5 Lecciones Que Aprendí Cuando Me Deshice De Las Cosas Que No Necesitaba

mujer caminadno de espaldas

Yo no soy mis cosas y mis cosas no son yo.

Siempre me he considerado una minimalista, alguien que tenía mucho menos cosas que los demás, pero mis infinitas cajas de libros y mi closet desbordante indicaban lo contrario.

La verdad es que tenía muchas tonteras. Muchísimas, aunque yo no les llamara tonteras.

Cuando se trata de mis queridos libros, por ejemplo, decía que eran una suerte de inversión. Decía que algún día mis hijos los leerían y me convencía a mi misma de que le daban una suerte de carácter a mi casa. Pero la verdad que más que nada, esos libros estaban ocupando espacio precioso. Los primeros que decidí desechar fueron aquellos que tenía hace años y que nunca había hecho ni el intento de leer y probablemente nunca leería.

Lo que me hizo cambiar de mentalidad fue el increíble libro de Marie Kondo “The Life Changing Magic Art of Tidying Up: The Japanese Art of Decluttering and Organizing.” (La increíble magia oculta en el arte de ordenar: el arte japonés de limpiar y organizar.) A diferencia de otros libros que había leído antes, este libro hablaba sobre cómo y por qué deshacerse de las cosas. Dado a que el libro es un Best-Seller internacional, parece que realmente le dió en el clavo con la temática.

Deshacerme del exceso de cosas ha logrado un antes y un después en mi vida. Algunos de los beneficios han sido los que esperaba, como tener más espacio por ejemplo.

Pero estos fueron 5 beneficios inesperados de tener menos cosas:

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1. De verdad uso las cosas que tengo ahora.

Es una paradoja divertida, pero cuando tenía más cosas, realmente sentía que tenía menos opciones. Como resultado, tendía a usar las mismas cosas una y otra vez (esto era especialmente cierto cuando se trataba de la ropa.) Sin embargo, una vez que disminuí mis pertenencias, vi que tenía algunas cosas realmente maravillosas que casi nunca había ocupado y comencé a usarlas.

No tiene mucho sentido que nos quedemos con cosas que no usamos. Cualquier objeto, no importa lo bello, valioso y costoso que sea, no aporta mucho si está siempre guardado. Si tenemos un cierto objeto guardado porque es valioso, entonces esa puede ser una señal de que es momento de venderlo. Toma el dinero y guárdalo o úsalo para cosas que realmente necesites en este momento.

2. Toma menos tiempo hacer el aseo.

A pesar de que mi hogar es bastante pequeño, siempre me tomaba mucho tiempo limpiarlo.La razón principal era porque tenía que mover muchas cosas en orden para limpiarlas, especialmente cuando se trataba de limpiar las alfombras o el piso. Además, todos esos libros y cachivaches tendían a acumular polvo. Ya no tengo ese problema. Me toma menos de una hora en ordenar mi casa completa, incluyendo los baños, y puede pasar más tiempo entre aseo y aseo.

3. Lo pienso dos o incluso tres veces antes de hacer una compra.

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En el mundo actual se asume que más es mejor, pero yo estoy en desacuerdo. Hace poco vi una promoción de algunos productos que yo uso y me pregunté cuál era la probabilidad de que en realidad los usara antes de que se vencieran. Me di cuenta de que ni siquiera usaría la mitad hasta esa fecha, así que los devolví a su estante. Y aunque los hubiese alcanzado a usar antes de que vencieran, hubiesen ocupado demasiado espacio en mi cocina. El espacio es valioso, casi siempre menos es más.

4. Me puedo concentrar en el presente más claramente.

Mucho de mi desorden estaba ligado a mi pasado o a mi futuro.

“No me puedo deshacer de este vestido porque lo compré la primera semana que me mudé a esta ciudad.” o “usaré este material algún día, cuando tenga tiempo para coser.”

Está de más decir que tener ese vestido nunca me transportó a aquellos días que recién me mudé a la ciudad y que nunca encontré el momento para ponerme a coser ese chaleco tan idealizado.

Dejar ir estos “haré”, “podré” y “debería”, fue completamente liberador. Me di cuenta de que si algún día realmente quisiera coser, siempre podría salir a comprar los materiales que necesitara. Hasta el momento eso nunca ha pasado, y probablemente nunca suceda.

5. Al fin y al cabo, las cosas son sólo cosas.

Cuando era adolescente era muy sensible al “status” y al “qué dirán” y recuerdo haber ahorrado mucho para comprarme una camiseta de diseñador, no porque realmente me gustara, pero porque estaba hecha por un diseñador que yo sentía que representaba pura sofisticación. La guardé durante años y fue una de las primeras cosas que boté cuando decidí deshacerme de lo innecesario.

A pesar de que me gustan las cosas de buena calidad, igual que a la mayoría de las personas, al fin y al cabo, las cosas son sólo eso, cosas. Entre mayor me hago, más valor le doy a las experiencias y a los recuerdos. Si mi casa fuese completamente destruida por un incendio, me sentiría mal, pero todas las cosas materiales que tengo pueden ser reemplazadas. Yo no soy mis cosas, y mis cosas no son yo.

Deshacerme de las cosas que sobran ha cambiado mi vida. A pesar de que no todos quisieran llegar al punto al que yo he llegado, las cosas que he aprendido son útiles para todos.

Incluso aquellos que no se identifiquen con el minimalismo pueden encontrar enseñanzas aquí. Por lo menos podríamos aprender a amar nuestras cosas, pero no a convertirnos en esclavos de ellas o dejar que definan nuestras vidas.

Como dije antes, yo no soy mis cosas, y mis cosas no son yo.

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