Las Conspiraciones en el Rock

Las conspiraciones existen. Para la era de la “guerra fría” los gringos se destaparon confabulando planes para derrocar gobiernos, planificar magnicidios, asesinar líderes y obviamente las polémicas estrellas de rock también fueron víctimas de maquinaciones planificadas en las sombras…

Reportaje fresquito de la revista española Enigmas Nº 204, Noviembre 2012.

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La poesía, la pintura, la música… han sido en numerosas ocasiones sinónimos de transgresión, formas de arte temidas por aquellos que ostentaban el poder por su capacidad para despertar sensaciones y causar fervor entre un público habituado a obedecer sin objeciones. La década de los 60 y 70 del siglo pasado no fue una excepción. El rock y el punk se erigían como forma transgresora, de denuncia, de una sociedad que parecía caminar hacia el abismo, como la que vivimos hoy en día.

Estados Unidos era, como hoy, la primera potencia mundial, y en un país sumergido en la interminable guerra deVietnam, que estaba siendo una masacre para los soldados americanos, en la que afloraban las drogas y los movimientos sociales surgían con una fuerza desconocida enfrentándose al establishment, no fueron pocas las bandas y los cantautores que decidieron unirse a la protesta y marchar hacia la Casa Blanca enarbolando la bandera de la paz y la libertad: Bob Dylan, Tom Waits, Patti Smith… se erigían en líderes del descontento que a través de himnos inolvidables movían a las masas, hasta entonces zombificadas, a revelarse.

Pero si hubo un nombre que entre todos los iconos de la música se erigió como bastión de los desheredados, de las minorías, del canto a la libertad en tiempos de intolerancia, ese fue sin duda el ex Beatle John Lennon, que junto a su mujer, Yoko Ono, desafió como pocos el orden imperante en el país de la bandera tricolor y los frentes abiertos en todo el mundo.

De cantante y guitarrista de culto, hombre que reinventó la música con The Beatles, Lennon, en su etapa en solitario y tras una tumultuosa separación de los de Liverpool, se convirtió en el ojo del huracán. Pero ya en los tiempos en que compartía escenario con Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, fue objetivo de la CÍA al declarar, a mediados de los años 60, que The Beatles eran más populares que Jesucristo. Sus palabras, sacadas evidentemente de contexto por los que le veían como un pacifista -serlo entonces en América era casi como ser terrorista-, provocaron quemas masivas de discos de los músicos británicos e incluso el Ku Klux Klan volvió a gozar de cierto éxito entre los más conservadores como defensores de la moralidad y del sistema de valores que rendía culto a Dios y a la raza blanca.

Bajo estas líneas, Jolni Lennon y Yoko Ono en una provocadora imagen en la que la bandera norteamericana se sustituyen las estrellas por calaveras y las barras por eslóganes que condenan la política estadounidense y la guerra de Vletnam, algo que preocupaba sobremanera a la Administración Nixon. Al lado, ficha policial de Mark David Chapman, tras su detención por el asesinato del ex bettle.
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En 1971, Lennon se trasladó con su esposa a Nueva York, y saltaron las alarmas de las agencias de inteligencia y de la administración Nixon, que le veía como una amenaza para la Seguridad Nacional en un tiempo en el que la CÍA realizaba operaciones entonces ultrasecretas como MK-Ultra o MK-Chaos, esta última encaminada a infiltrar agentes entre los movimientos de contracultura que actuaban como espías de los literatos y los músicos.

Aunque exista mucho mito, sí fueron ciertas, no obstante, dichas operaciones de Inteligencia, que veían en los movimientos pacifistas una amenaza tan preocupante como la de los “Panteras Negras” o los discursos de Martin Luther King y Malcolm X.

John Lennon no solo era una estrella de la música, también era el más importante de los artistas revolucionarios y encabezaba manifestaciones no autorizadas megáfono en mano junto a Yoko. Era amigo de personajes incómodos y perseguidos como Abbie Hoffman, líder del Partido Internacional de la Juventud y el activista social Jerry Rubin.

La Administración Nixon se cebó con Lennon, siguiendo cada uno de sus movimientos, tanto, que el propio músico bromearía con la enorme cantidad de veces que aparecían “los técnicos del teléfono” por su domicilio; sin duda alguna lo tendría pinchado… Su enorme poder de convocatoria, sus provocaciones reiteradas -cuando posó desnudo con Yoko en 1968, fotos que causaron conmoción en una América puritana e hipócrita-, provocaron actos de seguimiento de las fuerzas de seguridad, escuchas ilegales, amenazas como negarle el permiso de residencia y numerosos informes llenos de connotaciones peyorativas recabados por los federales y los servicios de Inteligencia, en los que se recalcaba la figura de Lennon como “un personaje nocivo para el bienestar estadounidense”.

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Así que, cuando la noche del 8 de diciembre de 1980, Lennon era tiroteado a las puertas del edificio Dakota, donde vivía -y donde además de rodarse La Semilla del Diablo había residido Aleister Crowley-, por el introvertido Mark David Chapman, aparte de conmocionarse el mundo del espectáculo y la prensa internacional, saltaron todas las alarmas para los conspiracionistas. Según la versión oficial, Chapman, un personaje extraño que había trabajado como coordinador para la Young Men Christian Association -YMCA-, y que había intentado suicidarse por asfixia con monóxido de carbono, siendo ingresado posteriormente en el Casí/e Memorial Hospital -donde al parecer el ejército estadounidense había realizado experimentos de control mental en los años 60-, disparó a Lennon y se quedó en la escena del crimen tan tranquilo, leyendo B Guardián entre el Centeno, de J. D. Salinger, libro maldito por excelencia.

Años más tarde, Chapman realizó una entrevista en exclusiva desde prisión a la BBC en la que recordaba el momento en que tuvo a Lennon ante él: “Pasó a mi lado y entonces escuché en mi cabeza: ‘hazlo, hazlo, hazlo’; una y otra vez”. Y continuaba completamente tranquilo: “No recuerdo tener intención de hacerlo. Debí de haberlo hecho, pero no recuerdo siquiera haber apuntado, o como quieran llamarlo. Simplemente apreté el gatillo cinco veces”.

Aquella entrevista despertó la curiosidad del periodista Fenton Bresler, que empezó a pensar que podría haberse tratado de un experimento de control mental de la CÍA, uno de tantos proyectos englobados bajo el nombre en clave MK-Ultra y que haría famosa la película El Mensajero del Miedo, estrenada en 1962. El hecho de que los asesinos relevantes y los magnici-das -Sirhan Sirhan, James Earl Ray, Lee Harvey Oswald…- fueran personajes solitarios, a menudo enajenados, llevó a Bresler a postular que Chapman había sido nada menos que “programado” por los servicios secretos para asesinara Lennon. Algo que suena a ciencia ficción, pero lo cierto es que los experimentos de control mental eran algo habitual en aquellos tiempos en las agencias estadounidenses. Que Chapman hubiese sido inducido para cometer el crimen suena más bien a despropósito…

Aún así, Bresler escribió el libro Who killed John Lennon? -¿Quién mató a John Lennon?- que destapó la caja de Pandora de otra leona más de la conspiración. El periodista había entrevistado al teniente O’Connor de la policía de Nueva York, encargado del caso, y este le dijo que le había extrañado la tranquilidad de Chapman tras el crimen, y que “podria haber escapado muy fácilmente solo con haberlo querido.Tenía el metro al lado y no había nadie cerca que pudiera haberlo parado”.

Los conspiración islas creyeron encontrar conexiones entre la participación de Chapman en la YMCA y el MK-Ultra, puesto que eran supuestos caladeros de la CÍA camuflados bajo la balula de organizaciones humanilarias, aunque no existen archivos sobre las labores que Mark David realizó en Hawaii y en el Líbano, donde al parecer se Irasladó a un campo de reasentamiento donde ayudó a refugiados vietnamitas. Lo que es seguro es que Lennon dejó de ser una molestia para la Administración estadounidense, y aunque el demócrata JimmyCaitertodavía era presidente el 8 de diciembre de 1980, las elecciones celebradas casi un mes antes habían dado como ganador a Ronald Reegan, que en asuntos de Seguridad Nacional prefería tomar el relevo de Nixon.

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El doble de Paul McCartney

Una de las historias más alucinadas y su-gerentes de los años en que triunfaban el ácido y la psicodelia, es aquella que recibió el sugerente nombre de “Paul is dead” -PIÓ, “Paul está muerto”-, que ha engrosado los anales de las leyendas urbanas míticas del rock.Todo empezó el 12 de octubre de 1969,cuando un misterioso oyente de la emisora WKNR-FM de Dearborn, Michigan (EEUU), que respondía al nombre deTom, dejó en el aire -nunca mejor dicho- un misterio que los más conspira-noicos se han empeñado en perpetuar: na-

da más y nada menos que el hecho de que uno de los principales integrantes de 7?ie Beatles, esta vez Paul McCartney, había fallecido en 1966.

Según esta leyenda, el miércoles 9 de noviembre de 1966, a las 5 de la madrugada, Paul, tras abandonar el estudio, se-midesnudo y al parecer acompañado de una misteriosa joven de nombre Rita, se introdujo en un Aston Martin que comenzó a conducir a velocidad de vértigo hasta saltarse un semáforo y ser embestido porotro vehículo, perdiendo literalmente la cabeza.

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Según el citado Tom y otros conspiracionistas, el McCartney que se dejaba ver en público y ponía su voz a las nuevas canciones de The Beatles era ¡un doble! Y ese doble tenía nombre: un tal William Shears Campbell, ganador del concurso de dobles organizado por la banda de Liverpool en 1966 para sustituir al beatie zurdo, un policía canadiense aficionado a la música que no solo era clavadito a la star fallecida, sino que ¡tenía la misma voz! Y el/los forjadores de la leyenda aseguraban que los propios componentes del grupo daban pistas en sus álbumes de estudio posteriores a esa fecha en los que, sucintamente, insinuaban que McCartney había pasado a mejor vida. Tom Zarski, estudiante de la Universidad de Michigan, era la más que posible identidad del oyente desconocido. Tan solo dos días después, en el periódico Daily Michigan, fue publicado

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un artículo, firmado por Fred Labour y John Gray, curiosamente también estudiantes de la misma universidad que Zarski, en el que realizaban una interpretación nada objetiva de lo que veían en el álbum recientemente publicado Abbey Road. En esta portada, en la que los cuatro músicos cruzan por un paso de cebra, Paul es el único que aparece descalzo, algo que, según algunas culturas -no especifican cuáles- es una alegoría de la muerte. La célebre matrícula que puede verse en el coche aparcado a la izquierda, 28IF, haría referencia a la edad que tendría McCartney si -if- no estuviera muerto. Más retorcido, imposible.

En el álbum, Lennon vestía completamente de blanco -por lo que, según estos, asumía el rol de predicador-, Ringo Starr vestía el traje negro de los empleados funerarios,  George Harrison, vestido de ropa de trabajo -enterrador-, mientras que  el  susodicho McCartney, a pesar de vestir también traje, aparecía con los ojos cerrados y los pies descalzos, algo habitual en los cadáveres que van a ser velados, caminando deforma distinta al resto y cogiendo el cigarrillo con la mano derecha, cuando de todos era sabido que Paul era el beatfe zurdo, apareciendo a la derecha un coche fúnebre. Pero hay más.

En 1967 se publicaba Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, por lo tanto, según la teoría de la conspiración,sería el primero sin McCartney y con William Campbell como integrante. La explicación: en la psicodélica portada, el “doble de Paul” luce una insignia con las siglas O.P.D., que en inglés significan Oficially Pronounced Death -Declarado Oficialmente Muerto-, aunque la pura verdad es que eran las siglas de la Ontario Pólice Department, además, varias canciones harían alusión al día y a la hora de la muerte del beat/e.Aparecía además una tumba hecha de flores y un bajo -instrumento que tocaba- también hecho de flores al que le faltaba una de las cuatro cuerdas, lo que, una vez más, indican’a que uno de los cuatro Beaítes había muerto.

Abierta la caja de Pandora, el pincha-discos Russ Gibb, que creyó a pies junti-llas la historia de “Tom”, acompañado de John Small y Dan Carlisle, comenzaron un programa en la WKNR-FM bajo el nombre de “Complot Beatle”, un programa bastante radical de una hora dedicado a corroborar la “verdad” de la historia.

Y así una lista innumerable de supuestas pistas que los de Liverpool “introducían” en cada uno de sus trabajos. Letras de canciones, entrevistas… en cada uno de sus movimientos y creaciones, los amantes de la rumorología veían más y más pistas de que McCartney eraundoble.Yasíun largo   etcétera   de despropósitos.

Es probable que los cuatro músicos, que evidentemente se habían hecho eco de la leyenda, contribuyeran a perpetuarla en sus siguientes discos, lo que sería simplemente un juego de confusión. Lo que vendría después, con el asesinato de Lennon, fue algo más macabro y mucho más real.

¿Muerte, suicidio o asesinato?

Si algunos creen que John Lennon no fue víctima de un fanático sino de una conspiración orquestada por los servicios de inteligencia, otros muchos están seguros de que sus ídolos no se suicidaron o murieron fruto de sus excesos, sino que fueron… ¡asesinados! Es el caso por ejemplo del inolvidable “Rey Lagarto”, Jim Morrison, líder de The Doors que pasó sus últimos meses de vida bebiendo y fumando sin medida. Esa debió ser la causa del infarto que acabó con su vida en una bañera de su piso en París, donde vivía tras abandonar la banda que le convirtió en leyenda, a la edad de 27 años -donde entramos de lleno en la famosa maldición-, donde vivía con su novia, la también aficionada a todo ti pode estupefacientes Pamela Courson.

Morrison tenía muchos detractores en una América todavía anclada en el fervor punta no, en los valores y en el “American Way of Life” que pocos acabarían creyéndose. Célebre fue su simulación de una masturbación durante un concierto el 1 de marzo de 1969 en el Dinner Key Auditorium, en Coconut Grave, Miami. Tras el concierto, los integrantes de The Doors se fueron de vacaciones y enterado del revuelo por los medios, Jim se entregó al FBI de Los Ángeles el 4 de abril. El 9 de noviembre se celebraba un juicio. Aquella fue su cuarta detención, y existen numerosos informes de los federales tildando a Morrison de personaje peligroso por sus extravagancias o las letras de algunas de sus canciones, tan radicales que cuesta creer que se escribieran hace más de cuatro décadas. No es extraño que entre el republicanismo más recalcitrante el “Rey Lagarto” fuese considerado una amenaza para el status quo. De eso a que lo mataran, va un abismo… El caso es que las circunstancias que rodearon a su muerte no estuvieron demasiado claras. Pamela ofreció una declaración confusa a los agentes sobre lo que sucedió la noche antes del suceso; al parecer, solamente ella y un misterioso forense que firmó el certificado de defunción por crisis cardíaca vieron el cadáver; no se le realizó la autopsia y el comportamiento posterior de la antigua groupie fue muy extraño. Durante el entierro de Jim, los asistentes solo  pudieron  ver  un ataúd cerrado.

Completamente enloquecida, sus allegados afirmaban que esperaba una llamada telefónica de Morrison, que no estaba muerto.

Ingresó en prisión, era adicta a las drogas y hay quien afirma que se dedicó a la prostitución. Murió el 25 de abril de 1974 de una sobredosis de heroína.

El caso es que la leyenda urbana sobre su fallecimiento pervive. Al parecer, en la época de mayor éxito de The Doors, Morrison afirmó en varias ocasiones que le gustaría simular su propia muerte, teoría que avaló el teclista y fundador del grupo Ray Manzarek.

Algunos testigos -de los que por lo general no se tiene dato alguno en historias de este tipo-, afirmaron haber visto a Jim sacando dinero de un banco en Lousiana; que tiempo después había concedido una extensa entrevista radiofónica -que, curiosamente, nadie ha escuchado-, o que su afición al ocultismo y sus “conocimientos” chamánicos se lo pusieron más fácil para poner tierra de por medio. Quizá, como dicen los más retorcidos, la célebre tumba del cantante en el cementerio parisino de Pére-Lachaise, sea un túmulo vacío. Quién sabe.

Cobain, el alma atormentada

La leyenda urbana más reiterada del amplio espectro musical es la de que Elvis sigue vivo, algo tan ridículo que pasaremos de puntillas por ello en estas páginas, aunque el lector que quiera puede consultar numerosísimas fuentes en Internet que le harán pasar un buen rato.

Más enjundia, y quizá algo de solidez, tienen las teorías de la conspiración que inciden en que algunas de las grandes estrellas que dejaron un bonito cadáver fueron asesinadas.Yno solo Morrison. Uno de los casos más flagrantes es el del ex líder de Nirvana, Kurt Cobain, quien también a los 27 años fallecía, oficialmente, de un tiro en la cabeza que se descerrajó él mismo. El 8 de abril de 1994 un teletipo estremecía al mundo del espectáculo: un electricista que acudía a instalar una alarma -otras versiones apuntan a que fue su asistenta- se encontró con el cuerpo de Kurt en su casa de Seattle, centro neurálgico del grunge.

Pues bien, no todos creían que Cobain, adicto a todo tipo de sustancias y heroi-nómano, además de con tendencias maníaco-depresivas, se suicidó -el rubio front- man ya había anunciado en sus letras la posibilidad del suicidio como vía de escape-, sino que todo fue un montaje: al creador de letras como Smell Like Teen Spirit o Heart-Shaped Box lo liquidaron. Eso es lo que mantiene nada menos que el padre de la que fuera su esposa, Courtney Love, en el polémico documental ¿Quién mató a Kurt Cobain?, estrenado en 1998, y donde Hank Harrison, que no se llevaba precisamente bien con su hija, acaba
ba acusándola prácticamente del crimen. Él y otros testigos que no parecen muy fiables, sostenían dicha hipótesis.

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El documental sigue la línea de la conspiración que tanto gusta a algunos seguidores del rock, pero lo cierto es que años antes, justo tras la muerte de Cobain, su entonces esposa Courtney   también estaba convencida de que le habían asesinado -no ella, claro-.

La versión oficial cuenta que Kurt, antes de descerrajarse un tiro, dejó una carta dirigida a Courtney y a Francés -su hija pequeña-que hallaron junto al cadáver. El investigador Tom Grant, que había sido contratado por la

esposa del cantante para indagarsobre su extraña muerte-y que se convertiría en otro de los que sostuvo la teoría de la conspiración-, afirmaría tiempo después que la misiva que hallaron los forenses no iba dirigida a su familia, sino a sus fans, y que en ella Kurt exponía su intención de abandonar la banda, dejar Seattle e irse un tiempo al Este con unos amigos. Ningún indicio de querer suicidarse… Existen numerosas incongruencias en la actitud de Cobain antes de su muerte; al parecer, compró una pistola el 30 de marzo y le comentó a su mejor amigo Dylan Carlson que tenía miedo de que entrasen intrusos en su casa. Kurt se negaba a encabezar con Nirvana la gira Lollapalooza, algo que enojó sobremanera a su esposa, que sabía que perderían muchos millones y quien al parecer ya había pedido el divorcio. Después, Kurt se marchó de Seattle para acudir a un centro de rehabilitación en Marina del Rey, California. Huyó de allíy estuvo desaparecido ocho días -tiempo durante el cual al parecer Courtney Love contrató los servicios deTom Grant-, hasta que fue hallado su cuerpo sin vida. Que Courtney se convirtiera en la culpable de la muerte de su marido, era tentador para los medios sensacionalistas y comenzaron a surgir multitud de leonas conspirativas. Si el lector quiere saber más sobre este peliagudo asunto puede visionar el documental citado, un auténtico despropósito del británico Nick Broomfield, en el que aparece Grant, sosteniéndose para descartar el suicidio en dos hipótesis: que la cantidad de heroína encontrada   en   el cuerpo de Cobain habría hecho imposible que sostuviera un arma y se disparase y que las últimas líneas de la nota que dejó, que apuntan al suicidio, fueran un añadido posterior. Sin embargo, ni la policía ni diversos expertos confirmaron nunca estas   sospechas   y cerraron el caso.

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Al margen de un malditismo que seguramente no tiene razón de ser, la verdad es que es curioso, y casi increíble, que a los 27años dejaran un bonito cadáver una lista tan extensa de artistas: Cobain, Morrison,Jimmy Hendrix,JanisJoplin,y, recientemente, la cantante AmyWinehouse, lo que continúa alimentando la hoguera conspiranoica de gente que parece tener mucho tiempo libre. El misterio rodea la muerte también de Michael Jackson en 2009, supuestamente por negligencia de su médico…Yasí un largo etcétera de suicidios, “asesinatos”, maldiciones y misterios que convierten a la música en un gran espectáculo de varieté, en ocasiones irrisorio, muy alejado de las glorias de los que elevaron algunas melodías a la calidad de obras de arte. ¡Larga vida al Rock and Roll!

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Satán y lo oculto en el rock
Desde que The Rolling Stones se autoproclamaron “Sus Satánicas Majestades”, con la publicación del álbum Their satanic majesties re-quest el 8 de diciembre de 1967, el mundo del rock ha sido relacionado con la corte del maligno y sus acólitos que, guitarra en mano, realizaban su particular akelarre sonoro para invocar -y deleitar a su vez-al príncipe de las tinieblas. El “pacto con el diablo” ha sido una de las leyendas rockeras más habituales entre conspiranoicos, que en una época ya tan lejana como principios del siglo pasado, ya se atribuía al guitarrista de blues Robert Johnson, quien, para alcanzar el estréllalo, habría llegado a un acuerdo con el diablo en un cruce de caminos de vaya usted a saber dónde. Probablemente en algún descampado de la América oriunda. La lista de personajes marcados por el malditismo satánico es extensa: los rockers Eddie Cochran, Gene Vincent, Buddy Holly, Johnny Burnette y Vince Tayler, ninguno de los cuales alcanzó la edad adulta, falleciendo fatalmente, algunos de ellos en extrañas circunstancias; quizá debieron saldar su cuenta con la oscuridad por alcanzar temprana fama… ni qué decir tiene en los tiempos en los que el rock -y más tarde el heavy- se erigió en la música de la contracultura. 8/ack Sabbath coqueteó con el satanismo -que utilizó a modo de marketing de forma brillante- en todos sus años en activo, y su líder, Ozzy Osbourne, gustaba de aparecer, en su época en solitario, ataviado en las portadas de sus discos cual émulo del maligno, con cuernos y todo.
Otro de los personajes que se vinculan al satanismo es el inefable Charles Manson, músico frustrado antes de ser el gurú de un grupo de chalados que, esperando el Apocalipsis que creían adivinar en la canción He/ferSkeíferdel álbum blanco de The Beatles, acabaron con la vida de Sharon Tate y otras cuatro personas en el 10050 de Cielo Orive, en Beverly Hiiis la noche del sábado 9 de agosto de 1969. Recientemente Manson envió desde prisión -donde permanece cumpliendo cadena perpetua desde 1971- una misiva a Marilyn Manson, quien utilizó su apellido como nombre artístico; una carta en la que se adivina un tono amenazante pero realmente incoherente y alucinada. Manson se convirtió, a pesar de todo, en icono de la contracultura, y el mismo frontman de Guns and Roses, Axl Rose, gustaba de aparecer en público con una camiseta con el rostro estampado del serial k/7/er y la leyenda CharLie don’surf -“Charlie no hace surf”-, emulando al personaje del coronel Kilgore en el film Apocalipse now de Coppola, realizando un retorcido juego de palabras con la “killer star”.
Pero la leyenda urbana que relaciona rocky satanismo de forma más elaborada es la que tiene como protagonista a la influyente banda de rock progresivo LedZeppelin. Ello se debió principalmente a que el brillante guitarrista del grupo, Jimmy Page, mostró toda su vida afición por el ocultismo y el esoterismo -por esa regla de tres, todos los que formamos el equipo de ENIGMAS debemos de haber frecuentado círculos satánicos-. Al margen de que el lector pierda el tiempo escuchando Stairwayto Heaven al revés, por si se encuentra oculta una letanía diabólica en la canción, lo cierto es que Page abrió una librería especializada en esoterismo a principios de los años 70 en Londres, cuyo nombre era “The Equinox Booksellers and Publishers” -vendedores de libros y editores del Equinoccio-, que llegaría a publicar, entre otros, el libro The Goetia, de Aleister Crowley, en su edición de 1904, que el guitarrista acabaría cerrando por el tiempo que le ocupaban las giras con LedZeppelin cuando ya se habían convertido en un mega grupo.
Lo cierto es que la figura del ocultista británico fascinaba a Page, que compró la residencia de Crowley en Escocia, la Boleskine House. Siempre que tenía alguna temporada libre viajaba a los lugares en los que había vivido el adepto de la Golden Dawn. Precisamente en una de estas ocasiones se sobredimensionaría la leyenda negra de Led Zeppelin: en 1975, mientras Robert Plant, el rubio cantante, y Jimmy Page se hallaban de vacaciones en Rodas con sus respectivas familias, el guitarrista hizo un viaje hasta las proximidades de Cefalú, en Sicilia, para visitar la morada de Crowley: la abadía de Thélema. Justo al día siguiente, los Plant sufrieron un accidente de coche en el que Robert resultó herido gravey su esposa estuvo a punto de morir. Apenas dos años después, el 26 de julio de 1977, su hijo pequeño, Karac Plant, falleció de una fulminante infección de estómago. Para los conspiracionistas, todo era culpa de Page y su afición a lo oculto, leyenda que se incrementó con la muerte en casa del propio guitarrista de John Bonham, batería de Led Zeppelin, según cuentan ahogado en su propio vómito de una ingesta brutal de vodka.
Como sucede con los discos de los Rolíing, de los Beatles o del primero de 6/ack Sabbath -en el que aparece una mujer que, afirma la leyenda, se trataba nada menos que de un espíritu que apareció únicamente en la fotografía-, los discos de los Zeppelin también tienen su historia negra. Precisamente en el auge de su carrera, en 1971, la banda publicaba Led Zeppelin IV, el álbum de la polémica en el que se incluyeron cuatro símbolos rúnicos con los que se identificaba cada uno de los miembros del grupo. El que más llamó la atención, por ser desconocido, era el de Page, que respondía a las siglas ZoSo, y que pronto desataría todo tipo de rumores, a cual más enrevesado.
A partir de entonces, Jimmy Page solía aparecer en escena con los símbolos del zodíaco bordados en sussetenteros ropajes, y también con el ZoSo destacando sobre los demás. Teorías hay para todos los gustos: que si era un símbolo cabalístico, que si podría derivar de un estilizado “666”, no lo olvidemos, el número de la Bestia, o de un signo que apareció por primera vez en un texto de corte mágico distribuido en su librería esotérica: Zos Speaks.’, de Austin Osman Soare.
La teoría más creíble es que tuviera su origen en un grimorio de 1557, Ars Mágica Arteficii, escrito por Gerolamo Cardano y donde se identifica el símbolo ZoSo como satánico, quizá un simple entretenimiento de Page que, no obstante, era versado en ciencias ocultas. Lo que me cuesta mucho creer es que fuera un brujo al estilo Crowley, o que realizara misas satánicas como se han atrevido a decir los más incautos. Sea como fuere, ahí tenemos su música, demoníaca o no, para seguir deleitándonos cuarenta años después.

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Este tema ha sido editado por Loc Nohr: 04 de noviembre de 2012 – 08:27

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