuar que puede distar de manera considerable de lo que se espera de cada quien.

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La mejor manera de no frustrarnos, de no decepcionarnos, es aprender a no esperar nada de nadie, no dar nada por sentado. De esta manera de cualquier manera que actúe una persona, estaremos en capacidad de evaluarlo sin la predisposición propia de la expectativa.

Esto, adicional a evitarnos frustraciones, nos da la oportunidad de sorprendernos con lo que recibimos de alguien, con lo que observamos, sin habernos esperado algo en particular previamente.

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Démosle la libertad a quienes nos rodean de ser quienes son, obviamente dentro de los parámetros normales, sin vernos perjudicados por las actitudes de cada quien. Nadie merece vivir para satisfacer las expectativas de otra persona, todos debemos dar lo que nos nace, lo que nos parece adecuado, algunos tendrán la fortuna de ser mejor aceptados que otros, pero sí se guarda el debido respeto y se evita la necesidad de etiquetar, juzgar o prever una acción en particular, todos estaremos ganando.

No esperes nada de nadie distinto a ti mismo, no hay nada que podamos o debamos controlar en el comportamiento de otro ser y así como nosotros queremos que se respeten nuestras decisiones, nuestro actuar, hagámoslo con quienes de una u otra manera forman parte de nuestras vidas.