Mucho de lo que atraes es mucho de lo que transmites

Mujer sintiendo con los ojos

La llegada de malas noticias o de personas potencialmente tóxicas no puedes evitarla. Sin embargo, si aceptas que eso no puedes cambiarlo, podrás darte cuenta de que la mayoría de las circunstancias a las que tienes que enfrentar en el día a día dependen de la actitud que transmites al vivirlas. Así, recuerda que mucho de lo que atraes es mucho de lo que transmites.

Es decir, la predisposición que tengas para afrontar tu alrededor desde que despiertas es casi la parte más importante para condicionar lo que te sucede a lo largo de tu jornada. Es más, en el caso de levantarte con una actitud positiva observarás cómo parece que llegan a ti buenas noticias o simplemente que las horas que pasan son mucho menos duras.

Aquello que recibes está en tu mente

Absolutamente todo lo que sientes y razonas traspasa la piel y, de una forma u otra, se expande hacia fuera: lo que hay en tu mente automáticamente sale al exterior, voluntaria o involuntariamente. Esta es una ley que puede jugar a favor o en contra, dependiendo que cuáles sean esas emociones, sentimientos y pensamientos que nos trasciendan.

Animales en un coche

En este sentido, cuando te encuentras decaído tu cuerpo lo nota y reacciona: se aprecia en el comportamiento, en el malestar físico, en la energía, etc. Si, por el contrario, en tu mente hay pensamientos positivos también tu cuerpo lo expresará en tu bienestar general.

Tanto de una forma u otra, es algo que proyecta sobre el espacio y las personas que te rodean y a su vez configura tu estilo de afrontamiento. En otras palabras, pasamos por el filtro de nuestra actitud mental todo aquello que nos llega: la magnitud de un acontecimiento está ligada al poder que le otorgamos sobre nosotros mediante la interpretación que hacemos del mismo.

Si llevas el sol dentro, sabrás secar la lluvia

Si practicas el optimismo y consigues tomarte lo que te sucede de una manera más ligera, es probable que atraigas vibraciones positivas. En cierta medida, si lo piensas bien te darás cuenta de que gastas muchas fuerzas quejándote de sucesos insignificantes. Lo mismo ocurre con esas pequeñas cosas pasajeras sobre las que pensamos tener mala suerte y nos maldecimos durante horas.

Si llevas el sol dentro sabrás cómo secarte el agua de la lluvia. Si te propones mostrar buen rollo, sabrás alejar aquello que es tóxico para ti. Si transmites calor, simpatía, bondad, amabilidad, entre otras muchas cosas, recogerás lo mismo a tu alrededor; y, en el caso de que no sea así, verás el camino a seguir para que no te afecten.

Dado que no podemos controlar todo lo que nos pasa, la clave es actuar con inteligencia a la hora de interpretarlo y no darle demasiada importancia a lo que no la tiene. Brillar para que brillen contigo, saber que la sonrisa protege de la tristeza, buscar la manera de quitarse piedras y no de construir una muralla con ellas.

Permítete lo que te mereces

¿Cómo se consigue todo esto? Pues bien, permitiéndote lo que te mereces. No seas de esas personas que están abonadas al ejercicio de masoquismo de rechazar lo que la fortuna les concede. Lo hacen pensando que quizás de esa manera la desgracia tampoco les llame. Esta es una ley ilusoria que está asociado a un concepto de justicia igual de ilusorio. Lo cierto es que por mucho que le des la espalda a la fortuna, la desdicha se va a fijar en ti de la misma manera.

Reflexiona para buscar y reconocer qué necesitas en tu vida. Descifrar esto te ayudará a aprender que el primer paso es una buena actitud: no te niegues lo que te mereces, no te limites, no te asustes. Esta es la mejor manera de cuidar de ti mismo y de canalizar a tu favor lo que recibes.