Nadie pierde por dar amor, pierde quien no sabe recibirlo

Nunca temas a sentir amor por el contrario teme si nunca haz podido experimentarlo de forma genuina – Descubre esta hermosa reflexión

El amor es una emoción, es un sentimiento inevitable, nadie escapa ni de recibirlo ni de darlo, así sea a algún objeto, o a alguna persona, es muy posible que demostremos afecto a quienes nos rodean sin siquiera darnos cuenta.

Muchas personas aman a los demás sin si quiera recibir nada a cambio y esa es justo la manera en la que nosotros debemos brindar afecto, nada perdemos en darlo el problema es no saber recibirlo de la manera adecuada.

Pasa que hay personas que son muy agradecidas incluso con quien no les ha hecho bien pero hay otras personas que aun cuando les han dado muchas cosas buenas no son agradecidas ni siquiera con el cariño que les brindan y esto no es lo ideal.

En este post hoy compartiremos contigo una reflexión maravillosa acerca del amor entre las personas así que sigue leyendo este post que hoy nosotros traemos para ti y esperamos que te ayude a reflexionar.

Hermosa reflexión del amor

Son muchos quienes saben dar afecto, pero hay otras personas que o saben ni dar ni recibir el mismo, y no pierde quien da amor sino quien no lo sabe recibir, el amor es como si regáramos una planta, al dar amor hacemos que es planta crezca.

Cuando alguien nos ofrece un sentimiento sincero sin pedir nada a cambio no hay nada más bonito que recibirlo, es algo muy hermoso a decir verdad, experimentamos una satisfacción muy grande tanto al dar como al recibir amor de parte de alguien.

Aunque darlo es algo que nos sale, el recibirlo puede ser algo difícil para muchas personas pero no pierde el que da el amor y no lo recibe a cambio sino que quien lo recibe y no lo aprovecha es quien sale perdiendo.

Que alguien nos brinde de su cariño es un regalo y solo de nosotros depende que lo valoremos de la manera adecuada sino, salimos perdiendo nosotros y más nadie, ni siquiera quien nos da ese amor sincero pierde, solo la decisión es nuestra.

Es mejor amar a alguien así esa persona no nos sepa valorar, es mejor perder el tiempo amando a alguien a no saber amar, pierde más la persona que no recibe es la que se le da así que no te preocupes.

Si alguien te da amor lo mejor es que conectemos, creemos lazos emocionales y si esa persona nos falló pues es mejor que nosotros suframos pero no evitemos dar amor, pierde más quien rechaza nuestro amor hacia ellos, de ello no tengas duda.

Guía Básica de Inteligencia Emocional

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Dado que casi todas las enfermedades se generan en el campo de conciencia emocional, vamos a dedicarles una atención especial. La intención es revertir en mayor  conocimiento de nosotr@s,  mism@s y por tanto equilibrio y salud. Un mínimo de  inteligencia emocional   para comprender lo que ocurre en nuestras relaciones personales.

Las emociones tienen una base biológica y son mecanismos de adaptación a las distintas situaciones vitales que atravesamos. Nos permiten actuar, cambiar, ser creativ@s. Pero también pueden ser utilizadas para controlar a las personas con quienes nos vinculamos cuando no responden a nuestras expectativas o deseos. Por ello podremos conocernos mejor si observamos como son nuestras reacciones.

Podríamos decir que el amor y el dolor no son emociones sino sentimientos. Estos son más elevados a nivel evolutivo que las emociones y  también son más profundos, ambos se producen a nivel del corazón.  El amor es la apertura total al otro y nos permite tener emociones auténticas. El amor herido produce dolor y es en la evitación de este dolor cuando muchas veces nos enredamos. Las emociones, en cambio, se viven a nivel del plexo solar, por lo tanto pertenecen a nuestro ser primario.

EMOCIONES AUTÉNTICAS

La tristeza ayuda a separarnos de una persona, una situación o una etapa de la vida. Es una emoción de larga duración que necesita reconocerse para que sea trascendida y podamos volver de nuevo a sentir la alegría del momento presente. Cuando no podemos cambiar algo, perdemos algo… Nos muestra aquello que amamos.

El miedo es la señal de alarma ante un peligro, nos permite identificarlo y  tomar precauciones. Cuando sentimos que no sabemos qué va a pasar o tememos que pase algo…

La ira aparece ante una situación dañina, es una emoción enérgica que implica impedir que esa situación se produzca. Es energía agresiva hacia el otro. Puedo pensar que estoy rabiosa por lo que otro me causó, pero tengo que ver lo que trajo a mi conciencia.

La alegría es la expresión de la plenitud, nos comunica que la personalidad y el alma están cerca y celebran lo que se está viviendo. Su expresión suele ser la sonrisa, y cuando se intensifica: la risa. Eleva nuestro tono energético y favorece la salud.

Cuando estas emociones se utilizan en su forma primaria o auténtica, conmueven a quienes las presencian y suelen lograr su función específica produciendo los cambios que se requieran del entorno.

 

EMOCIONES QUE MANIPULAN

 Ya desde muy pequeñ@s descubrimos el poder que tienen las emociones para conmover a los demás y desde nuestra inmadurez comenzamos a utilizarlas para lograr aquello que no se nos concede. Esta actitud a menudo se vuelve inconsciente, por lo que muchas veces nos sentimos confus@s y no sabemos si lo que sentimos es auténtico conforme lo vivido, una artimaña infantil o un autoengaño.

¿ENTONCES, CÓMO PODEMOS DISTINGUIRLAS?

 Al  ser las emociones primarias una respuesta biológica, tienen unas características que podemos reconocer:

LA ALEGRÍA

 La alegría, además de una emoción está considerada un valor social, así que no es raro fingir la sonrisa para tapar algo que podemos estar sintiendo y no es aceptado por el entorno. A veces podemos sonreír automáticamente generando una mueca, cuando se quiere lograr camelar al otro. Descubrimos si es una sonrisa auténtica porque no solo es una mueca. Junto a la boca, los ojos también sonríen y la persona brilla.

LA TRISTEZA

La tristeza y su manifestación externa: las lágrimas, se producen como decíamos ante una separación. No es natural llorar ante una sensación de ira, aunque muchas mujeres lo hacemos sin poder evitarlo. La explicación la encontramos en nuestra infancia y en nuestra cultura que castiga a la niña enérgica y rebelde que demuestra su fuerza ante los adultos y cuestiona sus mandatos. Ante esto solo queda sacar la emoción por los ojos, algo más tolerado por ser  inocuo ante el sistema familiar pero que refuerza la imagen de debilidad femenina.

No obstante, la situación de los hombres se distorsiona hacia el otro polo. Como desde niños se les  prohíbe sentir (“los chicos no lloran”) muestran muchas veces su tristeza en forma de irritabilidad o provocación continua, y como ocurre con las emociones cuando no son auténticas, no logran la función para la que la naturaleza las ha diseñado, no conmueven, en este caso distancian. Si esto se convierte en un hábito o estructura de carácter, se le etiqueta como un “llorica” o bien un “tocapelotas”.

LA IRA

En cambio, la ira, es muy corta en su expresión. Es una reacción violenta como la de un volcán que puede arrasar con cuanto se está cerca. Tan solo 7 u 8 minutos es la expresión de una ira auténtica y que si surge en el momento justo donde debe sacarse, es sumamente saludable. La ira contenida, con el tiempo se convierte en resentimiento y daña tanto a quien la sufre como a quien va dirigida.

 

EL MIEDO

Vivimos en una sociedad donde los miedos a los que nos enfrentamos son mucho más psicológicos que físicos. Tenemos miedo de no ser suficientemente buen@s en algo que nos han encomendado, a hacer el ridículo, a que nos abandone nuestr@ amad@, a la soledad… Detectar nuestros miedos es importante a la hora de darnos cuenta de nuestras reacciones y decisiones, pues el miedo nos separa de aquello potencialmente dañino, y cuando actuamos desde esta emoción para tomar decisiones, nos separa de nuestro objetivo.

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LAS EMOCIONES COMPUESTAS

Son emociones improductivas que se mezclan entre sí y crean confusión en quien las siente. Ejemplos de ellas son:

Los celos, que es un cóctel de miedo al abandono, tristeza por el sentimiento de separación de la persona amada y rabia por el sentimiento de traición o engaño.

La envidia, trae la tristeza por lo que no hemos alcanzado y el miedo de no poder alcanzarlo en un futuro.

El resentimiento es la rabia hacia el otro, unida al rechazo mantenido en el tiempo.

El odio es miedo y rabia juntos.

La vergüenza es el miedo al rechazo, junto a deseo y rabia. Surge cuando me pregunto si hice todo “bien” o me doy cuenta de que algo hice “mal”. También abarca el sentimiento de ridículo. Es una energía emocional hacia dentro, me siento inadecuada para los demás y para mí misma.

MECANISMOS DE DEFENSA

 En psicología, llamamos mecanismos de defensa a todo aquellas artimañas conscientes o inconscientes que utilizamos para no conectar son la realidad personal. Lo hacemos porque tememos darnos cuenta de que sentimos lo que sentimos o que estamos viviendo lo que vivimos… Al utilizarlos impedimos el contacto con el dolor que nos produce una situación determinada. Así, una parte de nosotr@s “se congela” quedando sin vida y sin acceso a nuestra esencia.

Un tipo de mecanismo de defensa es lo que llamamos: “elástico”

Se produce cuando una situación, un olor, unos rasgos físicos… despiertan una reacción desproporcionada, puesto que nos recuerda (conscientemente o no) una relación con una herida mal cerrada del pasado que se abre ante ciertos estímulos del presente.

Por ejemplo cuando alguien nos dice ciertas palabras, o estamos en una situación determinada y no lo soportamos. Esto se puede trabajar internamente viajando a la situación del pasado y aportando una nueva información de serenidad a nuestra psique. De este modo  se rompe el antiguo condicionamiento.

CUANDO LA EMOCIÓN REPRIMIDA COBRA FACTURA

Cuando negamos las emociones que sentimos porque queremos que todo siga siendo bonito en nuestra relación con alguien, cometemos el error de excluir el dolor. Esto, a la larga hace que todo aquello reprimido aflore de forma desmedida y descontrolada  contra nuestro compañero. Es como si de pronto se presentaran ante nuestra conciencia todas las ocasiones en que el dolor se pasó por alto y regrese ahora contra quien atribuimos la responsabilidad del daño que sentimos.

 

A VECES INCLUSO LA EMOCIÓN NO ES PROPIA

Nuestra capacidad de resonar con las emociones de aquellas personas con las que nos vinculamos hacen que podamos sentir algo tan intensamente. Que creamos que son emociones que nacen en nuestra conciencia personal. No obstante pertenecen al campo de conciencia que engloba a tod@s aquell@s con quienes estamos vinculad@s. De este modo podemos adoptar emociones de nuestros padres, en la creencia inconsciente de que les ayudamos a llevarlas, etc.

La resolución de estas emociones pasa por la toma de consciencia de que no nos corresponde a nosotr@s manejarlas sino que hemos de devolverlas a su lugar. Así, quien tenga que hacerse cargo de ellas pueda hacerlo sin nuestra interferencia.

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MÁS ALLÁ DE LA EMOCIÓN… LA METAEMOCIÓN

 Para entender este concepto hemos de poder colocarnos en la posición de testigo de nuestras emociones. Cuando observamos una emoción y no nos identificamos con  ella, podemos experimentarla  más allá de nuestras relaciones humanas. A esto lo llamamos metaemoción. Desde esta posición tocamos su aspecto transpersonal.

Por ejemplo, la ira como metaemoción, sería la ira eficaz y justa que se expresa con consciencia y en neutralidad emocional.

Podemos decir que vibramos en la alegría, la pena, el miedo, como distintas frecuencias con las que podemos resonar. Corresponden al campo de conciencia emocional de la humanidad. Podemos salir y entrar en estos campos, cuando somos conscientes de lo que sentimos y lo que nos ha llevado hasta ahí.

Es simple: Quien quiere estar en tu vida, está en tu vida (Sin excusas)

Muchas veces cerramos los ojos a lo que no queremos ver, nos negamos a reconocer qué
es lo que realmente ocurre cuando recibimos las excusas de aquellos que en realidad no
desean dedicarnos su atención, ni su tiempo.

 

La realidad es que por apretada que esté la agenda, por más que existan limitaciones, cuando alguien quiere estar presente, está. Y esto no solo engloba la presencia física, también el acompañamiento moral, el soporte a distancia, la atención cotidiana, que no requiere de una logística particular para manifestarse.

Todos somos libres de actuar de acuerdo a nuestras elecciones, incluyendo a las personas que quisiéramos cerca, sin embargo, resulta inteligente sencillamente aceptar cuando alguien tiene intenciones de formar parte de nuestra vida y cuando no.

Siempre habrá quien quiera tenernos como prioridad, aun cuando no ubiquemos mentalmente a esa persona. Obviamente eso no quiere decir que para nosotros alguien que no logra despertar interés se convertirá en nuestra prioridad por reciprocidad. Lo que queremos resaltar es que de eso se tratan las interacciones de la vida, algunas veces buscamos a la persona que creemos equivocada y otras veces a quienes no les damos mayor importancia, nos busca.

Debemos aceptar las dinámicas de la vida, sin drama, solo conscientes de que en algún momento coincidiremos en nuestras preferencias y los eslabones se unirán. Pero lo que no es posible es quedarnos esperando que una persona en particular, que ha establecido sus prioridades de acuerdo a sus intereses, actúe de una forma particular con nosotros, tenga gestos que sabemos que no tendrá o tenga presencia donde no quiere tenerla.

Por el contrario cuando alguien apuesta por nosotros, se hace sentir, se hace notar y sea cual sea el ámbito en el cual se relaciona con nosotros, nos ubicará de forma tal que se torne evidente las ganas de formar parte activa en nuestras vidas.

No desgastes tus energías en quien no lo valora, esto no hace mejor o peor a la otra persona, solo te ubica en una realidad, a fin de cuentas eres tú quien decide finalmente quién entra y quién sale del círculo de tus afectos.

No esperes nada de nadie y evitarás frustraciones, prejuicios y decepciones, permite que la vida te sorprenda con personas maravillosas que sin forzarlas, sin presionarlas y sin excusas quieran formar de manera espontánea parte de tu vida.