Crisis y conspiraciones.

Abaratamientos de despidos, cifras de paro inasumibles, recortes de derechos, rescates millonarios de paises en bancarrota… ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Es la pregunta del millón. La que ocupa la mente de todos los  que nos levantamos cada mañana con las noticias económicas más insólitas. Todo sería un poco anecdótico de no ser porque al final la situación ha acabado afectando a nuestros bolsillos y a nuestro nivel de vida. De los titulares de prensa a la vida real. Sufrimos en nuestra propia carne una crisis económica y financiera sin precedentes, de aquellas de las que solo habíamos oído hablar en los documentales, la de la Depresión del 29, o la crisis del petróleo del 73…Ahora ha vuelto a ocurrir y no sabemos como ha llegado ni como acabará. Todo un misterio. La incapacidad de entender los complejos engranajes que mueven la macroeconomía ha activado las nuevas teorías de la conspiración. Era inevitable. Donde todo es penumbra, donde nadie da explicaciones claras, no puede haber otra manera de atar cabos si no es apelando a una siniestra mano invisible que mueve los hilos, los hilos que condicionan la vida de millones de personas.En esta ocasión no le voy a quitar buena parte de la razón a esos teóricos de la conspiración a los que en ocasiones critico. Los conspiradores existen. Se sientan en lujosos sillones en un amplio despacho de Nueva York. Son las temidas agencias de calificación de riesgo, que toman decisiones que afectan a todo el planeta, las que determinan si la deuda pública de España es buena o mala, las que deciden lo que va a suceder al día siguiente…No hacen público sus criterios de auditorías. Nadie conoce sus fórmulas. Todo es muy borroso pero todo el mundo pasa por el aro.
Son también los tiburones de los parquets bursátiles, los especuladores, los lobbies de poder; aquellos que forzaron los resultados de las últimas elecciones generales mediante ataques sistémicos a la deuda pública española. Tres días antes del 20-N, España tenía que pagar intereses históricos para colocar sus bonos en el mercado. El mensaje de los grupos de presión que estaban detrás de esta maniobra era claro: “Esto va cambiar”. Un auténtico golpe de estado que nadie ha investigado. Y en medio del escenario actual de desesperanza, hay gente que conserva la confianza, que anhela los años de prosperidad,  que quieren ser los de antes. Pero lo cierto es que esos tiempos no volverán. Hay economistas que auguran un reinicio del sistema. Llegaríamos, mediante medidas de rescate económicas y reajustes sociales salvajes, a un nuevo equilibro que se iría desvirtuando debido a nuevas voracidades para luego volver a empezar. La historia se repetiría sin fin. Aunque el punto de vista generalmente aceptado es que ya hemos superado un punto de no retorno. Estamos cambiando de paradigma. Los mercados no volverán a autoregularse. Los estados meterán la nariz y establecerán pautas que pongan coto a los grandes beneficios empresariales, las astronómicas comisiones que se llevan los que deciden y los millonarios planes de prejubilación. Ya se habla de un modelo mixto mercado-estado ¿El fin del capitalismo? Como en todos los fines de ciclo, también en el ámbito de la economía han existido visionarios que habían pronosticado cambios trascendentales. Esta crisis económica ya se había anunciado.
Nuevos profetas Ya en 2004, el analista político Lauren Artur Du Plessis hablaba en su libro La Tercera Guerra Mundial ha comenzado de una bomba de relojería en el sistema bancario estadounidense: la burbuja inmobiliaria, las hipotecas basuras…Todo está redactado con un grado de detalle espeluznante. Si Du Plessis ya sabía lo que iba a ocurrir en 2008 con la crisis de los créditos subprime, es que esa información era conocida en ciertos círculos. Pero nada se hizo.

Nouriel Roubini, uno de los visionarios
de la crisis financiera mundial

El profesor de economía por la Universidad de nueva York,  Nouriel Roubini, se hizo famoso por su pesimista análisis de las hipotecas basuras, antes del crack de 2008. Con el tiempo se ha convertido en un personaje muy popular debido a que sus pronósticos, denostados inicialmente,se han cumplido con exactitud. Para Roubini, lo peor está aún por llegar: “Los problemas acuciantes sin resolver en Estados Unidos, Europa, China y Japón se convertirán en las razones de una tormenta perfecta en la economía global de 2013”. También el economista Ray Dalio advirtió que el boom del préstamo y la vivienda acabaría mal. Hizo llegar a la propia administración Bush un informe en el que se ponía de manifiesto que algunos de los más grandes bancos del mundo estaban en riesgo de insolvencia. El escritor y ex asesor de François Miterrand, Jacques Attali, en su libro Breve Historia del Futuro, escrito en 2006,  mira algo más lejos y augura un predominio limitado de la economía estadounidense “pese a las crisis financieras, recesiones o conflictos”. Estados Unidos seguirá teniendo la supremacía económica durante al menos dos décadas. Surgirán nuevas potencias que le harán sombra: Japón, China, India, Rusia, Indonesia, Corea, Australia, Canadá, Sudáfrica, Brasil y México. El centro de gravedad de la economía mundial se dispersará con el advenimiento de estos mercados emergentes y derivará en lo que el propio Attali denomina un “mundo multipolar”. Será el fin de la supremacía de Occidente.

¿Un cambio de paradigma?
Todos los grandes periodos históricos, artísticos, sociales viven un tiempo que se termina. También ocurre en la política y en la economía. Cuando a principios de los años 90, cayó el bloque soviético, nadie podía imaginar que aquel acontecimiento fuera el principio del fin de los grandes regímenes comunistas. Solo ahora que ha pasado algún tiempo nos hemos dado cuenta de que esto ha sido así.
Esa falta de perspectiva es la que, en el momento actual, nos impide ver de forma nítida los verdaderos mecanismos que están precipitando los acontecimientos hacia un nuevo modelo social y económico. Vemos los efectos pero ignoramos las causas.
En palabras de Ray Dalio: “Las personas se concentran en lo particular del momento y se olvidan de las grandes fuerzas subyacentes”.

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