La única persona que estará contigo toda la vida eres tú. Así que ámate, considérate, cuídate y vive orgulloso de ti

La mujer o la amante, ¿quién sufre más?

Reflexiona siempre pensando en tu bienestar

En esta oportunidad traemos para ti un hermoso poema de amor propio, el cual te invitamos a disfrutar.

Cuando comencé a amarme a mi mismo

Cuando comencé a amarme a mi mismo, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacía uno mismo.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando comencé a amarme a mi mismo, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando empecé a amarme de verdad, reconocí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Hoy llamo a esta conexión sabiduría del corazón.

No es necesario tenerle miedo a las discusiones, o las confrontaciones o cualquier tipo de problemas con nosotros mismo o con otros. Incluso las estrellas chocan, y de esa colisión se crean nuevos mundos. Hoy sé que esto es la vida!

El aprendizaje que nace del sufrimiento (resiliencia)

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“Es un privilegio haber vivido una vida difícil”

Indira Gandhi

Estudiar como las personas integran las experiencias de su vida y como estas se ven reflejadas con posterioridad es un trabajo que los psicólogos y científicos de todo el mundo se han preocupado por entender. Estos estudios han dado lugar al estudio de la resiliencia.

La resiliencia es la capacidad de las personas para sobreponerse al dolor y a situaciones adversas de la vida, en muchas ocasiones, bastante extremas. Se han hecho diversos estudios de esta capacidad en un gran número de sujetos que habían vivido una experiencia denominada por muchos como «traumática» (accidentes de tráfico, situaciones de abuso sexual, divorcios, abandono familiar, despidos laborales, etc. ).

¨Cuando mi sufrimiento se incrementó, pronto me dí cuenta de que había dos maneras con las que podía responder a la situación: reaccionar con amargura o transformar el sufrimiento en una fuerza creativa. Elegí esta última» Martin Luther King

Como ejemplo claro de resiliencia no queremos acabar este artículo sin nombrar al condenado más famoso del mundo: Nelson Mandela.

Su estancia de 27 años en la cárcel no le impidió ser un ejemplo de superación y lucha pacífica a su salida.

Lo mejor de la vida no se planea, simplemente… sucede

Lo mejor de la vida no se planea, simplemente… sucede

Lo mejor de la vida no atiende a planes o programaciones. La mayoría de las veces basta con dejarnos llevar, con permitir que las cosas sucedan por sí mismas, con la sutileza de la casualidad, con la apertura de quien es humilde y no espera nada, pero en verdad… lo sueña todo.

Es posible que ya hayas oído hablar de la ley de la atracción. Según este principio, las personas deberíamos ser capaces de conseguir o de llegar a ser aquello que deseamos gracias a esas unidades energéticas que se emanan de nuestros propios pensamientos y emociones.

Bajo esta perspectiva entraría pues esa famosa frase de “te conviertes en lo que piensas” y de que en el Universo existe una especie de ley de atracción donde el propio pensamiento nos hace alcanzar nuestros objetivos. Bien, no es nuestro propósito criticar o defender este enfoque, porque en realidad, las cosas pueden llegar a ser mucho más sencillas.

Dejando a un lado esa especie de atracción mente-universo, podríamos decir que la vida, es un maravilloso cúmulo de casualidades donde la felicidad puede esconderse en cualquier esquina, en cualquier rincón. No obstante, no todos pueden ser lo bastante receptivos para poder verlo, para dejarse llevar.

No es cosa de magia, sino de apertura, de querer ver, de salir de la zona de confort y de abrir esas puertas interiores que todos tenemos para permitirnos segundas oportunidades. Si uno se conciencia de que merece ser feliz, ya está haciendo algo grandioso por sí mismo.

Se está “reconociendo”, está nutriendo ese vínculo y esa autoestima donde las cosas pueden empezar a ser mucho más fáciles. Porque la vida no se planea y en muchas ocasiones se empeña en llevarle la contraria a los planes que hemos hecho con toda nuestra ilusión.

La vida simplemente sucede y hay que subirse a ese tren para experimentarla al máximo.

Reflexionemos sobre ello.

1. Conviértete primero en aquello que buscas

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Puede que sueñes con encontrar a la pareja perfecta. A esa persona que acompañe tus días con cariño, que sea cómplice de tus deseos y proyectos, amante de tus sonrisas y el refugio de tus abrazos.

Sabes cómo te gustaría que fuera, una persona madura emocionalmente, divertida, comprensiva, dialogante, humilde y sin miedos habitando en sus vacíos.

Así pues, ¿Qué te parece si en lugar de “soñarla” alcanzas tú primero todas esas dimensiones que deseas en la persona amada? Conviértete en alguien con quien valga la pena pasar una vida entera. Sé aquel o aquella que sueñas, porque si tú te sientes bien en cómo eres, la felicidad que aportes a quien esté a tu lado será más completa.

2. Aprende a permitirte lo que mereces, para que llegue lo que necesitas

No, no estamos hablando de la ley de la atracción. Es algo mucho más sencillo. Piensa por ejemplo en esas personas que han vivido un fracaso afectivo y que deciden cerrar las puertas de su corazón. Y aún más, construyen una coraza a su alrededor y viven de la desconfianza, del resentimiento.

Nadie merece vivir así, aún menos en una cárcel que uno mismo se crea. La clave está en empezar a derribar muros interiores: yo merezco ser feliz, yo merezco tiempo para mí, merezco disfrutar de mis aficiones, salir al mundo, merezco reír y verme bien. 

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Cuando uno se gratifica a sí mismo y se aporta lo que en verdad merece, vuelve a abrirse al mundo, vuelve a ser más receptivo con lo que le rodea, con lo que le envuelve. Hasta que al final, cuando menos lo esperamos, la vida le trae aquello que necesita.

¿Es magia? ¿Son las cuerdas invisibles del Universo? No, es mantener el optimismo, ser receptivos y mantener una apertura mental y emocional.

3. Cuidado con las altas expectativas, basta con dejarse llevar

Cuidado con los castillos de naipes, con “nuestra felicidad es para siempre” y el “nadie volverá a hacerme daño”. Es imposible alcanzar la invulnerabilidad emocional y una vida de cuento donde cada sueño se cumple porque así está escrito.

La vida no tiene riendas, nadie puede controlar lo que va a pasar mañana ni aún menos podemos planear objetivos inalcanzables. Soñar no es malo, en absoluto, alimente nuestra ilusión y por extensión la fuerza y los recursos que empleamos para conseguir nuestros objetivos. No obstante, hay que ser humildes y aprender a dejarnos llevar, con más flexibilidad.

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Ahora bien “el dejarnos llevar” no significa en absoluto poner el piloto automático y permitir que las cosas sucedan de la forma que quiera el azar o la inercia. Todos llevamos el timón de nuestras vidas y sabemos qué rumbo tomar, y guiaremos nuestros días capeando vientos y tormentas. Con fuerza y entereza.

PERO RECUERDA... déjate llevar por los vientos suaves, sal de tu zona de confort y avanza por esas islas desconocidas, mantén la mente abierta, los ojos despiertos y el corazón receptivo. La vida no se planea, simplemente sucede, pero las casualidades hay que saberlas ver porque en ocasiones, LA VIDA NO ES ESPECIALISTA EN DAR SEGUNDAS OPORTUNIDADES…

Hoy veo mis fracasos con mirada positiva

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Hoy veo mis fracasos con mirada positiva

Todos tenemos miedo al fracaso. Sí, acéptalo, tú también. Es algo totalmente normal. El fracaso significa que no hemos sido capaces de alcanzar aquello que nos habíamos propuesto. Todo nuestro trabajo no ha servido para nada y la baja autoestima empieza a aparecer.

Es normal que te sientas desanimado, que te frustres, que hasta te sientas un poco inútil. Pero, esto no implica que los fracasos sean malos. ¿Aún piensas que sí lo son? Cambia el chip. Los fracasos son oportunidades para aprender, para conocernos a nosotros mismos.

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Hoy descubrirás cómo ver el lado positivo de los fracasos y comprobarás que, a veces, son más necesarios de lo que siempre has considerado. Aprende a aceptarlos, aprende a verlos con una mirada positiva.

Abraza tus fracasos y ten éxito

Parece contradictorio que tengamos que aceptar nuestros fracasos, que tengamos que fracasar para alcanzar aquella meta que tanto ansiamos lograr. Pero, así es.

Los fracasos te enseñarán muchas más cosas de lo que piensas. Tú te descubrirás en lo negativo, no en lo positivo. Lo positivo es una consecuencia del esfuerzo, del dolor, de la dedicación, de la presión, de la autoestima… Todo influye y tiene su recompensa, por eso un fracaso no debería impedirte continuar tu camino.

El fracaso es una prueba más en tu vida. Es una oportunidad para saber si estás dispuesto a fracasar de verdad o plantarle cara al fracaso, estar seguro de ti mismo y encontrar soluciones que te permitan seguir

Todo fracaso no será el último. Fracasaremos en muchas ocasiones y muchas veces. Por eso debemos sacarle partido a los fracasos de la mejor manera. No podemos permitir amedrentarnos por ello, ¡no tengas miedo! El fracaso tiene muchas connotaciones negativas, pero eso ¡es totalmente incierto!

Fracasar te ayudará, entre otras cosas, a saber qué has hecho mal. Si has fracasado será por algo, por eso en vez de deprimirte analiza lo que has hecho, tus errores ¡aprende de ellos!

No es cuestión de ignorar esta situación que nos incomoda y no nos gusta nada. Es cuestión de mirar el fracaso directamente a los ojos y decir “venga, qué tengo que mejorar, qué voy a hacer a partir de ahora”. Esta es la actitud. A pesar de las dificultades, sigue adelante. El camino es largo y aún te queda mucho que aprender. No permitas que el fracaso te haga desistir de lo que quieres lograr.

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Conócete y supérate cada día

El fracaso te permitirá conocerte y con ello podrás superarte cada día. Cada error, cada fracaso, todo tiene su lado bueno. ¿Por qué te empeñas en ver solo su lado negativo?

Entre muchas cosas que puede enseñarte el fracaso se encuentran las siguientes. No volverás a pensar de la misma manera y empezará a ver con otros ojos cada dificultad que se presente en tu vida:

  • Fracasar te ayudará a saber qué has hecho mal.
  • Sabrás cuáles son tus puntos débiles, pero te abrirá las puertas para conocer aquellos puntos fuertes que debes potenciar.
  • Aprenderás a planificar las cosas con antelación, ¡para evitar imprevistos!
  • Sabrás que el riesgo tiene su lado positivo, pero también un lado negativo del que podrás aprender.
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Fracasar te ayudará a saber qué debes hacer y qué no hacer la próxima vez. No es más que una oportunidad más de poder madurar, de poder seguir aprendiendo de los errores e intentar mejorar como persona. Porque nunca seremos perfectos y siempre cometeremos errores. Pero eso no es negativo. De eso se aprende.

Piensa que si todo fuese fácil, no nos sentiríamos motivados. Si lograr cualquier meta que nos propusiésemos no nos costase el mejor esfuerzo, ¿el resultado sería el mismo? ¿Llegaríamos a la meta con esa sensación de realización completa? Posiblemente, no.

Amar es arriesgarse a que no le quieran. Esperar es arriesgarse a sentir dolor. Intentar es arriesgarse a fracasar. Pero hay que arriesgarse. Porque lo más peligroso en esta vida es no arriesgar nada.

-Leo Buscaglia-

La perseverancia y la confianza en ti mismo serán fundamentales para que no decaigas y no te dejes vencer. Ten siempre en mente el objetivo, el éxito llegará cuando menos te lo esperes. Todo ello fruto del esfuerzo, de aprender de los errores, de los fracasos a los que te has visto sometido.

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Confía en ti y en tus posibilidades. Arriesgarse a fracasar ¡dirá mucho de ti! No le temas al fracaso, pues el solo te aportará cosas buenas. Fracasa una y otra vez, pero vuelve a intentarlo. Abraza el fracaso, abrázate a ti. Abraza el éxito que está pronto por venir.

Si te ha gustado este artículo no te pierdas “Confía en ti” y empieza a creer en ti mismo para empezar a lograr todos tus sueños. El límite lo pones tú.

Amo mi cuerpo, aun con sus defectos

Amo mi cuerpo, aun con sus defectos

La belleza de mi cuerpo no la determinará ningún patrón. Ningún estándar prefabricado, me hará disgustarme conmigo o con mi cuerpo, al cual tengo tanto que agradecerle. Mi cuerpo es el instrumento que elegí para vivir esta experiencia vital y solo por permitirme sentir le estoy profundamente agradecida.

Me cuido no por no subir o bajar unos kg de más… Me cuido porque quiero durar muchos años más disfrutando de esta oportunidad. Mi cuerpo funciona a la perfección y nunca quisiera ofenderlo, hacerlo sentir apenado o inapropiado.

A través de él he sentido los placeres más grandes de la vida, he disfrutado de caricias, mi paladar se ha deleitado con sabores gloriosos. He bailado, he abrazado, he amado a través de mi cuerpo… Mi cuerpo me ha permitido llevar dentro de mí al amor más grande que pude haber imaginado y traerlo a la vida… ¿Cómo podría no amar a mi cuerpo?

¿Defectos?… Solo para el título, porque sí, “no somos perfectos”, pero quién puede hablar en este caso de perfección, si todo es tan subjetivo.

La belleza está en los ojos de quien la mira

Lo que es bello para mí, no lo tiene que ser para ti. Cada quien debe aprender a amarse, a cuidarse y a respetarse. Los resultados van ligados a las intenciones. Si yo odio mi cuerpo y lo ejercito, lo opero, lo alimento de una manera particular, no habrá ni siquiera un resultado que pueda satisfacerme, porque el problema es cómo yo me veo y me siento con mi cuerpo y mientras eso pasa atraeré a personas que vean en mí aquello que yo intento ocultar o critiquen lo que yo no acepto.

Por el contrario, cuando amo a mi cuerpo y deseo mantenerlo o ubicarlo en buenas condiciones, eso me hará brillar y atraerá los ojos de quien como yo puedan amarme y aceptarme tal cual soy.

No vinimos acá a complacer los ojos de otros, menos ojos que están cargados de influencia superficial y banal. La vida es mucho más que un cuerpo perfecto, que unas medidas determinadas, que un porcentaje de grasa corporal o unas prótesis localizadas. La vida tiene mucho que darnos, que mostrarnos, pero debemos estar dispuestos a ver más allá de la fachada, no solo la nuestra, sino la de los demás.

El cuerpo perfecto, es aquel que lleva alguien feliz dentro.

Ver más allá de lo evidente

Aprendamos a ver la belleza del alma, la que no se marchita con los años, la que se transmite con la mirada. Miremos con los ojos del corazón, que ellos no se fijan en la edad, en el peso, en la raza, solo perciben la energía irradiada, la calidez, la autenticidad, la esencia…

Amo y agradezco por mi cuerpo, por mi templo, por el hogar de mi alma. No necesito la aprobación de otros, porque no busco encajar en patrones o en medidas. Me lleno de halagos, de mensajes positivos, que me hacen sentir mejor. Mi cuerpo no recibe humillaciones o maltratos, tampoco reclamos por no ajustarse a alguna idea que esté en mi mente.

Cualquier cambio que le propongo a mi cuerpo es realista, es para bien física y emocionalmente. No me comparo con nadie y reconozco que mi cuerpo es tan único como mi esencia y procuro escucharlo, a sabiendas de que sus mensajes siempre están asociados a cómo estoy llevando mi vida, a qué le estoy dando prioridad y con cuáles cristales estoy viendo mi exterior.

Mi cuerpo me indica hasta qué punto es suficiente con un pensamiento, cuándo necesito descansar, cuándo necesito cambiar, en menor o mayor medida…  La relación con mi cuerpo es bidireccional, éel me cuida y yo lo cuido, él me ama y yo lo amo… Estamos juntos en esto y sin él mi experiencia no sería posible.

Cuida el trato que te das, respétate y ámate como si de la persona más importante de tu vida se tratase… De cualquier manera, así es…

Por: Sara Espejo

No puedes comenzar un nuevo capítulo si te dedicas a releer el último

No puedes comenzar un nuevo capítulo si te dedicas a releer el último

Pues es simple, no podemos avanzar si nos quedamos explorando, buscando y/o contemplando en lo que debemos dejar atrás.

Casi siempre sabemos cuándo algo dio lo suficiente, en ese “casi”, se va a esperanzar más de uno, para no dar cambio de hoja. Sabemos que no importa lo que leamos, lo que digamos, lo que escuchemos, somos proclives a quedarnos bastante más de lo que deberíamos en sitios que desde hace mucho sabíamos que resultaban inconvenientes.

Eventualmente algo se activa, parece un botón que nos dice: Hasta acá. Hasta que eso no pase, podremos hacer intentos, podremos alejarnos, podremos intentar darnos una oportunidad en otro lugar, pero vamos a recaer. Buscaremos ese sitio que por más incómodos que nos sintamos en él, lo sentimos nuestro.

Cabe resaltar que en todo ello hay una cantidad de tiempo invertida, que un poco más adelante podemos llamar, tiempo perdido. Porque a fin de cuentas sabemos lo que pasará, quizás por ese mismo convencimiento y la expectativa negativa de lo que ocurrirá es que no le damos paso a otra realidad.

Pero mientras cada quien no establezca su propia necesidad de cambio, para sí mismos y para el otro, los resultados serán predecibles y quedarnos releyendo una historia es una manera tonta y frecuente de limitar lo que podríamos vivir.

Dejar de mirar hacia el pasado comienza por una decisión

No importa lo que haya ocurrido, si lo dejamos en el pasado, quedamos libres de crear algo nuevo. Pero para ello es necesario deslastrar nuestra mente de todo lo que no nos hizo bien en ese pasado. Todo esto para comenzar a vibrar de una manera diferente y atraer a nuestras vidas experiencias distintas, que estarán siempre alineadas con lo que irradiamos.

Estás a una decisión, deja de mirar un pasado que ya te conoces de memoria, ya ocurrió, solo lo puedes distorsionar con los efectos especiales de tu mente. El pasado está allí para fines prácticos, para ver un mapa y mirar a dónde nos puede llevar, para hacernos fuertes y experimentados, pero no para verlo como si de una película se tratara.

La vida es corta, no le podemos dedicar una gran cantidad de tiempo a no avanzar. Sí podemos tomarnos una pausa, vivir un duelo, lamentarnos, culparnos, perdonar y perdonarnos, pero no engancharnos perpetuamente en alguna de nuestras experiencias. Ni siquiera si se trata de la que consideramos más trascendental en nuestras vidas.

La aceptación como etapa fundamental del proceso de crecimiento

Nuevo capítulo

Debemos aceptar que no siempre las cosas resultan como quisimos o como planeamos y que debemos hacer un esfuerzo en dar pasos para alejarnos de aquello que resultó no siendo. Y no debemos lamentarnos, porque a veces esas experiencias de las que salimos frustrados, son las que nos preparan para aquellas con las que vale la pena terminar el resto del libro…

No importa lo que pase, tú siempre da lo mejor de ti, nunca sabes si esta es la experiencia que te prepara a las siguientes o si e}ésta es la que a veces llaman “para siempre”. Suena muy romántico, ¿verdad?, pero no deja de ser una recomendación práctica, que unida a: aprende a cerrar los capítulos en tu vida y no te tomes mucho tiempo releyéndolos, nos lleva por un camino con menos estancamientos y con mayor fluidez, donde seguro podremos sacar el mayor provecho a esta experiencia.

Hay mucho por escribir, como para ponernos a releer. Tenemos un montón de hojas en blanco, esperando ser llenadas de nuevas aventuras, sonrisas, encuentros, amores, soledades… Todo, todo lo que escribamos sumará a nuestra experiencia vital… solo cuando dejamos de escribir y nos dedicamos a leer es que dejamos de vivir.

Por: Sara Espejo

El escuchar lo que significamos para alguien, algunas veces resulta necesario

El escuchar lo que significamos para alguien, algunas veces resulta necesario

Más allá de querer inflar nuestro ego a través del reconocimiento del otro en cuanto a lo que somos en su vida y lo que siente hacia nosotros, se encuentra una faceta que todos tenemos que está vinculada a nuestro niño interior, el cual demanda escuchar lo que significamos para alguien, que a sus ojos resulta importante.

El afecto se expresa de múltiples formas, pero sin duda, escuchar a alguien interesado en hacernos saber la posición que ocupamos en su vida, resulta muy gratificante. Las palabras dulces son caricias para nuestro sistema emocional, nos hacen sentirnos tranquilos, queridos, amados y cuidados.

No demos el amor por sentado

Muchas veces el amor, se da por sentado. Asumimos que nuestras acciones están hablando por nosotros, lo cual en algunos sentidos es así, pero el recordar de vez en cuando a esa persona especial, lo que sentimos por ella, genera tanto en esa persona como en nosotros un efecto que favorece la relación y estrecha los vínculos.

Evidentemente que estas palabras que acarician y alimentan el alma, deben ser coherentes con las acciones ejecutadas. De nada sirve decirle a alguien cuánto le amamos y cuánto nos importa, si en algún sentido le estamos maltratando o agrediendo, de forma frontal o por su espalda.

El amor lo podemos manifestar de muchas maneras y si tenemos la posibilidad de hacerle la vida más bonita a alguien, solo por reconocerle verbalmente lo que es, lo que sentimos, lo que sería de nosotros sin esa persona, pues ¿por qué no hacerlo?

Ciertamente algunas personas necesitan más o menos reconocimiento y valoración por parte de sus personas especiales. Pero como esto es algo que jamás va a restar, podríamos hacernos la costumbre de dar a conocer a quienes nos interesan, lo enriquecedor que resulta poder depositar nuestro cariño en ellos y lo afortunados que nos sentimos por su presencia en nuestras vidas.

Para algunos los sentimientos resultan un tema tabú

Muchas son las familias en las que hablar de sentimientos y emociones es un tema casi negado y si nos criamos en ellas, nos cuesta expresar lo que sentimos y se nos hace extraño que otro venga a decirnos lo que siente con respecto a nosotros.

Además existen perfiles personales que tienden a ser más abiertos o más cerrados en cuanto a sus sentimientos. Podemos ver relaciones de cualquier tipo, donde se expresan sentimientos y emociones en cada interacción y en otros casos apreciar relaciones en donde jamás se han dicho un “te amo“, aun sintiéndolo.

No vamos a decir que una cosa está bien y la otra mal, lo que es necesario tener en cuenta es que un reconocimiento por parte de quien nos quiere, siempre resulta en un bálsamo. Puede ser que no estemos acostumbrados a esas dinámicas comunicacionales y en primera instancia resulte hasta incómodo. Pero de seguro vale la pena acostumbrarse y darle cabida a una muestra más de amor que podamos recibir.

Tengamos claro que este tipo de regocijo podemos ofrecerlo en todo tipo de relaciones que tengamos, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… con toda persona que de alguna manera esté en nuestro círculo y nos haga sentir algo especial por ella.

A veces hasta pena nos da colocarnos al descubierto o parecer cursi. Pero cuando vamos derribando esas barreras y vemos cómo nos sentimos acariciando el alma de alguien más, esto se convierte en algo adictivo, que en el mejor sentido nos invita a repetirlo. Porque a fin de cuentas en cada reconocimiento que le hacemos al otro, de alguna manera, estamos reconociéndonos a nosotros mismos.

Por: Sara Espejo