Las palabras solo hieren cuando te importa quien las dice

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Podemos escuchar un sinfín de palabras, con las cuales nos sentiremos a gusto con algunas, otras nos sentirán sentirnos incómodos y otras sencillamente las ignoraremos.

He aquí el punto, el ignorar generalmente resulta de la práctica o de que no nos importe quien pronuncie las palabras. El hecho de importarnos alguien, hace que cada una de sus acciones, sus palabras y hasta sus omisiones resulten trascendentes para nosotros y mientras más valor tenga esa persona en nuestra vida, más peso tendrán sus palabras en relación a nosotros.

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No es agradable escuchar algo negativo de nosotros, pero si lo dice el del coche de al lado cuando no le dejamos incorporarse a un canal, pues al poco tiempo ya estará olvidado, en cambio cuando es alguien a quien apreciamos, incluso cuando las palabras no sean improperios, ni siquiera ofensas, nos pueden propinar una herida que nos cueste sanar.

La honestidad en las relaciones juega un papel muy importante, pero no debemos confundir la honestidad con la descortesía, como te aprecio, como te quiero, digo lo primero que me cruza por la cabeza, porque te debo sinceridad… este principio es exagerado, siempre debemos tener un filtro para hablar, especialmente cuando se trata de o con alguien que nos importa, no es necesario lastimar con las palabras y siempre podremos ubicar la mejor manera de decir algo, aunque ese algo de la forma en que se diga termine por hacer daño.

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Aprendamos a decir las cosas de forma oportuna, sin apresurarnos y sin dilatarnos, seguros de lo que necesitamos manifestar y tratando de encontrar la manera de ser sinceros, sin necesidad de herir. Muchas veces no es tanto lo que se dice, sino en el tono en que se dicen. Nuestro lenguaje corporal habla muchas veces más que las propias palabras, así que a través de él nos es posible suavizar un mensaje.

Debemos aceptar que en la vida escucharemos de todo, palabras hermosas, palabras obscenas, palabras de aliento, palabras hirientes… pero debemos aprender a que lo que no nos gusta nos afecte lo menos posible. No generar tanto drama en nuestra vida nos permite vivir de forma más inteligente, aligerándonos de rencores y sanando con prontitud todo aquello que no nos ha hecho bien.

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Ciertamente mientras más importante sea alguien para nosotros, más nos afectará todo lo que haga que nos involucre o nos deje por fuera. Así que aprendamos a limitar el efecto de lo que hacen los demás sobre nosotros, a restarle importancia al qué dirán o pensarán de nosotros y aprendamos a ser un poco más empáticos y comprensivos, porque todos nos equivocamos, decimos cosas que no podemos recoger y en algún momento actuamos y herimos a quien más nos ama y no lo hemos hecho por mal, solo es una muestra de qué tan preparados estamos para una situación y que tanto sabemos manejar nuestros recursos.

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