El cariño no se suplica y la falta de interés acaba con él. Es hora de arrancar minutos al reloj y hojas al calendario. Es el momento de resurgir, de querernos y de trabajar nuestra dignidad. Así que, quien me quiera que me busque.

El afecto no habla el mismo lenguaje que el egoísmo y que la indiferencia. No, el cariño es sincero, neutro, cordial, recíproco; solo sabe de interés cuando busca el beneficio común, cuando intenta regar su árbol y crecer.

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Hoy te dejo en libertad. Hoy me olvido de mis miedos. Hoy comienzo a valorarme. Hoy salgo adelante. Hoy te dejo de esperar…

 

Lo que supone “arrastrarse” para nuestra autoestima y nuestro bienestar emocional

“Arrastrarse” y suplicar migajas de atención y cariño deja una huella permanente en nuestra autoestima y en nuestro bienestar emocional. Que nos ignoren nos hace sentir pequeños, insignificantes y vulnerables.

A esto se le une la impotencia, la frustración y la rabia por no lograr el tipo de relación que nos gustaría tener con esa persona que obvia nuestra presencia y menosprecia nuestro interés.

Nuestro autoconcepto se ve totalmente mermado cuando sucede esto. Sentirnos así genera, en parte, que lleguemos a ser incapaces de mantener una actitud correcta hacia nosotros mismos.

Restaurar lo que el tiempo y las actitudes de indiferencia de los demás han mermado no es una tarea fácil. Recomponer nuestros pedazos exige de orgullo, coraje y de cierto “egoísmo sano” que no es más que comenzar a cuidarnos a nosotros mismos por encima de todas las cosas.

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“He conocido a alguien. Soy yo. Voy a darme una oportunidad.”

-Elvira Sastre-

No busques, permite que te encuentren

Comienza a buscarte a ti y permite que te encuentren. Correr detrás de las personas que te ignoran te está envenenando.  Quien te quiera te buscará y quien no lo haga sencillamente no es una persona que deba estar a tu lado.

¿Sabéis eso de empezar a volar? Pues es el momento de ponerlo en práctica, extender las alas y retomar el vuelo. Así que retoma las riendas de tu vida y rodéate de personas que no disfruten con tus súplicas, que no te ahoguen y que no se nutran de egoísmos.

Debemos saber que las pretensiones del corazón egoísta llegan a marcar nuestro camino. Por lo tanto debemos intentar deshacernos cuanto antes de esas piedras que se han metido en nuestros zapatos.

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No podemos (ni debemos) escapar de los daños ya hechos y del sufrimiento que ha supuesto sentir que alguien no nos quiere en su vida y que incluso se ha podido aprovechar de nuestra estancia a su lado.

 

Por eso, para restablecer tanto nuestra autoestima como la autopercepción de nuestra valía e individualidad debemos destacar aquello de que nada puede ser posible si no cuidamos de nosotros mismos y no nos damos la oportunidad de que lo que hagan los demás no rija nuestra vida.

Lo normal es que una vez que rompamos con estos círculos viciosos nos cueste dejar de echar de menos o de anhelar algo que nunca tuvimos pero que siempre quisimos. Es probable que, de hecho, manejemos mal nuestra propia ruleta y no consigamos sintonizar con lo que de verdad nos hace felices.

Pero soltar aquello que no nos beneficia siempre trae nuevos y buenos vientos a nuestra vida. Poco a poco redescubriremos esa idea de que solo nos necesitamos a nosotros para vivir, que somos las personas más imprescindibles en nuestra vida y que nos merece rodearnos de quien aprecie nuestra compañía.

Así que si alguien no te dedica ni un minuto de su vida y a pesar de ello llenan tu vida de exigencias rompiéndote con su indiferencia en mil pedazos, es hora de decir adiós, marcharte y permitir que te busquen y, si tú quieres, que te encuentren. Es el momento de hacerte valer.