No te encierres, sal a tu piel

No te encierres, sal a tu piel

Es muy cierto que cada persona tiene su propio temperamento y que algunos son muy expresivos,mientras que otros prefieren ser más reservados. Estos rasgos de personalidad no son un problema como tal, a menos que pierdas el equilibrio. Si no puedes ser discreto cuando la situación lo requiere o entras en pánico cuando estás solo, hay problemas. Si te encierras en ti mismo y te es imposible salir a tu piel, también hay problemas.

Hay quienes crean una armadura invisible a su alrededor, de modo que terminan escondiéndose del mundo. Son como un caracol, que se refugia dentro de su concha y no permite un contacto piel a piel con la realidad. Terminan volviéndose invisibles para los demás y su conducta, excesivamente autoprotectora, puede generarles grandes dificultades.

“Todavía no se ah inventado la pastilla que pueda aliviar los síntomas de la soledad y el aislamiento que produce el final del día”
-John Katzenbach-

No es lo mismo ser una persona reservada que estar sumergido en el aislamiento emocional. En el primer caso, la persona expresa lo que siente solamente con quienes tiene mayor confianza, o conoce de hace tiempo. En el caso de la persona aislada emocionalmente hay un interés por no permitir que otros conozcan lo que sienten, o una imposibilidad para comunicarlo. Es ahí cuando todo se torna preocupante.

 

¿Qué te impide salir a tu piel para encontrarte con el mundo?

El aislamiento emocional es, en primer lugar, una manifestación de miedo. Se rehúye al contacto con otros porque prevalece la fantasía de que acercarte demasiado a los demás te convierte en alguien vulnerable, al que pueden hacerle daño. También opera la idea falsa de que no tienes recursos, ni posibilidades para afrontar esa supuesta amenaza, o para tramitar el sufrimiento que se pueda desprender de ello.

 

Este tipo de aislamiento es muy común en las personas que han sufrido agresividad o violencia de parte de otros. Por lo general, han pasado por una experiencia de victimización, es decir, de indefensión frente a un acto violento. Esto genera un trauma, que de no trabajarse terapéuticamente, termina reflejándose como aislamiento emocional además de otros síntomas.

 

La persona que se aísla tiene un concepto negativo de sí misma. De una o de otra manera, no se siente merecedora de un lugar dentro de un grupo social. Es posible que se avergüence de sus propios sentimientos y por eso termina creyendo que es impertinente el expresarlos. A la vez, le concede un valor desmedido a los demás: teme su opinión, su ira, sus reacciones.

El aislamiento emocional puede tener diversos grados y expresarse de diferentes maneras. A veces el miedo está a flor de piel y la persona sabe que lo que le impide salir de sí misma es ese temor. En otras ocasiones, la situación se encubre con actitudes de desprecio hacia los otros, con comportamientos huraños o con total insensibilidad frente a los demás.

Del aislamiento emocional al aislamiento social

Es apenas lógico que todos tengamos un cierto grado de reserva a la hora de expresar nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, sueños, etc. Pero realmente hay un problema cuando alguien no logra expresar de viva voz, y en ninguna circunstancia, lo que lleva bajo su piel. En ese punto se puede afirmar que hay aislamiento emocional, es decir, una situación en la que lo que siente la persona queda confinado en su interior.

 

En muchas ocasiones, este tipo de situaciones se sobrellevan sin que aparentemente causen daño. Simplemente te desconectas de los demás hablando con ellos solamente de temas superficiales, manteniendo un comportamiento protocolario en las diferentes situaciones, o se adoptan conductas estereotipadas. De este modo, la persona se adapta a su entorno, pero jamás entra en contacto piel a piel con este.

 

En otras circunstancias, el aislamiento emocional lleva también al aislamiento social. La persona decide rehuir al contacto con otros y pasa días enteros sin hablar con nadie, encerrada en su casa y evitando cualquier situación de encuentro con otros. En estas condiciones, fácilmente se puede llegar a un estado de depresión o ansiedad, aunque también es frecuente que esos estados existan previamente.

Los vínculos de intimidad son absolutamente necesarios para mantener la salud mental. Todos los seres humanos necesitamos desarrollar relaciones basadas en la confianza, para que emerja lo más auténtico de nosotros mismos y nos sintamos realmente conectados con el mundo.

Toda persona necesita evolucionar individual y socialmente para hacer de la vida una experiencia plena. Por eso, si tienes la inclinación a encerrarte dentro de ti mismo, quizás vale la pena que te preguntes por qué ocurre esto. No tengas miedo, sal a tu piel.

 

Via: La Mente es maravillosa

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