Imbolc

El 2 de febrero se celebra la festividad de Imbolc en el calendario Celta, el día de la diosa Brigid o Santa Brígida (La Virgen de la Candelaria) según la tradición cristiana.

El Imbolc, uno de los cuatro festivales principales o Sabbats mayores del calendario celta, asociado con el ritual de la Fertilidad y Fuego. En Escocia el festival es también conocido como Latha Fhèill Brìghde, en Irlanda como Lá Fhéile Bríde y en Gales como Gwyl Ffraed.

Es en esta época cuando la Diosa se recupera, tras haber dado a luz al Dios en Yule. La fortaleza del joven Dios se siente en los días, ahora son más largos y la luz de su sol comienza a calentar con más fuerza y a hacer fértil la Tierra. Los hielos comienzan a descongelarse, y la flora y fauna vuelven a la vida, después de haber estado dormidos durante el invierno.

Este Sabbat, el primero mayor del año, se corresponde con el despertar de la naturaleza. Es una celebración de purificación, una celebración de luz y fertilidad, por ese motivo se le conoce como la Fiesta de las Luces o Candelaria.Antiguamente en Europa era celebrada con enormes llamaradas, antorchas y cualquier otra forma de fuego, en representación de la propia iluminación e inspiración de cada ser humano.

Imbolc es la mejor época para iniciar nuevos proyectos, comprometernos con nosotros mismos, alentados por la fuerza del fuego del renacimiento.

Un sencillo y muy efectivo RITUAL de Imbolc consiste en quemar incienso Copal (recordad que el carbón, así como el resto de elementos, debe encenderse siempre con cerillas de madera) sobre un carbón. El Copal purificará el área circundante, alejando las vibraciones perturbadoras y negativas ayuda a tener un estado positivo y encenderá nuestra Luz Interior.

Una vez prendido, debéis pasar sobre el humo que desprende el velón blanco ritualizado, para así purificarlo y cargarlo con las energías del ritual. También debéis pasar por el humo el frasco de aceite de sándalo ritualizado.

A continuación, se debe ungir el velón blanco con unas gotas de aceite de sándalo (lo suficiente para que toda la superficie quede bien cubierta) y dejar la vela sobre una superficie metálica o que no pueda arder (por ejemplo, una bandeja, seguridad ante todo!). A sus pies, dejamos la cruz de Brigid.

Prendemos el velón con cerillas de madera y recitamos la siguiente oración:

Dioses de la Muerte y la Resurrección,
Diosas de la Vida y Fecundida,

Fortaleced nuestros corazones,
Que la Luz se cristalice en nuestra sangre,
Llenándonos de Resurrección,
Pues no hay parte de nosotros que no sea de los dioses.

Fuego de la Tierra, llama del Sol,
Cúbreme con tu luz ardiente.
Tu resplandor me inunda, y renazco Purificado.

Una vez se consuman las velas, debéis llevar siempre con vosotros la Cruz de Brigid (o dejarla en algún lugar de vuestra casa u oficina cercana a vosotros), para que nos proteja y guarde.

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida, solo las mejores permanecen

El destino pone a muchas personas en tu vida pero solo las mejores permanecen. Aquellos con quienes nuestros vínculos son más sinceros y fuertes se establecen en nuestra vida para quedarse amarrados a nuestro corazón.

Decimos “corazón” como una manera de simbolizar nuestro mundo emocional y social, del cual bebemos los sorbos de energía que nos vinculan a la vida, al ser en el mundo y en la sociedad a la que pertenecemos.

Que esta afirmación sea cierta también depende en gran parte de cómo seamos nosotros y de las personas que se nos acercan, siendo esto lo que determinará la oportunidad de rodearnos de personas que permanezcan a nuestro alrededor.

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Relaciones frágiles y relaciones sólidas, todo un mundo

Tal y como comentábamos en otra ocasión, es probable que echemos de menos a muchas personas pero quizás no permanecemos en contacto porque, aunque nos queramos, no nos hacemos bien. Pongámonos en situación y recordemos amistades o amores con los que estábamos constantemente discutiendo, lo cual generó conflictos que no pudimos solventar.

En otros momentos basta con pensar en que hay relaciones que coartan nuestras libertades por motu proprio, por actitudes inquisitoriales por parte de la otra persona o por la propia dinámica dañina que hemos forjado conjuntamente.

En este punto es importante que nos responsabilicemos y no seamos victimistas, pues la situación que forja y rodea a una relación frágil que se resquebraja debe ser analizada pacientemente desde el corazón.

Así, como si de un abanico de colores se tratara, debemos asumir que a veces no somos los compañeros ideales en ciertos momentos y que es normal que algunas relaciones no prosperen. Es parte de la naturaleza intrínseca del ser humano que nuestro entorno y nuestro mundo emocional estén en constante cambio.

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Dependerá en gran parte de cómo gestionemos ese mundo cambiante que algunas personas permanezcan y, con ellas, forjemos relaciones sólidas. Es una cuestión de compatibilidad, de esencia y de miradas íntimas que nos alimentan.

No obstante, sí podemos hacer algo para reforzar nuestras relaciones y construir bellos pilares que las sostengan. Aquí damos algunas premisas fundamentales para generar relaciones sanas y sólidas:

  • Escuchar para comprender, no para responder
  • Ser noble y no manipular, así como guardar lealtad.
  • Mantener nuestras promesas.
  • Ser honestos y francos con quienes nos rodean.
  • Ser atento y detallista.
  • No competir.
  • Pedir disculpas cuando sea necesario y perdonar. Los problemas no surgen de la nada y generalmente todos somos responsables de ello.
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La persona que baile contigo bajo la lluvia será la que camine contigo bajo la tormenta.

No es fácil sobrellevar la decepción de romper relaciones especiales

Hay veces que depositamos nuestra confianza en una relación y lo que se hace con ella nos defrauda.No conviene victimizar este hecho pero, sin duda, manejar estas decepciones suele resultar complicado y doloroso.

Generalmente las decepciones suelen ir precedidas de un malentendido. Bien sea porque no hemos sabido expresarnos o porque la otra persona no ha podido conectar con nosotros como necesitábamos, lo cierto es que gran parte de las rupturas se generan por quebrantar alguno de los principios que venimos comentando.

Después de esto tenemos que lidiar con un profundo sentimiento de decepción que, sin duda, es la suma de nuestra responsabilidad, la de la otra persona y la de los dos como creadores de una relación.

Por eso en estos casos conviene analizar nuestros orgullos y ver si hay alguna manera de solventar los problemas creados, de hablar desde el corazón y cerrar heridas.

Si esto no es posible simplemente nos toca asumir que hay personas que vienen y se van. Al fin y al cabo, como alguien dijo alguna vez, hay circunstancias vitales que nos encierran y otras que nos danalas; personas que nos cargan de piedras la mochila y personas que se encargan de aliviarla; personas que nos oscurecen y otras que lo dan todo por vernos brillar.

No gastemos nuestro tiempo con personas equivocadas que no nos permiten ser felices; no luchemos por quienes nos ignoran constantemente, valoremos a las personas que nos acompañan en los buenos y malos momentos. Seamos conscientes, las personas vienen y van y eso depende en gran parte de lo que elijamos.

La importancia de comprender que todo es pasajero

Cuando te encuentres atravesando un periodo de dificultad, recuerda que todo es pasajero. Esto te ayudará a mantener la calma y el optimismo.

A lo largo de nuestra vida, experimentamos una gran diversidad de estados emocionales. Cuando todo sucede acorde a nuestras expectativas, por norma nos sentimos eufóricos y exitosos. Pero, cuando hemos de hacer frente a desafíos y frustraciones nos vemos, con mucha frecuencia, embargados por el pánico. Si lográsemos comprender que todo es pasajero, podríamos relacionarnos con nuestras emociones desde una perspectiva más sana.

Por lo general, tenemos una concepción extremadamente dicotómica del mundo que nos rodea. Todo es blanco o negro, bueno o malo. De tal forma, las emociones positivas se convierten en deseables y las negativas en algo que tratamos de evitar a toda costa. 

A pesar de que resulta mucho más prudente dar espacio a ambas en nuestro interior, esto nos resulta verdaderamente complicado. ¿Por qué? Porque sentimos que estas se quedarán con nosotros para siempre.

Mujer observando el atardecer

La exigencia de la felicidad constante

Debido a nuestra tendencia a etiquetar, hemos condenado a las emociones negativas al destierro. Nos negamos a mirarlas, a escucharlas, a aceptarlas. Nos exigimos a nosotros mismos vivir en un perpetuo estado de felicidad.

Esta es una expectativa completamente irrealizable que nos lleva a comportamientos insanos y dañinos. Reprimimos nuestras emociones, las ocultamos, hacemos todo lo posible por distraer nuestra mente cuando estas aparecen. Pero es necesario comprender que no son más que reacciones naturales de nuestro cuerpo ante lo que acontece, que cumplen una función.

Igual que no todo lo que sucede es positivo, tampoco podemos pretender que todas nuestras emociones lo sean. Las circunstancias son cambiantes y, por ende, las emociones también. Generar la obligación de mantener un estado de ánimo elevado de manera constante solo nos aleja de ese sentimiento de plenitud que buscamos.

El temor a la tristeza infinita

El cambio forma parte del camino. Sea cual sea nuestra edad, habremos podido comprobar que ni la euforia ni la tristeza son eternas -aunque en alguna ocasión pueda darnos la sensación de serlo-. Una realidad que nos cuesta aceptar cuando nuestra mirada se ve contaminada por expectativas de futuro negativas o circunstancias adversas.

Cuando la vida nos golpea, las emociones negativas hacen su consecuente aparición. A la mayoría de nosotros no nos han enseñado a lidiar con ellas y continuamos viéndolas como el enemigo, por lo que en ese mismo instante comenzamos a desear deshacernos cuanto antes de ese incómodo sentimiento.

Así, ponemos en marcha todo nuestro arsenal de estrategias para evitar mirar de frente ese dolor. Salimos con amigos, reordenamos el armario, nos distraemos con libros y películas.

Hasta que, inevitablemente, llega el momento en que no queda otro remedio que hacer frente a la realidad y comprobamos que esas emociones no se han ido. Siguen ahí, creando nudos en la garganta y haciéndonos percibir el dolor de una forma casi física. Es entonces cuando el pánico se apodera de nosotros: nunca lograremos volver a sentirnos bien.

La agonía que experimentamos no proviene ya de lo ocurrido ni del sentimiento negativo que nos acecha. Ahora nuestro mayor temor es que estas emociones no desaparezcan.

Ya hemos agotado todos nuestros recursos de afrontamiento y ni siquiera hemos conseguido paliar su intensidad. Por lo que, ahora, la preocupación se suma a nuestra situación de vulnerabilidad.

Árbol en mitad del campo

Todo es pasajero

Es en esos momentos, cuando más necesitamos recordar aquello que ya sabemos y tantas veces hemos comprobado: todo es pasajero. La tristeza se irá, el miedo comenzará a aflojar; un día, cuando menos lo esperes, te encontrarás sonriendo de nuevo.

El único método para acelerar el proceso de sanación es atreverte a vivirlo. Atreverte a sentir, acoger la incomodidad y acompañarte a ti mismo. Si logras recordar que todo pasará, podrás mirar tu situación desde una nueva perspectiva. Te darás el permiso para aceptar esa natural reacción de tu cuerpo y aprender de ella.

La seguridad de que nada es eterno te permitirá mantener la calma durante la tormenta, y esperar con optimismo la llegada del sol. La vida no siempre es perfecta -de hecho, rara vez frisa este adjetivo-, y no necesitas que lo sea. Cada experiencia, a su manera, nos ayuda a crecer. Por ello, si tus fuerzas flaquean y te asaltan las dudas, recuerda que todo pasa.

12 Inspiradores pensamientos de Alejandro Jodorowsky

12 Inspiradores pensamientos de Alejandro Jodorowsky

12 Inspiradores pensamientos de Alejandro Jodorowsky

Alejandro Jodorowsky es un artista chileno, de origen judío, que se destaca por desempeñar de forma exitosa, diversos roles no necesariamente vinculados entre sí. Dentro sus múltiples facetas destacan las de escritor, poeta, compositor y director de cine.

A su paso ha ido dejando huellas, que vale la pena recorrer y mirar a dónde nos llevan… En esta oportunidad, te colocamos frente a algunos de sus pensamientos, que nos parecen realmente interesantes y que inclusive cualquiera de ellos tiene el potencial de marcarnos de tal manera, que el resto de lo que nos queda de vida, sea bajo una visión distinta.

Pensamientos de Alejandro Jodorowsky

1.      “Haz siempre, porque si no haces, te arrepentirás, y si haces y te equivocas, al menos habrás aprendido algo. No quieras nada para ti que no sea también para los otros. No seas lo que otros quieran que seas; sé lo que tú eres.”

2.      “Tal vez si prohibieran la literatura como la cocaína, la gente por puro morbo, buscaría meterse un par de líneas.”

3.      “Una vez por semana, enseña gratis a los otros lo poco o mucho que sabes. Lo que les des, te lo das. Lo que no les des, te lo quitas.”

4.      “La familia, la sociedad, la cultura, nos pone en un molde; cuando nos salimos del molde, empieza la curación y, no solo eso: hay que hacer algo que nunca haya hecho uno y mientras más difícil, mejor.”

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5.      “Cesa de definirte: concédete todas las posibilidades de ser, cambia de caminos cuantas veces te sea necesario.”

6.      “Hoy mismo deja de criticar tu cuerpo. Acéptalo tal cual es sin preocuparte de la mirada ajena. No te aman porque eres bella. Eres bella porque te aman.”

7.      “Si echamos una mirada a las circunstancias que nos llevaron al milagro, comprenderemos que fuimos dirigidos por una fuerza inimaginable.”

8.      “Ni tan rápido que alcances la muerte ni tan lento que ella te alcance a ti.”

9.      “Si no soy yo, ¿quién? Si no es así, ¿cómo? Y, si no es hoy, ¿cuándo?”

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10.  “Ése es el grave problema de esta sociedad: está llena de deseos de consumir y de aparentar, pero hay muy pocas ganas de ser.”

11.  “Despertar no es una cosa. No es una meta, no es un concepto. No es algo que se alcance. Es una metamorfosis. Si la oruga piensa en la mariposa en la que se va a convertir, diciendo: ‘Y luego tendré alas y antenas’, nunca habrá una mariposa. La oruga debe aceptar su propia desaparición en su transformación. Cuando la maravillosa mariposa toma alas, no queda nada de la oruga.”

12.  “Que hable el Dios interior que está en cada uno de nosotros. El templo es tu cuerpo y el sacerdote es tu corazón: es desde aquí donde debe comenzar toda conciencia.”

Así es él, Alejandro Jodorowsky inspira a través de su obra, y la que es escrita quizás para muchos sea mucho más sencilla de apreciar y con suerte de tomar lo que convenga para recordarnos quiénes somos…

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya. Ellos saben tu nombre, pero no tu historia, no han vivido en tu piel, ni han calzado tus zapatos. Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no conocen ni a tus ángeles ni a tus demonios.

Con frecuencia nos cuesta entendernos a nosotros mismos pero nos aventuramos valientes a descifrar el código del sentir ajeno. No se puede tener ningún tipo de certeza de lo que otros sienten. De la misma forma, no podemos saber lo que han vivido y lo que han aprendido o no.

Por lo tanto, no deberíamos darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de saberlo todo sobre nuestra vida…

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Las personas que critican

Hay personas que dan su opinión sobre ti, sobre tu vida y sobre tus decisiones aunque nadie se la haya pedido. Suelen ser opiniones malintencionadas o carentes de todo criterio cuyo único objetivo es hacer daño, menospreciar y disfrutar del pesar ajeno.

Generalmente, es gente con baja autoestima que no se acepta a sí misma, por lo que difícilmente puede aceptar a los demás. Estas personas ponen etiquetas que reflejan la realidad de cómo se sienten ellas mismas, proyectando así sus dificultades emocionales.

Somos los únicos que podemos recorrer nuestro camino

Es probable que si nos pudiésemos meter en el cuerpo y la mente de los demás, no nos atreviésemos a juzgar. No obstante, valdría la pena el ofrecimiento para poder valorar nuestra valentía. Sería una verdadera prueba de fuego.

Vive tu vida de la forma que quieras,

 no de la que los demás quieren que vivas

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Fantasías aparte, debemos asumir como única la responsabilidad de valorarnos y dejar de condenarnos. Lo que los demás piensen de nosotros no nos pone un precio. Es decir, del mismo modo que no dejamos que nos digan qué ropas tenemos que ponernos o cómo debemos vestirnos, no tenemos que permitir que los demás elijan nuestro armario emocional.

Si vivimos conforme a lo que los demás piensen de nosotros, perderemos nuestro estilo y nuestra personalidad. Nos veremos obligados a colocarnos una máscara y nuestra imagen en el espejo solo reflejará nuestra inseguridad y la inexistencia de una autoestima saludable.

Curar nuestra parte dañada por la crítica

Para sanar las heridas emocionales que nos causa la crítica, debemos de tener claro, en primer lugar, que somos personas únicas y excepcionales. Conforme a esto, debemos perderle el miedo a sentir y a pensar por nosotros mismos.

Son los demás los que están juzgando y criticando, no tú. La crítica no constructiva lleva consigo gran pobreza emocional en el mundo interno de quien la realiza. Por lo tanto, si la persona no se deja enriquecer, en estas ocasiones te conviene ser emocionalmente egoísta y “que cada palo aguante su vela”.

Las personas más infelices en este mundo son las personas que se preocupan demasiado por lo que piensen los demás.

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Así pues, despréndete de la negatividad y piensa que tu vida es mucho más fácil sin meterte en la vida de los demás. Te damos algunas claves para que te reclames a ti mismo:

  1. Como hemos comentado, la consecuencia directa de dar crédito a lo que los demás piensen y digan es que acabamos convirtiéndonos en alguien que no somos. Y, por supuesto, querer complacer a otros a costa de nuestra identidad no es para nada saludable.
  2. ¿Eres una buena madre? ¿Eres una persona con éxito? ¿Eres inteligente? ¿Realizas bien tu trabajo? ¿Les gustas a los demás? Date cuenta de toda la energía que pierdes preocupándote por estas cuestiones.
  3. De todas maneras, los demás piensan sobre nosotros mucho menos de lo que creemos. Es decir, solemos sentirnos el centro de las miradas del resto de la gente cuando, en realidad, puede que lo que hagamos no sea relevante para muchos de los de nuestro alrededor. Quítate ese miedo, es en gran parte producto de tu imaginación.
  4. Da igual lo que hagas y como lo hagas, siempre habrá alguien que lo malinterprete. Así que intenta vivir y actuar con naturalidad. Lo que tú haces porque lo sientes siempre será lo correcto. No solo no te podrás justificar, sino que te sentirás falso si no sintonizas contigo mismo.

No esperes que los demás comprendan tu viaje, especialmente si nunca han tenido que recorrer tu camino.

Que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo

Lo bueno es una energía vital que está presente en el aire esperando que las almas correctas lo capten y lo usen a su favor. Para que lo bueno te siga y se quede contigo muy pegadito a ti, es necesario que cambies la forma de verte a ti mismo.

Aleja de tu mente los pensamientos negativos que te llevan a pensar que no puedes hacer algo o que no mereces determinada recompensa.

Declárate a ti mismo como la abundancia en persona y empieza a visualizarte en la situación que quieres lograr. Haz este ejercicio de forma diaria y verás que los resultados te sorprenderán.

¿Cuál es el camino hacia lo que deseas? Toma nota, porque estas recomendaciones te acercarán a ello.

Quiero que lo bueno me persiga – ¿Qué debo hacer?

Evita las afirmaciones categóricas: las palabras “todo,” “nunca,” “todos,” y “ninguno,” deben empezar a desaparecer poco a poco de tu vocabulario. La palabra tiene poder y el poder de este cuarteto es el de llevarte a ver las cosas en dos bandos: el del blanco y el del negro. Sin embargo, los matices siguen siendo la mejor opción para acercarte al bienestar.

El respeto se gana: nunca exijas que te respeten, ni siquiera a tus hijos. Si te ves en la necesidad de hacerlo, es que no has sabido ganártelo. Toma acción para que las personas sientan que eso es lo que les infundes.

El amor se inspira: y nunca se mendiga. Cuando alguien ya no nos ama, no hay nada que un ruego o un llanto puedan hacer al respecto. Tú no quieres a alguien que se quede a tu lado por lástima o albergando la esperanza de que lo olvides. Suelta y deja ir aquello que ya no te pertenece. Esta es la primera actitud para empezar a inspirar el amor verdadero en la persona correcta.

Desarrolla la resiliencia: aprende de cada mala experiencia y nunca te lamentes por tu suerte. La vida da lecciones que, si miramos para otro lado y no aprendemos, volverá a dárnosla hasta que logremos captar ese conocimiento.

Reclama con asertividad: todos tenemos el derecho, y el deber personal, de reclamar lo que nos pertenece, de asegurarnos de tener nuestros derechos y de decir que no. Hazlo cuando lo creas necesario y hazlo de forma correcta y educada.

Abre tu mente: la vida no es una línea recta, sino que nos invita a transitar por caminos sinuosos. Para ello debemos estar preparados para interactuar con diferentes clases de personas y para cambiar nuestros pensamientos cuando sea necesario.

Concientízate de que no hay soluciones mágicas: lo que hoy te sirve para solucionar un problema, mañana será inútil para otro inconveniente. Del mismo modo, los asuntos se arreglan y se desarreglan producto de la misma energía de la vida. Nadie te dará una receta mágica para que vivas tu vida de forma satisfactoria, sino que solo tú podrás ir encontrando la forma de acomodarte y de volverte a acomodar cuando las cosas se desarreglen.

No permitas que nadie te aleje de ti: las personas que te piden, y mucho más las que te exigen, que cambies, son tóxicas y nada se aproximan al ideal de bienestar que buscas. Tú eres único, original e irrepetible. Que nadie quiera vulnerar tu espacio personal.

Hay puertas que es mejor cerrar para siempre

¿Te suena? ¿Aquello de no dejar de una «tacada» una relación y mantener esta no-decisión en el tiempo? No dejarla a la primera si no ir dejando a plazos. No cerrar la puerta del todo, manteniéndola abierta. Algo así como tener una herida a medio curar y no hacer nada por remediarlo. Dejar a la primera implica tener muy clara la decisión. Pero sobre todo implica no alargar un sufrimiento en el tiempo.

Implica ser valiente, asumir las consecuencias que van a venir una vez tomes la decisión. A veces no tomamos esa decisión porque no somos conscientes plenamente del daño que hemos recibido en una relación. O no la tomamos porque no somos muy conscientes de la dependencia emocional que nos está anclando a nuestra pareja. A costa de todo.

La dependencia emocional arrastra con su corriente nuestro amor propio. Puede con todo. Es como un tsunami que tiene una fuerza bruta y poderosa. Arrasa absolutamente con todo lo que queda a su paso, con los pilares que sostienen las casas…. Con nuestra propia «casa».

La dependencia emocional nos encadena a aquello que nos hace daño

Nuestra propia casa siempre debería estar construida sobre unos pilares sólidos. Unos pilares de autorrespeto, amor propio y autocuidado. Si no tenemos estos pilares, los buscaremos fuera. Quedaremos vendidos, por tanto, a cualquier persona que nos muestre un poco de amor. Algo así como «te quiero más que a mí misma». Una frase preciosa para una canción pero demoledora para cualquier corazón.

La dependencia emocional y la falta de amor hacia nuestra propia persona son las cadenas con las que cargamos y nos impiden movernos libremente. Nos ciegan y nos convierten en un títere del autoengaño en el que nos hemos sumergido.

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Amar al otro es algo bellísimo, pero jamás hemos de perder el amor que debemos sentir hacia nosotros. Nunca el amor hacia otra persona puede justificar que nos pisoteemos una y otra vez.  Que los límites que nos salvaguardan del daño sean traspasados. Y con amor hacia nosotros no nos referimos a un amor narcisista en el que uno no ve más que a sí mismo. Nos referimos a esos límites sanos que nos hacen huir de lo que nos daña en vez de abalanzarnos sobre ello.

La negación es el mecanismo que nos ayuda a seguir en una relación dañina

Muchas veces el mecanismo de defensa que está detrás de este comportamiento de dejar a plazos, de alargar la ruptura, o simplemente de aplazar la verbalización de esta es el de la negación. Me tapo los ojos. No veo lo que está delante de mí. Me creo mil y una excusas con tal de no ver la realidad y no tomar la decisión final.

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Probablemente conozcas personas que se ayudaban de la negación para no tener que asumir las consecuencias de la ruptura. Estar solo, transitar el duelo que supone dejar a alguien a quien se amaba, asumir que el amor no lo justifica todo… Son consecuencias inevitables que hemos de vivir.

Hay personas que por no asumir esta realidad del amor propio siguen en relaciones complicadas que acaban con su paz mental. Mantienen el daño antes que estar solas y cerrar su puerta a esa relación que tanto daño les hace. Otra vez el tsunami arrasa con ellas. Nos convertimos en marionetas guiadas por la dependencia y la negación.

¡Cierra la puerta a todo aquello que te daña y no te deja vivir tranquilo!

Por ello hay relaciones que es mejor dejar de un plumazo. Cerrar la puerta sin tenerla semanas, meses o incluso años entreabierta. Mantenerla entreabierta mantiene la dependencia y nuestra ceguera. Ciérrala sin miedo. (Y si tienes miedo compártelo con las personas que más te quieren o si necesitas recurrir a una terapia… ¡hazlo!).

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Todo el aprendizaje que vas a obtener una vez tomes esta decisión va a ser inmenso y te va a servir para todos los momentos difíciles que enfrentes a partir de entonces. De esta manera, los pilares de tu vida se verán reforzados con este nuevo movimiento que vas a hacer.

Mucho ánimo a todas esas personas que se encuentran con esta puerta a medio cerrar y que en el fondo saben que es una de las mejores decisiones que puedan tomar. Y es que como dijo San Agustín: “La felicidad consiste en tomar con alegría lo que la vida nos da y en soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita”.