De la felicidad (De vita beata) es un diálogo escrito por Séneca, alrededor del 58 d.C., dirigido a su hermano, Novato, donde establece los preceptos morales que según él conducirán a una vida feliz. Allí encontramos un prototipo teórico de lo que Mihály Csíkszentmihályi (1934) llamará la teoría del flow, dada la similitud de sus planteamientos con los del psicólogo contemporáneo: integrarse al flujo natural de las cosas, vivir en armonía con la naturaleza, entrar en la corriente íntegra de la vida.

Para el croata afincado en California, donde inició sus investigaciones a mediados de los 70, el flujo es un estado mental operativo en donde la persona que ejecuta una actividad está completamente inmersa en ella. Sus primeros estudios fueron realizados con músicos, artistas y atletas que experimentaban en el momento más álgido de su práctica algo muy parecido al éxtasis. Por definición, el éxtasis es estar o entrar en otro lugar, en otra dimensión. Entonces, la composición de una canción magistral, la culminación de un poema o un libro extraordinario, las hazañas deportivas de Michael Jordan, están asociadas a un término que aparece en casi todas las entrevistas que Csíkszentmihályi hizo: el flujo. La cosa fluye, sale, casi sin esfuerzos, es algo natural, inevitable, it flows.

Para gran parte de la población occidental el concepto está integrado de manera coloquial: “que fluya”, “fluye”, “déjalo fluir”, etc. Es cierto que muchas veces, sobre todo por el abuso de la idea, se dice como sarcasmo, rayando en el desdén. También es cierto que es algo muy gringo (viene de la expresión anglosajona go with the flow), y bien puede pasar como una idea publicitaria. Sin embargo, los planteamientos de este psicólogo no dejan de tener cierto rigor investigativo. Una “experiencia de flujo” presupone, como primer componente, tener los objetivos claros, tal cual propuso Séneca. Esta es la base, plantearse objetivos. La concentración y el enfoque de las energías volcadas a cumplir esos objetivos; también, durante el curso de la actividad, buscar la retroalimentación, lo que implica una reflexión más crítica con la acción y cierta distancia objetiva, para así ajustar las fallas en el desarrollo.

También generar un equilibro entre el nivel de habilidad y el desafío, es decir, si alguien se propone ser astronauta a fin de año y su vida no ha sido en lo más mínimo atlética, o si alguien se quiere “convertir” en poeta como quien se convierte a una religión, es prácticamente imposible fluir en el continuo de sus objetivos. Y por último, la actividad tiene que ser intrínsecamente placentera, no puede estar forzada. Quizá esto sea lo más esencial: disfrutar lo que se hace y hacerlo con el objetivo de disfrutar.

La teoría del flow implica ese entregarse a la actividad, pero, ¿cuál actividad? Vivir. Vivir es una acción inevitable. Quien escribe o dibuja, quien practica algún deporte hasta hacerlo profesión, quien hace descubrimientos, etc., todos están viviendo, y a su manera, tratan de integrarse a la corriente de la vida, de ceñirse al orden natural, de fluir.