No importa lo que hicieron contigo, lo importante es lo que tú haces con ello

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En la vida podemos tomar muchos roles en relación a lo que nos ha acontecido, en relación a cómo nos han tratado otras personas, en relación a los sitios en los cuales hemos de alguna manera crecido. Algunos de esos roles nos empoderarán, mientras que con otros cederemos el control de nuestra vida y con él, el de nuestra felicidad.

Es cierto que en muchas ocasiones no tenemos el control sobre lo que otra persona hace sobre nosotros, inclusive por inexperiencia, no nos es posible salir de una situación a tiempo o ilesos, sin embargo, sí tenemos el control sobre lo que podemos hacer con ello, sea positivo o negativo, somos nosotros quienes decidimos de qué nos va a alimentar una determinada vivencia.

Si alguien me hizo daño, tengo las siguientes opciones: Vivir lamentándome del daño que me hizo, guardar rencor y cargarme de rabia, planear una venganza, asumir que cualquiera que se acerque a mí, hará lo mismo o algo peor, rescatar de ese daño algún aspecto positivo, perdonar, seguir adelante sin tanto peso, buscar la manera de proteger a otros de vivir experiencias de ese estilo, entre otras…

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No será muy complicado concluir que mientras menos nos enganchemos de manera negativa, el efecto que tiene sobre nosotros cualquier experiencia desagradable o dolorosa, también será menor. Sabemos que muchas veces no es fácil, que sentimos rabia, impotencia, que queremos volver el tiempo atrás y protegernos, es lógico que una herida duela, pero ya está hecha, no podemos evitarla, pero sí podemos hacer lo posible por sanarla.

Una cicatriz quedará en su lugar, pero ella ya es ganancia en el proceso, si la herida logra cerrar, es porque de alguna manera decidimos dejarla en paz, dándole los cuidados necesarios, pero sin reabrirla una y otra vez o haciendo exploraciones para medir su profundidad o el daño interno generado. Mientras más decididos estemos a que una experiencia no afecte el resto nuestras vidas, más leve será la cicatriz y más corto su proceso de aparición.

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Hemos hablado de los efectos en nosotros y en relación a quien nos ha propinado algún mal, lo más sano es perdonar y soltar, dejar ir, con toda la carga emocional que el proceso contiene. El paso superior es ser compasivos, entender que cada quien hace lo mejor que puede con los recursos que tiene y que inclusive nosotros pudimos habernos visto tentados a cometer cierta acción estando en la posición del otro, pero por nosotros tener un contenido diferente, una calidad humana distinta, quizás aquello nos parezca muy distante a nuestras potenciales acciones… Pero si lo evaluamos a profundidad, quizás no estemos siendo lo suficientemente empáticos, que a veces es lo único necesario para poder perdonar.

Mientras más ligero sea tu equipaje, mucho más disfrutarás el viaje.

Por: Sara Espejo